Es claro que hay cierto tipo de síntomas que no atañen a la medicina, ya que su causalidad no es orgánica, sino psíquica; síntomas analíticos y no síntomas médicos. Se trata de síntomas que se curan por la revelación de su causa, es decir, “que aparecen y se mantienen en el sujeto por el hecho de que su causa está presente en él y le es a la vez desconocida. El psicoanálisis considera que en ese caso el poder patógeno de la causa desaparece desde el momento en que es revelada, es decir enunciada explícitamente. Basta descubrir la causa para que ésta pierda su estatuto, su poder” (Miller, 2023). Así pues, el psicoanálisis supone que hay síntomas cuya causa es un enunciado que perdura en el sujeto sin poder ser formulado por él. Esto es lo que Freud llamó represión; hay una subsistencia subjetiva de enunciados indecibles por el sujeto.
Ese enunciado indecible, causa del síntoma, “es asimilable a un enunciado escrito en el sujeto y que no se podría leer cómo habría que hacerlo” (Miller, 2023). Por tanto, lo que Freud llamó inconsciente es equivalente a un texto escrito indescifrable, significantes sin significados. Así pues, el inconsciente es ante todo algo que se lee, tal y como lo señaló Lacan. Lo primero que leyó Freud fueron sus sueños. “Freud pensó el psicoanálisis a partir de esto: que esos relatos siempre pueden ser leídos de una manera que les restituya una coherencia y una significación” (Miller).
Para leer el síntoma, el sueño, el lapsus, el acto fallido, el olvido, se necesita de la asociación libre, el método propiamente analítico; es decir, el paciente debe ser “capaz de suministrar el texto que hay que leer, interpretar, e incluso hay que leerlo de diferentes maneras” (Miller, 2023). En análisis, el sujeto podrá decir todas sus ocurrencias sin hacerse cargo de lo que dice; podrá hablar de odios, deseos, temores, pensamientos en los que no se reconoce y que rechaza, sin cargar con eso: “No estoy ahí, soy inocente, no soy yo”.
Pero el análisis no es solo producir enunciados de los que el sujeto no se hace cargo; esos enunciados le conciernen; el sujeto puede no reconocerse en sus enunciados, pero sí está ahí a pesar de todo. Éste es el sujeto del inconsciente, ese que termina reconociéndose en lo que dice: sus odios, sus temores, sus deseos. Es en esto que consiste la lectura del inconsciente, y “a partir de la variedad de esas lecturas se recompone, se aísla poco a poco el texto que se dice y que se lee sin saberlo. A partir de la palabra se recompone el escrito inconsciente. A partir de esas lecturas, se recompone el enunciado indecible” (Miller, 2023). Dicho lo indecible, los síntomas desaparecen.
UN BLOG SOBRE PSICOANÁLISIS LACANIANO. Los textos cortos aquí publicados, aparecieron en el semanario La Hoja de Medellín, entre los años 1995 y 1999, en una columna titulada «Sentido Común». A partir del 18 de julio de 2007, he empezado a publicar otros textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Espero les sea de utilidad para pensar al sujeto y como introducción al psicoanálisis. Bienvenidos!!
lunes, 27 de marzo de 2023
528. «El inconsciente es ante todo algo que se lee»
jueves, 23 de febrero de 2023
527. ¿Por qué el chiste es una formación del inconsciente?
El texto de Freud (1905) "El Chiste y su relación con el Inconsciente" examina cómo los chistes y el humor son una manifestación del inconsciente, ya que los chistes permiten que los deseos y pensamientos reprimidos surjan de manera disfrazada, permitiendo al individuo satisfacer sus impulsos inconscientes, fundamentalmente los sexuales y agresivos, de una forma socialmente aceptable.
El Witz (el chiste) se refiere sobre todo a las ocurrencias que decimos intempestivamente y nos hacen reír, o cuando hacemos "charlas" con los amigos. Contando chistes o haciendo charlas podemos hablar de temas indecorosos, pecaminosos, indebidos, es decir, reprimidos, ya sean de carácter sexual o agresivo. Se trata de juegos de palabras que pueden producir un doble sentido. Dice Freud (1905) en su texto: “advertimos de pronto que estamos frente a formas de «doble sentido» o de «juegos de palabras» desde hace mucho tiempo conocidas y apreciadas universalmente como técnica del chiste” (p. 36).
