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viernes, 8 de abril de 2011

288. La operación de reducción al final de análisis.

El pase -y el final de un análisis-, tiene como objetivo que el sujeto, con el fantasma fundamental y/o con el síntoma -sinthome-, logre decir lo imposible; se produce en este momento, lo que se puede denominar, una «reducción» como operación analítica, reducción que se dirige al objeto a. Esta operación de reducción que realiza el psicoanálisis se logra gracias al «bien decir» analítico. “El bien decir analítico -dice Miller- apunta a la reducción...” (1998, p. 24). El bien decir es constituyente de la ética del psicoanálisis, y adquiere toda su relevancia en este punto, en la medida en que la «reducción» es una palabra usada por Freud a propósito del Witz. Dice Miller (1998):

“(La reducción) Es la operación que consiste en explicitar, en descomponer y enumerar los componentes que entran en la producción del efecto propio del chiste. En el chiste paradojalmente, la operación reducción se produce a partir de un texto más largo que el chiste y que en sí mismo no es un chiste, es un texto plano en el cual esos elementos condensados por los mecanismos del chiste se aíslan unos de otros. En la cura la operación reducción no es esa, podemos incluso decir que es una operación inversa. El sujeto analizante, de hecho, trae a la cura los elementos de su historia, los vuelca, los enumera, puede hasta contarlos, pero la operación de reducción sólo se produce si a partir de los elementos de esa biografía surge alguna cosa que se parezca al Witz.” (p. 24-25).

Es decir, que la operación de reducción es la condensación de todos los elementos de la historia del sujeto en un bien decir como el del chiste. De aquí que Lacan compare el pase con el Witz, de tal manera que él “identifica la estructura del pase con la del chiste” (Miller, 1998, p. 25). ¿Por qué? Porque en el pase de lo que se trata es de que el sujeto formule en un bien decir su relación con el goce, su relación con el objeto plus de goce, que no es otra cosa que la fórmula de su fantasma: ($ - a), de tal manera que dicha reducción incida sobre el sujeto y afecte su modo de satisfacción pulsional. Pues bien, esto último es justamente la finalidad del dispositivo del pase, y lo que funda una política del Witz aplicable, no solamente al pase, sino también a todo final de análisis.

lunes, 4 de abril de 2011

284. ¿Qué hace un psicoanalista en el mundo de hoy?

La propia experiencia analítica favorece la soledad del analista: él es analista sólo cuando analiza. El analista, por tanto, está solo, abarca a los pacientes uno a uno y además es a-pragmático. ¿Qué hace pues un analista en el mundo de hoy? ¿Se reduce su trabajo únicamente a dirigir curas y a las instituciónes psicoanalíticas? Si bien el analista es a-pragmático, esto no debe entenderse como un parasitismo social. Lacan invita a los analistas, desde el momento del Acto de fundación de la Escuela Francesa de Psicoanálisis, a tener un compromiso con el mundo, y en este sentido, los analistas tienen intereses sociales, no son parásitos sociales. Promueven el avance del psicoanálisis para protegerse de los efectos devastadores del discurso de la ciencia, intentando responder a los problemas de la contemporaneidad.

El analista no es operativo si no pasa a la «realidad efectiva», es decir, a la realidad que no es imaginación o fantasía, sino aquella que abarca el conjunto de cosas que ocurren efectivamente, el conjunto de cosas existentes; es una realidad enmarcada dentro de lo simbólico, es decir, dentro de ese campo donde la palabra tiene una efectividad. Pero los efectos de la palabra, ¿se reducen al marco del dispositivo analítico?

A la realidad efectiva sólo se la conoce y se la asume por los efectos de la palabra, como consecuencia del discurso analítico. ¿Cómo actuar entonces sobre el conjunto de la realidad efectiva? ¿Cómo transformar de manera metódica, desde el discurso analítico, a la realidad? Son preguntas que cada psicoanalista está llamado a responder.

jueves, 24 de marzo de 2011

273. Las políticas del psicoanalista en la cura.

Lacan (1984) sitúa a la política, desde La dirección de la cura y los principios de su poder, en el nivel de la ética y de lo que está en juego en el fin de análisis, lo cual no deja de ser extraño, ya que, aparentemente, ética y política son en principio dos conceptos antagónicos. Se puede preguntar, entonces, si la política es un concepto que conviene poner en relación con el de ética del psicoanálisis.

