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Mostrando entradas de diciembre, 2010

223. El síntoma es algo normal en el sujeto.

Una de las tesis del psicoanálisis lacaniano es que si los seres humanos tenemos síntomas, es porque «la relación sexual no existe», es porque la relación sexual es imposible de cifrar, es decir, en el inconsciente no está cifrada, no está inscrita la relación sexual, y por no estar cifrada, por estar rechazada o forcluida del inconsciente, “...la consecuencia inmediata es la psicosis generalizada” (Miller, 1998, p. 279). Es decir que en todos los seres hablantes hay una forclusión, un núcleo de real, algo así como si todos fuésemos psicóticos, como si todos fuésemos delirantes en este punto. Esta psicosis generalizada nos lleva a pensar que el síntoma es algo normal en el sujeto, ya que él está sustituyendo la falta de la cifra sexual.
Aquí se trata de un síntoma que, por un lado, incluye a la vez al síntoma y al fantasma, y por otro, vale tanto para la neurosis como para la psicosis, es decir que es una noción transclínica. Esto no significa que se supere la clínica estructural, que …

222. El inconsciente es una máquina para cifrar.

Lacan, en sus últimas elaboraciones sobre el síntoma, lo va a vincular, no con la palabra, sino con la escritura. La escritura tiene un efecto contrario al de la palabra -la cual seduce con su producción de sentido-. Lacan va a decir –como se puede ver en el Informe de Roma–, que con el síntoma se trata también de lectura, de escritura. Miller (1998) lo dice así: “«Así, si el síntoma puede leerse, es porque él mismo está ya inscrito en un proceso de escritura»” (p. 277). Hay pues un proceso de palabra con el síntoma, pero Lacan va a enfatizar ahora su dimensión de escritura. Así pues, el síntoma no se agota en su efecto de significación, como significado del Otro, como mensaje del Otro. El efecto de significación del síntoma también conlleva un efecto de goce. Y agrega Miller (1998): “Por el hecho de que este efecto está implicado en el síntoma analizable debe serle referido un proceso de escritura”. (p. 277).
Todo proceso de lectura reclama un proceso de escritura. La escritura tiene …

221. Efecto de goce del síntoma.

Si se aborda al síntoma en su dimensión puramente simbólica, éste pasa a ser algo interpretable, es decir que se lo considera como un mensaje. Desde esta perspectiva, el síntoma introduce el significante por tener efectos de significado. Pero si el síntoma también tiene efectos de goce, es una forma de gozar del inconsciente por parte del sujeto, ya no se puede seguir sosteniendo que solamente el significante tiene efectos de significado, efectos de sentido, sino que el significante tiene también efectos de goce. Esto conducirá a Lacan a recurrir de nuevo al signo, después de haber dado privilegio durante tantos años al significante.
El signo, según la clásica definición de Pierce, es lo que representa algo para alguien. Es en oposición a esta definición, que Lacan introduce su ya clásica definición de significante: es lo que representa al sujeto para otro significante. La oposición del signo y del significante pone en primer plano la articulación significante, la batería significante,…

220. Con el síntoma se goza del inconsciente.

El goce es algo impensable por fuera del lenguaje. Supone un cuerpo afectado por el inconsciente, es decir, por la estructura del lenguaje. Al goce lo ubicamos en la vertiente de la repetición, por eso la insistencia del síntoma es la repetición de la satisfacción que él conlleva. Así pues, como indica Miller (1998), “el síntoma depende de la manera en que cada uno goza del inconsciente” (p. 272). Esta es la definición que Lacan va a dar de síntoma en RSI: el modo en que cada uno goza del inconsciente en tanto el inconsciente lo determina.
La experiencia analítica constata que hay un gozar del inconsciente en el sujeto, y el síntoma es prueba de ello. El síntoma es a la vez, entonces, función de goce y función significante. Según Miller (1998), esta última elaboración de Lacan sobre el síntoma fue opacada por las dificultades técnicas de la teoría de los nudos desde RSI. Entre 1953 y 1972 lo simbólico fue lo que reinó en la enseñanza de Lacan. A partir del seminario Aún y de RSI, Lacan…

