"Un diploma no autoriza a un analista. Mucho menos un diploma en
psicología" (Pérez, 2018). Inclúso esto es válido para los psicólogos:
¿tener un diploma los autoriza para ejercer la clínica? ¿Un conjunto de
materias es suficiente para avalar un acto? El acto analítico, es decir,
el hecho de intervenir a un analizante, es un asunto ético de gran
responsabilidad, por las consecuencias que dicho acto puede tener en el
destino de ese sujeto que se analiza, "acto que se sostiene bajo
transferencia y que, no pocas veces, horroriza a más de uno" (Pérez).
Definitivamente, un par de sellos en un diploma no es suficiente para
sostener una actividad (Pérez, 2018), y esto vale tambien para muchas
profesiones. Tampoco es suficiente para recibir pacientes en un
consultorio, sobretodo si se trata de hacer psicoanálisis. Por eso un
psicoanalista se forma en el diván, haciendose un análisis con otro
psicoanalista. También necesita, por supuesto, tener un saber sobre la
clínica, y no solo la clínica psicoanalítica, y hacer supervisión de sus
casos una vez se autorice a atender pacientes.
En muchos aspectos el psicoanálisis es contrario a los propósitos de la
psicología, empezando porque es un discurso que "subvierte al sujeto de
la certeza, esto es, al «pienso, luego existo»" (Pérez, 2018). El
psicoanálisis esta hecho para interrogar al sujeto en todo lo que sabe,
todo lo que cree y los ideales con los que se orienta en la vida. Por
esta misma razón, el psicoanálisis también cuestiona los conceptos de
salud, bienestar, adaptación, normalidad, etc., y es “una de las razones
por las que el psicoanálisis se distingue de la psicología” (Dessal,
2014).
Al subvertir al sujeto, el psicoanálisis sabe que él llega a ser allí
donde no piensa. "Soy donde no me pienso" es el cogito del
psicoanálisis, por eso su acto no apunta al reforzamiento del yo, ni a
hacer al sujeto feliz, ni a la armonía, la paz interior o algún tipo de
homeóstasis psíquica; el psicoanálisis más bien apunta a que el sujeto
habite el desamparo, la soledad y la infelicidad de la condición humana
de una manera menos tonta (Dessal, 2014).
Para el psicoanálisis pensar y ser son antinómicos, por eso Lacan (1966)
en sus Escritos hace una crítica al cogito cartesiano al decir «pienso
dónde no soy, luego soy dónde no pienso». Decir que “soy allí donde no
pienso” es decir que “soy allí donde yo gozo”; por tanto, “allí donde yo
gozo, no pienso”, por eso el sujeto pierde la cabeza, pierde la razón
cuando está gozando y solo empieza a pensar después de que ha gozado:
"¿yo por qué hice esto si sabía que estaba mal?", "¿qué me ha pasado?,
¿por qué perdí el control?, ¡quedé como un tonto, como un bobo!"; es
decir, el sujeto se queja de todas las tonterías que ha hecho una vez
que recupera la razón; ¡no estaba pensando, estaba gozando!, es decir,
estaba satisfaciendo sus impulsos sexuales y agresivos, eso que el
psicoanálisis llama pulsión. El sujeto se entrega al goce -beber, comer,
maltratar, pegar, consumir, fumar, tener sexo, etc.- y ya no piensa
más; probablemente si se sentara a pensar, no haría todas las tonterías
que hace
UN BLOG SOBRE PSICOANÁLISIS LACANIANO. Los textos cortos aquí publicados, aparecieron en el semanario La Hoja de Medellín, entre los años 1995 y 1999, en una columna titulada «Sentido Común». A partir del 18 de julio de 2007, he empezado a publicar otros textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Espero les sea de utilidad para pensar al sujeto y como introducción al psicoanálisis. Bienvenidos!!
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