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210. ¿Demanda el sujeto la felicidad?

Si algo sabe el analista, de lo poco que debe saber, es que responder a la demanda del paciente, no resuelve la aspiración a ser feliz; porque en el fondo de toda demanda -de cambio, de curación, etc.-, lo que hay es una demanda de felicidad. ¿Cómo responde entonces el analista a esta demanda?

El sujeto que le consulta le demanda la felicidad, la cual siempre se ha pensado como ese Soberano Bien que desea el sujeto. Pero el analista sabe que esta cuestión es una cuestión resuelta: "No solamente lo que se le demanda, el Soberano Bien, él no lo tiene, sin duda, sino que además sabe que no existe” (Lacan, 1988, p. 350). En efecto, la felicidad no existe ni como meta en la vida ni como estado permanente del ser. La felicidad es más bien una satisfacción repentina y episódica. El sujeto está estructurado de tal manera que sólo goza con intensidad del contraste, y muy poco de un estado de felicidad permanente.

No es necesario entonces ser psicoanalista para advertir que hay una falla entre el deseo del sujeto -lo que el sujeto desea inconscientemente- y su demanda -lo que pide a su psicoanalista-. Lo demuestra el hecho de que los sujetos desean mantener sus síntomas como si buscaran algo diferente a estar mejor, es decir, ellos son felices con sus síntomas, se satisfacen con ellos. Esto es lo que se llama en el psicoanálisis la «reacción terapéutica negativa». El Soberano Bien que el sujeto viene a buscar a un análisis, él ya lo tiene -su malestar-, sólo que no lo sabe. De todos modos, hay que prestarle mucha atención a la demanda, porque ella obliga a tomar muy en serio la relación del sujeto con el lenguaje.

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