219. El síntoma hace insignia.

Lacan llamó «insignia» a las marcas de respuesta del Otro. Así, por ejemplo, la insignia emerge a partir de la respuesta al grito. El niño grita y su grito adquiere sentido a partir de la respuesta del Otro. El grito se transforma, entonces, en llamado. Es por la intervención del Otro que el grito se transforma en llamado, produciéndose el reconocimiento de la identidad del sujeto por parte del Otro. Por el acuse de recibo del Otro, el grito en bruto, el grito como trozo de realidad, deviene una significación del sujeto. A partir de la respuesta del Otro, a partir del significante del Otro, el grito tiene al sujeto como significación. A este significante de la respuesta es a lo que Lacan va a llamar «insignia».
Ahora bien, “El síntoma es lo que hace insignia” (p. 255), nos dice Miller (1998) en su texto Los signos del goce. El síntoma es eso que insiste en un sujeto, «signo de lo que no anda en lo real», dice Lacan, y en el que Freud encontró, gracias a esa insistencia, un placer desco…

218. Lo abrupto de lo real.

El objeto de la pulsión será formalizado por Lacan como «objeto plus de goce», en la medida en que lo importante para la pulsión no es el objeto en sí, sino la satisfacción obtenida por ella, es decir, el goce. Así pues, Lacan opondrá a la pulsión en tanto trayectoria como cadena significante, de la finalidad de la pulsión, la cual se reduce al hallazgo de un goce real. En el dispositivo analítico de lo que se trata es de ubicar, en la transferencia, ese real, ese objeto real que es inasimilable por el sujeto. Este aspecto de encuentro con lo real en la transferencia es lo que Miller llama en su seminario Nuevas inquisiciones clínicas, la transferencia-tyché, como opuesta a la transferencia-automatón, en la que lo que se pone en juego es el Sujeto-supuesto-Saber.
La transferencia-tyché habla de la transferencia como hallazgo, como encuentro, como azar; lo que en la sesión analítica aparece como imprevisible, no programado, sorpresivo; se trata, dice Lacan en el seminario 11, de «lo abr…

217. La pulsión es gramática del lenguaje.

La letra, dice Lacan en el seminario 21 Los nombres del padre, es en cierto modo inherente al pasaje a lo Real, de tal modo que a la letra, como a la escritura, hay que situarlas en el orden de lo real, y por lo tanto, comparten la falta de sentido -mientras que el sentido es simbólico, el sin-sentido es real-. La letra revela en el discurso lo que se llama la gramática, y la gramática es lo que del lenguaje sólo se revela en lo escrito. De aquí que Freud haya intuido que la pulsión es gramática. Cuando Freud quiere articular la pulsión, recurre a la gramática del lenguaje y lo que ella representa; él no puede hacer ninguna otra cosa más que pasar por la estructura gramatical. No es más que en el mundo de lenguaje donde la pulsión puede tomar su función dominante.
La pulsión va a ser presentada por Lacan como una trayectoria, como un circuito. En este circuito la pulsión se origina en una zona erógena, gira en torno al objeto y vuelve de regreso a la zona erógena. Las zonas erógenas so…

216. El síntoma-goce es una letra que se lee.

Como el efecto de significado no es lo más problemático del síntoma, es decir, su desciframiento, su interpretación, Lacan se va a fijar en el efecto de goce del síntoma, eso que hace lo más real del síntoma. Como el inconsciente cifra el goce en el síntoma, Lacan lo va a vincular con la escritura, con el cifrado, por lo tanto, el efecto-goce del síntoma está emparentado, no con el significante, sino con la letra que se cifra.
La letra es el significante por fuera de su función de producir significaciones; en este sentido, la letra se distingue del significante en la medida en que este último es productor de sentido. Como la letra no produce significación, esto la hace indescifrable. El síntoma-goce en Lacan, es una letra no descifrable, que no tiene un sentido a descifrar, sino que es un trazo, una marca, una cifra que indica el goce. Como elemento de lo real, la letra en sí carece de sentido.
Es por este papel que cumple la letra en el inconsciente, por lo que el analista no debe conc…