Según el psicoanálisis, nos reímos con los chistes porque nos permiten liberar tensiones y emociones reprimidas de una manera segura y socialmente aceptable. Los chistes a menudo contienen elementos de humor relacionados con temas que de otro modo podrían ser considerados tabú o inapropiados, como el sexo, la muerte, la violencia o la vergüenza. La risa es una forma de liberar la energía psíquica que se ha acumulado en nuestra mente, y que se expresa a través del acto placentero de reír. Así pues, Freud (1905) indica que “tanto para establecer como para conservar una inhibición psíquica (léase represión) se precisa de un «gasto psíquico» (…) esa ganancia de placer (que produce el chiste) corresponde al gasto psíquico ahorrado” (p. 114).
Entonces, el secreto en el efecto placentero del chiste es el ahorro en gasto de sofocación (represión) de los impulsos hostiles y sexuales que habitan la psique humana. Lo que gastamos en represión de esos impulsos, se libera en la risa que produce el juego de palabras, juego que burla la censura psíquica. “La risa nace cuando un monto de energía psíquica antes empleado en la investidura de cierto camino psíquico ha devenido inaplicable, de suerte que puede experimentar una libre descarga” (Freud, 1905, p 140).
Así pues, nos reímos con los chistes porque nos permiten liberar la energía psíquica acumulada; el humor y los chistes son una manifestación de los deseos y conflictos inconscientes del ser humano, y cómo pueden ser utilizados como una forma de liberación y resistencia social. Ahora bien, advierte Freud (1905): “El trabajo del chiste no está a disposición de todos, y en generosa medida sólo de poquísimas personas, de las cuales se dice, singularizándolas, que tienen gracia (Witz). «Gracia» aparece aquí como una particular capacidad, acaso dentro de la línea de las viejas «facultades del alma», y ella parece darse con bastante independencia de las otras: inteligencia, fantasía, memoria, etc. Por lo tanto, en las cabezas graciosas hemos de presuponer particulares disposiciones o condiciones psíquicas que permitan o favorezcan el trabajo del chiste” (p. 134). Al parecer, no todo el mundo posee un sentido del humor.
Concluyendo, el chiste es una forma de expresar deseos reprimidos, es decir, que contando chistes yo puedo hablar de temas sexuales y agresivos burlando la censura psíquica que recae regularmente sobre ellos. Al hacer un chiste, estamos revelando algo que no podríamos expresar de otra manera, y que está relacionado con nuestros impulsos más profundos y reprimidos, ya que dichos impulsos y deseos inconscientes son difíciles de expresar directamente en la vida diaria. A través del humor, podemos expresar estos pensamientos y emociones de manera disfrazada y menos amenazante para nuestra conciencia.
lunes, 23 de enero de 2023
526. La causa de los síntomas en la neurosis obsesiva de «El hombre de las ratas»
Sigmund Freud fue prácticamente el primero en estudiar la neurosis obsesiva y su causa. Hay quienes opinan que la neurosis obsesiva es el gran invento de Freud con relación a los trastornos psicopatológicos, neurosis que aun hoy sigue vigente en los tratados de psiquiatría contemporáneos bajo el nombre de Trastorno obsesivo compulsivo, el famoso TOC, que en la clínica de hoy se ha vuelto un diagnóstico casi que viral, es decir, se diagnostica frecuentemente, ya que su sintomatología responde a la ansiedad y la angustia que padece el sujeto contemporáneo.
La neurosis obsesiva es un trastorno psicológico caracterizado por la presencia de obsesiones (pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes e intrusivos) y/o comportamientos compulsivos (conductas repetitivas y rituales) que el individuo siente una necesidad imperiosa de realizar, es decir que el sujeto se ve obligado a realizar dichos rituales muy a su pesar, para poder responder con ellos a sus pensamientos intrusivos de carácter irracional. Estas obsesiones y comportamientos compulsivos son en gran medida desagradables para el sujeto y causan malestar significativo o interfieren con su capacidad para llevar a cabo sus actividades cotidianas. Los comportamientos compulsivos suelen ser rituales de limpieza, conteo, verificación o arreglo de objetos, entre otros. Es importante mencionar que las obsesiones y comportamientos compulsivos son diferentes de los hábitos y preferencias personales; aquellos son excesivos e incontrolables, además de causar mucho malestar.
