Ir al contenido principal

378. La escisión entre necesidad y demanda, y un resto insaciable: el deseo.

El psicoanálisis distingue claramente la «necesidad» de la «demanda». La necesidad hace referencia a lo puramente biológico, a esa cosas que el organismo necesita para sobrevivir –alimento, bebida, calor, limpieza–. La necesidad surge por razones puramente orgánicas y se descarga totalmente en una acción específica. El sujeto humano nace en un estado de «desamparo», de «indefensión» tal, que es incapaz de satisfacer sus propias necesidades; por lo tanto, depende de Otro que lo auxilie.

Para satisfacer sus necesidades y obtener la ayuda del Otro, el infante tiene que articularlas en el lenguaje, es decir, tiene que expresar sus necesidades en una «demanda». El niño en un primer momento grita porque tiene hambre, pero ese grito sólo se convierte en demanda cuando la madre lo escucha y responde dándole de comer.

Al articular las demandas en palabras, se introduce otra cosa que causa una escisión entre la necesidad y la demanda; junto a la demanda que articula una necesidad, también hay una «demanda de amor». El objeto que satisface la necesidad, que es suministrado por Otro, adquiere la función adicional de dar prueba del amor del Otro. El Otro, su presencia, simboliza el amor del Otro, creándose así una relación de «dependencia». Así pues, la demanda cumple una doble función: expresa una necesidad y se convierte en una demanda de amor.

Para la necesidad, el Otro tiene un objeto que la satisface; esto es lo que la diferencia de la demanda de amor. Para ésta última no hay objeto, es decir que el Otro no está en posición de responder incondicionalmente a la demanda de amor del sujeto. El resultado de esta escisión entre la necesidad y la demanda, es un resto insaciable: el deseo. Es decir que, después de que han sido satisfechas las necesidades que fueron articuladas en la demanda, el otro aspecto de la demanda, el anhelo de amor, subsiste insatisfecho, y ese resto es el deseo. “El deseo no es el apetito de satisfacción, ni la demanda de amor, sino la diferencia que resulta de sustraer el primero de la segunda” (Lacan, 1981, p. 287).

El deseo es el excedente producido por la articulación de la necesidad en la demanda. El deseo toma forma cuando la demanda se separa de la necesidad. El deseo es entonces, una fuerza constante que nunca puede ser satisfecho, lo que lo diferencia de la demanda, que puede ser satisfecha y deja de motivar al sujeto hasta que surge de nuevo. El deseo no puede ser satisfecho y por tanto es eterno.

Comentarios

Entradas populares de este blog

340. El goce es lo opuesto al placer.

En el psicoanálisis, goce y placer son fundamentalmente opuestos. El placer tiene que ver con lo que hace desaparecer la tensión, de tal manera que el placer es lo que le pone un límite al goce. El goce, en cambio, "es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada" (Lacan citado por Rodríguez, 2006).

Lo que Freud llamó “principio del placer”, no es otra cosa que reducción de una tensión; se experimenta tensión antes de presentar un examen, y se siente un descanso -placer-, cuando se sale de ese compromiso. El paradigma del placer es el orgasmo: es la máxima experiencia de placer en el momento en que hay alivio de la tensión sexual -la cual está del lado del goce-. El goce, el cual se experimenta en el cuerpo -se necesita de un cuerpo…

10. Los hijos de padres alcahuetas.

El padre alcahuete es aquel que encubre a su hijo en algo que se quiere ocultar. Si esta es la posición subjetiva de un padre, esto tiene consecuencias en el hijo. Algunas son: Éste no asume ninguna responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos; justifica sus faltas y le echa la culpa a otros; esta dispuesto a reclamar todos sus Derechos sin pensar en sus Deberes: Cree tener derecho a todo, por sobre todo y todos. Son hijos egoístas; este individualismo los conduce a un hedonismo desmedido. Suelen ser sujetos caprichosos; se aburren y se deprimen fácilmente, sobre todo cada vez que encuentran obstáculos en su vida; no disfrutan de actividades comunes y corrientes; no encuentran satisfacción en las pequeñas cosas de la vida; son volubles, intransigentes, intolerantes, malgeniados, agresivos y anárquicos. No saben que quieren en la vida; viven el presente sin pensar en el futuro. Son dependientes del padre que los alcahuetea, a la vez que la relación con éste es demandante, tensa…

461. ¿Existe el TDAH? «A hijo hiperactivo, padre sin autoridad»

Leon Eisenberg, el inventor del término “hiperactividad”, dijo poco antes de morir, a sus 87 años, que el TDAH es una enfermedad ficticia, que él la inventó para responder a un síntoma que se viralizaba a mediados del siglo XX. Se trata de niños que encuentran dificultades para aprender, porque son inquietos, no prestan atención, no obedecen, son distraídos, “elevados” e “himperativos”, como dicen algunas de sus madres al describir el trastorno, es decir, niños que hacen demandas que habría que atender con inmediatez, antes de que hagan un berrinche. Es un síntoma que se presenta fundamentalmente en el contexto educativo, que responde a las demandas educativas: atención, obediencia, quietud, disciplina, etc. Pero, ¿qué niño no es inquieto?, nos podríamos preguntar.

A mediados del siglo XX la causa de dichos comportamientos se asoció a un daño cerebral. Tomaban fuerza las neurociencias y los psicólogos se fueron a buscar la causa de los comportamientos en el cerebro. Con la hipótesis ne…