215. El síntoma-verdad y el síntoma-goce.

El síntoma, para Freud, tiene que ver con la satisfacción pulsional por otros medios, por esta razón él lo define como una satisfacción sexual sustitutiva. Esta es la dimensión de goce del síntoma que se complementa con su dimensión de verdad. El síntoma-verdad es el síntoma descifrable, interpretable, ese que hace serie con las formaciones del inconsciente (olvido, actos fallidos -lapsus-, sueño y chiste). El síntoma-goce es el síntoma como cifra, ese que se separa del resto de las formaciones del inconsciente por su inercia, por su insistencia repetitiva, por su duración. “El síntoma-goce entonces, no es una formación del inconsciente, sino que es un medio de satisfacción de la pulsión, y esta es la parte del síntoma en que este se presenta como completamente diferente de las demás formaciones del inconsciente...” (Torres, 2001). Esta dimensión del síntoma nos muestra cómo el sujeto goza siempre de un modo sintomático, y cómo el inconsciente funciona para el goce.
El «síntoma» es lo …

214. El síntoma como solución del sujeto.

El síntoma psíquico tiene un aspecto positivo para el psicoanálisis, aquel que sirve para estructurar el vínculo social, y un aspecto negativo: el síntoma como lo que se opone a dicho vínculo. El síntoma, por tanto, posibilita y permite el lazo social, pero también lo objeta y obstaculiza. El síntoma como solución es la respuesta del sujeto a la no existencia de la «relación sexual» (léase proporción sexual: el hecho de que los hombres no fueron hechos para las mujeres y viceversa). Si bien el sujeto sufre con su síntoma, y de ello se queja, el síntoma es gozado, lo cual lo hace irreductible a la simbolización. El síntoma como solución establece también un límite a la homogeneización, a la uniformización, al poder unificante del significante amo. “Para suplir la inexistencia de la relación sexual, para hacerle frente al encuentro con el otro sexo, para establecer un vínculo social, el sujeto sólo tiene el síntoma, sólo cuenta con el síntoma, sólo puede servirse del síntoma.” (Posada, …

213. Con su síntoma un sujeto nunca se aburre.

En el seminario Real Simbólico Imaginario, Lacan va a definir el síntoma a partir de la letra, como una función de la letra. En Instancia de la letra... él definía el síntoma como una función del significante, es decir, de la cadena significante. Pero en RSI va a decir que «el significante es una función de la letra», planteando el síntoma en términos de nudo (borromeo) y no en términos de cadena (significante). La función de la letra es una definición del síntoma como goce de un Uno extraído del inconsciente, un Uno extraído de la cadena y gozado. Cernir el síntoma como una letra, es pensarlo como el Uno del inconsciente donde se fija el síntoma del sujeto.
Así pues, a partir de 1975 el síntoma es pensado como un modo fijo de gozar, y Lacan dirá que es lo que cada uno tiene de más real. Real aquí designa lo real del goce, pero también los imposibles que se ubican en el campo del goce. Así se entiende que lo más interesante de un sujeto sea siempre su síntoma. ¿Por qué? Porque gracias …

