La última enseñanza de Lacan propone un nombre nuevo para el
inconsciente: «hablanteser» (parlêtre en francés). Se trata de un
neologismo que Lacan introduce a partir de su seminario "Joyce el
Síntoma"(Miller, 2015).
¿Esto cambia en algo al psicoanálisis en el siglo XXI? “El
psicoanálisis cambia, es un hecho (…) Cambia de hecho, a pesar de que
nosotros nos aferremos a palabras y a esquemas antiguos” (Miller). Así
pues, psicoanalizar al parlêtre ya no es lo mismo que analizar el
inconsciente freudiano, al inconsciente estructurado como un lenguaje.
Desde que Lacan empezó a hablar del síntoma como sinthome, ya estamos en
la época del hablanteser. Esto “traduce un desplazamiento del concepto
de síntoma del inconsciente al parlêtre” (Miller)
Mientras que el
síntoma es una formación del inconsciente que está estructurado como un
lenguaje, es decir, es una metáfora, un efecto de sentido inducido por
la sustitución de un significante por otro, “el sinthome de un parlêtre
es un acontecimiento de cuerpo, una emergencia de goce” (Miller, 2015).
De todos modos, el síntoma del parlêtre hay que esclarecerlo todavía.
No
se trata para nada de olvidar la estructura de lenguaje que tiene el
síntoma como formación del inconsciente; así como “la segunda tópica de
Freud no anula a la primera, hay una composición de una con otra. Del
mismo modo, Lacan no vino a borrar a Freud, sino a prolongarlo” (Miller,
2015), prolongarlo con reinvención, con renovación. El paso que se da
“del inconsciente al parlêtre” (Miller), es porque la metáfora se
constituye en el envoltorio formal del sinthome, del acontecimiento de
cuerpo. Recuérdese que lo reprimido retorna bajo la forma de la metáfora
que es el síntoma; es un cifrado que se puede descifrar, pero “la
operación de este cifrado trabaja para el goce que afecta al cuerpo”
(Miller).
UN BLOG SOBRE PSICOANÁLISIS LACANIANO. Los textos cortos aquí publicados, aparecieron en el semanario La Hoja de Medellín, entre los años 1995 y 1999, en una columna titulada «Sentido Común». A partir del 18 de julio de 2007, he empezado a publicar otros textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Espero les sea de utilidad para pensar al sujeto y como introducción al psicoanálisis. Bienvenidos!!
viernes, 28 de agosto de 2015
viernes, 14 de agosto de 2015
431. «¿Qué representa la omnipresencia del porno a comienzos de este siglo?»
Freud inventó el psicoanálisis bajo la égida de la reina Victoria (Miller, 2005),
es decir, a finales del siglo XIX, en el que la represión de la
sexualidad era lo propio de esa época; por esta razón, nadie hablaba de
la sexualidad humana, era un tema absolutamente indecoroso. Un siglo
después, lo que se observa es "la difusión masiva de lo que se llama el
porno y que es el coito exhibido, hecho espectáculo, show accesible para
cada cual en internet con un simple clic del ratón" (Miller). Se ha
pasado, entonces, de la prohibición de la sexualidad al permiso, la
incitación, la provocación y el forzamiento de la sexualidad. "¿Qué es
el porno sino un fantasma filmado con la variedad apropiada para
satisfacer los apetitos perversos en su diversidad?" (Miller).
La exacerbación de la pornografía en el siglo XXI es un fenómeno que afecta la vida sexual de los seres humanos hoy. Así pues, los masturbadores ya no necesitan dedicarse a fantasear las escenas sexuales que los excitan, ya que las encuentran ya realizadas en Internet (Miller, 2005). Con relación a la pornografía, el hombre sigue siendo el sexo débil; él cede con mayor facilidad a eso. ¿Y las mujeres? Ellas más bien se quejan de descubrir a sus hombres interesados en ver pornografía; una paciente me decía: “mi marido prefiere ver porno y toquetearse a estar conmigo”; ¿traición o una diversión sin consecuencias? (Miller).
