Ir al contenido principal

215. El síntoma-verdad y el síntoma-goce.

El síntoma, para Freud, tiene que ver con la satisfacción pulsional por otros medios, por esta razón él lo define como una satisfacción sexual sustitutiva. Esta es la dimensión de goce del síntoma que se complementa con su dimensión de verdad. El síntoma-verdad es el síntoma descifrable, interpretable, ese que hace serie con las formaciones del inconsciente (olvido, actos fallidos -lapsus-, sueño y chiste). El síntoma-goce es el síntoma como cifra, ese que se separa del resto de las formaciones del inconsciente por su inercia, por su insistencia repetitiva, por su duración. “El síntoma-goce entonces, no es una formación del inconsciente, sino que es un medio de satisfacción de la pulsión, y esta es la parte del síntoma en que este se presenta como completamente diferente de las demás formaciones del inconsciente...” (Torres, 2001). Esta dimensión del síntoma nos muestra cómo el sujeto goza siempre de un modo sintomático, y cómo el inconsciente funciona para el goce.

El «síntoma» es lo que le servirá a Lacan para pensar la conexión entre el inconsciente y la pulsión. ¿Qué es un síntoma en tanto síntoma-goce? “Es algo que reúne a la vez una parte significante, descifrable y una finalidad de goce. Es un aparato significante hecho para producir goce.” (Torres, 2001). Una parte del síntoma es real y sirve al goce, y otra parte del síntoma es simbólica, es un mensaje descifrable.

El síntoma reúne en él mismo una antinomia, ya que el sentido y el goce que lo habitan son incompatibles. El deseo, aquí, está del lado de la dimensión descifrable del síntoma: «el deseo es su interpretación», dice Lacan en el seminario 13, El objeto del psicoanálisis, y en La lógica del fantasma, seminario 14. El deseo, entonces, es idéntico al desciframiento que se hace de él. El goce, en cambio, no es un concepto que este hecho para la interpretación. El goce no es algo interpretable.

Comentarios

Entradas populares de este blog

340. El goce es lo opuesto al placer.

En el psicoanálisis, goce y placer son fundamentalmente opuestos. El placer tiene que ver con lo que hace desaparecer la tensión, de tal manera que el placer es lo que le pone un límite al goce. El goce, en cambio, "es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada" (Lacan citado por Rodríguez, 2006).

Lo que Freud llamó “principio del placer”, no es otra cosa que reducción de una tensión; se experimenta tensión antes de presentar un examen, y se siente un descanso -placer-, cuando se sale de ese compromiso. El paradigma del placer es el orgasmo: es la máxima experiencia de placer en el momento en que hay alivio de la tensión sexual -la cual está del lado del goce-. El goce, el cual se experimenta en el cuerpo -se necesita de un cuerpo…

10. Los hijos de padres alcahuetas.

El padre alcahuete es aquel que encubre a su hijo en algo que se quiere ocultar. Si esta es la posición subjetiva de un padre, esto tiene consecuencias en el hijo. Algunas son: Éste no asume ninguna responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos; justifica sus faltas y le echa la culpa a otros; esta dispuesto a reclamar todos sus Derechos sin pensar en sus Deberes: Cree tener derecho a todo, por sobre todo y todos. Son hijos egoístas; este individualismo los conduce a un hedonismo desmedido. Suelen ser sujetos caprichosos; se aburren y se deprimen fácilmente, sobre todo cada vez que encuentran obstáculos en su vida; no disfrutan de actividades comunes y corrientes; no encuentran satisfacción en las pequeñas cosas de la vida; son volubles, intransigentes, intolerantes, malgeniados, agresivos y anárquicos. No saben que quieren en la vida; viven el presente sin pensar en el futuro. Son dependientes del padre que los alcahuetea, a la vez que la relación con éste es demandante, tensa…

461. ¿Existe el TDAH? «A hijo hiperactivo, padre sin autoridad»

Leon Eisenberg, el inventor del término “hiperactividad”, dijo poco antes de morir, a sus 87 años, que el TDAH es una enfermedad ficticia, que él la inventó para responder a un síntoma que se viralizaba a mediados del siglo XX. Se trata de niños que encuentran dificultades para aprender, porque son inquietos, no prestan atención, no obedecen, son distraídos, “elevados” e “himperativos”, como dicen algunas de sus madres al describir el trastorno, es decir, niños que hacen demandas que habría que atender con inmediatez, antes de que hagan un berrinche. Es un síntoma que se presenta fundamentalmente en el contexto educativo, que responde a las demandas educativas: atención, obediencia, quietud, disciplina, etc. Pero, ¿qué niño no es inquieto?, nos podríamos preguntar.

A mediados del siglo XX la causa de dichos comportamientos se asoció a un daño cerebral. Tomaban fuerza las neurociencias y los psicólogos se fueron a buscar la causa de los comportamientos en el cerebro. Con la hipótesis ne…