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Mostrando entradas de septiembre, 2010

164. Sentimiento de culpa y lazo social.

El superyó es una instancia psíquica establecida por el psicoanálisis para pensar el funcionamisnto del psiquismo de hombre; la conciencia moral es una de las funciones que Freud le atribuye al superyó, junto a las de vigilar, enjuiciar y castigar las acciones y los propósitos del sujeto, es decir que el superyó ejerce una censura sobre los actos e intenciones del sujeto y lo hace sentir culpable.
El sentimiento de culpa es equivalente a la severidad de la «conciencia moral»; es la percepción que tiene el sujeto de ser vigilado en todos sus actos, incluido el acto del pensar. Popularmente se ha representado a la conciencia moral como un diablito y un angelito que, situados a cada lado de los oídos del sujeto, le hablan y le reclaman por manejarse bien o por manejarse mal. No importa si el sujeto se maneja bien o mal, igual, siempre habrá un reclamo por parte del superyó. Ahora bien, ¿qué tiene que ver el superyó, el sentimiento de culpa del sujeto, algo que parece tan personal, tan ínt…

163. ¿Qué es la pulsión de muerte?

Eso que empuja a un ser humano a hacer “lo que no debe” y que sin embargo termina haciendo —beber, fumar, comer demasiado, matar, etc.—, es lo que el psicoanálisis denomina la «pulsión». El sujeto se halla frente a ella cada vez que no puede abstenerce de hacer algo. "Lo que no puedo dejar de hacer" es lo que define la dimensión pulsional del ser humano: "no puedo dejar de beber, de fumar, de pelear con mis hijos, de hechar cantaleta, de sentirme inferior a los demás, de odiar a mi padre, de castigar a mis hijos, etc., etc.". Todas esas cosas que el sujeto hace muy a su pesar y que no entiende por qué no puede dejar de hacerlas, tiene que ver con esa dimensión pulsional de los seres humanos.
La pulsión designa un nivel que se puede llamar acéfalo, es decir, «sin cabeza», un punto donde el pensamiento y la razón ya no funcionan ni operan más. La pulsión es como un cuerpo sin cerebro, un nivel donde, para todos los sujetos, hay suspensión del pensamiento; todos quedam…

162. Felicidad y pulsión de muerte.

En el discurso corriente se dice que el ser humano tiene como meta en la vida, alcanzar la felicidad. Por un lado quiere la ausencia de dolor, y por otro, desea vivenciar un intenso placer. El psicoanálisis revela que el propósito de que el hombre sea dichoso en la vida no está contemplado dentro de los planes de la Creación. La felicidad es más bien una satisfacción repentina y episódica. El sujeto está estructurado de tal manera que sólo goza con intensidad del contraste, y muy poco de un estado de felicidad permanente.
A su vez, se suele pensar que el ser humano tiende a buscar su propio bienestar y el de los demás. Pero el psicoanálisis verifica una y otra vez que lo malo no solo es lo perjudicial y dañino para un sujeto, sino también lo que anhela y lo que en muchas ocasiones le brinda placer o satisfacción, es decir, felicidad. Pero se trata de un placer muy extraño; se trata de una satisfacción que está del lado del malestar, de la maldad, y no del lado del bienestar. Ese empuje…

161. Sentimiento de culpa, felicidad y pulsión de muerte.

El superyó es en el sujeto, esa instancia psíquica que representa en él la autoridad de los padres, y que, una vez introyectada, le reclama cumplir con lo prescrito por esa autoridad, es decir, que hace del sujeto un acusado. Para que se hagan a una idea clara de lo que es el superyó, es lo que Freud encontró bajo la forma del sentimiento de culpa del sujeto, es decir, que la culpa es una de las manifestaciones del superyó.
Freud encuentra, por todos los lados, la función del sentimiento de culpa en el sujeto. En El malestar en la cultura él llega a decir que el sentimiento de culpa es el problema más importante del desarrollo de la humanidad; es decir, que el precio por el progreso cultural y social, lo ha pagado el sujeto con un «déficit de dicha provocado por la elevación del sentimiento de culpa». Una de las fuentes de malestar en la cultura es precisamente este sentimiento de culpa que, en la mayoría de los casos, permanece inconsciente para el sujeto, y sólo sale a la luz bajo la…

