jueves, 20 de enero de 2022

514. «El analista debe ser dócil a lo trans»

¿Qué hacer con lo trans? Miller (2021) en su texto Dócil a lo trans advierte que el analista debe ser dócil a lo trans así como Freud lo fue con el discurso histérico (Bassols, 2021), para aprender lo que dichos sujetos tienen para enseñarnos sobre la sexualidad humana. ¿Qué nos enseñan? Algo que el psicoanálisis ya había advertido: no hay saber sobre los sexos. Con relación a la identidad sexual, todos estamos extraviados; la posición sexual es una conquista del sujeto. El sexo biológico no es el que determina la identidad sexual, como todavía lo siguen pensando muchos discursos, como el discurso médico y el religioso, los cuales ya son anacrónicos con respecto a lo que sucede hoy con la diversidad sexual. Por eso, mejor preguntar, ¿por qué tanta diversidad en esta contemporaneidad? La respuesta del psicoanálisis a esta pregunta tiene que ver con lo que Miller planteó como la época donde el Otro no existe y de la caída del Nombre del Padre, es decir, ya no operan más esos ideales (significantes amo) que gobernaban y guiaban las identificaciones del sujeto para responder la pregunta quién soy yo.

Anteriormente, hasta comienzos del siglo XX, para responder esa pregunta los sujetos se fijaban, por ejemplo, en la figura paterna, figura ideal y de autoridad, un referente firme que le permitía al niño saber cómo ser un hombre. La autoridad de la imago paterna era un referente universal; el padre era un ideal social, modelo edípico, garantía última del orden social, y por lo tanto, la norma de la identidad social (lo mismo vale para la mujer con la imago materna, esa madre que tenía como ideal llegar a ser madre y ocuparse de los cuidados de su hogar, por ejemplo). Pero ha habido una declinación del padre, un desfallecimiento de la figura paterna, declinación de la figura paterna que se inició con la llegada del discurso de la ciencia, discurso que puso en cuestión el poder, no solo del padre, sino de todos los referentes ideales de la sociedad patriarcal. “Lacan ya se dio cuenta en los años cuarenta del declive imparable de esta imago y del propio patriarcado, pero no para pensar que lo que venía después sería necesariamente mejor. Más bien: del padre a lo peor” (Bassols, 2021). Esto no significa que haya que volver a lo anterior, no; esa mítica autoridad paterna ya no se puede recuperar; la imago paterna ha declinado para siempre, para bien o para mal, lo cual ha modificado las relaciones laborales, sociales, familiares, de género y hasta el psiquismo de los hombres contemporáneos. Es un hecho, ya estamos en otro momento que hay que comprender.

La diversidad sexual es uno de los efectos del desfallecimiento del padre; el sujeto queda extraviado frente a la pregunta ¿quién soy?, pregunta que no responde el cuerpo biológico. Es decir que lo trans y el discurso de género “viene a llenar el vacío que abre la pregunta ¿qué es lo que quieres?” (Bassols, 2021). El surgimiento de la diversidad sexual devela una verdad: nunca ha habido garantía para el sujeto para saber cuál es su identidad sexual, su posición sexual: ¿soy hombre o soy mujer? En efecto, anteriormente se sabía claramente que era ser un hombre y una mujer; con el desfallecimiento de los ideales que soportaban esa respuesta, ya nadie sabe quién es, qué quiere. De cierta manera ahora todos somos trans, un poco como se conduce la moda hoy; ya no hay una moda estándar, única, como sucedía anteriormente, sino una gran diversidad a nivel de la moda. Anteriormente, en los años 20´ y 30´, los hombres vestían de saco, pantalón y sombrero, y las mujeres usaban elegantes vestidos; ahora ya no hay modas fijas, duraderas, y son muy variadas.

Volviendo a los trans; ellos nos enseñan que “hay que volver a interrogar lo que creemos entender sobre la sexualidad, sobre las identificaciones, sobre la diferencia entre los sexos, para actualizarlo y transmitirlo de una manera lo más clara posible” (Bassols, 2021). Cuando un niño o una niña de cinco años dice «yo soy una niña o soy un niño», ¿qué hacer ahí? Hay un proyecto de ley en Francia que propone que “sujetos entre los doce y los dieciséis años pueden pedir un tratamiento hormonal (o quirúrgico) sin consentimiento de los padres, sólo por intermedio de un representante legal que toma el enunciado yo soy un hombre o yo soy una mujer como una verdad sobre la que no hace falta preguntar nada” (Bassols). ¿Y si el sujeto se arrepiente después de sus tratamientos? “Cambiar al Padre por la testosterona no es necesariamente más benéfico. El paraíso soñado por el discurso trans puede ser un infierno para algunos sujetos.” (Bassols).

