El lenguaje precede al sujeto, es decir, aquel ya existe antes de que el sujeto nazca. Es más, ese que el psicoanálisis llama sujeto puede incluso existir aún antes de nacer y seguir existiendo después de morir, y esto gracias al lenguaje. El sujeto existe antes de nacer en el discurso de sus padres, y sigue existiendo después de morir en el discurso del Otro. Por eso un sujeto solo muere del todo cuando muere la última persona que pensaba en él, como lo enseña claramente la película «Coco» de Disney o las palabras de Álvaro Mutis. El encuentro contingente del sujeto con el lenguaje lo va a traumatizar, "por el choque de las palabras con una maleza de pulsiones inorganizadas" (Kanedo y Pinkasz, 2022). El sujeto tendrá, entones, qué arreglárselas con las palabras (los significantes) que lo determinan como sujeto y afectan su cuerpo.
Al ser que habla, Lacan lo llamó el parlêtre (hablanteser); es el nuevo nombre que aquel le da la inconsciente en su última enseñanza, esa que incluye al síntoma como sinthome. “El sinthome de un parlêtre es un acontecimiento de cuerpo, una emergencia de goce” (Miller, 2015). Así pues, la intersección entre lo real del organismo del sujeto con el Otro del lenguaje, tendrá efectos en el cuerpo del sujeto, efectos de goce, quedando el sujeto cautivo de las palabras "a las que quedará más o menos subyugado. En ocasiones permanecerá instrumentado por ellas" (Kanedo y Pinkasz, 2022). Esa amalgama entre lo simbólico y lo real es lo que funda en el sujeto su lalengua. Lalengua (escrito así, pegado), cuando el sujeto lleva su análisis hasta las últimas consecuencias, es un núcleo de real que habla de los efectos del encuentro del sujeto con el lenguaje, efectos de goce en el cuerpo; una marca real en el cuerpo que indica cómo goza el sujeto, un goce que se experimenta en el cuerpo y que "siempre aparece perverso” (Miller).
Este real que constituye el sinthoma del sujeto, “se encuentra bajo la modalidad del «Así es»” (Miller, 2015), es decir, eso "es" el sujeto. Se trata de un real fuera de sentido, un real despojado de sentido, y la lalengua es precisamente eso: una cadena significante sin efecto de sentido (Miller, 2003). "Proliferarán de este modo sombras, reflejos, espejismos, subordinados a esa relación primitiva, originaria y traumática entre el significante y el goce" (Kanedo y Pinkasz, 2022). Y esto es lo que hace que todo el mundo esté en su mundo, es decir, inmerso en la muy particular forma de gozar. Es como una especie de locura que, si bien es universal -todos los sujetos la padecen-, es singular en su modo de expresión.
Lalengua está, pues, del lado de lo real, de los efectos de lo real sobre el cuerpo. La estructura del lenguaje no es más que una elucubración de saber sobre lalengua, dice Miller (2008). El significante en su estatuto de letra y separado del sentido, es lo que Lacan va a llamar lalengua, “un saber que se presenta como una huella, un trazo, como una escritura de lo que fue nuestra relación originaria con la lengua materna” (García, 2009), marca del goce en el cuerpo, lo más singular que se juega en el sufrimiento del sujeto. Por esto el psicoanálisis puede decir que «todo el mundo está en su mundo», es decir, que cada sujeto tiene su cuota de locura, su "rayón", la solución que ha inventado para vivir la pulsión, y esa solución es singular: sólo le sirve a cada sujeto, uno por uno; es su pequeña dosis de locura. Esto, además, "es la constatación de la posición profundamente antisegregativa del psicoanálisis, al ser un "todo el mundo" que subraya la marca singular e incomparable de todo sujeto" (Kanedo y Pinkasz, 2022), el modo singular con el que el sujeto intentar arreglárselas con el goce que lo habita.
