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Mostrando entradas de junio, 2010

99. Madres omnipotentes.

Todo sujeto tiene que dar respuesta a una pregunta que surge de la relación con su madre: «¿qué quiere mi mamá de mí?». En esa relación de amor del niño con la madre, ella es quien responde a las demandas iniciales del niño: lo alimenta, lo cambia, lo cuida, etc. Pero aquí la madre demuestra tener el poder de responder o no a las demandas del niño en función de su capricho: ella tendrá ganas o no de responder -de alimentar, cambiar o cuidar de su hijo-.
Esta posibilidad absoluta de responder que tiene la madre hace que para el niño la madre sea omnipotente, todopoderosa. Ella tiene el poder absoluto de la respuesta, de gratificar o de frustrar, y ella lo hace en función de su capricho. Se necesita entonces frenar semejante «potencia de capricho» que al mismo tiempo es necesaria, porque si la madre no responde a las demandas del niño, si, por ejemplo, no lo alimenta, este se muere.
Esta madre omnipotente que responde a la «ley del capricho» engendra en el niño una pregunta angustiosa: «¿…

98. El deseo de los padres.

Es muy importante que en una familia haya hijos que sepan que son hijos, que sepan que se llaman así o asá, que sepan lo que quieren, o que crean saberlo, y que, además, sepan lo que quieren hacer cuando sean grandes. Es decir, hijos que, llegado el momento, también puedan casarse, enfrentarse con su sexualidad y que la asuman como un hombre o una mujer. Asumir las consecuencias de la sexualidad es asumir también el niño que vendrá.
Lograr una relación de amor, de deseo y de goce sexual en una pareja, es un proyecto inmenso. ¡Y toda esta tremenda responsabilidad depende completamente de la familia! Es decir, de un padre y una madre y lo que transmiten a los hijos. Lo que pasa es que todo este asunto de llegar a ser alguien responsable del propio destino y de asumir con sensatez una relación de pareja y el nacimiento de un hijo, no es algo que dependa de la buena voluntad de la familia, ni depende de los roles de papá y mamá, ni de la maldad del padre, ni de la simpatía de la madre. Tod…

97. El Nombre del Padre y la Ley.

La cosa más importante que puede transmitir un padre a sus hijos es su «apellido», es decir, su nombre, el «Nombre del Padre»: el nombre con el que se nombrará a su familia -los Restrepo, los González, los Jaramillo, etc.-; el apellido del padre es el que permite identificar a cada sujeto como alguien que pertenece a una familia; el apellido es lo que brinda a cada sujeto una identidad.
El apellido se trasmite cuando el padre reconoce al hijo y lo inscribe en el registro civil como siendo su hijo legítimo, como aquel que portará su apellido. La transmisión del apellido debe hacerse de forma sólida, y no únicamente como un adorno más en el nombre del hijo, lo cual se verificará cuando el hijo lo pueda transmitir o no; se verificará en la medida en que ese hijo, llegado el momento de responsabilizarse de su apellido, sabrá o no fundar una familia y continuar la transmisión del apellido que recibió de su padre.
Junto con el apellido, el padre también está transmitiendo una Ley, una que hac…

96. La familia moderna.

La familia en su forma actual es el resultado de una transformación profunda. Ella se ha reducido en su extensión, pero dicha contracción no quiere decir para nada que las cosas se hayan simplificado; por el contrario, se ha vuelto más complejas. Las relaciones entre sus miembros son ahora más difíciles y tensas.
La familia moderna es la «familia conyugal», una institución determinada por el matrimonio. Esta forma moderna de familia hace prevalecer la idea de la libre elección del cónyuge, pero cuando un hombre toma a una mujer como esposa y la saca de su núcleo familiar de origen, ese hombre, sin saberlo y creyendo que hace uso de su libre albedrío, está respondiendo a una serie de determinaciones tanto culturales como subjetivos.
El elemento que permite identificar a la familia conyugal es el apellido. El apellido se transmite de una generación a otra por vía patrilineal, es decir, el padre es quien transmite su apellido al hijo. Aquellas personas en cuyo linaje se encuentra una adult…