Lo que propone el psicoanálisis es preguntar, hacer un profundo análisis de lo que quiere decir para cada sujeto singular afirmar que es un hombre o una mujer. La ley que se propone deja por fuera al sujeto del inconsciente, al sujeto de la palabra y del goce. “La cuestión es fundamental si consideramos, ya desde Freud, que la pubertad supone un reinicio de la vida sexual del sujeto, que el encuentro con lo real del goce del cuerpo implica poner patas para arriba todo el andamiaje de las identificaciones en las que se sostiene su relación con el goce. Y es un tiempo para comprender que, hay que decirlo, hoy se extiende en muchos casos varias décadas en la vida del sujeto. Conocemos ya muchos casos de desencanto, incluso de experiencias trágicas, en sujetos que no han encontrado lo que esperaban y que no han sido escuchados antes en su singularidad. ¿Cómo hacer con esto una ley para todos?” (Bassols).

El psicoanálisis propone que cuantas menos leyes, mejor. “Es algo que Spinoza tenía claro: quien pretende regularlo todo por medio de leyes, produce estragos. Cuanto más se quiere legislar sobre las costumbres, sobre las formas de goce, más efectos negativos se producen en lo social. Precisamente por lo delicado que es la relación del sujeto con el sexo —complicado porque es singular, porque el deseo del sujeto está siempre fuera de la norma—, querer hacer una norma jurídica sobre las identidades sexuales, ya de entrada es una cuestión que hay que interrogar. Cuanto menos legislemos, mejor (…) Cuando se trata del goce, no hay modo de encontrar una norma jurídica que funcione como una ley del Otro que valga para todos. Hay que ir necesariamente uno por uno. Por lo tanto, es necesario ver caso por caso qué quiere decir un deseo trans. La impostura es querer regular normativamente una relación del sujeto con su cuerpo y con el goce sin escucharlo en su singularidad” (Bassols, 2021).

Por lo anterior es que, cuando un adolescente consulta por su identidad sexual o por un deseo trans, es fundamental poner por delante de la ley, a la palabra. Hay que preguntar por el momento en que apareció ese deseo y en qué coyuntura se produjo. “Hay que distinguir si se trata de una posición que es resultado de una forclusión de cualquier vínculo simbólico con el sexo, o si se trata de estrategias de identificación simbólica ante la aparición de un goce extraño” (Bassols, 2021), es decir, llegar a saber si se trata de una neurosis o de una psicosis, y acompañar al sujeto en su singularidad y sus preguntas.

lunes, 27 de diciembre de 2021

513. El sentido del humor es signo de una buena “salud mental”

Aunque desde el psicoanálisis se plantean serias dudas sobre la posibilidad de que el sujeto alcance un estado de ‘salud mental’ completo[1], en la medida en que “cada uno tiene su vena de loco” (Miller, 2013, párr. 3), existe una manera de defenderse de las adversidades que trae la existencia, es decir, de ser menos chiflado, “un intento desesperado de nuestro psiquismo por evitar el displacer” (Ríos Madrid, 2006, párr. 1).

Siempre he pensado que el sentido del humor es un signo de buena ‘salud mental’, sobre todo si el sujeto también se ríe de sí mismo:

"El humor es un recurso para ganar el placer a pesar de los afectos penosos que lo estorban; se introduce en lugar de ese desarrollo de afecto, lo reemplaza. Su condición está dada frente a una situación en que de acuerdo con nuestros hábitos estamos tentados a desprender un afecto penoso, y he ahí que influyen sobre nosotros ciertos motivos para sofocar ese afecto in statu nascendi" (Freud como se citó en Ríos Madrid, 2006, párr. 13).

Así pues, gracias al sentido del humor –del cual dice Freud (como se citó en Ríos Madrid, 2006) es una operación psíquica “elevada” apreciable en los grandes pensadores–, el sujeto se defiende de afectos que le pueden causar algún tipo de displacer. Esta es la razón por la que “tras el placer del humor suelen encontrarse entre otros, sentimientos como desprecio, indignación, enojo, dolor y ternura” (Ríos Madrid, 2006, párr. 18).

El mecanismo que Freud descubre detrás de la comicidad de un sujeto es el desplazamiento de afectos asociados a una representación penosa, de tal manera que dicho afecto se asocia con otra cosa que resulta cómica, y que puede terminar contagiando a algún otro receptor, produciéndose así el efecto humorístico (Ríos Madrid, 2006). Lo interesante de este asunto es que, si el sujeto no recurre al humor para defenderse de un afecto que le causa displacer, lo que resulta de ello es una psiconeurosis, es decir, un penoso síntoma psíquico que resultaría mucho más molesto que hacer un chiste sobre la situación que perturba. Es por esta razón que “el humor puede concebirse como la más elevada de esas operaciones (psíquicas) defensivas” (Ríos Madrid, 2006, párr. 19), en la que aquello que venía a producirle displacer al sujeto, termina produciéndole placer.

Entonces, “el humor puede entenderse como una ‘operación defensiva’; con tal defensa busca el yo sustraerse de aquello que es sentido como peligroso o displacentero, provenga del interior o del exterior” (Ríos Madrid, 2006, párr. 22); es un recurso con el que cuentan los sujetos, con una chispa de inteligencia, para enfrentar las situaciones difíciles de la existencia.