160. Naturaleza, cultura y familia.

Si el impulso sexual en Freud adquiere un nuevo sentido con relación a lo social, es porque él descubre que la sexualidad puede satisfacerse con palabras, con lo bello, con los valores más altos de la cultura. El psicoanálisis ha develado una nueva manera de satisfacción para la pulsión sexual, que se encuentra en la palabra, en la cultura. Precisamente, porque la pulsión puede obtener satisfacción a través de la cultura, es por lo que la sexualidad en Freud no es un instinto natural, y así como la pulsión es lo que ha sustituido al instinto, igualmente podemos concluir que la cultura es lo que ha sustituido a la naturaleza. Incluso, a cada función de la naturaleza, el ser humano le da un sentido cultural. Por ejemplo, “Un hijo es un hecho biológico, pero por otro lado es un deber asegurar su nacimiento cultural” (Miller, 1998), lo que los psicólogos llaman socialización. El nacimiento de ese producto biológico que es el hijo, debe ser registrado ante el Estado, debe tener un nombre y…

159. ¿Qué es la pulsión sexual?

La pulsión sexual se diferencia del instinto animal en cuatro aspectos fundamentales. Primero, en el objeto. Mientras que los animales siempre eligen como compañero sexual al sexo opuesto de la misma especie, en los seres humanos se observa una variedad de objetos sexuales: personas del mismo sexo en el caso de la homosexualidad, prendas de vestir en el fetichismo, niños en la pedofilia, ancianos en la gerontofilia, animales en la zoofilia, etc. Entonces, mientras que el impulso sexual animal tiene un objeto definido -el sexo opuesto de la misma especie-, la pulsión sexual humana no lo tiene; por esta razón se dice que «la pulsión es sin objeto». Segundo aspecto, la meta: la finalidad del comportamiento sexual animal es la reproducción de la especie, en cambio, en los seres humanos, si algo preocupa a las parejas sexualmente activas, es cómo evitar traer más niños al mundo. La meta de la pulsión sexual humana es, en términos de Freud, una ganancia de placer, es decir que la pulsión ti…

158. ¿Es el ser humano un ser natural?

La respuesta del psicoanálisis es «no»; el ser humano, por hablar, por habitar el lenguaje, se ha apartado de sus condicionamientos naturales, no obedece más a las leyes de la naturaleza, ha perdido todos sus instintos, en otras palabras, es un ser «desnaturalizado». La filosofía al decir que el ser humano es un ser «racional» o «pensante» también está diciendo lo mismo: que en el ser humano la naturaleza ha sido reemplazada por la cultura.
En ocasiones se dice que el ser humano es un ser con instintos, y fundamentalmente se dice que él posee un instinto sexual, un instinto materno y otro de autoconservación; pero la experiencia nos enseña claramente que no hay tales. Si la sexualidad humana estuviera regida por un «instinto sexual», no habrían comportamientos perversos en ella, es decir, «perversiones sexuales»; no habría homosexuales, pederastas, fetichistas, exhibicionistas o vouyeristas, ni ninguna de las conductas extravagantes que se presentan en la vida sexual de los seres human…

157. Necesidad, demanda, deseo y pulsión I.

Jacques-Alain Miller (1991) en su texto Lógicas de la vida amorosa, dice que existen dos tipos de demanda: una que se sitúa al nivel de la necesidad y otra a nivel del amor. La necesidad tiene un carácter natural -alimento, calor, etc.-, pero el psicoanálisis constata que la necesidad no se conoce más que a través de una demanda, una demanda dirigida a un Otro que satisface esa necesidad originaria. Ese Otro (con mayúscula) puede ser la madre o la persona que le da alimento y calor al niño, el cual, cuando llora, su llanto es interpretado por ese Otro como un llamado, como una demanda. Así pues, el grito del niño se transforma en llamado, en demanda. Ese Otro es un Otro que tiene lo necesario para satisfacer la necesidad, tiene el alimento, tiene lo que el niño necesita. Pero junto al Otro que «tiene» también hay Otro que «no tiene». Es a este Otro que no tiene al que se dirige la «demanda de amor». Amar, entonces, es dar lo que no se tiene; se da amor porque no se tienen “cosas” para…

156. ¿Qué dice Lacan sobre la muerte?