En el texto «Análisis de un caso de neurosis obsesiva» (1909), Sigmund Freud describe los síntomas de dicha neurosis en un paciente conocido como "El hombre de las ratas", y lo más interesante de este caso, es la causa de los síntomas que Freud encuentra en este paciente. En efecto, Freud encuentra en este caso lo que encuentra en todos los casos de neurosis: un conflicto entre deseos inconscientes reprimidos y las normas socialmente aceptadas, pero lo singular en este caso es un conflicto entre un deseo reprimido de carácter hostil y sexual, y la conciencia moral del sujeto, de tal manera que sus obsesiones se constituyen en una forma de defensa contra un deseo reprimido: el haber deseado la muerte de su padre luego de una discusión que tuvo con él a raíz de que su familia le había preparado un matrimonio de conveniencia con una joven de buena familia a la que no amaba. Esto le colocaba en la posición de seguir los pasos de su padre, quien se había casado con una mujer rica habiendo dejado a una novia pobre que amaba; tenía que decidir entre dejar a su amada o rebelarse contra la autoridad paterna. La forma de resolver estos sentimientos enfrentados fue enfermar. “Su enfermedad le evitó tener que optar por una u otra opción y a la vez en los síntomas de la neurosis volcó toda la hostilidad reprimida hacia los dos componentes de su dilema vital: su padre y su novia” (Castaño Recio, s.f.).
El nombre de este paciente era Ernst Lanzer, un joven de 29 años que le contó a Freud que desde niño se veía asaltado por ideas obsesivas que le hacían sufrir. Tenía el temor constante de cortarse el cuello con una navaja de afeitar, pero, sobre todo, confesó que el motivo principal de la consulta era el temor a que les ocurriera algo malo a su padre y a una joven mujer de la que está enamorado. Lanzer también le contó a Freud que de pequeño una bella joven lo deja tocar su vientre y sus genitales, lo cual le produjo mucho placer; desde entonces deseaba ver mujeres desnudas, pero al pensar en ello inevitablemente sentía temor, pensando que estaba haciendo algo malo y como consecuencia de ello le iba a ocurrir alguna desgracia a su padre. Estos pensamientos se mantenían en el sujeto en la actualidad, a pesar de que el padre había fallecido hacía ya varios años. Freud analiza el proceso patológico de este sujeto diciendo que hay un deseo sexual (ver a una mujer desnuda), una consecuencia penosa (su padre puede morir) y una serie de acciones encaminadas a evitar la desgracia (Castaño Recio, s.f.).
Freud invitó a su paciente a buscar en su memoria recuerdos sobre una posible hostilidad hacia su padre, y él recordó un episodio, cuando a la edad de doce años, estaba enamorado de una jovencita, pero no era correspondido. Eso le hizo pensar que, si su padre moría, quizás la joven se fijaría en él. Había deseado la muerte de su padre, para conseguir un fin erótico, lo que lo hizo sentirse muy culpable.
El hombre de las ratas, entonces, reprime ese sentimiento que es considerados inaceptable por el yo y que responde a la muy frecuente ambivalencia de sentimientos (amor y odio) que experimentan los hijos en sus relaciones afectivas con sus padres. Es decir, es más que frecuente y normal que los hijos deseen la muerte de sus seres queridos (madre, padre, hermanos, etc.) a raíz de un disgusto que hayan podido tener con ellos, y como se trata de un deseo indecoroso, pecaminoso, pues se lo reprime, para defenderse de la angustia que dicho deseo le provoca aparecen los pensamientos obsesivos acompañados de los rituales compulsivos.