UN BLOG SOBRE PSICOANÁLISIS LACANIANO. Los textos cortos aquí publicados, aparecieron en el semanario La Hoja de Medellín, entre los años 1995 y 1999, en una columna titulada «Sentido Común». A partir del 18 de julio de 2007, he empezado a publicar otros textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Espero les sea de utilidad para pensar al sujeto y como introducción al psicoanálisis. Bienvenidos!!
jueves, 23 de junio de 2022
519. «Todo el mundo está en su mundo»
miércoles, 25 de mayo de 2022
518. Psicoanálisis y religión: el sentido es la debilidad mental del hombre
El psicoanálisis es el reverso de la religión; mientras que el psicoanálisis apunta al sin sentido, la religión es una explosión de sentido. “Marx despachó demasiado deprisa la cuestión de la religión, al calificarla de opio del pueblo, pero no porque su metáfora fuese equivocada, sino por la ingenuidad de creer que gracias al materialismo histórico sería fácil que el pueblo abandonase su adicción al opio” (Dessal, 2015). No, el pueblo no ha abandonado el opio que es la religión, al contrario, la religión se ha exacerbado, incluso en un periodo de la vida humana en el que la ciencia es la que manda, la que comanda a la humanidad (junto con el discurso capitalista). Algo pasó, ya que se creía que los descubrimientos de la ciencia iban a reemplazar al discurso religioso, y no, la religión se ha multiplicado. Y esto responde a que la ciencia, como el psicoanálisis, también apunta al sinsentido, a lo real, y el sujeto, al enfrentar ese sinsentido, hace un llamado al sentido, que se lo da fácilmente la religión. Por ejemplo, al descubrir la ciencia que el ser humano es producto de un proceso evolutivo de millones de años y que su existencia es prácticamente una contingencia, que no tiene ningún sentido, el sujeto se ve en la necesidad de hacer un llamado al Otro para que le dé sentido a su existencia; ella debe tener algún propósito: “mi misión en el mundo es…”.
La eterna lucha entre el bien y el mal ha sido desde siempre, en la religión, uno de sus aspectos más relevantes. Lo es también en Freud; sus conceptos de pulsión de vida (Eros) y pulsión de muerte (Tánatos) no hablan sino de la forma como se ha concebido la historia “como una pugna permanente, infinita, entre el bien y el mal” (Dessal, 2015), pugna que se ve por todas partes en la vida: en el cine, las novelas, la televisión, los noticieros, las guerras, en todos los fenómenos psicosociales. Freud no pensaba que el mal se pudiera erradicar de la condición humana, como lo piensan ciertas corrientes religiosas que pronostican el triunfo del bien sobre el mal, “de allí su concepto central de la pulsión de muerte” (Dessal). Para Freud, la religión es una producción cultural que responde a la nostalgia, por parte del sujeto, del padre protector de la infancia, “la imago paterna que deja una huella en la vivencia infantil” (Dessal). Como producto cultural la religión es una creación del hombre, de tal modo que podemos decir que no fue Dios el que creó al hombre a su imagen y semejanza, sino que fue el hombre el que creó a Dios a su imagen y semejanza; para Freud “el origen de la religión reside en la necesidad de protección del niño inerme y deriva sus contenidos de los deseos y necesidades de la época infantil, continuada en la adulta” (Freud, 1930). Por esto la tesis de Freud es que «la religión es una neurosis infantil colectiva», una ilusión del hombre, un delirio colectivo.
Así pues, “sufrimos de un exceso de sentido, y a la vez tenemos la sensación de que nos falta un Sentido con mayúsculas. El psicoanálisis procura liberarnos de ese tormento de darle significado a todo, librarnos del goce de vivir en la historieta que nos contamos cada día para justificar nuestra vida” (Dessal, 2015). El ser humano se la pasa en la vida tratando de darle sentido a su existencia (porque no lo tiene). “Lacan pensaba que el sentido es la debilidad mental del hombre. Fabricamos sentido permanentemente. Antes esa fábrica estaba regulada por las directrices superiores, si me permites la alegoría. Ahora cada uno fabrica a su antojo, todo vale y nada sirve sino para sumergirnos aún más en ese goce tonto que da contenido a nuestras pequeñas miserias de la vida cotidiana” (Dessal).