95. Padres de respeto.

Muchos sujetos piensan que sus dificultades, problemas o forma de ser tiene que ver con su infancia: “si tengo tal dificultad, es porque tuve tal tipo de padre o tal tipo de madre”. Y es verdad que los problemas psicológicos de los hijos se corresponden con el tipo de padres que la persona ha tenido. Entonces, ¿cómo ser buenos padres?
Ningún sujeto enseña a otro a ser padre o madre, ni a través de lecciones se puede transmitir esto. Sólo pasar por esa experiencia puede dejar algún saber sobre ella. Ser padres implica una gran responsabilidad, porque se necesita, antes que nada, que la pareja sostenga una relación de amor y deseo. Cuando esto no se da, la pareja se distanciará, se irá separando afectivamente -así vivan juntos-, lo cual no es sin consecuencias para los hijos.
Toda esposa tiene la tarea de reconocer un lugar de respeto y de amor hacia el padre. Cuando ese respeto y ese amor faltan, la transmisión de una autoridad que permita el ordenamiento de la subjetividad de los hijos …

94. Televisión, medios y educación.

La televisión es hoy en día un miembro más de la familia, sobretodo porque con ella se accede al más directo y barato de los entretenimientos. La televisión es el medio ideal para los anunciantes, porque entra en los hogares con la fascinación del audio y las imágenes. Los personajes de la televisión, actores, músicos y presentadores, terminan imponiendo nuevas modas, nuevos gustos y nuevas maneras de ser en la medida en que ellos ocupan el lugar de ideales, modelos a imitar. La imagen fascina y el mercado lo sabe, por esta razón explota el deseo de las personas de ser más bellas, jóvenes, poderosas, fuertes, etc., con ayuda de la tele. ¿Cómo controlar todos estos efectos o al menos defenderse de ellos?.
La televisión necesita de control y medida; habría que establecer horarios y elegir programas convenientes para los hijos, o mejor, ver los programas en compañía de ellos. La revolución e influencia que los medios de comunicación causa en los hijos, provienen de su eficacia como instru…

93. Medios de comunicación y consumo.

Está fuera de toda duda el poder de influencia y de manipulación que tienen los medios de comunicación sobre la psique de niños, jóvenes y adultos. Son muchos y muy variados los mensajes y las voces, puestas por los medios de comunicación, al servicio del mercado, y que nos dicen a todos a qué debemos parecernos y cómo debemos ser. Predominan aquellos mensajes relacionados con la sexualidad y la violencia, y todos los que tienen que ver con tendencias, modelos y modas: A qué hay que igualarse para estar al día, para estar en forma, para parecer más joven, para parecer un hombre de verdad o un empresario competente; para parecer la mujer, la madre, el niño y el joven que hay que ser. Todas esas voces nos dicen lo que hay que consumir para ser un sujeto que está de acuerdo con los tiempos de hoy.
Vivimos en un mundo donde el mercado hace uso de dichos medios para incitar a la gente a consumir toda clase de productos que le prometen felicidad al sujeto. Los medios de comunicación, a parte…

92. Identificación y socialización.

La socialización del ser humano abarca el aprendizaje por identificación -proceso psíquico que hace posible que un sujeto adopte los comportamientos de otros-. Su efecto es la interiorización de sentimientos, actitudes, pautas y valores del grupo social al que pertenece el sujeto. Mediante este proceso de identificación el ser humano encuentra un lugar en su medio social y sabe comportarse de acuerdo con él. Importante en este proceso es que el niño interiorice las normas, los límites de su comportamiento, aprenda de deberes y de derechos, y sobretodo, aprenda a ser un sujeto responsable de las consecuencias de sus actos y palabras.
Por esto, el aspecto más importante de la socialización es el “baño de lenguaje” que recibe el sujeto desde el momento de nacer. Si la familia como formación humana se inscribe en el reino de la cultura, en oposición a la familia animal que se inscribe en el reino de la naturaleza, se debe precisamente al lenguaje, a que el ser humano habla.
El lenguaje es l…