Así pues, este conflicto psíquico entre un deseo indebido y la moral del sujeto provoca una ansiedad interna que luego se manifiesta como síntomas obsesivos. Esta explicación que da Freud y que es válida para todos los casos de neurosis, fue muy influyente para el tratamiento posterior de esta condición psicológica conocida como neurosis obsesiva.
miércoles, 14 de diciembre de 2022
525. La escucha analítica y la interpretación
Así pues, en la civilización universal de hoy la escucha como tal es muy valorizada, incluso por la mayoría de las prácticas psicológicas. Esto es algo conocido desde siempre, por la práctica de la confesión en el discurso religioso; pero, ojo, “el dispositivo de la confesión es totalmente diferente al dispositivo freudiano” (Miller, 2021). La confesión es un sacramento que busca perdonar los pecados del quien se confiesa; Dios es quien juzga y ante sus ojos el sujeto es culpable. En el dispositivo freudiano no hay un gran juez; no hay pecado, no hay castigo ni perdón. Escuchar a alguien es aceptarlo, y solo por esto, ya está perdonado, sin importar lo que haya hecho, lo cual produce un alivio en el sujeto. Esto se observa claramente en los homosexuales que no han confesado a su familia y amigos que lo son, porque se sienten culpables de serlo. Cuando lo confiesan en el dispositivo analítico, se quitan un peso de encima; igual sucede cuando se lo hacen saber a la familia y amigos.
La entrada en análisis es, pues, una liberación. Lo mismo sucede con los trans cuando dicen que es natural querer cambiar de sexo. Estas son las cosas que hay que escuchar en el dispositivo, ya que el dispositivo dice otra cosa, va más adelante que los psicoanalistas. “Hay que intentar atrapar los efectos del psicoanálisis que van más rápido que los psicoanalistas” (Miller, 2021). Esto tiene como efecto la despatologización de las enfermedades mentales, de tal manera que las enfermedades mentales dejan de ser enfermedades y pasan a ser formas de ser. Esta es una de las consecuencias del dispositivo de escucha del psicoanálisis en la cultura.
La escucha analítica va acompañada de la interpretación. Dice Miller (2021) en su conversación con los rusos que ella es en el fondo esto: "Te digo que dijiste otra cosa que lo que querías decir". Es algo que enseña el psicoanálisis desde sus comienzos: el sujeto no sabe lo que dice; el sujeto siempre dice más de lo que quiere; el sujeto no controla su pensamiento, lo cual le cuesta reconocer: que él no es el amo de su propia casa, que hay Otro dentro de él que lo gobierna. Es lo que se encuentra cada vez que hay un lapsus; el sujeto quiere decir una cosa y dice otra; por ejemplo, dice “mi madre” en lugar de decir “mi mujer”. “El Otro dice otra cosa de lo que yo quería decir; el Otro es más fuerte que yo. ¿Cómo puede ser esto así? En el interior de cada uno hay un Otro (por eso Lacan lo escribe así, con mayúscula) más poderoso que actúa. Y no es un tumor que se quita con una cirugía” (Miller). Ese Otro es la otra escena de la que hablaba Freud, el sujeto del inconsciente decía Lacan. Ahora bien, ese Otro no actúa de la misma manera en la cabeza de un neurótico que en la cabeza de un psicótico. En la psicosis ese Otro se puede presentar como una voz que le habla al sujeto en su cabeza.
Con la homofonía de las palabras también sucede que Ud. puede decir una cosa que puede ser escuchada de otra manera; igual sucede cuando hay repetición de significantes en el discurso del sujeto; esto es lo que escucha e interpreta el psicoanalista, esos «juegos de palabras». Así pues, “se le otorga un privilegio a la escucha sobre la interpretación. Es la escucha sin interpretación” (Miller, 2021). Esto es problemático, porque hoy en día se cree que lo que dice el sujeto, esa es la verdad, que es así. Por ejemplo, cuando un niño trasn de cuatro años dice “no es mi cuerpo, necesito otro”, esto trae una enorme presión que se ejerce sobre la familia para satisfacerlo, y se corre a cambiarle el nombre, se le somete a tratamientos hormonales y se planea su cirugía para el cambio de sexo. Pero es un niño de cuatro años y puede cambiar de opinión. Sus palabras pueden ser la manera de interpretar un malestar que tiene y la verdad de este malestar quizá es diferente (Miller). El psicoanálisis ha hecho de la escucha un dispositivo universalmente apreciado, pero tomar la palabra del otro como verdadera es una manera de rechazar la interpretación de la palabra del Otro. El niño trans dice eso, pero se le puede interpretar de otra manera.