"Con su defensa frente a la posibilidad de sufrir, ocupa un lugar dentro de la gran serie de aquellos métodos que la vida anímica de los seres humanos ha desplegado a fin de sustraerse de la compulsión del padecimiento, una serie que se inicia con la neurosis y culmina en el delirio, y en la que se incluyen la embriaguez, el abandono de sí, el éxtasis" (Freud como se citó en Ríos Madrid, 2006, párr. 40).

Así pues, el sentido del humor es una salida nada desdeñable frente al sufrimiento inherente a la vida humana (Ríos Madrid, 2006).

(Este artículo fue publicado originalmente en el Blog Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó)

miércoles, 17 de noviembre de 2021

512. El sarcasmo es el arma cuando no se tienen balas

Si bien Freud poco o casi nada se refirió al sarcasmo en su texto El chiste y su relación con el inconsciente (1905/1991), si se refirió al chiste tendencioso, el cual, mirándolo de cerca, se puede deducir, sin llegar a contradicciones, que se trata efectivamente del sarcasmo. Según la RAE (2019), el sarcasmo es una “burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo”; y Freud (1905/1991), cuando se refiere al chiste tendencioso, sobretodo hablando del humor de los judíos durante el Holocausto Nazi, dice que "es harto común que circunstancias exteriores estorben el denuesto o la réplica ultrajante, tanto que se advierte una muy notable preferencia en el uso del chiste tendencioso para posibilitar la agresión o la crítica a personas encumbradas que reclamen autoridad. El chiste figura entonces una revuelta contra esa autoridad, un liberarse de la presión que ella ejerce. En esto reside también el atractivo de la caricatura, que nos hace reír aún siendo mala, sólo porque le adjudicamos el mérito de revolverse contra la autoridad. Si tenemos en cuenta que el chiste tendencioso es apropiadísimo para atacar lo grande, digno y poderoso que inhibiciones internas o circunstancias externas ponen a salvo de un rebajamiento directo…" (como se citó en Ríos Madrid, 2006, párr. 22).

Ya que Freud se refiere aquí también a la caricatura, coincide con la definición del caricaturista colombiano X-tian (22 de abril de 2020), publicada en un trino: “La caricatura existe para bajar del pedestal a toda figura de poder. Sea jefe, policía, guerrillero, alcalde, presidente, obispo, Papa y hasta al mismísimo dueño de Zoom” (párr. 1).

En todo caso, se puede hacer una diferenciación entre ironía y sarcasmo (léase chiste tendencioso); la RAE (2019) define la ironía como una “expresión que da a entender algo contrario o diferente de lo que se dice, generalmente como burla disimulada” (párr. 3). En efecto, Freud (1905/1991), dice de ella que no es exactamente un chiste, que es una técnica que hace uso de la figuración por lo contrario (p. 70). Más adelante en su texto explicita: "Me refiero a la ironía, que se aproxima mucho al chiste y se incluye entre las subvariedades de la comicidad. Su esencia consiste en enunciar lo contrario de lo que uno se propone comunicar al otro, pero ahorrándole la contradicción mediante el artificio de darle a entender, por el tono tic la voz, los gestos acompañantes o pequeños indicios estilísticos —cuando uno se expresa por escrito—, que en verdad uno piensa lo contrario de lo que ha enunciado. La ironía sólo es aplicable cuando el otro está preparado para escuchar lo contrario, y por ende no puede dejar de mostrar su inclinación a contradecir. A consecuencia de este condicionamiento, la ironía está particularmente expuesta al peligro de no ser entendida" (pp. 166-167).

Así pues, la ironía se refiere a lo contrario de lo que sucede o se dice, y tiene una intención más humorística; en cambio, el sarcasmo, que se puede inscribir como un derivado de la ironía, es un comentario en forma de burla que apunta a ridiculizar, humillar o insultar a otra persona, como bien lo indica Ríos (2006), el “chiste tendencioso (…) puede ser considerado como una manera disimulada, culturalmente aceptada, y socialmente bien vista, de expresar el odio, la agresividad, el desprecio sentido por el otro” (párr. 12).

El sarcasmo entonces, está al servicio de las tendencias sexuales y agresivas que habitan al ser humano, pero con él se logra sustituir la hostilidad activa y violenta –la cual le brindaría al sujeto un alivio pulsional más intenso- por el insulto de la palabra (Ríos, 2006). La palabra le brinda al sujeto un alivio, que Freud citando a un autor inglés, señala así “el primero que en vez de arrojar una flecha al enemigo le lanzó un insulto fue el fundador de la civilización; de este modo la palabra es el sustituto de la acción, y en ciertas circunstancias el único sustituto” (como se citó en Ríos, 2006, párr. 19).

Ahora bien, cuando Freud (como se citó en Ríos, 2006) habla del sarcasmo que los judíos le dirigían a sus verdugos durante el Holocausto, alude a la palabra como “arma”: “los judíos esgrimieron su arsenal humorístico, su afamado ´buen humor´ como ´arma´, usaron las palabras como dardos que lanzaban contra todo el aparato nazi; a través del chiste expresaron el odio, el desprecio que sentían por aquellos que los sometían” (párr. 24). Por esta razón es que podemos decir que, haciendo uso de las palabras, con el sarcasmo, por ejemplo, el lenguaje se constituye en un camino opuesto a la acción, pudiendo expresar así impulsos y deseos que están vedados por agentes internos (la conciencia moral) o externos (las prohibiciones culturales), de tal manera que podemos afirmar, entonces, que el sarcasmo es el arma cuando no se tienen balas. Y por supuesto, mejor que las balas, el sarcasmo.