Dice que hacemos bien en creer que vamos a morir, ya que eso nos da fuerza para vivir. Si no lo creyéramos -que vamos a morir-, ¿podríamos soportar la vida que llevamos? Si no estuviéramos solidamente apoyados en la certeza de que hay un fin, ¿podríamos soportar la existencia, esta historia? La muerte es, entonces, lo que le da sentido a la vida. Escuchémoslo en sus propias palabras:

155. ¿Que nos enseña Lacan sobre lo real, el goce y la repetición?

A partir de ahora, empezaré a publicar textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Esto porque ya he publicado la totalidad de las columnas aparecidas en el semanario «La hoja de Medellín» -un total de 154-. Espero les sea tan útil como el contenido de los textos ya publicados. Los nuevos textos los empezaré a enumerar a partir de número 155.

Empezaré con unos apartes de un documental sobre la vida y obra de Jacques Lacan titulado «Reinventar el psicoanálisis».


155. ¿Que nos enseña Lacan sobre lo real, el goce y la repetición?
Él dice que lo real para el ser hablante (hablanteser) es lo que se pierde en la relación sexual. Si Freud centró las cosas en la sexualidad es porque en la sexualidad el ser hablante balbucea. Se da cuenta de que hay una cosa que se repite en su vida (compulsión a la repetición) y que siempre es la misma. Eso que se repite es la verdadera esencia del sujeto (su ser). ¿Que es esa cosa que se repite? Una cirerta manera de goz…

154. «La felicidad de la guerra»

Siempre habrá, entre los seres humanos, conflictos, diferencias, oposiciones y confrontaciones. El problema consiste en que, por defender mi propio punto de vista, mi propio ideal o posición subjetiva, los otros aparecen como enemigos, porque no piensan igual, me contrarían y se oponen a mis ideas. Estanislao Zuleta dice que éste es precisamente el mecanismo que da origen a la guerra: la aparición del otro que es diferente a mi –la otra clase, la otra religión, la otra nación, etc.–.

«La felicidad en la guerra» es un término afortunado, acuñado por el maestro Zuleta, para describir lo que sucede cuando se le declara la guerra a un enemigo, sea quien fuere éste: la comunidad queda «al fin unida con el más entrañable de los vínculos». La felicidad de la guerra consiste, pues, en que, una vez proclamado un enemigo, la comunidad queda por fin unida en torno y contra él, y el individuo como tal recibe, a su vez, una ganancia secundaria a esta declaración de guerra: se libera de su soledad –…

153. El terror de la guerra y la paz.

Siempre que se esta en una situación de guerra, surgen en contraposición una serie de movimientos y reclamos que abogan por la paz, la armonía y el amor, colocando en el horizonte, como ilusiones, estos valores y otros tantos buenos ideales. Pero la historia de la humanidad ha demostrado, en numerosas y diversas ocasiones, que en nombre de grandes ideales también se hace la guerra, se mata al otro y se produce terror. ¿Cuál es entonces la salida a esta paradoja? Porque es un hecho que si se está en guerra, se anhela con ahínco la paz.
Primero que todo, hay que reconocer en el ser humano una tendencia agresiva que hace parte de su constitución. El ser humano es fundamentalmente un ser hostil, al que le cuesta llevar una vida armónica y feliz. Por esta razón hay que reconocer que dicha armonía en los vínculos, relaciones sin conflictos, amores sin odios y amistades sin tensiones, son metas inalcanzables, y, como dice Estanislao Zuleta en su texto Sobre la guerra, hasta indeseables.
Si el …

