Ir al contenido principal

11. El valor de la autoestima no es más que narcisismo.

La autoestima es el amor que un sujeto se dirige a sí mismo; se toma al propio Yo como objeto de especial interés. Muchos especialistas piensan que la autoestima es decisiva para que una persona sea feliz, competente y creativa, y la consideran importante en las relaciones interpersonales. Pero la autoestima no es otra cosa que narcisismo. Este concepto designa aquella conducta por la cual un sujeto da al cuerpo propio un trato parecido al que daría al cuerpo de alguien al que ama; vale decir, lo mira con complacencia y lo acaricia satisfaciéndose con ello. El narcisismo sería un complemento del egoísmo, inherente a los impulsos de autoconservación. Cuando se lo refuerza, engrandeciendo el ego, se convierte en un obstáculo para la convivencia, ya que las personas narcisas suelen ser individualistas y egoístas; se piensan superiores y difícilmente reconocen sus errores. Hoy en día la autoestima es considerada un valor por parte de discursos psicológicos y religiosos, sin sospechar siquiera cuales pueden ser las consecuencias de un reforzamiento del Yo.

Todo valor involucra siempre una situación ideal, como por ejemplo, en el caso de la autoestima: tener éxito académico, expresar sin inhibiciones opiniones y sentimientos, ser autónomo, recibir críticas sin molestarse, tener confianza en lo que se hace, ser optimista, tranquilo y saber resolver problemas, tener iniciativa, estabilidad emocional, ser sociable y gozar de la vida. Pero aquí, como con todo ideal, se presenta una paradoja, y es que el ideal aumenta enormemente las exigencias que recaen sobre los sujetos para encontrar un lugar y una posición en la vida, favoreciendo en ellas un malestar al no poder cumplir con las exigencias de dicho ideal.

Comentarios

Entradas populares de este blog

340. El goce es lo opuesto al placer.

En el psicoanálisis, goce y placer son fundamentalmente opuestos. El placer tiene que ver con lo que hace desaparecer la tensión, de tal manera que el placer es lo que le pone un límite al goce. El goce, en cambio, "es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada" (Lacan citado por Rodríguez, 2006).

Lo que Freud llamó “principio del placer”, no es otra cosa que reducción de una tensión; se experimenta tensión antes de presentar un examen, y se siente un descanso -placer-, cuando se sale de ese compromiso. El paradigma del placer es el orgasmo: es la máxima experiencia de placer en el momento en que hay alivio de la tensión sexual -la cual está del lado del goce-. El goce, el cual se experimenta en el cuerpo -se necesita de un cuerpo…

10. Los hijos de padres alcahuetas.

El padre alcahuete es aquel que encubre a su hijo en algo que se quiere ocultar. Si esta es la posición subjetiva de un padre, esto tiene consecuencias en el hijo. Algunas son: Éste no asume ninguna responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos; justifica sus faltas y le echa la culpa a otros; esta dispuesto a reclamar todos sus Derechos sin pensar en sus Deberes: Cree tener derecho a todo, por sobre todo y todos. Son hijos egoístas; este individualismo los conduce a un hedonismo desmedido. Suelen ser sujetos caprichosos; se aburren y se deprimen fácilmente, sobre todo cada vez que encuentran obstáculos en su vida; no disfrutan de actividades comunes y corrientes; no encuentran satisfacción en las pequeñas cosas de la vida; son volubles, intransigentes, intolerantes, malgeniados, agresivos y anárquicos. No saben que quieren en la vida; viven el presente sin pensar en el futuro. Son dependientes del padre que los alcahuetea, a la vez que la relación con éste es demandante, tensa…

461. ¿Existe el TDAH? «A hijo hiperactivo, padre sin autoridad»

Leon Eisenberg, el inventor del término “hiperactividad”, dijo poco antes de morir, a sus 87 años, que el TDAH es una enfermedad ficticia, que él la inventó para responder a un síntoma que se viralizaba a mediados del siglo XX. Se trata de niños que encuentran dificultades para aprender, porque son inquietos, no prestan atención, no obedecen, son distraídos, “elevados” e “himperativos”, como dicen algunas de sus madres al describir el trastorno, es decir, niños que hacen demandas que habría que atender con inmediatez, antes de que hagan un berrinche. Es un síntoma que se presenta fundamentalmente en el contexto educativo, que responde a las demandas educativas: atención, obediencia, quietud, disciplina, etc. Pero, ¿qué niño no es inquieto?, nos podríamos preguntar.

A mediados del siglo XX la causa de dichos comportamientos se asoció a un daño cerebral. Tomaban fuerza las neurociencias y los psicólogos se fueron a buscar la causa de los comportamientos en el cerebro. Con la hipótesis ne…