Recuérdese que Freud consideraba el humor como una de las actividades intelectuales más elevadas, “la más elevada de esas operaciones defensivas” (Freud, 1905/1991), refiriéndose a los mecanismos que utilizan los sujetos para defenderse de la represión de aquellos impulsos sexuales y agresivos. Por eso escuchamos frecuentemente esa frase que dice «lo bonito del sarcasmo es que los inteligentes entienden y los idiotas se ofenden».

(Este artículo fue publicado originalmente en el Blog Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó).

jueves, 28 de octubre de 2021

511. Lo que el psicoanálisis enseña sobre cómo sancionar a los hijos

¿Cómo ponerle límites a las conductas indeseables de los niños? Es una pregunta que la psicología y la pedagogía han estado respondiendo desde hace ya bastante tiempo, recomendando y utilizando toda una serie de técnicas; sobre todo haciendo uso de métodos conductistas, creados por Skinner, y que se basan en el reforzamiento positivo (recompensas o premios) y negativo (eventualmente castigos, pero más apropiadamente, eliminar algo negativo tras la conducta deseada) para que los niños aprendan a comportarse como es debido (Figueroa, 2020).

El psicoanálisis ofrece un método de intervención de los comportamientos indeseables de los hijos, que tiene que ver con el vínculo afectivo que el niño establece con sus padres. Lo primero que hay que decir sobre dichos castigos, es que a un niño no hay que tocarle ni un pelo para sancionar su comportamiento. En efecto, el castigo físico es deplorable como método de intervención para corregir a los niños. La clave, en la que hace énfasis el psicoanálisis, para intervenir el comportamiento indeseable del niño, es el vínculo amoroso que todo niño establece con sus cuidadores. Esto significa que, si no hay un vínculo amoroso entre el niño y sus padres o cuidadores, éstos no podrán intervenir adecuadamente para corregir al hijo. Un niño que no ama a sus padres, no los respetará, y no hará caso a las sanciones que estos le dispongan. Es más, lo más seguro es que la respuesta del niño sea agresividad y desprecio hacia sus cuidadores.

Antes de explicar cómo proceder con el niño para sancionar sus conductas indeseables, hay que decir que, en un principio él no sabe distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Esa distinción le llega al niño desde el exterior, pero debe haber un motivo poderoso para que se someta a ese influjo exterior. Freud (1980/1929) dice que dicho motivo se lo encuentra en el desvalimiento y la dependencia del niño hacia sus padres; “su mejor designación es la angustia frente a la pérdida de amor. Si pierde el amor del otro, de quien depende, queda también desprotegido frente a diversas clases de peligros, y sobre todo frente al peligro de que este ser hiperpotente le muestre su superioridad en la forma del castigo. Por consiguiente, lo malo es en un comienzo, aquello por lo cual uno es amenazado con la pérdida de amor; y es preciso evitarlo por la angustia frente a esa pérdida. Importa poco que ya se haya hecho algo malo o solo se lo quiera hacer; en ambos casos, el peligro se cierne solamente cuando la autoridad lo descubre (…)” (Freud, 1980/1929, p. 120).

Resumiendo: la clave para que el niño cambie su comportamiento es la angustia que él experimenta ante la pérdida del amor de sus padres. Esto pareciera cruel, cruel para el niño, hacerle saber que, si no cambia su comportamiento, está en juego la pérdida del amor de sus padres, pero es el mecanismo más efectivo para que el niño cambie su comportamiento. Es por esto que se necesita del amor, de este vínculo afectivo con los padres, para que ellos puedan intervenir, con autoridad, el comportamiento indeseable de su hijo. Además, es más cruel para la vida de un niño enfrentar su proceso de socialización sin tener un control de sus comportamientos indeseables para la colectividad; un niño que hace lo que le venga en gana, va a sufrir mucho al enfrentarse a la sociedad. Por eso es tan importante que los padres pongan límite a sus impulsos, sobre todo los agresivos y los sexuales.

