martes, 4 de agosto de 2026

578. El triunfo de la religión: el retorno de lo sagrado en la era de la ciencia

 El sujeto moderno vive bajo la dictadura de la técnica, convencido de que el «Dios ha muerto» fue una noticia de ayer. Sin embargo, en un mundo saturado de algoritmos y silicio, la religión emerge con una vitalidad que escandaliza a los optimistas de la Ilustración. Lacan (2006), con la lucidez sardónica de un clínico que no se deja engañar por las luces de la razón, ya lo había advertido: la fe no es un residuo arqueológico, sino una respuesta estructural a las fisuras que la propia ciencia abre en la psique de los sujetos. No estamos ante un retorno de lo místico, sino ante el éxito de una maquinaria de sentido que sabe dar respuesta allí donde la ciencia solo ofrece vacío. ¿Por qué el psicoanálisis y la ciencia están perdiendo la batalla frente a la insaciable necesidad humana de consuelo?

La ciencia moderna no busca explicar el mundo; simplemente lo altera. A través de la proliferación de gadgets —que hoy llamamos smartphones, inteligencias artificiales o algoritmos de recomendación que dicen qué ver, qué comprar, qué pensar—, la ciencia introduce elementos perturbadores que descolocan al sujeto. Estos objetos no son simples herramientas; son entidades intrusivas que, en palabras de Lacan, terminan por «comernos», por consumirnos; hacen adicto al sujeto al capturar su deseo y fragmentar su realidad. Esta intrusión de lo real genera una angustia profunda, un vacío que el consumo de tecnología es incapaz de colmar.

Ante este panorama, la religión triunfa porque es la «máquina de producir sentido» por excelencia. Su éxito radica en su capacidad para actuar como el gran apaciguador de los corazones, traduciendo cualquier disrupción —desde la biotecnología hasta el colapso climático— en una narrativa digerible. Mientras la ciencia confronta al sujeto con un universo indiferente y frío, la religión le devuelve un cosmos en el que cada prueba, por extraña o traumática que sea, tiene una razón de ser.

"Será necesario que den un sentido a todas las perturbaciones que introduzca la ciencia. Y sobre el sentido conocen bastante, ya que son capaces de dar sentido a cualquier cosa: un sentido a la vida humana, por ejemplo. Se formaron para eso… la religión dará sentido a las pruebas más curiosas, esas en las que los propios científicos comienzan a experimentar un poquito de angustia" (Lacan, 2006, p. 80).

A diferencia de la religión, que busca taponar las grietas con significado, el psicoanálisis se ocupa de lo Real. Pero cuidado: lo Real no es el «mundo» ordenado que el sujeto imagina. Para Lacan, el mundo es aquello que «gira en redondo» suavemente para el confort de los imbéciles; lo Real, en cambio, es lo «inmundo», aquello que no encaja, el síntoma que descarrila la armonía. El analista no ofrece el bálsamo de la fe, sino que está forzado a confrontar ese desecho existencial sin las defensas del sentido prefabricado.

578. El triunfo de la religión: el retorno de lo sagrado en la era de la ciencia

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