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157. Necesidad, demanda, deseo y pulsión I.

Jacques-Alain Miller (1991) en su texto Lógicas de la vida amorosa, dice que existen dos tipos de demanda: una que se sitúa al nivel de la necesidad y otra a nivel del amor. La necesidad tiene un carácter natural -alimento, calor, etc.-, pero el psicoanálisis constata que la necesidad no se conoce más que a través de una demanda, una demanda dirigida a un Otro que satisface esa necesidad originaria. Ese Otro (con mayúscula) puede ser la madre o la persona que le da alimento y calor al niño, el cual, cuando llora, su llanto es interpretado por ese Otro como un llamado, como una demanda. Así pues, el grito del niño se transforma en llamado, en demanda. Ese Otro es un Otro que tiene lo necesario para satisfacer la necesidad, tiene el alimento, tiene lo que el niño necesita. Pero junto al Otro que «tiene» también hay Otro que «no tiene». Es a este Otro que no tiene al que se dirige la «demanda de amor». Amar, entonces, es dar lo que no se tiene; se da amor porque no se tienen “cosas” para dar.

Ese Otro que no tiene es muy importante en la relación del sujeto con su madre o cuidador, porque es aquel que le da afecto, aquel que lo reconoce como sujeto. El afecto es un “alimento” tan o más necesario que la comida, por eso hay niños que se mueren así sólo se les de comida y no amor, y hay niños que sobreviven y crecen así aguanten hambre, porque se les da amor. Entre estas dos demandas, la demanda al Otro que tiene y al Otro que no tiene, se sitúa el deseo.

Entonces, hay una transformación de la necesidad en demanda, y un resto que es el deseo. De la pulsión podemos decir que ella misma es una demanda, es una forma de demanda. “La distinguimos en tanto encontramos en la experiencia analítica una demanda que no podemos interpretar; donde no hay que interpretar. Hablamos de deseo cuando encontramos, al contrario, una demanda que podemos interpretar” (Miller, 1991, p. 52). Esta demanda que «habla» se distingue de otra que «no habla», una demanda silenciosa: esta es la pulsión. Así pues, el deseo y la pulsión son dos momentos de la demanda en el sujeto.

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