Así pues, en la era de la tecnología la copulación ya no es un asunto privado; el bombardeo de pornografía alimenta las fantasías particulares de cada sujeto, y sin ninguna regulación. “La escopia corporal funciona en el porno como provocación a un goce destinado a saciarse en la modalidad del plus de gozar, modo transgresivo respecto a la regulación homeostática y precario en su realización silenciosa y solitaria” (Miller, 2005). Esta difusión global de la pornografía, gracias al Internet, no deja de tener efectos en los sujetos contemporáneos, efectos que ya se dejan escuchar en los consultorios de los psicoanalistas. “¿Qué dice, qué representa la omnipresencia del porno a comienzos de este siglo? Que la relación sexual no existe, ninguna otra cosa” (Miller). ¿Qué significa que la relación sexual no existe? Pues que los hombres no están hechos para las mujeres y las mujeres para los hombres. Ese “espectáculo incesante y siempre disponible” (Miller) de la pornografía da cuenta de esa ausencia de proporción entre los sexos, cuyas consecuencias en las costumbres de las jóvenes generaciones son el “desencanto, brutalización, banalización” (Miller) de las relaciones sexuales, al punto de llevarlas a ser algo absolutamente superficial y hasta insípido.
¿Cómo responder, entonces, a este advenimiento exacerbado de la pornografía en la red? “Ésta no es –¡quién podría pensarlo!– la solución de los callejones sin salida de la sexualidad” (Miller, 2005). Como síntoma bajo el imperio de la técnica exige del psicoanálisis una interpretación.
La exacerbación de la pornografía en el siglo XXI es un fenómeno que afecta la vida sexual de los seres humanos hoy. Así pues, los masturbadores ya no necesitan dedicarse a fantasear las escenas sexuales que los excitan, ya que las encuentran ya realizadas en Internet (Miller, 2005). Con relación a la pornografía, el hombre sigue siendo el sexo débil; él cede con mayor facilidad a eso. ¿Y las mujeres? Ellas más bien se quejan de descubrir a sus hombres interesados en ver pornografía; una paciente me decía: “mi marido prefiere ver porno y toquetearse a estar conmigo”; ¿traición o una diversión sin consecuencias? (Miller).
Así pues, en la era de la tecnología la copulación ya no es un asunto privado; el bombardeo de pornografía alimenta las fantasías particulares de cada sujeto, y sin ninguna regulación. “La escopia corporal funciona en el porno como provocación a un goce destinado a saciarse en la modalidad del plus de gozar, modo transgresivo respecto a la regulación homeostática y precario en su realización silenciosa y solitaria” (Miller, 2005). Esta difusión global de la pornografía, gracias al Internet, no deja de tener efectos en los sujetos contemporáneos, efectos que ya se dejan escuchar en los consultorios de los psicoanalistas. “¿Qué dice, qué representa la omnipresencia del porno a comienzos de este siglo? Que la relación sexual no existe, ninguna otra cosa” (Miller). ¿Qué significa que la relación sexual no existe? Pues que los hombres no están hechos para las mujeres y las mujeres para los hombres. Ese “espectáculo incesante y siempre disponible” (Miller) de la pornografía da cuenta de esa ausencia de proporción entre los sexos, cuyas consecuencias en las costumbres de las jóvenes generaciones son el “desencanto, brutalización, banalización” (Miller) de las relaciones sexuales, al punto de llevarlas a ser algo absolutamente superficial y hasta insípido.
¿Cómo responder, entonces, a este advenimiento exacerbado de la pornografía en la red? “Ésta no es –¡quién podría pensarlo!– la solución de los callejones sin salida de la sexualidad” (Miller, 2005). Como síntoma bajo el imperio de la técnica exige del psicoanálisis una interpretación.
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