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37. ¿Proporción sexual?

Las condiciones de amor son las exigencias a las que obedece un sujeto, exigencia de rasgos muy específicos en la persona que se elige como pareja. Estos pueden ir desde las características más evidentes, hasta el detalle más pequeño o aparentemente insignificante: un lunar, un gesto, el modo de reírse, de tocarse el pelo, etc.; en ocasiones se trata de rasgos subjetivos: “es inteligente”, “parece una virgen”, “es simpático”, etc. En el género humano no hay una condición universal de elección de pareja y cada uno tiene sus particulares condiciones de amor.

Partir de estas condiciones permite pensar lo que significa la relación sexual entre los seres humanos. Se podría hablar de proporción sexual si la condición fundamental para que un sujeto elija su pareja fuese que ésta resultara ser alguien del otro sexo; se sabe que esto no es lo que sucede en todos los casos. Si la condición de elección de pareja en la especie humana fuese la condición del otro sexo, entonces la reciprocidad sexual sería admisible.

Si la proporción sexual -entendida como armonía, correspondencia, complementariedad- existiera, no habrían las dificultades de las que se quejan las parejas cuando aman. La pareja que se separa, que se pelea, que se desencanta, que se disgusta, se enfrenta a la inexistencia de dicha proporción. Si el psicoanálisis habla permanentemente del amor es porque en él se manifiesta la falta de esa proporción sexual entre hombres y mujeres. Esta disarmonía fundamental enseña que un sexo no es nunca el complemento del otro.

Si la proporción sexual fuese posible, su fórmula sería la siguiente: todos aquellos que son hombres desean o aman mujeres. Lo mismo para el otro sexo. La condición de amor sería puramente la condición de que el otro sea de sexo contrario; bastaría reconocer en un individuo el otro sexo para elegirlo. Si el psicoanálisis insiste en que no hay proporción entre los sexos, es en tanto que no hay una condición necesaria y suficiente que haga a ambos sexos complementarios.

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