La ciencia, entonces, no pudo cumplir su promesa: cambiar el pensamiento mágico por el pensamiento racional; el ser humano no ha dejado de ser supersticioso y hasta cree hoy en día en teorías conspirativas: la tierra es plana, la vacuna contiene un chip para dominarnos, la luna es una base extraterrestre, etc., etc. Además, el sujeto contemporáneo, productor de sentido, no aguanta ya ni un minuto para pensarse, para reflexionar sobre su ser y su existencia; prefiere “encomendarse a la medicación o a las promesas de felicidad inmediatas y sin esfuerzo. Eso fracasa, la ciencia no cumple sus promesas, y la religión triunfa porque acecha siempre (…) Llevo una existencia asquerosa en un mundo de mierda, solía repetir un paciente mío. Esa frase es el lema bajo el cual viven hoy en día cientos de millones de seres humanos, que no pueden esperar ni un segundo más en la cola de la esperanza. Para ellos la religión es un recurso mucho más alentador que el psicoanálisis” (Dessal, 2015).
viernes, 29 de abril de 2022
517. ¿Cómo funciona el lenguaje en el sujeto?
El neurótico es un ser atrapado en su inconsciente, es decir, "alienado a un yo que desconoce esa segunda escena que transcurre a sus espaldas y que condiciona su vida" (Dessal, 2015), la «otra escena» de la que habló Freud, esa que determina lo que hacemos, pensamos y decimos, la mayoría de las veces en contra del bienestar del sujeto.
La alienación de la que va a hablar Lacan es la alienación del lenguaje en el sujeto. "Lacan llegó a la raíz del asunto cuando postuló una concepción inédita del lenguaje, una concepción que estaba implícita en la obra de Freud pero que nadie había comprendido antes (Dessal, 2015). Lacan rompe la unión ilusoria que la lingüística moderna estableció entre el significante y el significado. Lacan le va a dar una primacía al significante sobre el significado: la letra S mayúscula, encima de una barra, como la que se utiliza cuando se escribe una fracción, y debajo de la barra la letra s minúscula. "Eso es el alma de la palabra: la barra que separa la materialidad fónica de su significado" (Dessal). Esos dos elementos ya no forman más una unidad; este, se podría decir, es el aporte de Lacan a la lingüística sausseriana: los elementos que componen el signo lingüístico no van juntos, van separados en el uso que hacemos del lenguaje, y además, uno prima sobre el otro.
Como muy bien lo indica Dessal (2015), con el ejemplo sobre la palabra mujer, el significado no va pegado al significante: "Si yo digo la palabra mujer, por ejemplo, parece obvio que eso remite a un sujeto del género femenino. La materialidad varía según las lenguas, pero el significado no cambia. Puedo decir woman, o donna o femme. En todo caso, el objeto al que remite parece ser el mismo. Sin embargo, no es así. La palabra mujer no tiene un significado absoluto y universal. Remite a lo que en psiquiatría denominamos significación personal, es decir, que el significado es variable, y depende del sujeto que pronuncia la palabra, ya sea como emisor o como receptor".
Hay pues, una independencia, una separación del significado respecto del significante; esto es lo que hace al lenguaje mágico y maldito a la vez: la posibilidad de que una palabra pueda significar otra cosa, pueda significar cualquier otra cosa; es lo que nos lo enseña la poesía y la literatura: una palabra puede significar cualquier cosa. Esta es la condición poética del ser humano, es decir, "que fabrica significados cuando habla, sin saber en verdad lo que está diciendo" (Dessal. 2015). El aspecto maldito del lenguaje tiene que ver con el malentendido, el cual está siempre presente cuando hacemos uso del lenguaje. El sentido de lo que se dice no depende del emisor, sino del receptor; como decía Lacan, «Ud. puede saber lo que dijo, pero nunca lo que el otro escuchó». "Es por eso que alguien puede decir soy una mujer dentro de un cuerpo de hombre. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que cuando se nombra a sí mismo, los términos mujer y hombre designan para él significados personales, que no pueden comprenderse a la luz del sentido común" (Dessal).