Paso entonces a explicar cómo pueden intervenir los padres para corregir a su hijo. Ante un comportamiento indeseable los padres están llamados a actuar, ojalá en el momento mismo en el que el niño es descubierto manejándose mal. Los padres le tienen que hacer saber a su hijo que lo que está haciendo tiene que terminar –por ejemplo, pegarle a su hermanito– y para eso se tienen que mostrar muy enojados, eso sí, sin tocarle un solo pelo; no hay que pegarle ni maltratarlo físicamente, basta con que se muestren muy enojados con él, es decir, basta con hacerle saber que, si se sigue comportando mal, está en juego la pérdida del amor de sus padres. Esto es muy importante, por eso los padres deben privar al niño de todos los gestos afectivos que le demuestran, es decir, no solo mostrarse enojados –lo cual puede ser un semblante que los padres adoptan–, sino retirarle al niño todo su afecto –no más caricias, besitos, palabras dulces, abrazos, etc.– hasta que el niño cambie su comportamiento –deje de pegarle a su hermanito–. Solo un padre que ama a sus hijos podrá ejercer su autoridad sobre ellos. Pasados unos días, los padres podrán de nuevo volver a manifestar su afecto al niño, haciéndole saber que se ha estado manejando muy bien. Si esa demostración de enojo la acompañan con privar también al niño de una actividad o un juguete que es de todo su interés –asistir a clases de fútbol, por ejemplo, o la consola de videojuegos–, el resultado será, no solamente muy efectivo, sino muy rápido: la próxima vez que el niño le quiera pegar a su hermanito, lo pensará dos veces, ya que sabe del enojo de sus padres y el riesgo de perder el amor de estos, y la privación de su actividad o juguete favorito.

Para terminar, es importante mencionar dos errores que comenten los padres en la aplicación de las sanciones a los hijos: primero, castigan al niño en la mañana, y en la tarde ya están demostrando su afecto y su amor al niño –recuérdese que los padres se deben mostrar enojados, así sea una actuación o un semblante, hasta que el niño haya cambiado su comportamiento indeseable; el niño debe tener muy claro que, por su mal comportamiento, está en riesgo la pérdida de amor de los padres–, y segundo, le quitan la actividad o el juguete hoy, y al día siguiente se lo están devolviendo. Cuando esto sucede, el niño ya sabe quién es el que tiene “la sartén por el mango”, y los padres pierden su autoridad.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

510. Feminidad y discurso de género: «La lógica fálica no puede dar cuenta de lo femenino como tal»

La estructura del lenguaje nos somete a la lógica de la diferencia significante, la cual es siempre una diferencia binaria. “La cuestión de la diferencia sexual entre hombres y mujeres está incluida en este paradigma del binarismo, que es la estructura misma del lenguaje” (Bassols, 2021). Así pues, «hombre» y «mujer» son los significantes con los que se representa la sexualidad, a partir de la lógica del significante que funciona por la diferencia entre ellos. “Dicho de manera simple: el hombre se define por no ser mujer, y la mujer por no ser hombre” (Bassols).

La lógica fálica también responde a la estructura del lenguaje; el significante falo representa la presencia o de la ausencia del falo en el sujeto, el uno o cero, fálico o castrado. Pero Lacan va a plantear otra lógica, la que lo lleva a la construcción del objeto a. “Es la salida de la lógica binaria que hay que investigar y que está ausente en la teoría de género. El objeto a no funciona por una lógica binaria, por su diferencia con otros objetos. No hay objeto b, c, d…” (Bassols, 2021). El objeto a no es exactamente un significante, por eso escapa a la lógica binaria que está en juego en la estructura del lenguaje.

A lo anterior se le agrega otro problema: el axioma de Lacan «La mujer no existe». Esto significa que “no hay un significante que pueda definir a La mujer en relación a otros significantes” (Bassols, 2021). Es decir, en el conjunto de significantes, el Otro de lo simbólico, tesoro de los significantes, no se encuentra el significante que podría definir a lo femenino, a La mujer. Esto significa que la lógica de la diferencia entre los sexos, con los significantes «hombre» y «mujer», no va más; es decir que, “cuando se trata de la identificación de la mujer, no hay modo de encontrar el significante” (Bassols). En palabras de Freud, en el inconsciente no se encuentra una inscripción de la diferencia entre los sexos; en el inconsciente solo existe el símbolo fálico, que es el significante con el que se establece la diferencia entre los sexos. Así pues, “la lógica fálica no puede dar cuenta de lo femenino como tal” (Bassols), esto es lo que lleva a Freud a hablar, con relación a lo femenino, del «continente negro», y es lo que lleva a Lacan a concluir que el goce no puede ser atrapado por el binarismo significante.

Es por esto que Lacan elabora una nueva lógica sobre la cuestión de la feminidad, una lógica que va más allá del Edipo, más allá de la lógica fálica, de la lógica de la diferencia entre hombre y mujer (Bassols, 2021), lógica que lo lleva a construir el objeto a, y luego establecer la fórmula «La mujer no existe». Lo femenino, entonces, es una alteridad radical, “una alteridad que no se explica con la diferencia relativa entre significantes. Es una diferencia absoluta, para decirlo con otra expresión de Lacan” (Bassols).