91. Culpa y responsabilidad.

Hay sujetos que sostienen una posición subjetiva en la vida que es la siguiente: se quejan de todo y por todo; además, la culpa de lo que les pasa es siempre de los demás: “yo soy así a causa de mis padres”, “la culpa es de tal hombre que no me deja en paz” o “de esa mujer que no me quiere”, etc. Se quejan y no asumen para nada una posición responsable respecto de lo que les sucede. Se esperaría que todo sujeto que padece un sufrimiento, antes que nada, piense si todo eso de lo que se queja, tiene algo que ver con su manera de ser, de pensar o de actuar.
La posición subjetiva “normal” de la mayoría de los seres humanos es más bien la de responsabilizar a otros por lo que les pasa a ellos, quejándose de los demás sin percibir la responsabilidad subjetiva personal en esa queja. Inclusive, sucede también que la persona culpa de su sufrimiento a su propio inconsciente -El inconsciente es un saber no sabido por el sujeto-, de tal manera que las personas dicen “me traicionó el subteniente”, …

90. Salud mental y responsabilidad.

La salud mental la podemos definir a partir del orden público, es decir, que en la medida en que haya tranquilidad en el ámbito de las cosas del estado, entonces se podrá determinar si alguien esta mental o psíquicamente mal. Por eso, cuando una persona altera el orden público establecido en una sociedad, se empieza a dudar de su salud mental: “¿es que acaso se enloqueció?”
Como la salud mental depende del orden público (Miller, 1997), lo más importante, en la cultura actual, es caminar bien por la calle y atravesarla sin hacerse atropellar, hacer buen uso de la fuerza, y sobre todo, entrar, salir y volver; la salud mental de una persona depende completamente de que pueda hacer todo esto. Piénsese, por ejemplo, en lo que pasaría si alguien no llega a dormir a la casa; ese solo hecho es ya causal de divorcio.
Para cuidar del orden público está la policía y la justicia, e igualmente los llamados trabajadores de la salud mental. Hay personas que cuando perturban el orden público, son de la…

89. Hiperactividad.

El término “hiperactividad” es hoy tan popular que casi cualquier conducta extravagante de un niño lo hace merecedor del nombre de hiperactivo. Este término, promovido por el prestigio y autoridad del discurso médico, parece sustituir los de necedad, inquietud, mala educación, desobediencia, etc. ¿No se trata acaso de niños a los que les ha faltado la transmisión de un orden y una disciplina en el hogar?
En el DSM IV -libro de la psiquiatría oficial de los Estados Unidos- dice que el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, conocido anteriormente con el nombre de Disfunción Cerebral Mínima, define una falta de atención con comportamientos perturbadores, los cuales interfieren “la actividad social, académica o laboral” (DSM-IV). También describe niños con “baja tolerancia a la frustración, arrebatos emocionales, autoritarismo, testarudez, insistencia excesiva en que se satisfagan sus peticiones, etc.” (DSM-IV).
La prueba, el diagnóstico y la medicación, suelen estar en manos…

88. Complejo de Edipo.

Primero hay que aclarar que el Complejo de Edipo no es un “complejo” en el sentido de un “acomplejamiento”, como cuando se dice “complejo de inferioridad”, ni un trastorno. Si se le llama “complejo” es debido a la complejidad, a la confusión de sentimientos por los que pasa todo ser humano con su padre y con madre, sentimientos que son ambivalentes, es decir, de amor y de odio hacia ambos padres; esta es la razón para llamar “complejo” al “Complejo de Edipo”. Más exactamente, el término «complejo», según Freud (1916) significa conjunto de ideas cargadas de afecto.
Y se le llama “de Edipo” porque éste es el nombre del personaje principal de una tragedia griega, escrita por Sófocles, titulada “Edipo Rey”. En ella se cuenta la historia de un niño que al nacer fue objeto de una profecía que decía que él mataría a su padre y se casaría con su madre. Los padres de Edipo, para evitar que se cumpliera dicho vaticinio, lo envían al exterior, donde se cría y se hace un gran guerrero que regres…