¿Cómo funciona entonces el lenguaje? La respuesta que da el psicoanálisis es que nadie sabe lo que está diciendo cuando habla, nadie sabe lo que dice. El psicoanálisis se dedica a explotar esa propiedad humana, el sinsentido que habita en todo lo que decimos, y que hace que la comunicación humana "no sea un intercambio recíproco de mensajes comprensibles, sino un malentendido crónico disfrazado de un entendimiento aparente" (Dessal, 2015). Por eso se puede decir que la realidad no existe en un sentido universal del concepto, sino que lo que existe es una ficción en la que cada uno vive, ficción fabricada por el significado personal que le damos a las palabras. "La cosa se complica mucho cuando es preciso añadir que en verdad nadie sabe cuál es ese significado. Creemos saber lo que estamos diciendo, pero no tenemos ni idea" (Dessal). Es lo que nos enseña la asociación libre, el método creado por Freud y que funda la técnica psicoanalítica: que el sujeto termina enredándose los pies, "diciendo cosas que no quería decir, que no pensaba decir, que no sospechaba que podría llegar a decir" (Dessal). El lenguaje funciona, pues, como una máquina regida por leyes que no son de capricho, sino que son leyes combinatorias y formales propias, las leyes del lenguaje a las que queda sometido el sujeto y sobre las que él no tiene ninguna incidencia.
lunes, 28 de marzo de 2022
516. ¿Qué es la libido?
La libido, dice Freud (1916-17) es la fuerza como se manifiesta la pulsión sexual. La pulsión es
el nombre que le da Freud a los impulsos sexuales del ser humano, en la
medida en que dichos impulsos no responden un instinto sexual. Mientras
que la pulsión es el empuje de los impulsos sexuales, el cual es
constante, la libido, como fuerza de la pulsión, se puede medir en
términos de cantidad. Este es el denominado aspecto económico del
aparato psíquico, y la economía, como todo estudio económico, habla de
cantidades. En este caso, ¿cantidad de qué? Freud dirá: de energía
psíquica o sexual.
Este aspecto económico del aparato psíquico se
suma a otros dos aspectos que describe Freud de dicho aparato: el
aspecto tópico, la división del psiquismo humano en tres instancias, que
en su primera tópica se refiere a las instancias consciente,
preconsciente e inconsciente; y el aspecto dinámico, el cual tiene que
ver con el paso de las representaciones o el contenido del sujeto
(ideas, pensamientos, recuerdos, experiencias) de la conciencia al
inconsciente y viceversa.
Freud describe, entonces, a la libido
como una energía psíquica de las pulsiones sexuales, y se pone en juego
en lo que se desea, en las aspiraciones amorosas, lo cual da cuenta de
la presencia de la manifestación de lo sexual en la vida psíquica. Es la
energía de lo que se puede englobar bajo el nombre de amor, el Eros de
Platón (es la energía del Eros). El término latino libido significa
«deseo», «ganas», «aspiración»; es la manifestación en la vida psíquica
de la pulsión sexual; es la energía «de esas pulsiones relacionadas con
todo lo que se puede comprender bajo el nombre de amor» (Chemama, 1996).
La
libido es, pues, un concepto cuantitativo (aspecto «económico» del
aparato psíquico, como ya se indicó), en la medida en que es una energía
que puede aumentar o decrecer, y ser desplazada. La libido (el amor, el
afecto) más la pulsión (empuje, impulso sexual) es lo que Lacan
denomina «goce». La libido, entonces, en última instancia no es más que
el «interés» que le pone cada sujeto a sus objetos. Cuando un sujeto le
presta interés a un objeto, lo ha libidinizado o catectizado, es decir,
lo ha cargado de libido. Si un sujeto se interesa en un objeto (una
persona o un objeto material, como un automóvil o un celular), lo está
cargando de interés, de libido. Igualmente, un sujeto puede
descatectizar, es decir, dejar de interesarse en un objeto o interesarse
muy poco, por lo tanto su libido es nula o poca. Por lo tanto, cuando
el psicoanálisis habla de afectos, sentimientos o emociones, está
refiriéndose a la carga libidinal que los objetos y/o las
representaciones llevan con ellos.