Al parecer, el discurso de género no ha logrado entender esta nueva lógica, por eso termina acusando al psicoanálisis de heteropartiarcal, desconociendo la última enseñanza de Lacan; tampoco abordan la lógica del falo de manera adecuada, señalando al psicoanálisis de falocéntrico. Si las teorías de género desean conversar con el psicoanálisis, hay que partir del aforismo lacaniano «La mujer no existe» (Bassols, 2021), y dejar de lado ese prejuicio de que el psicoanálisis es supuestamente falocéntrico y heteropatriarcal. Por eso el psicoanálisis invita al sujeto contemporáneo a hacer una lectura atenta y salir del efecto endogámico que produce la Universidad y las instituciones. “Hay que ser en primer lugar muy cuidadosos en cómo transmitimos el discurso del psicoanálisis, sobre todo no repitiendo sin saber lo que decimos, porque el malentendido está asegurado (…) Hay que generar estos espacios de debate y de conversación públicos. El psicoanalista lacaniano, como decía Jacques-Alain Miller hace ya veinte años, es el que sale del gimnasio para debatir en la plaza pública” (Bassols).

martes, 17 de agosto de 2021

509. No hay que patologizar la diversidad sexual

Miller (2021) ha llamado al año 2021 el Año Trans. Es una manera de entrar en conversación con la subjetividad en esta época. Lo primero que habría que decir es que el psicoanálisis enseña que la diferencia entre los sexos no está escrita en el inconsciente; esto significa que en el inconsciente no hay nada que le indique al sujeto lo que es ser un hombre o una mujer; Lacan lo indicó con su fórmula «No hay relación sexual». Lo único claro que tiene cada sujeto, pero que es radicalmente inconsciente con ello, es que cada uno tiene su modo de goce; es a esto a lo que apunta lo que el psicoanálisis ofrece en la experiencia analítica: la identificación al síntoma, la identificación del sujeto a su goce particular (Bassols, 2021).

Dice Bassols (2021) que los discursos de género, donde se enmarca el propio discurso trans, es muy amplio y heterogéneo. "Hay posiciones muy diversas, incluso contradictorias, con orientaciones diferentes con respecto a lo que se define como género, como sexo, identidad, transición, síntoma, etc.". Hay pues un amplio abanico de posiciones subjetivas, que cada día se amplía más, por eso a las siglas LGTBIQ+ se le agregó al final ese signo, para poder seguir incluyendo todas las nuevas posiciones sexuales (léase diversidades) que van apareciendo. Esto habla claramente de lo que se puede denominar como la realidad sintomática de la sexualidad en el ser humano, es decir, que la sexualidad en el ser humanos se constituye en un síntoma; pero esto no significa patologizar la diversidad sexual, al contrario, "habría que despatologizar cualquier posición sexuada, cualquier identificación a un género, cualquier forma de goce, etc." (Bassols, 2021). Así pues, la posición del psicoanálisis es interrogar la falsa frontera entre lo normal y lo patológico. Esto invita a pensar que cada sujeto tiene, entonces, una posición sexual particular, singular, de tal manera que casi que cada uno podría inventarse un nombre diverso para su posición sexual.

Queda claro que el psicoanálisis no es un discurso que patologice las identidades sexuadas, pero "sí interroga el punto de sufrimiento particular que para cada sujeto introduce su relación con la sexualidad: qué es lo que, para cada sujeto, hace síntoma en su relación con la sexualidad" (Bassols, 2021). Ese punto sintomático de la sexualidad es imborrable, sin importar la posición que asume cada sujeto, ya sea como homosexual, heterosexual, transgénero, etc., siempre hay la dimensión sintomática con respecto a la sexualidad, es decir que "la sexualidad introduce el pathos en el ser humano. Es el primer paso para abordar la cuestión del síntoma de una manera analítica" (Bassols).

viernes, 16 de julio de 2021

508. Adoctrinamiento, educación y política: «el inevitable destino del psicoanálisis es mover a contradicción a los hombres e irritarlos»

A raíz de la explosión social y el paro nacional que se presentó en nuestro país (Colombia) desde el 5 de mayo de 2021, muchas instituciones educativas les recomendaron a sus docentes no asumir posturas que generen malestares entre los estudiantes y adoptar una actitud imparcial. Yo me pregunto, ¿esto es posible? ¿Acaso, siempre que se asume una posición, sobre todo de carácter crítico, frente a lo que sucede de injusto en un país, esto no generará algún malestar en muchas personas? Colombia es uno de los países con mayor corrupción:

“El Índice de Percepción de Corrupción (IPC) 2020 mide los niveles percibidos de corrupción en el sector público en 180 países a través de una puntuación con una escala de 0 (corrupción elevada) a 100 (ausencia de corrupción). En esta edición más de dos tercios de los países obtuvieron una puntuación inferior a 50. El promedio global se situó en tan solo 43 puntos. En este año Colombia obtuvo una calificación de 39 puntos sobre 100, y ocupa la posición 92 entre 180 países evaluados. Aunque, en esta edición el país consiguió dos puntos más que el año pasado, estadísticamente esta variación no es considerada como un avance significativo” (Transparency International, 2021, párr. 1). Y ocupaba el año pasado el segundo puesto en desigualdad en Latinoamérica (Pasquali, 2019); a estos problemas se le suman además el de narcotráfico: 1.137 toneladas de cocaína (Infobase, 2020), paramilitarismo: 35 masacres durante este año (El Espectador, 2021), desplazamientos forzosos: 8 millones (El Tiempo, 2019), falsos positivos: 6402 (La silla vacía, 2021), pobreza: 42.5% (Dane, 2021), etc. ¿Cómo tapar el sol con un dedo?

