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142. Abuso sexual y fantasía.

Dicen las estadísticas que en Colombia una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres recuerdan haber sido abusados sexualmente cuando eran niños; pero hay que andar con cuidado en el momento de decidir la objetividad de dicho recuerdo. Esto por una razón, bien extraña, de la vida sexual humana: muchos de los recuerdos de abuso sexual a los que aluden los sujetos que los rememoran, no sucedieron en realidad. Es un hecho bien paradójico con el que se encuentran los que investigan la sexualidad: una mujer, por ejemplo, tiene en su memoria el recuerdo de haber sido tocada en sus genitales por su padre; se trata de un recuerdo que la mortifica y que le afecta su vida sexual, pero la escena que tiene en su memoria como recuerdo ¡no sucedió en realidad! ¿Cómo es esto posible?

Se trata del recuerdo de algo que no sucedió objetivamente, sino de algo que se fantaseó en un momento de la infancia y que ahora se recuerda como si en realidad hubiese ocurrido. Lo que pasa es que los niños crean fantasías de este tipo para dar respuesta a sus impulsos y deseos de carácter sexual. Pero cuidado: decir que se trata de una fantasía no significa que el sujeto esté mintiendo, no. Dicho recuerdo-fantasía tiene efectos tan eficaces como si hubiesen ocurrido en realidad; se trata de algo que hay que tomar muy en serio.

Lo delicado de esto está en los efectos que dicho recuerdo-fantasía pueda tener en las relaciones familiares de la «víctima» si se lo toma como un hecho real. Es delicado porque las instituciones encargadas de atender las denuncias de abuso sexual hacen énfasis en la objetividad de los hechos con el fin de establecer si es legítimo lo que dice la supuesta víctima de abuso, de tal manera que las medidas de protección están determinadas por la realidad constatada; es decir que la institución busca verificar la verdad del recuerdo no en el sujeto que habla de su sufrimiento -el cual es verdadero así se trate de una fantasía-, sino en la realidad objetiva, contactando a alguien que confirme los hechos, cuando se puede tratar sólo de una fantasía y no de un hecho real.

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