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141. Banalización del secuestro.

Los secuestros masivos de personas que hacía la guerrilla hace algún tiempo, aquí en Colombia, marcan una diferencia respecto de secuestros con fines extorsivos o políticos. Hubo lo que se puede denominar, una «desubjetivación» del secuestrado, de tal manera que no se plagiaba a alguien, sino a cualquiera; todos los habitantes de este país pasaron a ser secuestrables, todos podrian ser víctimas de una «pesca milagrosa».

En esa época -época que puede regresar en cualquier momento- ya no se secuestraba al empresario, al comerciante, al extranjero, al político, a «fulanito de tal»: un alguien con nombre propio e indentificable, no. Ya no se trataba más de una persona con una subjetividad determinada, sino que podía ser cualquiera: «todos objetos del secuestro», sin importar si se era rico o pobre, hombre público o no; se borra la subjetividad del sujeto y todos pasamos a ser «objetos» de una contabilidad -tantos secuestrados allí, otros tantos retenidos allá- y «objetos» de un intercambio -como sucede con los retenidos por la guerrilla de las FARC ahora-.

Uno de los periodistas que cubrió una entrega de rehenes en la ciudad de Cali, dijo que eso se parecía a lo sucedido a las víctimas de los «campos de concentración», y si bien la comparación parece exagerada, no lo es para nada en un punto: la gestión a la que se dedicaron los nazis para hacer desaparecer a los judíos fue una gestión sin presencia de la subjetividad: sin angustia, sin sentimiento de culpa, sin pesadillas. Es igual que los secuestros en masa que se han dado aquí en Colombia, en donde, de parte de los secuestradores -los grupos guerrilleros en este caso- no hay ninguna implicación subjetiva; tienen una misión que cumplir sin importar sobre quién recaiga: si sobre ancianos, niños, gente enferma o sana, etc., en donde la única relación con las víctimas es, no la palabra, sino la intimidación con las armas. Y del lado de los plagiados, de esos sujetos reducidos a «cosas», no hay ya diferencia entre ellos: todos iguales; ya no interesa quienes son -exceptuando algunos casos-, ni lo que hacen, ni si son adinerados, simplemente pasan a ser objeto de una negociación, de un intercambio. Este fenómeno de desubjetivación en el secuestro es lo que explica su banalización.

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