Dice Lacan (1984) en el texto citado: “(...) el analista es menos libre en su estrategia que en su táctica. Vayamos más lejos. El analista es aún menos libre en aquello que denomina estrategia y táctica: a saber, su política, en la cual haría mejor en ubicarse por su falta de ser que por su ser” (p. 569-70). Así pues, el nivel de la política es el tercero de una serie de niveles, que responden a la pregunta de cómo el psicoanalista es convocado en la cura. La respuesta de Lacan es que cuando un analista dirige una cura, él paga en tres especies de monedas: con palabras, es decir, la interpretación; con su persona, soporte del fenómeno de la transferencia; y con aquello que hay de más esencial en él: con su juicio más íntimo. Estos pagos constituyen a su vez tres niveles de intervención del analista -y cuando se habla de intervención se puede traducir por «política del analista»-: primero está el nivel de las palabras que se elevan a la dignidad de la interpretación, es decir que se elige una palabra que cambia la vida del paciente -el poder de la palabra en un análisis-. Este es un nivel político de la palabra; la política del poder de la palabra es entonces una de las políticas del analista: elegir algo misterioso, opaco, una palabra que introduzca un malentendido, que llame a otras palabras, que tenga como efecto la asociación libre del paciente, que abra el inconsciente. Este nivel, el nivel de la interpretación, es el nivel de la táctica, que, como dice Lacan, es el de mayor libertad en el analista.

El segundo nivel, donde el analista paga con su persona, es el de la transferencia, y corresponde al nivel de la estrategia; es un nivel de menos libertad, ya que aquí el analista no puede elegir demasiado, debe hacer sólo lo justo, en la medida en que el paciente lo convoca a un cierto lugar, le da un lugar preciso en la transferencia. El tercer nivel es aquel en el que el analista se compromete sobre aquello que hay de esencial en su juicio más íntimo. Este es el nivel específicamente político; es el nivel donde se sitúa el «núcleo del ser», allí donde el analista se las tiene que ver con su deseo, es decir, con su falta en ser. A este nivel, la libertad del analista es nula, no tiene ninguna libertad; su deseo de psicoanalista, su ética como analista, están en juego, al igual que la política de su cura.

sábado, 19 de marzo de 2011

268. La dimensión política en Lacan.

En Lacan la dimensión política es más manifiesta que en Freud, sobretodo porque aprovechó toda la herencia epistemológica que recibió -Hegel, Saussure, Marx, etc.-. Lacan, por ejemplo, frecuentó a Karl Marx y buscó en él uno de sus conceptos mayores, del que dice que es su único aporte original al psicoanálisis: el objeto a, extraído del concepto de plusvalía de Marx.

También en Lacan encontramos otra dimensión de su obra referida a un combate político al interior del psicoanálisis, combate que recae sobre la habilitación y el reconocimiento del psicoanalista, es decir, todo lo que tiene que ver con responder a la pregunta «¿qué es un analista?». Lacan inicia un combate en nombre de los fines de la cura, y de hecho, todas las crisis que retornan dentro de la institución analítica lacaniana, crisis que Lacan vivió y provocó, fueron siempre motivadas por la pregunta de la formación del psicoanalista y la cuestión del final de la cura. Este es un punto crucial: el del fin de la cura, es decir, resolver en nombre de qué alguien puede decir «tú eres psicoanalista porque has llevado tu cura hasta el punto que convenía». Pero, ¿cuál es este punto que conviene? Otra manera de hacer esta pregunta es ¿qué clase de analistas es la que se quiere en las Escuelas de orientación lacaniana? -Es la pregunta que va a responder la experiencia del pase-.

