Lacan (1971), en Función y campo de la palabra y del lenguaje,
aísla el principio formal que rige la alianza entre las familias humanas
y lo nombra “Ley primordial”; esta Ley primordial es lo que separa al
mundo humano del mundo animal y, además, esta ley se hace conocer como
siendo idéntica al mundo del lenguaje. Es el lenguaje el que introduce
un principio formal que traza un abismo entre el ser hablante y el
dominio de los seres vivientes, los cuales no tienen posibilidad de
acceder a la palabra ni de inscribirse en el campo del lenguaje.
Así
pues, el lenguaje es la condición esencial de la estructura de la
familia humana. ¿Por qué se encuentra en el lenguaje la condición de la
familia humana? ¿Qué es lo que caracteriza la familia humana? La
diferencia entre la familia humana y la familia animal es que en la
familia humana se pueden nombrar las relaciones de parentesco, y en
función de esa nominación los sujetos se reconocen en un lugar como
hijos de, hermanos de, nietos de, sobrinos de, esposa de o marido de...
entonces, primero se tiene, gracias al lenguaje, el funcionamiento de la
nominación, que permite diferenciar un lugar, una plaza; permite
también diferenciar las generaciones en el hilo de un linaje. Es decir,
que en la familia humana un sujeto encuentra un lugar en el mundo,
pudiéndose contar como hijo, nieto, biznieto o tataranieto; y puede
también construir un árbol genealógico hasta donde hay una inscripción
simbólica (Lacan, 1971).
La Biblia maldice la confusión de
generaciones. ¿Cuándo se produce confusión de generaciones entre los
seres hablantes? Cuando ciertos principios que rigen la diferenciación
de la generación no se cumplen. No es lo mismo tener una inscripción
como sujeto y un lugar en una familia, y un lugar en una generación, que
no tenerlo. El que padece la confusión de generaciones está
absolutamente asignado a un lugar que no le permite asumirse ni como
hombre ni como mujer, ni como sujeto. Entonces, ¿cuál es la condición
formal para la diferenciación de las generaciones? Se sabe que a los
niños les gusta jugar a la familia y ponen en juego el principio
fundamental de organización de ésta, porque el juego en los niños es una
actividad fundamentalmente lógica. Es decir, que los niños juegan,
entre otras cosas, para resolver problemas de orden lógico, así como los
matemáticos los resuelven en una elaboración matemática -los que hacen
un análisis los resuelven en una elaboración analítica-.
Los
problemas de orden lógico con los que los niños se confrontan en su
existencia, los resuelven en el juego; en todo caso, tratan de
articularlos en el juego. Entonces, los niños que juegan a la "familia"
saben muy bien que para construir una familia hay que construir un
conjunto. ¿Qué quiere decir “construir un conjunto”? quiere decir meter
en el interior de un círculo una serie de elementos que están adentro
porque responden todos a una característica, o porque hay un rasgo que
los define como siendo todos miembros de ese conjunto. Por ejemplo, se
puede aislar el conjunto de los rojos, de los verdes, de las frutas, de
las flores, etc.; así pues, en el conjunto de los rojos caen todos los
“X” que se subsumen al nombre rojo (Lacan, 1971).
Ahora bien,
¿cuál es en la familia conyugal el elemento identificatorio que permite
seriar la propiedad identificatoria del grupo familiar? En la familia
conyugal esa propiedad está asegurada por el apellido. El apellido
identifica al grupo familiar y es aquello que se transmite de una
generación a otra por vía patrilineal, es decir, que se transmite de
padre a hijo; es el padre quien hace posible que haya transmisión del
apellido al hijo. Se dirá que el apellido es una mera inscripción civil,
pero la experiencia analítica enseña que aquellos sujetos en cuyo
linaje se encuentra una adulteración del apellido, una mentira con
respecto al apellido, una no inscripción del apellido del padre porque
no reconoció al hijo, esos sujetos llevarán toda la vida la marca de un
defecto a nivel de la identificación simbólica. Más allá de la identidad
civil, que el asegura al sujeto la inscripción, el apellido es un
elemento que depende de una función que en el psicoanálisis lacaniano se
denomina «Nombre-del-Padre».
UN BLOG SOBRE PSICOANÁLISIS LACANIANO. Los textos cortos aquí publicados, aparecieron en el semanario La Hoja de Medellín, entre los años 1995 y 1999, en una columna titulada «Sentido Común». A partir del 18 de julio de 2007, he empezado a publicar otros textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Espero les sea de utilidad para pensar al sujeto y como introducción al psicoanálisis. Bienvenidos!!
lunes, 20 de abril de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
422. La significación edípica.
Lacan (1971), en Función y campo de la palabra y del lenguaje, da
cuenta de la complejidad de la estructura familiar. Esto a partir de la
importancia del lenguaje en lo que se llama «universo humano». Lacan
relee la invención de Freud, el inconsciente, y le da a este una
articulación racional, es decir, la cuestión de saber por qué hay un
inconsciente, de qué está hecho, dónde lo encontramos. Lo que hace Lacan
en el texto mencionado, es leer la estructuración del inconsciente
freudiano a partir de las leyes del lenguaje, lo que lo llevará a su
célebre fórmula «el inconsciente está estructurado como un lenguaje», es
decir, que la existencia del inconsciente depende de la existencia del
lenguaje.
