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161. Sentimiento de culpa, felicidad y pulsión de muerte.

El superyó es en el sujeto, esa instancia psíquica que representa en él la autoridad de los padres, y que, una vez introyectada, le reclama cumplir con lo prescrito por esa autoridad, es decir, que hace del sujeto un acusado. Para que se hagan a una idea clara de lo que es el superyó, es lo que Freud encontró bajo la forma del sentimiento de culpa del sujeto, es decir, que la culpa es una de las manifestaciones del superyó.

Freud encuentra, por todos los lados, la función del sentimiento de culpa en el sujeto. En El malestar en la cultura él llega a decir que el sentimiento de culpa es el problema más importante del desarrollo de la humanidad; es decir, que el precio por el progreso cultural y social, lo ha pagado el sujeto con un «déficit de dicha provocado por la elevación del sentimiento de culpa». Una de las fuentes de malestar en la cultura es precisamente este sentimiento de culpa que, en la mayoría de los casos, permanece inconsciente para el sujeto, y sólo sale a la luz bajo la forma de una mortificación, una ansiedad o un descontento, cuando no, bajo la forma de una necesidad de castigo, que empuja al sujeto hacia lo peor. Ahora bien, que el sujeto se procure una autopunición nos hace saber que no existe ninguna razón para pensar que él quiera su propio bien. Este es probablemente el descubrimiento más importante del psicoanálisis: los seres humanos no buscan la felicidad como bien supremo, sino que lo que buscan, en muchos casos, es el sufrimiento, la infelicidad.

En el discurso corriente se dice que el ser humano tiene como meta en la vida, alcanzar la felicidad. Por un lado quiere la ausencia de dolor, y por otro, desea vivenciar un intenso placer. El psicoanálisis revela que el propósito de que el hombre sea dichoso en la vida no está contemplado dentro de los planes de la Creación. La felicidad es más bien una satisfacción repentina y episódica. El ser humano está estructurado de tal manera que sólo goza con intensidad del contraste, y muy poco de un estado de felicidad permanente. A su vez, se suele pensar que el ser humano tiende a buscar su propio bienestar y el de los demás. Pero el psicoanálisis verifica una y otra vez que lo malo no solo es lo perjudicial y dañino para un individuo, sino también lo que anhela y lo que en muchas ocasiones le brinda placer o satisfacción. Pero se trata de un placer muy extraño; se trata de una satisfacción que está del lado del malestar, de la maldad, y no del lado del bienestar. Ese empuje a lo peor, ese gusto que tienen las personas por el mal, y que el psicoanálisis denomina pulsión de muerte, es, probablemente -como dije hace un momento-, el descubrimiento más importante del psicoanálisis.

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