UN BLOG SOBRE PSICOANÁLISIS LACANIANO. Los textos cortos aquí publicados, aparecieron en el semanario La Hoja de Medellín, entre los años 1995 y 1999, en una columna titulada «Sentido Común». A partir del 18 de julio de 2007, he empezado a publicar otros textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Espero les sea de utilidad para pensar al sujeto y como introducción al psicoanálisis. Bienvenidos!!
miércoles, 21 de diciembre de 2011
327. Adolescencia, drogas y capitalismo.
¿Por qué los adolescentes consumen drogas? La respuesta a esta pregunta es compleja, como complejo es el ser humano. Son muchos los factores y causalidades a tener en cuenta para poder dar respuesta a ella, y por lo tanto, variadas también serán las perspectivas y soluciones a dicha pregunta. Lo primero que hay que decir es que no sólo el adolescente consume drogas; lo hacen también los adultos y otros tipos de poblaciones, pero lo que sí se puede asegurar, es que el adolescente hace parte de la población más vulnerable al problema del consumo de sustancias psicoactivas. Los hombres, en todos los momentos de su historia y en todas las culturas, se han entregado al consumo de sustancias psicoactivas, solo que ahora es un problema de enormes dimensiones y de carácter global gracias, precisamente, a la sociedad de consumo y las economías de mercado en las que vivimos. Así pues, los adolescentes son una población muy vulnerable al consumo, no solo de drogas, sino de todo lo que le ofrece el mercado.
El “adolescente” como concepto es algo más bien reciente, incluso hay quienes piensan que es un invento de la modernidad, un "funesto invento", según González (1999), que hizo su aparición precisamente con el surgimiento de la sociedad de consumo, la cual ya preveía la capacidad consumidora de este grupo. Es decir que el concepto nace a la par del surgimiento de consumismo, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en la que el avance del desarrollo industrial capitalista hace posible el mercado de bienes y servicios, disponibles gracias a la producción masiva de los mismos. Y justamente, con la sociedad de consumo, es decir, con las economías de mercado y el capitalismo, surge también el problema de las adicciones a las drogas en la modernidad. Lo uno va de la mano de lo otro, o mejor, lo uno no es sin lo otro.
En la cultura occidental la población de jóvenes no era objeto de interés de ningún discurso humano. Si la adolescencia produce tratados desde hace sesenta años, es debido a la nueva organización social derivada del desarrollo industrial, el capitalismo y el impacto de los medios de comunicación, los cuales han centrado la atención sobre esta franja de edad que va entre los doce y veintiún años. Para el mercado el adolescente se ha vuelto objeto de particular interés; él es un consumidor en potencia que se puede manipular fácilmente con ayuda de la publicidad; ésta ha llegado al extremo de convertir la adolescencia en una “clase social”, con una “identidad”, unas costumbres, unos gustos y un “modo de ser” propios. De hecho, los mensajes publicitarios dirigidos a los adolescentes se apoyan precisamente en los aspectos críticos de este momento: la libertad y el amor, es decir, la autonomía y la sexualidad. A ello se suma la universalización de las costumbres y la caída de los valores que regían las generaciones pasadas; con este panorama los aspectos críticos de la adolescencia se han convertido en un problema que trasciende barreras sociales y culturales.
viernes, 16 de diciembre de 2011
326. ¡Todos adictos!
Hoy vivimos en una época en la que se puede decir que se consume de
todo, a tal punto que ya se habla de nuevas adicciones. Ya la adicción
al alcohol y las drogas parece vieja; hoy se habla de la adicción a las
nuevas tecnologías, al juego –ludopatía–, al sexo, al ejercicio
–vigorexia–, al trabajo, y en fin, casi que se podría ser adicto a
cualquier objeto o actividad que el mercado ofrece hoy en día o que la
contemporaneidad le demanda al sujeto. Incluso, es un hecho que en la
modernidad nos hemos hecho adictos a los objetos de la tecnología;
vivimos "pegados" o conectados a cuantos objetos nos ofrece el mercado:
computador, el celular, las consolas de juego, el GPS, los dispositivos
de audio y video –mp3, mp4–, las tabletas, etc., así como en su momento
nos volvimos adictos a la radio, la televisión, el reloj, el bíper, etc.
La vida de todos los sujetos está atravesada hoy en día por el empuje
al consumo de todo tipo de “gadgets”, convirtiendo al individuo en un
consumidor que a la vez es consumido por los objetos mismos. “El consumo
te consume”, dice un graffiti en una ciudad española.