El término libido se ha
popularizado bastante en los discursos psicológicos, en particular en la
sexología; por eso es que los pacientes hablan de que tienen la libido
baja, refiriéndose a la falta de interés sexual en sus objetos; su
pareja, por ejemplo. Igualmente, cada una de nuestras representaciones
(ideas, pensamientos, recuerdos, experiencias) están cargadas de libido,
es decir, tienen una significación afectiva relevante para el sujeto.
Con la represión, la excitación producida por las pulsiones (la libido)
queda libre en el inconsciente; Freud llama proceso psíquico primario
a los procesos que ocurren en el inconsciente en los que la excitación
producida por la tensión pulsional circula libremente, pudiéndose
transferir, desplazar o condensar en otras representaciones ese afecto
asociado a las representaciones reprimidas. Así es como se forma, por
ejemplo, el síntoma en el sujeto. La tarea de ligar la excitación
pulsional Freud la llamó proceso psíquico secundario. En el proceso
primario la energía psíquica, los afectos, la libido, fluye libremente,
pasando sin trabas de una representación a otra; en el proceso
secundario, la energía es «ligada» a una representación.
martes, 22 de febrero de 2022
515. El concepto de trauma psíquico en el psicoanálisis
Lo que no entienden dichos profesionales y un sin número de personas, aún en pleno siglo XXI, es que lo psíquico es algo muy distinto a lo orgánico, y que el sufrimiento de las personas es absolutamente subjetivo. Al respecto, lo que enseña el psicoanálisis es que somos seres descosidos, que carecemos de orden y padecemos de toda una serie de trabas que son las que nos hacen, precisamente, seres humanos. Si en algo insiste el psicoanálisis, es que, al sujeto del inconsciente, ese que sufre por algún trauma psíquico, lo vamos a encontrar en “el fallo, el defecto, la falta” (Miller como se citó en Laurent, 2008, párr. 3).
Como bien señalan Uribe et al (2017), en un artículo publicado en la revista Poiésis, lo primero que hace Freud al formalizar el sufrimiento humano, es distinguir el trauma psíquico del trauma físico: "el concepto de trauma psíquico tiene su origen en la Obra de Freud a partir de una analogía que este autor establece con el viejo y conocido concepto médico de trauma físico, es decir, el accidente en el que se produce un golpe que causa un daño o lesión en un órgano de la anatomía, produciendo el signo observable (concepto médico), el traumatismo que se observa en el cuerpo físico" (p. 198).
En efecto, Freud equipara los traumas psíquicos a los traumas físicos, al fin y al cabo, él fue un médico interesado en estudiar las enfermedades nerviosas –es decir, la causalidad psíquica de dichas enfermedades–, solo que "en los primeros no se evidencia una marca o signo observable en el cuerpo, pues no se trata de un golpe que deja marcas, se trata de vivencias, experiencias de la vida cotidiana, situaciones en las que se produce un “herida narcisista”, una herida en el alma o psique, que por ende no es observable y solo se la puede escuchar" (Uribe et al, 2017, p. 198).
Así pues, todo trauma psíquico se relaciona con sucesos que fijan una huella emocional en el sujeto, pudiéndole dejar como consecuencia, un trastorno psíquico que se puede manifestar en síntomas, inhibiciones o angustia (ataques de pánico). Aunque la palabra «trauma», como ya se mencionó, es tomada del discurso de la medicina, aludiendo a lesiones en el cuerpo que involucran un órgano o un tejido, provocadas por un agente exterior, un trauma psíquico produce un daño ¡en el alma!, ¡en el corazón!, y por eso es absolutamente subjetivo.