El problema está en que un analista no obtiene su autoridad más que de sí mismo; la única cosa que da a un analista su autoridad es su deseo. El deseo es lo que autoriza a un analista a sostener una transferencia, y es porque el analista se autoriza de sí mismo -y de algunos otros- por lo que se vuelve de una importancia crucial la política -institucional- del psicoanálisis.

martes, 15 de marzo de 2011

264. Política de la cura y felicidad.

En la historia del psicoanálisis ha habido orientaciones que han puesto al analista en posición de responder a la demanda de felicidad del sujeto. Son orientaciones que han hecho girar todo el logro de la felicidad alrededor del acto genital. Pero, si ni siquiera esto lo tiene el analista para dar, entonces ¿qué da? Lo que tiene el analista para dar “...no es más que su deseo, al igual que el analizado, haciendo la salvedad de que es un deseo advertido.

“¿Qué puede ser un deseo tal, el deseo del analista principalmente? A partir de ahora, podemos de todos modos decir lo que no puede ser. No puede desear lo imposible” (Lacan, 1988, p. 358). Así pues, si hay algo contrario a lo que se denomina la política de la cura, esto es el establecimiento de una relación dual entre el analista y su analizante, relación que existiría en la medida en que se responda a la demanda de felicidad. O como dice Eric Laurent en su texto La familia moderna: “Es saber precisamente, que el psicoanalista es ése cuya función política, es de recordar que el universal no arreglará jamás más cuestiones, que el goce en su particularidad más abominable. Está ahí como protestación contra el ideal: más querramos los ideales, más fabricamos el mal, lo que Lacan llamó «representación exaltada del mal»”.

Ahora bien, si los pacientes recurren al psicoanálisis con la esperanza de acceder a la posibilidad de una felicidad sin sombras, y si bien el análisis puede permitir al sujeto ubicarse en una posición tal que las cosas le vayan bien, hay algo contra lo cual estos propósitos se revientan: la instancia moral del hombre, esa que Freud denominó el superyó, y que es de una economía tal que “cuantos más sacrificios se le hacen tanto más exigente deviene” (Lacan, 1988, p. 361). Este desgarro del ser moral no está permitido al analista olvidarlo en su práctica, puesto que dicho olvido puede llevarlo a, verdaderamente, prometer el ideal de la felicidad, y así conducirse como un político corriente. Dice Lacan: "Hacerse el garante de que el sujeto puede de algún modo encontrar su bien mismo en el análisis es una suerte de estafa" (p. 361).

viernes, 11 de marzo de 2011

261. ¿Cuál es el significado del sustantivo «política» en el psicoanálisis?

Dice Miller (1999) en su texto Política lacaniana que hay tres maneras de entender el sustantivo «política» en el discurso de Lacan: Primero, hay la política en general, es decir, las opiniones y comentarios de Lacan acerca de la política. En sus textos se pueden pesquisar una serie de explicaciones referentes a las democracias de los pueblos y el partido comunista. En el transcurso de su enseñanza, Lacan no se negó la oportunidad de producir doctrinas sobre el capitalismo y, según Miller, hasta ofreció una doctrina del poder fundada en el psicoanálisis. Incluso las construcciones, los «matemas» de Lacan, conciernen y son del registro de las políticas del psicoanálisis para alcanzar el estatuto de ciencia. El «matema», esa serie de “fórmulas matemáticas” que Lacan introduce en el trascurso de su enseñanza, en la medida en que permite y facilita la transmisión del discurso psicoanalítico de una manera más coherente y formal, tiene como propósito elevarlo a la dignidad de ciencia. Esto tiene, por consiguiente, un alcance político para el psicoanálisis.

La segunda manera de entender el sustantivo «política» en el psicoanálisis, tiene que ver con la introducción de la política dentro del discurso psicoanalítico, es decir, todo lo concerniente a la posición de Lacan, y de los analistas en general, en las organizaciones psicoanalíticas; sobre todo la posición de los analistas en la organización internacional que derivó de Freud, y que se designa actualmente por la sigla IPA; también, por supuesto, la posición de los analistas dentro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y sus Escuelas, y en general, dentro de toda institución de carácter psicoanalítico. Esta segunda manera de entender la política en el psicoanálisis también abarca la relación de los analistas con sus colegas, los estudiantes, los pacientes y el público en general.