87. Homosexualidad.

En su constitución psíquica, cada persona tendría que asumir su identidad sexual de acuerdo con la naturaleza anatómica de su sexo. Si se tiene un órgano genital masculino, habría que ser hombre, y si se tiene uno femenino, habría que ser mujer. El problema radica en que la “identidad” sexual humana no es algo que derive de por sí, de la observación de la propia anatomía, sino que se llega a ser aquello que se tiene: Tener uno u otro órgano sexual no es garantía de que se vaya a ser hombre o mujer. La “identidad” sexual es una conquista del sujeto, y en ese proceso, es igual de difícil llegar a ser heterosexual que homosexual.
El sujeto homosexual es alguien que se ha identificado con la posición de su madre -posición femenina- y elige como compañero sexual a alguien igual a él mismo, elige a un hombre para amarlo de la misma forma como lo amó su madre. Y es que el homosexual tiene un estrecho vínculo afectivo con su madre; él tiene desde su infancia un apego bien acentuado hacia aquel…

86. La diferencia sexual.

Todo infante suele creer que todos los seres del mundo tienen un solo genital, el masculino. Es decir, que tanto para la niña como para el niño, sólo el genital masculino es tenido en cuenta a la hora de establecer la diferencia sexual. El genital femenino no significa nada para ellos; se le puede explicar la diferencia sexual a una niña diciéndole que los niños tienen pene y las niñas vagina, pero esto no le dice nada. Lo que sí le dice algo es lo que ella observa: que hay seres que tienen algo que ella no. Igual el niño: en el momento de su encuentro con la diferencia sexual, el niño no puede creer lo que ve: que existen seres que no tienen lo que él sí.
Lo que sucede es que todo niño, antes del encuentro con la diferencia sexual -el hecho de que hay dos sexos en el mundo- ya se ha hecho una imagen de sí mismo, imagen que considera completa, y por lo tanto juzga que todos las demás personas son iguales a él. Igual sucede con las niñas. Por eso se sorprenden tanto cuando se encuentran…

85. La identificación.

En el proceso de constitución subjetiva del ser humano, la identificación juega su papel: todo niño se identifica con la imagen de perfección que le propone la madre. El niño toma esa identidad como si fuera la de él; toma de la madre el deseo de ser eso que ella le propone. Por ejemplo, si una madre le plantea a su hijo que sea “la luz de sus ojos” o “todo para ella”, él se identificará con esa imagen, se esforzará en ser lo que su madre desea, convirtiéndose en el que completa imaginariamente a la madre.
Para el niño es necesario y suficiente, para obtener el amor de la madre, con ser eso que ella desea. Todo niño toma su identidad del deseo de la madre y por su dependencia de amor va a tomar ese deseo como propio.
Lo que completa a una mujer que desea ser madre es un hijo. Ella siente una falta, una incompletud, busca algo que la haría completa y que puede estar representado en un niño. Un hijo la hará sentir completa en la medida en que él se identifica con la imagen que ella le pro…

84. ¿Qué desea una madre? ¿Qué desea un hijo?

El Complejo -conjunto de ideas cargadas de afecto- de Edipo, hace siempre referencia a las relaciones que establece un niño con sus padres, relaciones que se instauran aún antes de que él nazca debido a que todo infante, como todo ser humano, empieza a existir desde el momento mismo en que sus padres empiezan a pensar en él, es decir, cuando empiezan a planear su nacimiento. No todos los hijos son planeados o deseados, y este solo hecho ya hace diferente la historia de ese niño con respecto al hijo que sí es esperado.
Como la mayoría de los seres humanos han establecido algún tipo de relación con sus padres o las personas encargadas de su crianza, se puede decir entonces que todos los seres humanos pasan por el Complejo de Edipo. En éste, la relación entre un hijo y su madre es de vital importancia. La función del hijo en esta relación consiste básicamente en ser todo para la madre, es decir, ser quien viene a colmarla, a completarla, a satisfacerla en su deseo de ser madre. No todas l…