Ahora bien, lo que sucede con el trauma psíquico es que lo que puede ser traumático para un sujeto, no lo es para otro; esto no sucede con los traumas físicos, los cuales siempre producen una lesión en el organismo. Se ha insistido en que el trauma psíquico es subjetivo y particular; sólo se puede saber si un evento ha sido traumático para un sujeto por los efectos que le produce.
En suma, todos los seres humanos hemos pasado por experiencias traumáticas desde el comienzo de nuestras vidas, puesto que hay un sin número de circunstancias que pueden provocarnos algún tipo de conmoción emocional. Por ejemplo, un abuso sexual en la niñez no deja de ser traumático para cualquier sujeto, pero la gravedad de dicho acontecimiento dependerá de cómo lo subjetive cada persona. Por eso es tan polémica una frase pronunciada por un sacerdote de los Estados Unidos: «La pedofilia no mata a nadie, el aborto sí» (Página 12, 14 de febrero de 2020, párr. 4); evidentemente es desconocer el trauma psíquico que puede dejar en un niño el abuso sexual, es un total despropósito. Seguramente muchos de los que escucharon semejante desatino, habrán pensado: “mejor muerto que abusado”.
(Este artículo fue publicado originalmente en el Blog Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó).
jueves, 20 de enero de 2022
514. «El analista debe ser dócil a lo trans»
¿Qué hacer con lo trans? Miller (2021) en su texto Dócil a lo trans advierte que el analista debe ser dócil a lo trans así como Freud lo fue con el discurso histérico (Bassols, 2021), para aprender lo que dichos sujetos tienen para enseñarnos sobre la sexualidad humana. ¿Qué nos enseñan? Algo que el psicoanálisis ya había advertido: no hay saber sobre los sexos. Con relación a la identidad sexual, todos estamos extraviados; la posición sexual es una conquista del sujeto. El sexo biológico no es el que determina la identidad sexual, como todavía lo siguen pensando muchos discursos, como el discurso médico y el religioso, los cuales ya son anacrónicos con respecto a lo que sucede hoy con la diversidad sexual. Por eso, mejor preguntar, ¿por qué tanta diversidad en esta contemporaneidad? La respuesta del psicoanálisis a esta pregunta tiene que ver con lo que Miller planteó como la época donde el Otro no existe y de la caída del Nombre del Padre, es decir, ya no operan más esos ideales (significantes amo) que gobernaban y guiaban las identificaciones del sujeto para responder la pregunta quién soy yo.
Anteriormente, hasta comienzos del siglo XX, para responder esa pregunta los sujetos se fijaban, por ejemplo, en la figura paterna, figura ideal y de autoridad, un referente firme que le permitía al niño saber cómo ser un hombre. La autoridad de la imago paterna era un referente universal; el padre era un ideal social, modelo edípico, garantía última del orden social, y por lo tanto, la norma de la identidad social (lo mismo vale para la mujer con la imago materna, esa madre que tenía como ideal llegar a ser madre y ocuparse de los cuidados de su hogar, por ejemplo). Pero ha habido una declinación del padre, un desfallecimiento de la figura paterna, declinación de la figura paterna que se inició con la llegada del discurso de la ciencia, discurso que puso en cuestión el poder, no solo del padre, sino de todos los referentes ideales de la sociedad patriarcal. “Lacan ya se dio cuenta en los años cuarenta del declive imparable de esta imago y del propio patriarcado, pero no para pensar que lo que venía después sería necesariamente mejor. Más bien: del padre a lo peor” (Bassols, 2021). Esto no significa que haya que volver a lo anterior, no; esa mítica autoridad paterna ya no se puede recuperar; la imago paterna ha declinado para siempre, para bien o para mal, lo cual ha modificado las relaciones laborales, sociales, familiares, de género y hasta el psiquismo de los hombres contemporáneos. Es un hecho, ya estamos en otro momento que hay que comprender.