La tercer manera de pensar la política en el psicoanálisis se refiere al tratamiento psicoanalítico. En su texto La Dirección de la cura y los Principios de Su Poder, Lacan hace uso de la tripartición «táctica», «estrategia», y «política» dentro del marco de la dirección de la cura. Miller (1999) dice que el propósito de Lacan aquí es situar a la interpretación al nivel de una táctica específicamente clínica, es decir, un procedimiento o maniobra de la dirección de la cura. Lacan tampoco dudará en calificar como político el pensamiento y la argumentación acerca de las metas de la cura analítica, es decir, todo lo relacionado con el fin de análisis y el procedimiento del pase. La política para la cura se puede decir que abarca y designa tanto los objetivos de la formación de los analistas, como la conclusión de la cura, por eso estos temas también se incluyen dentro de esta tercera acepción de «política», es decir, la que se relaciona con el tratamiento psicoanalítico.

martes, 8 de marzo de 2011

258. Pase, política y psicoanálisis

La política es un concepto que ha recibido un tratamiento permanente en el psicoanálisis lacaniano; es un concepto que no pasa de moda en él, si bien que Lacan lo sitúa desde La dirección de la cura y los principios de su poder al nivel de la ética y de lo que está en juego al final de un análisis. Pero la política en el psicoanálisis no solamente se despliega al nivel de la dirección de la cura. Ella se hace operativa al nivel de las reflexiones que hace el psicoanálisis sobre el comunismo, la democracia, el capitalismo y otros tópicos de la política en general; al nivel de las reflexiones que hace el psicoanálisis sobre las instituciones psicoanalíticas y la posición del analista en ellas; al nivel de las políticas que adopta el psicoanálisis para elevar su discurso a la dignidad de ciencia, y por último, al nivel de las reflexiones que hace el psicoanálisis sobre las políticas que la institución debe adoptar para reconocer la autoridad del analista. Así pues, el concepto de política en el psicoanálisis tiene varios sentidos, que se pueden clasificar así: 1. La política de la cura, 2. La política de las instituciones psicoanalíticas, a dos niveles: políticas que las rigen y políticas para garantizar o avalar a los analistas, 3. La política del psicoanálisis para alcanzar su estatuto de ciencia, y 4. El examen que hace el psicoanálisis de la política en general.

Los tres primeros puntos -la política de la cura, la política de las instituciones psicoanalíticas y la política del psicoanálisis para alcanzar su estatuto de ciencia- convergen todos en uno de los temas más importantes del psicoanálisis lacaniano de hoy: la teoría del pase. Es en la experiencia del pase donde se ponen en juego esos tres aspectos de la política del psicoanálisis: la posición ética del analista en la cura, la posición del analista en la institución, es decir, en la Escuela, y la cuestión del estatuto científico del psicoanálisis.

La función política del pase se inscribe dentro de los lineamientos clínico, epistemológico y político de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y sus Escuelas. En ellas, el dispositivo está en marcha y poco a poco, a medida que salen a la luz los testimonios del pase, se van perfilando los efectos de éstos sobre la política del psicoanálisis. Realmente se está en un ámbito sin procedimientos totalmente establecidos, es decir, abierto a la invención en cuanto a las formas de su realización; un nuevo campo abierto de objetos: El de los testimonios del pase -cuando un analista cuenta cómo fue su experiencia de análisis-, a partir de los cuales está por establecerse su responsabilidad institucional para el porvenir de las Escuelas de la A.M.P. Es decir que gracias al dispositivo del pase, y gracias a los que consienten en hacer uso de dicho dispositivo, “que se está promoviendo una mutación fundamental, un desplazamiento en los hábitos y costumbres de la incorporación (de los analistas) a un grupo analítico” (Nepomiachi, 1998, p. 88).

martes, 19 de octubre de 2010

182. ¿Es la psicología utilitarista?

El psicoanálisis es una psicoterapia, pero no como las demás. Las psicoterapias suelen estar orientadas por el pragmatismo y, por lo tanto, responden a la demanda de cura que hace el sujeto. Mientras que la mayoría de las psicoterapias responden a la demanda del sujeto, el psicoanálisis no lo hace; el psicoanálisis responde a la demanda del paciente con otra demanda: "hable de lo que le está pasando". Por esta razón es que se puede decir que Freud no reduce el sujeto al silencio. Cuando se le da una droga o una solución inmediata al paciente, se le suele callar su síntoma, se le silencia, y esto es contrario a lo que hace el psicoanalista. El psicoanalista pone a hablar al sujeto sobre sus relaciones con aquello de lo cual se queja y que casi siempre tiene que ver con la forma como él encuentra una satisfacción en el malestar. Es a esto a lo que se llama «goce» en el psicoanálisis lacaniano: a esa extraña satisfacción que el sujeto encuentra en el dolor, en el displacer, en el malestar.