152. El culto por lo nuevo o el rechazo a envejecer.

La cultura contemporánea le demanda algo nuevo al sujeto, de tal manera que él se ve llevado a desear siempre algo nuevo; un deseo por lo nuevo es la forma que adquiere la experiencia humana en el mundo de hoy. Cada vez más, la búsqueda de lo nuevo se impone como un afán inevitable en todas las producciones culturales, desde el arte hasta la industria. Hoy en día, nada vale si no es nuevo; no se goza sino de lo nuevo. En este sentido, «lo nuevo» es la nueva forma sintomática del malestar en la cultura (Miller, 1997).
Sobre esa exigencia por lo nuevo, como axioma que circula por todas partes -que lo nuevo vale en cuanto nuevo-, ¿qué se puede decir de nuevo? ¡Que es un nuevo rostro de la muerte! Es decir, que la exigencia por lo nuevo, el culto contemporáneo a lo nuevo, no es sino un nuevo vestido de aquella vieja presencia en la existencia humana: la muerte (Miller, 1997). Lo nuevo, lo novedoso, la novedad, esa demanda imperiosa de lo nuevo, es profundamente siniestro, aterrador.
Es ater…

151. El síntoma psíquico.

Los síntomas psicológicos, aquellos que le acarrean algún tipo de malestar y sufrimiento a los seres humanos, tienen un carácter radicalmente subjetivo, es decir, que dependen de la percepción que el sujeto se hace de sí mismo. Así pues, sentirse deprimido, comer mucho o muy poco, aburrirse los fines de semana, experimentar el desamor o ser homosexual, por ejemplo, pueden ser fuente de angustia y mortificación para un individuo, pero no para otros.
Por lo general, la mayoría de los seres humanos ven como «normales» muchas de las situaciones de las cuales se quejan; otros, en cambio, hacen de su queja -seguir con un esposo infiel, vivir con una mujer malgeniada, que las cosas salgan siempre mal en el trabajo, emparejarse una y otra vez con hombres casados, ser agresivo con los hijos, ser tímido o poco inteligente, etc., etc.- el motivo para una consulta psicológica.
El síntoma psíquico adopta, en el mundo contemporáneo, nuevas formas. La angustia, por ejemplo, ha adquirido aspectos casi …

150. Palabra y escucha en el tratamiento del malestar.

Angustia y depresión, dos afectos con los que recibimos el siglo XXI. Ellos se vinculan con la expectativa hacia el futuro, las relaciones de pareja, la sobrevivencia, el éxito, la enfermedad, la vejez, la soledad, etc. El sujeto contemporáneo parece condenado al sufrimiento interior, a la vez que cierta racionalidad tecnológica se ha dedicado a la venta de una ideología según la cual las personas no sufren, sino que padecen de una alteración en su funcionamiento, imponiendo la oferta de artificios que supuestamente servirían para restablecer la normalidad.
«Hay que ponerse a funcionar» es el mandato que subyace a esta ideología, mientras que en el imaginario colectivo proliferan creencias de naturaleza religiosa acerca de drogas paradisíacas que salvan de la diaria desazón. El mandato también reza: «Hay que ganar tiempo», dejando a un lado el ejercicio del pensar, de hacer preguntas fundamentales sobre nuestro ser y nuestra existencia.
¿Cómo librarse de estos imperativos y ponerle fren…

149. Salud, deseo y novedad.

Según la Declaración Universal de Derechos Humanos, la salud es un derecho, por tanto, las personas pueden pedir que se la den. El ser humano se sitúa, pues, como consumidor de bienestar bio-psico-social, tal y como define la OMS a la salud. Pero, paradójicamente, tener derecho a la salud es también una forma de "desresponsabilizar" a los sujetos de pensar en la causa de su malestar, ya sea éste físico o psicológico.
Así pues, al mercado y a la ciencia se les demanda que cumplan con su promesa de brindar felicidad. Pero por la forma como la sociedad actual administra la demanda de salud, producto del matrimonio entre el capitalismo y la ciencia -que ofrecen objetos que supuestamente brindarán satisfacción y bienestar a los individuos-, se han instalado en la civilización dos grandes males de fin de siglo: la depresión y la angustia –ataques de pánico–.
La promesa del capitalismo, en unión con el mercado, es la de que hay objetos que pueden satisfacer a los sujetos, y al nivel …