83. Incompatibilidad de caracteres.

En toda relación de pareja habría que poner entre comillas la palabra "relación", ya que, si bien a una pareja le unen el amor, la pasión, intereses comunes, ideales, la educación de los hijos, etc., también existen cosas que la desunen: disgustos, desavenencias, conflictos, desengaños, etc.
Las parejas que discuten, pelean o se separan, se enfrentan en ese momento a una dura realidad: el hecho de que ninguna persona es el complemento de otra; el problema es que cuando se está enamorado se piensa que sí. Para decirlo de otro modo: en una pareja, uno siempre es incompatible con el otro. En toda "relación", por más coincidencias que se tengan, por más intereses comunes que se compartan, por más amor que haya, siempre habrá pequeñas o grandes diferencias.
Hay países en el mundo donde se admite como causal de divorcio lo que corrientemente se llama incompatibilidad de caracteres. Piénsese en el príncipe Carlos y su esposa Diana: cuando ella quería ir a bailar, él montaba…

82. La función paterna.

Cuando se habla de padre o madre en el psicoanálisis, se hace referencia a las posiciones que puede ocupar un personaje y las funciones que realiza; por esta razón, un padre puede hacer de mamá. Pero cuando un padre hace de mamá -cuida al hijo, lo protege, lo alimenta, etc.- no cumple con la función de padre. Es muy importante para la constitución psicológica de un hijo que su padre cumpla con su función.
¿Y cuál es la función del padre? El padre está llamado a intervenir efectivamente, en la relación de amor y deseo entre una madre y su hijo, como aquel que priva a la madre de lo que considera su más preciado objeto: su hijo, y priva al niño de lo que más desea en la vida: su madre.
Esta privación que efectúa el padre no debe ser entendida como que al niño se le quite a la madre o viceversa, sino como la introducción de una ley que regule esa relación tan estrecha que hay entre una madre y su hijo. Y esa ley que introduce el padre tiene nombre propio: es la ley de prohibición del inces…

81. La función materna.

La función materna no sólo la ejerce la madre biológica, sino también cualquier sujeto, incluso el padre. La función de toda madre es cuidar del hijo: protegerlo, alimentarlo, brindarle afecto, etc. El ser humano nace en una posición de «indefensión» absoluta tal que necesita de la ayuda de otro para poder sobrevivir, de tal manera que se establece una relación de dependencia absoluta para con el sujeto que cumple con esa función y que llamamos materna.
La otra relación que se establece entre un hijo y su madre es una relación de «dependencia de amor». En ella la madre ama a su hijo en la medida en que lo ha esperado y deseado. El amor y el afecto constituyen también un alimento esencial para el buen crecimiento de toda criatura humana.
Entonces, un niño al nacer no sólo se las tiene que ver con otro que lo nutre, sino también con otro que lo desea, y que por desearlo, lo ama. Se establece así una relación bastante estrecha entre la madre y su hijo, una relación de la que depende toda l…

80. Autoridad supuesta.

¿Cómo se podría definir la autoridad? La autoridad es ante todo un poder, o mejor, un supuesto poder que los hijos atribuyen a sus padres al sentir que dependen de ellos, pues al nacer, todo niño está en una posición de indefensión y de dependencia de amor hacia aquellos. Lo primero hace referencia a que los niños necesitan de otro para sobrevivir, para ser cuidados y alimentados; lo segundo hace alusión a la reciprocidad del amor: el niño ama a sus padres si es amado por aquellos. Los padres al ser investidos de dicho poder podrán ejercer un mando, un dominio, un control, un derecho sobre sus hijos.
Como la autoridad es un supuesto -el niño le supone a sus padres el ejercicio de este poder y, a su vez, éstos quedan investidos de dicho poder desde el momento en que se hacen padres-, los hijos pueden muy bien dejar de atribuir ese poder debido a la inconsistencia, incoherencia y debilidad de los padres al ejercer la autoridad. La autoridad necesita del respeto, es decir, del acatamiento…