La diversidad sexual es uno de los efectos del desfallecimiento del padre; el sujeto queda extraviado frente a la pregunta ¿quién soy?, pregunta que no responde el cuerpo biológico. Es decir que lo trans y el discurso de género “viene a llenar el vacío que abre la pregunta ¿qué es lo que quieres?” (Bassols, 2021). El surgimiento de la diversidad sexual devela una verdad: nunca ha habido garantía para el sujeto para saber cuál es su identidad sexual, su posición sexual: ¿soy hombre o soy mujer? En efecto, anteriormente se sabía claramente que era ser un hombre y una mujer; con el desfallecimiento de los ideales que soportaban esa respuesta, ya nadie sabe quién es, qué quiere. De cierta manera ahora todos somos trans, un poco como se conduce la moda hoy; ya no hay una moda estándar, única, como sucedía anteriormente, sino una gran diversidad a nivel de la moda. Anteriormente, en los años 20´ y 30´, los hombres vestían de saco, pantalón y sombrero, y las mujeres usaban elegantes vestidos; ahora ya no hay modas fijas, duraderas, y son muy variadas.
Volviendo a los trans; ellos nos enseñan que “hay que volver a interrogar lo que creemos entender sobre la sexualidad, sobre las identificaciones, sobre la diferencia entre los sexos, para actualizarlo y transmitirlo de una manera lo más clara posible” (Bassols, 2021). Cuando un niño o una niña de cinco años dice «yo soy una niña o soy un niño», ¿qué hacer ahí? Hay un proyecto de ley en Francia que propone que “sujetos entre los doce y los dieciséis años pueden pedir un tratamiento hormonal (o quirúrgico) sin consentimiento de los padres, sólo por intermedio de un representante legal que toma el enunciado yo soy un hombre o yo soy una mujer como una verdad sobre la que no hace falta preguntar nada” (Bassols). ¿Y si el sujeto se arrepiente después de sus tratamientos? “Cambiar al Padre por la testosterona no es necesariamente más benéfico. El paraíso soñado por el discurso trans puede ser un infierno para algunos sujetos.” (Bassols).
Lo que propone el psicoanálisis es preguntar, hacer un profundo análisis de lo que quiere decir para cada sujeto singular afirmar que es un hombre o una mujer. La ley que se propone deja por fuera al sujeto del inconsciente, al sujeto de la palabra y del goce. “La cuestión es fundamental si consideramos, ya desde Freud, que la pubertad supone un reinicio de la vida sexual del sujeto, que el encuentro con lo real del goce del cuerpo implica poner patas para arriba todo el andamiaje de las identificaciones en las que se sostiene su relación con el goce. Y es un tiempo para comprender que, hay que decirlo, hoy se extiende en muchos casos varias décadas en la vida del sujeto. Conocemos ya muchos casos de desencanto, incluso de experiencias trágicas, en sujetos que no han encontrado lo que esperaban y que no han sido escuchados antes en su singularidad. ¿Cómo hacer con esto una ley para todos?” (Bassols).
El psicoanálisis propone que cuantas menos leyes, mejor. “Es algo que Spinoza tenía claro: quien pretende regularlo todo por medio de leyes, produce estragos. Cuanto más se quiere legislar sobre las costumbres, sobre las formas de goce, más efectos negativos se producen en lo social. Precisamente por lo delicado que es la relación del sujeto con el sexo —complicado porque es singular, porque el deseo del sujeto está siempre fuera de la norma—, querer hacer una norma jurídica sobre las identidades sexuales, ya de entrada es una cuestión que hay que interrogar. Cuanto menos legislemos, mejor (…) Cuando se trata del goce, no hay modo de encontrar una norma jurídica que funcione como una ley del Otro que valga para todos. Hay que ir necesariamente uno por uno. Por lo tanto, es necesario ver caso por caso qué quiere decir un deseo trans. La impostura es querer regular normativamente una relación del sujeto con su cuerpo y con el goce sin escucharlo en su singularidad” (Bassols, 2021).