martes, 29 de noviembre de 2022
524. La Ley Trans: Género, identidad sexual y sexuación
En España el tema también está candente (en Francia y EE. UU. igual). Hay una Ley Trans presentada por el partido político Unidas Podemos que propone que los menores, entre los 14 y los 16 años, podrán presentar la solicitud de cambio de sexo por sí mismos -aunque asistidos por sus representantes legales- y los que tienen entre 12 y 14 años necesitarán autorización judicial. Aquí ya se trata del cambio de sexo real, lo cual también define su identidad. Una de las enmiendas al proyecto plantea que los menores de 12 años también puedan cambiar de sexo. "La autodeterminación de género se concedería a aquellos que lleven dos años con el nombre cambiado (...) La autodeterminación de género de la Ley Trans quiere permitir a los menores elegir, decidir y actuar libremente respecto a su sexo-género, sin la interferencia de sus padres o progenitores." (Arribas, 2022).
Para el psicoanálisis la cuestión se juega en cuanto al goce: cómo cada sujeto se ubica en cuanto al goce, lo que se denomina la sexuación; esto es algo que según Lacan "no es en sí mismo cultural, aunque esté afectado por lo cultural. Decir que la sexuación no es cultural es decir que no se puede colectivizar" (Arribas, 2022). La sexuación tiene que ver con cómo el cuerpo se sexualiza, lo cual no tiene que ver con la biología ni con la distinción sexual que se hace al observarlo, de que se tiene o no se tiene un pene. La sexuación tampoco tiene que ver con la identificación, es decir, con los ideales de masculinidad y feminidad que el Otro, la cultura, le provee al sujeto, lo que tiene que ver con el discurso de género, ese que alude al conjunto de características diferenciadas que cada sociedad asigna a hombres y mujeres (los roles sociales asignados a los hombres y las mujeres). Lacan va a pensar la sexuación del cuerpo a partir de una elección que hace el sujeto en relación con el goce (Brodsky, 2004), es decir, él se ubica del lado masculino o del lado femenino con relación al goce, goce que en el psicoanálisis es, aparentemente, binario: goce fálico -masculino- y goce del Otro -femenino-. Digo aparentemente porque la mujer comparte con el hombre el goce fálico. Para el hombre, no existe más goce que el goce fálico, es decir, un goce limitado, sometido a la castración, goce fálico que constituye la identidad sexual del hombre. El goce femenino es un goce distinto, un goce Otro que no tiene límites, indecible para las mujeres.
Resumiendo, hay el cambio de sexo y hay la identidad sexual, y tenemos tres aspectos en juego: la posición sexual, que el sujeto se sienta ser un hombre o una mujer independientemente de su sexo biológico; esto es algo íntimo, subjetivo, que depende del paso del sujeto por su complejo de Edipo y de la sexuación, la posición que asume el sujeto con relación al goce y que responde a dicha historia infantil. Y el discurso de género, que determina el rol que como hombre o mujer debe cumplir un sujeto en la sociedad; el género es una ordenación y distribución cultural o social de posiciones. Ahora bien, con respecto a la identidad sexual, para el psicoanálisis el sujeto no nace siendo hombre o mujer; se llega a ser un hombre o una mujer. No se nace siendo heterosexual, ni homosexual ni transgénero, se llega a serlo; ser hombre o mujer es una conquista subjetiva del sujeto que se alcanza en la primera infancia (antes de los seis años), elección que es producto de los vínculos afectivos que el niño experimenta en su relación con los primeros objetos de amor y de deseo, es decir, las personas que participaron en su crianza, y que el psicoanálisis denomina Complejo de Edipo. “El reconocimiento de que la infancia está atravesada por la sexualidad se lo debemos a Freud” (Arribas, 2022), y es en la primera infancia donde el sujeto conquista una posición sexual que involucra tanto su goce, su identidad y lo cultural.