La justificación para ser imparcial es no adoctrinar a los estudiantes. ¿Acaso no se los adoctrina cuando se les enseña una teoría? Adoctrinar, según la RAE (2020), significa “inculcar a alguien determinadas ideas o creencias”. Yo, por ejemplo, creo en el inconsciente, con lo difícil que es creer en esto, y enseño el discurso psicoanalítico, en el que me he formado como profesional y en el que creo. ¿No estoy adoctrinando a los estudiantes cuando les enseño las ideas del psicoanálisis, aportando los argumentos necesarios para justificar los conceptos en los que dicho discurso cree? Además, siempre que se adopta una posición desde este discurso, o se piensa una situación de la realidad humana desde el psicoanálisis, muchas veces esto genera algún malestar en las personas, al fin y al cabo, como bien lo indica Freud en Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914), "el inevitable destino del psicoanálisis es mover a contradicción a los hombres e irritarlos" (p. 8). Y los irrita porque el psicoanálisis es crítico con todo lo que abarca al ser humano: sus ideales, sus creencias, sus pensamientos, la posición que asume en la vida.

Entonces, con relación a asumir posturas, ¿por qué se censura hablar de la realidad política de un país con la idea de que no hay que adoctrinar a los estudiantes en determinada corriente política? ¿Acaso no se lo adoctrina, también, cuando se le enseña neuropsicología, cognitivismo, humanismo, psicología clínica o psicología social? Ahora bien, se le inculca toda una serie de teorías y conocimientos a los estudiantes, y se le deja a él, como sujeto de pleno derecho, la posibilidad de elegir en que corriente y en qué ámbito de la psicología se va a inscribir; es él el que elige, aunque muchas veces se trata de una elección forzada, es decir, porque toca. Ahora bien, es muy diferente un adoctrinamiento en el que se obliga al otro a creer lo que se le inculca, como sucede, por ejemplo, con el adoctrinamiento en una religión en los niños desde el momento en que nacen, o el adoctrinamiento que reciben unos niños cuando los recluta una guerrilla, a la transmisión de un conocimiento a sujetos que ya hacen uso de un pensamiento crítico.

“El adoctrinamiento es en cierto grado inevitable en la enseñanza padre-hijo, pues los seres humanos son animales sociales que inevitablemente se ven afectados por el contexto en el que se desarrollan. Sin embargo, esto puede ser mitigado por prácticas que favorezcan el libre pensamiento y el uso de la razón crítica, siendo esta la principal diferencia entre el adoctrinamiento y la educación: el primero, a diferencia de la educación, nunca pretende convertir al sujeto en un individuo autónomo con juicio propio, sino que se caracteriza por la fe ciega y la ausencia de pensamiento crítico” (Wikipedia, 2021, párr. 2).

Así pues, el adoctrinamiento es una práctica educativa ejercida por una autoridad, la cual busca infundir determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas, por lo tanto, el adoctrinamiento está necesariamente ligado a la educación; aquel siempre soporta procesos educativos, pero se espera que la educación, esa que apunta a la libre expresión de las ideas, de forma democrática y multicultural, no se convierta en un adoctrinamiento. Entonces, volviendo a las preguntas iniciales, ¿se adoctrina cuando se habla de la realidad política de un país?

Lo que suele suceder en toda sociedad, es que el conflicto es muy mal visto; pero los conflictos sociales se constituyen, a su vez, en el motor de toda sociedad. Por esta razón, cuando se enseña a pensar críticamente, se espera que dicho razonamiento desestructure lo que se denomina el «sentido común». Las ciencias sociales y humanas, pienso yo, así como nos lo enseña el psicoanálisis y la filosofía, sirven para desestabilizar, desestructurar dicho «sentido común».

“¿Qué es el sentido común? Heidegger dice que el sentido común es el impersonal «se»: pensamos lo que se piensa, sentimos lo que se siente, deseamos lo que se desea, creemos en lo que se cree, hasta amamos como se ama; uno cree que ama, y que es espontáneo, autónomo, auténtico, que uno es dueño de sus sentimientos, y cada vez más te vas dando cuenta que en realidad no estás amando, sino que estás inserto en un sistema que previamente delinea y define las formas de amar, y uno cuando ama no hace más que reproducir, repetir formatos previos que nos condicionan” (Sztajnszrajber, 2021).

Igual sucede con lo que se piensa, con lo que se siente, lo que deseamos, ¡y todo en lo creemos! Es decir, hay un Otro generalizado (Berger y Luckmann, 1986): el sistema, el establecimiento, la institución, la estructura social, que, primero, nos preexiste, y segundo, determina casi todo lo que nosotros somos como seres humanos en el mundo que nos tocó. Eso es tremendo; si seguimos con el ejemplo del amor, todos nos podemos hacer esta pregunta: ¿por qué amo así?, ¿quién me enseñó que es de este modo y no de otro? Y lo que sucede cuando alguien quiere salirse de ese “sentido común” (la forma como espera el Otro que tu ames), es que pasa a ser un subversivo, un anómalo, un enfermo (Sztajnszrajber, 2021), un loco o un delincuente.

