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218. Lo abrupto de lo real.

El objeto de la pulsión será formalizado por Lacan como «objeto plus de goce», en la medida en que lo importante para la pulsión no es el objeto en sí, sino la satisfacción obtenida por ella, es decir, el goce. Así pues, Lacan opondrá a la pulsión en tanto trayectoria como cadena significante, de la finalidad de la pulsión, la cual se reduce al hallazgo de un goce real. En el dispositivo analítico de lo que se trata es de ubicar, en la transferencia, ese real, ese objeto real que es inasimilable por el sujeto. Este aspecto de encuentro con lo real en la transferencia es lo que Miller llama en su seminario Nuevas inquisiciones clínicas, la transferencia-tyché, como opuesta a la transferencia-automatón, en la que lo que se pone en juego es el Sujeto-supuesto-Saber.

La transferencia-tyché habla de la transferencia como hallazgo, como encuentro, como azar; lo que en la sesión analítica aparece como imprevisible, no programado, sorpresivo; se trata, dice Lacan en el seminario 11, de «lo abrupto de lo real». Lo abrupto de lo real es lo que se opone a la dialéctica de lo simbólico. Dice Miller (1999): “Lo simbólico no es abrupto, con lo simbólico hay siempre que esperar; no digo que sea suave, pero lleva su tiempo; presenta una verdad y luego da otro sentido a esa verdad; se acerca, viene con una cara y después con otra, mientras lo real cae, viene a interrumpir, a causar, pero siempre introduce una discontinuidad; es por eso que Lacan habla de abrupto, con lo real no hay buenas maneras.”

De lo que se trata al final de un análisis, es de suavizar un poco lo abrupto de lo real. Es lo que Lacan llamó «saber hacer con», saber hacer con lo real, es decir, como lo indica Miller en el texto citado, haber logrado suavizar los ángulos agudos de lo real; haber logrado que el Otro sexo sea un poco menos el objeto imposible y real.

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