Ahora bien, ¿qué enseñan las leyes del lenguaje respecto a la familia? Lévi-Strauss, antropólogo estructuralista, se dedicó a estudiar las leyes del parentesco en las sociedades primitivas, para poder determinar a qué corresponde el parentesco y cuál es la ley que lo regula. La pretensión de Lévi-Strauss fue la de demostrar científicamente que el parentesco en las sociedades humanas, está regido por leyes que no son de capricho, sino que son leyes combinatorias y formales, equivalentes a las leyes del lenguaje. Es decir, los intercambios que se producen a nivel de la estructura elemental del parentesco, responden a leyes que rigen ese intercambio; se deduce que esos intercambios están regulados y que responden a una combinatoria, y esas combinaciones responden, a su vez, a las leyes del número, de lo simbólico.
Entonces, cuando un hombre toma a una mujer como esposa y la saca de su núcleo familiar de origen, ese hombre, sin saberlo, y creyendo que hace uso de su libre albedrío, está es respondiendo a una ley combinatoria precisa que se articula en términos de ley numérica matemática. De esa forma el psicoanálisis puede cuestionar la idea de la libertad en la elección de pareja. Hay pues una sobredeterminación simbólica que va más allá de la subjetividad en la elección del compañero amoroso. Todo esto lo que indica es que habría una lógica matemática que viene a fijar los límites de la lógica subjetiva, de la subjetividad; y a esa articulación precisa entre la lógica de una combinatoria simbólica (o numérica) y la lógica de la subjetividad del sujeto, que se orienta en el interior de esa combinatoria, a esa articulación es a lo que se le llama «complejo de Edipo». Habiendo introducido un principio formal que dice que el parentesco está regido por una ley que responde a la ley del número, Lacan deduce la estructura del Edipo como una respuesta subjetiva a esa combinatoria simbólica.
Se puede percibir aquí el esfuerzo de rigor del discurso psicoanalítico lacaniano para atrapar el Edipo freudiano con una forma casi científica, y así terminar con la banalización psicologizante (Lacan, 1971) a la que se había reducido este gran invento freudiano que es el complejo de Edipo. Aquí se trata de estudiar, partiendo de la combinatoria de la elección matrimonial o amorosa, el resultado de por qué un hombre eligió a una mujer o una mujer a un hombre; a esa elección, que resulta de esa aparente constelación de azar o libre albedrío, a esa elección se la llama «significación edípica». Así pues, el Edipo sería la respuesta en el sujeto de las incidencias de las leyes del lenguaje sobre lo real
Ahora bien, ¿qué enseñan las leyes del lenguaje respecto a la familia? Lévi-Strauss, antropólogo estructuralista, se dedicó a estudiar las leyes del parentesco en las sociedades primitivas, para poder determinar a qué corresponde el parentesco y cuál es la ley que lo regula. La pretensión de Lévi-Strauss fue la de demostrar científicamente que el parentesco en las sociedades humanas, está regido por leyes que no son de capricho, sino que son leyes combinatorias y formales, equivalentes a las leyes del lenguaje. Es decir, los intercambios que se producen a nivel de la estructura elemental del parentesco, responden a leyes que rigen ese intercambio; se deduce que esos intercambios están regulados y que responden a una combinatoria, y esas combinaciones responden, a su vez, a las leyes del número, de lo simbólico.
Entonces, cuando un hombre toma a una mujer como esposa y la saca de su núcleo familiar de origen, ese hombre, sin saberlo, y creyendo que hace uso de su libre albedrío, está es respondiendo a una ley combinatoria precisa que se articula en términos de ley numérica matemática. De esa forma el psicoanálisis puede cuestionar la idea de la libertad en la elección de pareja. Hay pues una sobredeterminación simbólica que va más allá de la subjetividad en la elección del compañero amoroso. Todo esto lo que indica es que habría una lógica matemática que viene a fijar los límites de la lógica subjetiva, de la subjetividad; y a esa articulación precisa entre la lógica de una combinatoria simbólica (o numérica) y la lógica de la subjetividad del sujeto, que se orienta en el interior de esa combinatoria, a esa articulación es a lo que se le llama «complejo de Edipo». Habiendo introducido un principio formal que dice que el parentesco está regido por una ley que responde a la ley del número, Lacan deduce la estructura del Edipo como una respuesta subjetiva a esa combinatoria simbólica.
Se puede percibir aquí el esfuerzo de rigor del discurso psicoanalítico lacaniano para atrapar el Edipo freudiano con una forma casi científica, y así terminar con la banalización psicologizante (Lacan, 1971) a la que se había reducido este gran invento freudiano que es el complejo de Edipo. Aquí se trata de estudiar, partiendo de la combinatoria de la elección matrimonial o amorosa, el resultado de por qué un hombre eligió a una mujer o una mujer a un hombre; a esa elección, que resulta de esa aparente constelación de azar o libre albedrío, a esa elección se la llama «significación edípica». Así pues, el Edipo sería la respuesta en el sujeto de las incidencias de las leyes del lenguaje sobre lo real
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