Es por esto que el psicoanálisis, al igual que la filosofía, son discursos subversivos, porque interrogan al establecimiento. Pero incomodar es muy importante y necesario, y, sobre todo, incomodarse a uno mismo. Y lo que te van a enseñar estos discursos es que lo que tú crees de manera natural, normal, también es una construcción, es un efecto de algo que trasciende al sujeto, y que ese Otro, que no es otro que el establecimiento, lo establecido socialmente, es lo que te exige determinados comportamientos. Y eso determina lo que se puede denominar, la agenda cotidiana, la misma que repiten los medios de comunicación, “la agenda diaria que está fijada de acuerdo a ciertos intereses; esto ya de por sí es absolutamente cuestionable. Lo que la filosofía ve es algo mucho más estructural, lo que son los formatos; no tanto lo que se discute en un programa de panelistas, sino la “panelización” de nuestro cerebro, o sea, la “panelización” del discurso público. Es fundamental entender que hay un problema de formato, el formato que está instalado y que la filosofía permanentemente trata de desarmar, de deconstruir, es un formato que estructura, una realidad siempre binaria, siempre jerárquica, siempre con amigos y enemigos” (Sztajnszrajber, 2021).

De ahí la importancia de correrse de esa agenda pública, esa que nos transmiten los medios de comunicación. “La televisión educa, no solo la escuela, un presentador de televisión diciendo pavadas también educa, y educa en pavadas” (Sztajnszrajber, 2021). Igual sucede con los docentes en sus clases. Por eso, si se enseña a pensar críticamente, eso implica, no solo dudar de todo, sino deconstruir el mundo, ese mundo que se nos presenta, o se nos vende, como un mundo en calma. Es el poder del establecimiento, y no hay poder más eficiente que aquel que no se ve; se trata de un poder que nos anestesia, para que el sistema funcione en su comodidad, en su tranquilidad, “el poder es siempre farmacológico (…) Y qué difícil es moverse de eso, ¿quién se va a mover de esos lugares tan acomodados? Pero un día, todo explota, del modo a veces más inusual. Foucault decía: donde hay poder, hay resistencia” (Sztajnszrajber).

Es lo que ha sucedido en Colombia, pero también en Chile, Bolivia y ahora Cuba, y en su momento en Argentina, Perú, Ecuador y EEUU. El poder funciona normalizando sus intereses y reproduciendo sus privilegios. Por eso, cuando se devela cómo funciona el establecimiento, se asume una posición política, y eso no le va a gustar a muchos, sobre todo a los que están adormecidos, acomodados, los que cumplen con la agenda pública, todos los que están insertos en ese sistema denominado «sentido común»; por eso el que se siente ofendido es el que no quiere renunciar a un privilegio. “La política es para el otro, no es para defender lo propio. Si no es para el otro, es negocio” (Sztajnszrajber, 2021). Y “por eso la lucha es contra el sentido común, ese sentido común que es visto como algo positivo y que condiciona la forma de pensar, que establece etiquetas acerca de lo que está bien y lo que está mal, lo normal y lo anormal, lo correcto y lo incorrecto; todos esos binarios hay que desarmarlos” (Sztajnszrajber, 2021).

Y como dice Sztajnszrajber (2021), no se lucha para ganar, se lucha para luchar, para incomodar, para cuestionar, para irritar, para pensar, y de todos modos siempre habrá quien se irrite y se sienta mal, ¿cómo evitarlo? Se espera, eso sí, que el que sienta algún malestar, responda con argumentos y respete al otro a pesar de las diferencias que puedan tener, y no simplemente disparando. ¿Y para qué hacer todo esto? Para, tal vez, así poder cambiar el establecimiento, así sigamos del lado de los derrotados, los segregados, los discriminados, los desposeídos. ¿No es de este lado que se deberían, en un sentido ético, poner las universidades, y más si son católicas? Lo que me lleva a preguntarme: ¿cuál es el papel que debe cumplir la universidad frente a sus alumnos, cuando hay un estallido social de reivindicación de derechos como el sucedido aquí en Colombia en este momento? ¿La universidad quiere sujetos adormecidos, o sujetos críticos y despiertos?

¿Y cuál la posición del psicoanálisis ante este tipo de fenómenos político-sociales? ¿Acaso la tarea del psicoanálisis no es “llamar la atención sobre las mentiras de la civilización” (Laurent, 2007)? ¿Acaso los psicoanalistas no están llamados a entender cuál fue su función y cuál le corresponde ahora? “Nuestra práctica clínica tiene como partenaire permanentemente a la civilización contemporánea. Por eso un psicoanalista --como dice Lacan-- debe estar a la altura de la subjetividad de su época” (Delgado, 2011): “Mejor que renuncie quien no pueda unir su horizonte a la subjetividad de la época. ¿Cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico?” (Lacan, 2003, p. 209). 

586. «¿Has actuado en conformidad con el deseo que te habita?»

 En El seminario, libro 7: La ética del psicoanálisis (1959-1960), Lacan (1990) diferencia entre moral y ética, distinción que resulta más ...