La psicología es fundamentalmente utilitarista y obedece a la ideología imperante en el discurso de los hombres, es decir, el capitalismo. La psicología trata al sujeto como un objeto más del discurso científico, por esta razón lo "cosifica", lo reduce al organismo, borrando su subjetividad. El psicólogo deberá preguntarse, entonces, sobre su lugar en este rechazo que la ciencia y el capitalismo hacen contemporáneamente de la subjetividad, es decir, de las causas psíquicas del malestar del sujeto.

La psicología pretende adaptar a aquellos que el funcionamiento social señala como inadaptados; es lo que se llama una sociatría. La psicología está entonces al servicio del Amo capitalista y por tal razón pretende que el sujeto responda a las demandas que dicho Amo le hace: que sea productivo, exitoso, hermoso, competente, etc. ¿Qué pasa cuando el sujeto no responde a dichas demandas? Se busca adaptarlo para que responda a ellas. Pero, ¿es esto a lo que está abocada la psicología?

sábado, 9 de octubre de 2010

173. ¿Qué es la interpretación?

¿Es posible extraer las reglas de la interpretación? Lacan piensa que sí. En La dirección de la cura y los principios de su poder (1975), él dice que esto es posible desde el momento en que introdujo la función del significante como clave a tener en cuenta para llegar a saber qué es una interpretación. Si "el inconsciente tiene la estructura radical del lenguaje" (Lacan), es posble, entonces, llegar a dar cuenta de las reglas de la interpretación en tanto que ellas deben depender de la manera como funciona el significante en el inconsciente.

Para llegar a saber qué es una interpretación, Lacan recomienda la lectura de los comentarios clásicos que sobre ella se ha hecho y así sacar algún provecho de ellos. Los testimonios que se dan para confirmar lo bien fundado de una interpretación es un buen ejemplo de esto: no es la convicción que acarrea la interpretación, sino el material que surge tras ella lo que la confirma como bien fundada. Esto, advierte Lacan, es muy diferente a esperar, tras una interpretación, el asentimiento del sujeto.

Esta es una fuerte crítica que hace Lacan a los analistas que tienen la superstición de que la interpretación deberá ser confirmada por el paciente. Lo que resulta de esto es una psicologización del análisis, ya que la dirección de la cura consistirá en que el paciente esté siempre de acuerdo con las interpretaciones de su analista, y para que esto sea así, el analista debe decirle cosas que él confirme, o sea cosas que él pueda reconocer como sabidas.

Si el inconsciente es un saber no sabido por el sujeto, a una análisis no se va a escuchar lo que ya se sabe. La interpretación no apunta a una confirmación por parte del paciente, sino más bien, a una apertura del inconsciente, por eso, el criterio para confirmar lo bien fundado de una interpretación es "el material que irá surgiendo tras ella" (Lacan, 1975).

La concepción que tenga el analista -concepción teórica- sobre lo que significa la interpretación, tendrá efectos sobre la manera como dirige la cura. ¿Qué sucede cuando una interpretación no es confirmada por el paciente? El analista interpretará esto como una resistencia. El criterio del analista sobre lo que es la interpretación, hará que dirija la cura según ese criterio, por ejemplo, buscando que el paciente confirme sus interpretaciones o interpretando como resistencia todas las que no asienta. Es por esto que Lacan dice que la resistencia no está del lado del paciente, sino ¡del lado del analista!, arraigada ésta en la concepción teórica que tenga sobre la interpretación y la dirección de la cura.

574. El fetiche como «objeto pantalla» frente a la angustia

¿Por qué esta sociedad se aferra con tanta ferocidad a los objetos de consumo? En el Seminario IV: La relación de objeto (1956–1957), Lacan...