Casi que lo que habría que preguntarse es: ¿por qué los seres humanos tendemos a ser adictos? Hoy en día casi que se podría plantear la adicción a un objeto o a una actividad como parte de las características de cada ser humano, por eso nos podemos preguntar por qué los seres humanos somos tan “adictivos”, cosa que no sucede con los animales. El acto de drogarse, entre otros, distingue al ser humano de los animales; es como si el hombre fuese por «naturaleza» un ser predispuesto a las adicciones. Algo tenemos los seres humanos, algo hace parte de nuestro ser, que nos hace sujetos proclives a la adicción. Y si a esto se le suman las demandas de la sociedad de consumo, casi que se podría decir: ¡Todos adictos! Como dice Laurent (2011), en la contemporaneidad hay una "relación adictiva que se tiene con los objetos de goce. Porque casi todo puede transformarse en un objeto de goce. (...) Puede volverse adictivo el shopping, el tabaco, la droga, el sexo, todo puede tomar el matiz de una invasión." ¿Cómo responde el psicoanálisis a este nuevo síntoma? El psicoanálisis le ayuda a cada sujeto a inventarse una solución a su medida para resistirse a la pulsión de muerte, resistirse a ese goce invasor; no sin olvidar que existe "el derecho de cada uno a dañarse un poco, no del todo, sólo un poco." (Laurent).
Casi que lo que habría que preguntarse es: ¿por qué los seres humanos tendemos a ser adictos? Hoy en día casi que se podría plantear la adicción a un objeto o a una actividad como parte de las características de cada ser humano, por eso nos podemos preguntar por qué los seres humanos somos tan “adictivos”, cosa que no sucede con los animales. El acto de drogarse, entre otros, distingue al ser humano de los animales; es como si el hombre fuese por «naturaleza» un ser predispuesto a las adicciones. Algo tenemos los seres humanos, algo hace parte de nuestro ser, que nos hace sujetos proclives a la adicción. Y si a esto se le suman las demandas de la sociedad de consumo, casi que se podría decir: ¡Todos adictos! Como dice Laurent (2011), en la contemporaneidad hay una "relación adictiva que se tiene con los objetos de goce. Porque casi todo puede transformarse en un objeto de goce. (...) Puede volverse adictivo el shopping, el tabaco, la droga, el sexo, todo puede tomar el matiz de una invasión." ¿Cómo responde el psicoanálisis a este nuevo síntoma? El psicoanálisis le ayuda a cada sujeto a inventarse una solución a su medida para resistirse a la pulsión de muerte, resistirse a ese goce invasor; no sin olvidar que existe "el derecho de cada uno a dañarse un poco, no del todo, sólo un poco." (Laurent).
viernes, 9 de diciembre de 2011
325. Las neurosis de «excepción».
En su texto Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo
psicoanalítico (1914-1916), Freud desarrolla uno de los rasgos de carácter que
con gran frecuencia se hallan, no solo en la clínica, sino en los vínculos con
otras personas. Se trata de las denominadas «neurosis de excepción». Se trata
de sujetos que se creen excepcionales, es decir, sujetos que piensan que tiene
derecho a una serie de beneficios o que se les excuse de hacer determinadas
tareas, o que no están dispuestos a someterse
a determinadas condiciones, normas o reglas, pues ellas son excepcionales;
incluso llegan a pensar que son personas protegidas por alguna Providencia
particular que vela por ellos.
Renunciar a una ganancia de placer fácil e inmediata, privarse por un
tiempo y esperar esa satisfacción posteriormente, es contar con el «principio
de realidad», "por el cual el hombre maduro se diferencia del niño" (Freud, 1978).
La satisfacción inmediata del placer puede traer consecuencias penosas para el
sujeto, incluso castigos por su trasgresión. Precisamente, este neurótico que
se piensa excepcional, es alguien que se revela contra la posibilidad de
sacrificarse antes que renuncia a alguna satisfacción placentera; se podría
decir que son sujetos que gustan de «hacer lo que les da la gana», sin medir las
consecuencias de sus actos, ya que están pensando solo en su propia
satisfacción.
Dice Freud en el texto citado, que es seguro que cada cual quiera
presentarse como alguien excepcional y reclamar privilegios sobre los demás.
Pero lo peculiar de este sujeto es que su neurosis se anuda a una vivencia o a
un sufrimiento que los ha afectado en la primera infancia, vivencia de la que
se sabía inocente y pudieron estimar como un “injusto perjuicio inferido a su
persona” (Freud, 1978). A partir de esa supuesta injusticia que les sucedió en
su infancia, estos neuróticos reclaman para sí toda una serie de privilegios. Freud
también sugiere que lo mismo sucede con la conducta de pueblos enteros que han
pasado por graves sufrimientos, como es el caso del pueblo israelita, que se atribuyen
el ser el pueblo elegido de Dios, y por tanto, se piensan excepcionales.
Por lo general, la vivencia o sufrimiento que se presenta en estos
neuróticos, y que es considerada como injusta, se relaciona con alguna deformidad,
enfermedad congénita o algún daño sufrido en la infancia; dicho daño los hacen
pensar que la vida les debe un resarcimiento que ellos se toman para sí, de
tal manera que creen tener derecho a ser excepcionales y a pasar por encima de
los reparos que detienen a otros (Freud, 1978). Dice Freud que en menor o mayor
medida todos hacemos ese tipo de exigencias, sobre todo cuando le hacen
afrentas a nuestro amor propio -narcisismo-. Incluso “la pretensión de las
mujeres a ciertas prerrogativas y dispensas de tantas coerciones de la vida
descansa en el mismo fundamento” (Freud), en la medida en que nacieron "castradas". Por eso se puede decir que todo
sujeto se piensa excepcional, como todos los demás.

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