Por lo anterior es que, cuando un adolescente consulta por su identidad sexual o por un deseo trans, es fundamental poner por delante de la ley, a la palabra. Hay que preguntar por el momento en que apareció ese deseo y en qué coyuntura se produjo. “Hay que distinguir si se trata de una posición que es resultado de una forclusión de cualquier vínculo simbólico con el sexo, o si se trata de estrategias de identificación simbólica ante la aparición de un goce extraño” (Bassols, 2021), es decir, llegar a saber si se trata de una neurosis o de una psicosis, y acompañar al sujeto en su singularidad y sus preguntas.
lunes, 27 de diciembre de 2021
513. El sentido del humor es signo de una buena “salud mental”
Aunque desde el psicoanálisis se plantean serias dudas sobre la posibilidad de que el sujeto alcance un estado de ‘salud mental’ completo[1], en la medida en que “cada uno tiene su vena de loco” (Miller, 2013, párr. 3), existe una manera de defenderse de las adversidades que trae la existencia, es decir, de ser menos chiflado, “un intento desesperado de nuestro psiquismo por evitar el displacer” (Ríos Madrid, 2006, párr. 1).
Siempre he pensado que el sentido del humor es un signo de buena ‘salud mental’, sobre todo si el sujeto también se ríe de sí mismo:
"El humor es un recurso para ganar el placer a pesar de los afectos penosos que lo estorban; se introduce en lugar de ese desarrollo de afecto, lo reemplaza. Su condición está dada frente a una situación en que de acuerdo con nuestros hábitos estamos tentados a desprender un afecto penoso, y he ahí que influyen sobre nosotros ciertos motivos para sofocar ese afecto in statu nascendi" (Freud como se citó en Ríos Madrid, 2006, párr. 13).
Así pues, gracias al sentido del humor –del cual dice Freud (como se citó en Ríos Madrid, 2006) es una operación psíquica “elevada” apreciable en los grandes pensadores–, el sujeto se defiende de afectos que le pueden causar algún tipo de displacer. Esta es la razón por la que “tras el placer del humor suelen encontrarse entre otros, sentimientos como desprecio, indignación, enojo, dolor y ternura” (Ríos Madrid, 2006, párr. 18).
El mecanismo que Freud descubre detrás de la comicidad de un sujeto es el desplazamiento de afectos asociados a una representación penosa, de tal manera que dicho afecto se asocia con otra cosa que resulta cómica, y que puede terminar contagiando a algún otro receptor, produciéndose así el efecto humorístico (Ríos Madrid, 2006). Lo interesante de este asunto es que, si el sujeto no recurre al humor para defenderse de un afecto que le causa displacer, lo que resulta de ello es una psiconeurosis, es decir, un penoso síntoma psíquico que resultaría mucho más molesto que hacer un chiste sobre la situación que perturba. Es por esta razón que “el humor puede concebirse como la más elevada de esas operaciones (psíquicas) defensivas” (Ríos Madrid, 2006, párr. 19), en la que aquello que venía a producirle displacer al sujeto, termina produciéndole placer.
Entonces, “el humor puede entenderse como una ‘operación defensiva’; con tal defensa busca el yo sustraerse de aquello que es sentido como peligroso o displacentero, provenga del interior o del exterior” (Ríos Madrid, 2006, párr. 22); es un recurso con el que cuentan los sujetos, con una chispa de inteligencia, para enfrentar las situaciones difíciles de la existencia.
"Con su defensa frente a la posibilidad de sufrir, ocupa un lugar dentro de la gran serie de aquellos métodos que la vida anímica de los seres humanos ha desplegado a fin de sustraerse de la compulsión del padecimiento, una serie que se inicia con la neurosis y culmina en el delirio, y en la que se incluyen la embriaguez, el abandono de sí, el éxtasis" (Freud como se citó en Ríos Madrid, 2006, párr. 40).
Así pues, el sentido del humor es una salida nada desdeñable frente al sufrimiento inherente a la vida humana (Ríos Madrid, 2006).
(Este artículo fue publicado originalmente en el Blog Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó)
586. «¿Has actuado en conformidad con el deseo que te habita?»
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