79. Educación y autoridad.

Muchos de los jóvenes de hoy se comportan de forma anárquica, sin ningún tipo de control o autogobierno sobre su comportamiento, no dando muestras de asumir una responsabilidad sobre sus propios actos. O se conducen de tal manera que parecen obedecer más a sus impulsos que a la razón, como si nada mediara entre lo que quieren y lo que hacen para obtenerlo. Estos sujetos tienen más bien un carácter egocéntrico e individualista, no respetan las normas y mucho menos a las personas que las representan en las figuras de autoridad.
Producto de esta situación es esa pedagogía liberal y alcahueta que dice que hay que complacer en todo a los hijos por temor a frustrarlos y traumatizarlos. A esto se suma la importancia que ha adquirido el niño en la sociedad moderna: él se ha convertido en un consumidor en potencia, que hace demandas y para el que se fabrican miles de productos que pretenden satisfacer sus “necesidades” -léase “necedades”-. ¿Son los padres responsables de la “mala educación”, fa…

78. Salir de la adolescencia.

La entrada en la vida adulta está marcada por una serie de pasos: del estudio al trabajo, del hogar paterno al conyugal, de la categoría de hijo al de padre de familia. En las generaciones pasadas esto era mucho más sencillo: se pasaba de la adolescencia a la adultez cuando se abandonaba la casa paterna y el joven se ponía a trabajar; en el caso de las mujeres, salvo una pequeña proporción, dejar la casa significaba casarse.
La adolescencia, ese momento de pasaje de la niñez a la adultez, también es considerada una travesía en la que se abandonan o no determinadas identificaciones con los padres, es decir, que se deja de ser como ellos y se pasa a ser de otra manera. Si bien se entra a la adolescencia por la puerta de la pubertad -con la aparición de los caracteres sexuales secundarios: cambia la voz en los varones, crecen los senos y se ensanchan las caderas en las mujeres, se desarrollan definitivamente los órganos sexuales en ambos sexos, sale el vello púbico, etc.-, la salida es má…

77. Modelos para adolescentes.

El adolescente es alguien que puede ser fácilmente influenciado por líderes y personalidades ideales, ya sean estas dañinas o no. El mundo de la imagen -cine, televisión, revistas, etc.- suele ofrecer modelos de identificación que van desde el sujeto “fuera de la ley”, hasta el ídolo sexual. El adolescente se vale de esos modelos para identificarse con ellos y así consolidar su personalidad, su "identidad".
Si el sujeto necesita identificarse con otros, es porque no nace con una “identidad” asegurada. Cuando se nace, no se sabe quién se es: ni cómo se llama, ni quienes son sus padres, ni en dónde se vive o si es hombre o mujer, etc. Tener un órgano sexual masculino o femenino tampoco garantizan que ese sujeto vaya a ser un hombre o una mujer, es decir que el rasgo que serviría para determinar la identidad sexual de un individuo -su órgano sexual- tampoco garantiza que psicológicamente sea hombre o mujer. Tanto la “identidad” sexual como la forma de ser de un sujeto, son una c…

76. Pulsión sexual y adolescencia.

La pulsión es lo que sustituye al instinto en la criatura humana; es el nombre del impulso sexual en la medida en que la sexualidad humana no está regulada por el instinto, como sí sucede en los animales. La pulsión tiene como meta su propia satisfacción, la búsqueda de placer; no es así en los animales, cuyo instinto sexual tiene como fin la reproducción, lo que implica a su vez la relación con el sexo opuesto de la misma especie. La pulsión en el ser humano no tiene un objeto determinado, es decir que no es necesariamente con el sexo opuesto que ella se satisface; de aquí que la sexualidad en el género humano sea tan variada y extravagante: homosexualidad, pedofilia, sadomasoquismo, exhibicionismo, vouyerismo, fetichismo, etc.
No hay en el ser humano una única pulsión, sino que son varias, y se originan en el propio cuerpo; su fuente se puede localizar en las denominadas zonas erógenas: la boca, el ano, la piel, los genitales, los ojos, los oídos, etc.; por esta razón se dice que la …