148. Peligros del hombre y la cultura.

La humanidad ha dado comienzo al siglo XXI. El siglo anterior a este contribuyó a que el ser humano disfrutara de la comodidad de la tecnología y los avances de la ciencia, pero son también cien años donde surgieron nuevas formas de sufrimiento para el hombre. Paradójicamente, el malestar del hombre moderno es causado por las mismas formas de organización social que la humanidad ha establecido para sí y por los exigentes modos de vida que la cultura ha producido.
El siglo pasado le ofreció a la humanidad una serie de maravillosos inventos que han sido decisivos en su vida diaria, inventos que han mejorado su vida pero que también sirven para destruirla. Es seguro que en el ser humano existe un elemento, que hace parte de su estructura psíquica, y que lo lleva no solamente a crear cosas maravillosas, sino también las más sofisticadas armas para el aniquilamiento de otros seres humanos. Esta contradicción es la que lleva a preguntar: ¿qué es lo verdaderamente novedoso que la modernidad a…

147. Adolescentes desorientados y sin media naranja.

Un signo visible de la entrada de un joven en la pubertad, es la aparición de los caracteres sexuales secundarios -cambia la voz en los varones, crecen los senos y se ensanchan las caderas en las mujeres, se desarrollan definitivamente los órganos sexuales de ambos sexos, etc.-; pero, igualmente, no deja de observarse una desorientación en la que está sumida todo ser humano respecto de lo sexual. Esa desorientación pone en evidencia al menos dos aspectos fundamentales de la vida sexual humana: primero, que no hay un «objeto» determinado para el «impulso» sexual (pulsión), y segundo, que no hay complementariedad a nivel sexual.
Que no hay «objeto» se observa cuando los adolescentes dudan sobre si le gustan los hombres o las mujeres. Que un hombre se orienten hacia una mujer y viceversa, no es algo seguro en la vida sexual de un sujeto, como tampoco hay seguridad sobre su «identidad» sexual -sentirse hombre o mujer-, ya que ella no depende del cerebro, las hormonas o el «sexo biológico».

146. Justicia o venganza.

Los grandes poetas tienen la capacidad para expresar verdades psicológicas que suelen ser mal vistas. Así pues, Heine -poeta alemán citado por Freud- confiesa: «yo tengo las intenciones más pacíficas. Mis deseos son: una modesta choza con techo de paja, pero un buen lecho, buena comida, leche y pan muy frescos; frente a la ventana, flores, y algunos hermosos árboles a mi puerta; y si el buen Dios quiere hacerme completamente dichoso, que me dé la alegría de que de esos árboles cuelguen seis o siete de mis enemigos. De todo corazón les perdonaré, muertos, todas las inquietudes que me hicieron en vida... sí: uno debe perdonar a sus enemigos, pero no antes de que sean ahorcados». ¿Que transmite este poeta en su decir? Pues que en todo ser humano habita un deseo de venganza hacia las personas que le hacen mal, y que Dios no parece querer la dicha de los hombres, ya que la religión promulga el perdón y no la venganza.
El deseo de venganza hace parte de la «naturaleza» humana y es más que se…

145. Satisfacción en la agresividad.

La conducta agresiva de los animales, que está regulada por el instinto, no entra para nada en conflicto con el medio natural; ella es utilizada para la conservación de la especie y la demarcación de un territorio ocupado. En cambio, si algo distingue al ser humano en su relación con la naturaleza, es que éste la ha ido destruyendo, a tal punto, que hoy no se para de hablar del tema ecológico. Además, la agresividad humana no se detiene en el plano egoísta de la conservación de la especie; ella suele ir hasta la crueldad, cuyo resorte no es la expresión de algún instinto, sino una tendencia compulsiva a producirle dolor al semejante y, lo que es más preocupante, a encontrar satisfacción en ello, un extraño placer o satisfacción de carácter sexual.
Si causar dolor a los demás o hacérselo causar a sí mismo -lo que parece ser una condición generalizada en los seres humanos- llega a convertirse en fuente de satisfacción, habría que pensar en una patología de la vida sexual humana, que cons…

