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martes, 6 de julio de 2010

103. Mujeres inhibidas.

Ya no es más un secreto que las mujeres -no todas, por supuesto- de un lado, aman a un hombre con ternura -su esposo, su novio, su compañero, etc.-, y, del otro, desean a otro hombre con pasión -su amante-. A esto se le puede denominar «degradación de la vida erótica en las mujeres» (aunque Lacan va a corregir esta concepción freudiana y aclara que se difama a las mujeres cuando se dice que ellas se degradan), degradación que es constitutiva de la sexualidad humana, y que al parecer, ya no es sólo exclusiva de los hombres.

Dicha «degradación» de la vida sexual, debe entenderse como la separación que se presenta en el amor entre la ternura y la pasión. Si una persona ama con ternura a alguien, este amor suele tener un carácter sublime; en cambio, si desea con pasión, se considera que ha habido un «rebajamiento» del amor: de la sublime ternura, a la terrenal y sensual pasión.

La convergencia del amor y el deseo -las dos corrientes en que se divide el amor- en una misma persona, era una característica de la forma de amar de las mujeres. Ellas solían querer y desear a un mismo hombre; concentraban su ternura y su pasión en él. Los hombres, en cambio, se han caracterizado por desear a una mujer diferente de la que aman; p. ej., aman a la esposa, pero desean a la amante.

Al parecer, y gracias a la «liberalización de las costumbres sexuales», se ha empezado a observar en las mujeres esa característica que era exclusiva del amor masculino: dirigen su ternura hacía el compañero «oficial» -esposo o novio-, y su deseo hacia otro hombre -su amante-. Esta nueva posición de las mujeres en su forma de amar y de gozar de la sexualidad no es sin consecuencias. Un nuevo síntoma, de carácter psicológico, se presenta en ellas: la «inhibición» en el pensar y en el actuar. La inhibición es algo que se presenta siempre que un ser humano se enfrenta a una elección; siempre que una persona tenga que elegir entre una y otra cosa, entre una y otra persona, padecerá, en mayor o en menor medida, de una inhibición. Entonces es muy probable que haya contemporáneamente nuevas inhibiciones femeninas, lo que hace que las desdichas causadas por ellas, ya no sean exclusivas de los seres masculinos.

viernes, 22 de enero de 2010

30. El valor del amado.

No hay un concepto que se encuentre más en el psicoanálisis, a propósito de la vida erótica, que el de valor. Todo ser humano se preocupa siempre por determinar el valor del sujeto en quien se interesa.

Tratar a un sujeto como un objeto que tiene o no determinado valor, es algo que hace parte de la “naturaleza” del ser humano. Siempre en él hay un movimiento hacia la objetivación del semejante -“éste sujeto es valioso o no, por x o y motivos”-. Inclusive, hay quienes le dan más importancia al otro como objeto (sexual) que como sujeto. Lo importante a destacar de esto es que todo sujeto tiene una posición de objeto en la vida -objeto de amor, de deseo, de odio, de desprecio, etc.-, y como tal recibirá una valoración por parte de los otros, incluida una valoración sexual y amorosa. Y cuando un ser humano se ocupa por precisar el valor del sujeto en quien se interesa amorosamente, también pensará en lo que el otro está dispuesto a “pagar” por ella.

En la vida erótica se trata de una cuestión en la que continuamente se emiten juicios de valor. Existe un valor de uso y un valor de cambio a nivel sexual, y esto aparece en términos de rebajamiento y sobreestimación del sujeto amado; entonces puede suceder que se lo desprecie o se lo ame demasiado.

Existen, por ejemplo, hombres cuya condición de amor se presenta a partir de dos cualidades que se enlazan: la del tercero perjudicado, es decir, el hecho de que la mujer de la que se enamoran sea de otro, lo que significa que también se trata de una mujer no muy fiel, y esto introduce la otra condición de amor, la de que se trate de una mujer fácil. Éstas dos condiciones son las que hacen valiosa a una mujer para este tipo de hombres. Su conducta será la de sobrestimar a su amada, dedicándole toda su pasión e interés erótico.

La condición de objeto de un sujeto tiene que ver con en el hecho de que él sea aquello hacia lo que se dirige el interés, sexual o agresivo, de otro sujeto. La valoración que se hace él como objeto es lo que permite que se emitan juicios como: “es una santa, es buena gente” o “es una puta, es un sinvergüenza”.

569. La falta de objeto en la frustración, la privación y la castración

En su Seminario IV: La relación de objeto (1994), Lacan invita a abandonar la ilusión de una supuesta plenitud y sostiene que la subjetivid...