Entonces, si un niño dice que quiere cambiar de sexo, ya sea su identidad o su sexo biológico, hay, por supuesto, que escucharlo, pero “el psicoanálisis no propone simplemente escuchar al niño y tomar sus dichos como verdaderos, al pie de la letra (…) la escucha no puede ir sin interpretación. La interpretación no consiste en creer al niño o verificar lo que dice, sino en leer lo que escapa a la intención de la significación, esto es, apuntar a su saber inconsciente” (Arribas). Es decir que cuando el sujeto habla, él siempre quiere decir alguna otra cosa; es lo que nos enseña el psicoanálisis: que los dichos del sujeto no son su verdad; que detrás de los dichos hay una verdad velada, oculta, que hay que interpretar, es decir, descifrar. Mientras que la Ley Trans toma la palabra del niño como su verdad, apuntando a respetar sus derechos humanos, el psicoanálisis, en cambio, propone cuestionar, interrogar la palabra del niño para descifrar lo que hay detrás de su demanda. Esto le permitiría tomar una mejor decisión.
lunes, 31 de octubre de 2022
523. Condensación y desplazamiento, metáfora y metonimia
Con la represión, la excitación producida por las pulsiones (la libido) queda libre en el inconsciente; Freud llama proceso psíquico primario a los procesos que ocurren en el inconsciente en los que la excitación producida por la tensión pulsional circula libremente, pudiéndose transferir, desplazar o condensar en otras representaciones ese afecto asociado a las representaciones reprimidas. Así es como se forma, por ejemplo, el síntoma en el sujeto. La tarea de ligar la excitación pulsional Freud la llamó proceso psíquico secundario. En el proceso primario la energía psíquica, los afectos, la libido, fluye libremente, pasando sin trabas de una representación a otra; en el proceso secundario, la energía es «ligada» a una representación.
La energía de las pulsiones son, entonces, investiduras de afecto (libido), las cuales piden ser descargadas, aliviadas, porque mientras no se descarguen, producen tensión. Las demandas pulsionales producen, en el psiquismo, tensión, displacer, y el alivio de las se experimenta con placer. El placer se experimenta siempre cuando hay alivio de una tensión psíquica (principio del placer). Ahora bien, esas investiduras de afecto, en la búsqueda del alivio de la tensión que crean, producen desplazamientos y condensaciones. Estos son los dos principios descubiertos por Freud y que le atribuye al inconsciente; esto significa que el inconsciente, el Ello, no es caótico; él responde a dos leyes, dos reglas, dos principios en su funcionamiento: la condensación y el desplazamiento; condensación y desplazamiento de las investiduras de afecto que quedan libres de las representaciones a las que van unidas, después de que han sido reprimidas.
Lacan se da cuenta, gracias al desarrollo de la lingüística moderna -con la que no contaba Freud cuando describía el funcionamiento del aparato psíquico- que esos dos principios que operan en el inconsciente responden a los tropos que operan en el lenguaje, es decir, que el uso de las palabra en el lenguaje, lo que llamamos tropos, específicamente la metáfora y la metonimia, son equivalentes a la condensación y el desplazamiento, los dos principios con los que funciona el inconsciente freudiano. Esto es lo que lleva a Lacan a establecer que «el inconsciente está estructurado como un lenguaje», es decir, el lenguaje, lo simbólico, funcionan exactamente igual que el inconsciente.
En lingüística, un tropo es la sustitución de una expresión por otra cuyo sentido es figurado; es lo que sucede con la metáfora y la metonimia. La metáfora no es otra cosa que la sustitución de un significante por otro (p. ej. «las perlas de tu boca»), y la metonimia es la conexión de un significante a otro; es la sustitución de una representación por otra, con la que se mantiene una relación de contigüidad (p. ej. «en su vida cargó muchas cruces», refiriéndose al sufrimiento, o «es uro corazón», refiriéndose a lo bondadoso que es). Pues bien, esta sustitución de un significante por otro, de una representación por otra, se aplica ¡a todas las formaciones del inconsciente! El síntoma psíquico es eso: la sustitución de una representación por otra que ha sido reprimida. Lo mismo sucede con el olvido, los sueños, los actos fallidos (lapsus) y los chistes (juegos de palabras). Cuando Freud habló de condensación y desplazamiento, Lacan habló de metáfora y metonimia, por eso el inconsciente deja de ser una caldera llena de excitaciones borboteantes y pasa a estar estructurado como el lenguaje.
viernes, 30 de septiembre de 2022
522. ¿Cómo se interpreta un sueño?