144. Ciencia y sexualidad.

La ciencia, por ser positivista y causalista -busca la causa de los fenómenos en la realidad-, reduce a los seres humanos al organismo, como si un sujeto fuese sólo cerebro, hormonas o genes. Por eso cuando aborda la sexualidad humana, termina por hacer una serie de afirmaciones que son contradecidas por los hechos; afirma, por ejemplo, que la homosexualidad depende de un gen -un gen «gay»- o que la posición sexual de un sujeto depende de las hormonas masculinas o femeninas que circulan por el organismo.
Es real que el ser humano posee un organismo que determina mucho de lo que él es, pero ¿se puede afirmar que su posición sexual depende de las hormonas que circulan por su cuerpo, o del hecho de tener uno u otro órgano sexual? Es claro que tener pene o vagina, o tener hormonas masculinas o femeninas, no es garantía de que se vaya a ser hombre o mujer. La elección de una posición sexual en los seres humanos, es independiente del tipo de hormonas o de órganos sexuales que se posean. Si l…

143. Ideales caídos.

Los ideales son componentes de una cultura y están en estrecha relación con la familia. El padre tendría la función de representar y transmitir los ideales de una sociedad a los miembros de su familia, de tal manera que éstos logran inscribirse como personas de bien en su comunidad. La unificación de las identificaciones a determinados ideales, se hace entonces alrededor de la figura paterna. Pero, ¿acaso los padres de hoy siguen sosteniendo esta función? Al parecer, la caída de los ideales que se observa hoy en día, es precisamente la caída de esa función que sostenía el padre en la familia, y que ahora no cumple más.
Los ideales tienen una función fundamental en la constitución psicológica de los sujetos; ellos han servido para orientar la existencia de un ser humano y su desenvolvimiento en la sociedad. El psiquismo de un sujeto se estructura a partir de «identificaciones» que tienen como referencia los ideales que hacen parte de su entorno cultural. Lo paradójico es que dichos idea…

142. Abuso sexual y fantasía.

Dicen las estadísticas que en Colombia una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres recuerdan haber sido abusados sexualmente cuando eran niños; pero hay que andar con cuidado en el momento de decidir la objetividad de dicho recuerdo. Esto por una razón, bien extraña, de la vida sexual humana: muchos de los recuerdos de abuso sexual a los que aluden los sujetos que los rememoran, no sucedieron en realidad. Es un hecho bien paradójico con el que se encuentran los que investigan la sexualidad: una mujer, por ejemplo, tiene en su memoria el recuerdo de haber sido tocada en sus genitales por su padre; se trata de un recuerdo que la mortifica y que le afecta su vida sexual, pero la escena que tiene en su memoria como recuerdo ¡no sucedió en realidad! ¿Cómo es esto posible?
Se trata del recuerdo de algo que no sucedió objetivamente, sino de algo que se fantaseó en un momento de la infancia y que ahora se recuerda como si en realidad hubiese ocurrido. Lo que pasa es que los niños crea…

141. Banalización del secuestro.

Los secuestros masivos de personas que hacía la guerrilla hace algún tiempo, aquí en Colombia, marcan una diferencia respecto de secuestros con fines extorsivos o políticos. Hubo lo que se puede denominar, una «desubjetivación» del secuestrado, de tal manera que no se plagiaba a alguien, sino a cualquiera; todos los habitantes de este país pasaron a ser secuestrables, todos podrian ser víctimas de una «pesca milagrosa».
En esa época -época que puede regresar en cualquier momento- ya no se secuestraba al empresario, al comerciante, al extranjero, al político, a «fulanito de tal»: un alguien con nombre propio e indentificable, no. Ya no se trataba más de una persona con una subjetividad determinada, sino que podía ser cualquiera: «todos objetos del secuestro», sin importar si se era rico o pobre, hombre público o no; se borra la subjetividad del sujeto y todos pasamos a ser «objetos» de una contabilidad -tantos secuestrados allí, otros tantos retenidos allá- y «objetos» de un intercamb…