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35. Lo alterno en el amor.

La mujer, a través de la historia, ha sido vista por el hombre como un ser extraño; ella aparece como enigmática, incomprensible, misteriosa, enemiga, voluble, etc. La mujer no es semejante al hombre, pero tampoco es semejante a ella misma. En otras palabras, ella tiene una particular dificultad para identificarse con su propia imagen. Esto se observa cuando las mujeres se sientan frente al espejo para maquillarse, cambiar de peinado, son la clientela más numerosa de los salones de belleza y de los cirujanos plásticos, en un esfuerzo por tratar de ser otras diferentes de las que ya son. Las mujeres, en su mayoría, se identifican con su propia imagen solo bajo la condición de ser diferentes a ellas mismas. Este hecho de la psicología de la mujer enseña que hay una alteridad, que hay algo «alterno» en ella.

Esta dimensión de alteridad, este ser otra de lo que ella es, explica por qué muchas mujeres engañan a los hombres. Ser la mujer legal de un hombre, cónyuge o compañero, puede significar para ella la desaparición de su alteridad. Este es el problema analítico de la convivencia en pareja, porque compartir la vida puede constituir un aplastamiento de esa alteridad, ya sea por parte del hombre o de la misma mujer.

Con el matrimonio se hace parte de un juego peligroso, ya que se empuja a la semejanza: se acostumbra dar a los dos el mismo apellido, se los identifica con las mismas cosas, los mismos gustos, intereses, etc., y si bien esto es casi siempre necesario para que haya un apego entre la pareja, puede ocurrir que una mujer no logre reconocer su propia alteridad, la vea reducida, de tal manera que le resulte necesario ser la mujer ilegítima de otro para recuperar dicha alteridad. Hay aquí una paradoja: conviviendo, la pareja tiende a una uniformidad, pero al mismo tiempo, la mujer reclama una identidad que le sea propia. Entonces ella puede tratar de ser otra, diferente de lo que es, siéndole infiel a su marido -los hombres, se sabe, también son infieles, pero su motivación es otra-. Por esta razón, que exista esta dimensión de alteridad entre los sujetos que se aman es, excepto algunos casos, necesaria.

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