El sueño, lo dice Freud (1915-16) claramente, "es un sustituto de algo cuyo saber está presente en el soñante. pero le es inaccesible" (p. 103). El sueño, al igual que las otras formaciones del inconsciente -olvido, actos fallidos, chistes y síntomas-, es un sustituto de otra cosa, desconocida para el soñante, es decir, inconsciente. "El sueño como un todo es el sustituto desfigurado de algo diverso, de algo inconsciente, y la tarea de la interpretación del sueño consiste en hallar eso inconsciente" (p. 103).
Freud (1915-16) va a plantear tres reglas para el trabajo de interpretación del sueño. Antes de mencionarlas, recuérdese que lo que le interesa al psicoanálisis del sueño es su contenido, es decir, lo que el sujeto recuerda que soñó. Hay una fisiología del sueño, la cual tiene que ver con el ciclo del sueño por el que pasa el sujeto cuando duerme: hay un ciclo de sueño profundo, denominado MOR (movimiento ocular rápido) y un ciclo de sueño leve, denominado no-MOR. Ese ciclo se repite durante el tiempo en el que duerme el sujeto, y el sueño se presenta en el ciclo MOR. Esto significa que todo sujeto sueña varias veces en la noche (suponiendo que es el momento en el que se duerme), Las personas que no recuerdan sus sueños, es porque en el momento de despertar, reprimen su contenido y lo olvidan.
Entonces, las tres reglas para la interpretación del sueño, haciendo uso de la técnica psicoanalítica de la asociación libre, es la siguiente. Primero, "no hay que hacer caso de lo que el sueño parece querer decir, sea comprensible o absurdo, claro o confuso, pues nunca será eso lo inconsciente que buscamos" (Freud, 1915-16, p. 104). Recuérdese que los elementos oníricos que se recuerdan del sueño no son sino sustitutos del contenido inconsciente reprimido.
Segunda regla: hay que tomar cada elemento onírico que aparece en el sueño y empezar a asociar libremente sobre él, es decir, evocar todas las ocurrencias asociadas a aquel, sin examinar si es pertinente o no lo que se está pensando de cada elemento, y sin hacer caso de cuán lejos pueden llevar las asociaciones. Tercera regla: tener paciencia y esperar a que "lo inconsciente oculto, buscado, se instale por sí solo" (Freud, 1915-16, p. 104). Y en efecto, esto es lo que sucederá cuando se asocia libremente (se expresan todas las ocurrencias) sobre cada elemento que aparece en el sueño.
Recuérdese que el sueño es un sustituto desfigurado de algo genuino, que es lo que se va a encontrar en la interpretación del sueño. Freud insinúa que es posible interpretar un sueño propio, tanto como un sueño ajeno, siempre y cuando se comuniquen todas las ocurrencias sobre el sueño, y sin hacer caso a pensamientos como que una ocurrencia no viene al caso, o es disparatada, o no es importante, o es inmoral o desagradable; ¡hay que comunicarlo todo! Y, advierte Freud (1915-16), lo que se quiere sofocar, censurar o reprimir, es lo más importante, lo decisivo para descubrir lo inconsciente. Detrás del elemento sustitutivo del sueño "tiene que haber algo significativo" (p. 106).
Se denomina contenido manifiesto a lo que se recuerda del sueño, y "pensamientos latentes del sueño a aquello oculto a lo cual debemos llegar persiguiendo ocurrencias" (Freud, 1915-16, p. 109). Casi siempre, el contenido manifiesto del sueño se relaciona con experiencias del día anterior al sueño (restos diurnos): algo que se vivió, se vio o se escuchó. Así pues, un elemento manifiesto puede subrogar a varios latentes, o uno latente puede estar sustituido por varios manifiestos (Freud, 1915-16). Lo que va a revelar la interpretación del sueño es el descubrimiento más importante que hace Freud sobre ellos: todo sueño es la realización de deseos inconscientes reprimidos; los sueños cumplen deseos reprimidos, deseos que no son evidentes en los sueños desfigurados. "Los deseos de estos sueños desfigurados son deseos prohibidos, rechazados por la censura" (p. 196), es decir que son deseos reprimidos. "Estamos obligados a poner de manifiesto el cumplimiento de deseo en cualquier sueño desfigurado" (p. 201). Se denomina trabajo del sueño a dicha desfiguración.
586. «¿Has actuado en conformidad con el deseo que te habita?»
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