212. Goce fálico, goce Otro y síntoma.

El goce fálico es el único goce que queda inscrito en el inconsciente, ya que en el inconsciente sólo existe un significante para nombrar la diferencia sexual: el falo -el hombre lo tiene, la mujer no lo tiene-. Pero el goce fálico es un goce limitado, es decir que el significante fálico no puede dar cuenta de todo el goce; “...algo se le escapa y eso que se escapa, que no puede ser cifrado por el falo, es el goce Otro, excluido, forcluído del inconsciente.” (Posada, 1998). La función fálica da cuenta, entonces, de que en la estructura algo del goce se inscribe y algo del goce no se inscribe. El falo, “...símbolo a la vez del goce y de la pérdida de goce" (Miller, 1991, p. 39), divide al goce en un goce que se contabiliza -el goce masculino- y en un resto de goce que escapa a la contabilidad -el goce femenino-. Pero de ese resto sólo se puede saber que se escapa; no se puede simbolizar; es resto de goce sin cifrar, un goce Otro al goce fálico.

¿Qué es entonces el síntoma? El sínto…

211. «No hay relación sexual» y «La mujer no existe»

Freud descubrió el sentido sexual de los síntomas, síntomas que al descifrarlos, revelaron, por un lado, que algo en el ser humano se opone al pleno decir sobre la sexualidad, es decir, que Freud se encontró con un inconsciente que aludía a un sentido reprimido. Por otro lado, él encontró a las pulsiones parciales: oral, anal, fálica, que por ser parciales, aparecen opuestas a lo pleno, es decir, al desarrollo acabado de la sexualidad. A la represión y a la pulsión parcial Lacan las logra articular en una sola vía: “Lo que hace objeción al pleno decir, es lo mismo que se opone al encuentro armónico entre los sexos. Es lo mismo y proviene de la captura del ser humano en el lenguaje, proviene del carácter del inconsciente estructurado como lenguaje.” (Posada, 1998)
El descubrimiento de Freud no fue el descubrimiento del inconsciente; su originalidad estuvo en hacer del inconsciente un inconsciente sexuado. Freud descubre que los síntomas tienen un sentido sexual y que son una forma susti…

210. ¿Demanda el sujeto la felicidad?

Si algo sabe el analista, de lo poco que debe saber, es que responder a la demanda del paciente, no resuelve la aspiración a ser feliz; porque en el fondo de toda demanda -de cambio, de curación, etc.-, lo que hay es una demanda de felicidad. ¿Cómo responde entonces el analista a esta demanda?
El sujeto que le consulta le demanda la felicidad, la cual siempre se ha pensado como ese Soberano Bien que desea el sujeto. Pero el analista sabe que esta cuestión es una cuestión resuelta: "No solamente lo que se le demanda, el Soberano Bien, él no lo tiene, sin duda, sino que además sabe que no existe” (Lacan, 1988, p. 350). En efecto, la felicidad no existe ni como meta en la vida ni como estado permanente del ser. La felicidad es más bien una satisfacción repentina y episódica. El sujeto está estructurado de tal manera que sólo goza con intensidad del contraste, y muy poco de un estado de felicidad permanente.
No es necesario entonces ser psicoanalista para advertir que hay una falla ent…

209. El sujeto es siempre feliz... a nivel de la pulsión.

Freud ubica a la pulsión como el reverso del deseo cuando dice que el deseo nombra un estado de «insatisfacción» fundamental en el sujeto, en cambio, la pulsión nombra un estado de «satisfacción»; es decir que la pulsión siempre logra satisfacerse. “Así como podemos definir el deseo como algo siempre insatisfecho, (el) concepto de pulsión es de algo que siempre es satisfecho” (Miller, 1991, p. 53) Por esto Lacan va a decir en Televisión que «El sujeto es siempre feliz«. Esta idea es una subversión de la noción que se tiene corrientemente sobre la felicidad. Lo que Lacan dice aquí es que el sujeto es siempre feliz en el nivel de la pulsión, en tanto que ésta es siempre satisfecha, siempre se satisface.

La «satisfacción de la pulsión» es lo que Lacan formalizará como el objeto a en su versión de «plus de goce». Así pues, se puede definir a la pulsión como una demanda siempre satisfecha que produce un «plus de goce», en la medida en que hay un éxito constante en la satisfacción de la puls…