Ir al contenido principal

417. El eterno retorno de lo igual.

La repetición es uno de los cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis introducidos por Freud. Freud la encontró primero en los fenómenos de trasferencia de los neuróticos, pero él la extendió a la vida de personas no neuróticas, cuando estas tienen la impresión de ser víctimas de “un destino que las persiguiera, de un sesgo demoníaco en su vivenciar” (Freud, 1920). Freud concluye que esa compulsión que se exterioriza en la vida de todos los sujetos, no es diferente de la compulsión de repetición de los neuróticos, a pesar de que ellos nunca presenten los signos de un conflicto neurótico tramitado mediante la formación de síntoma. El síntoma mismo es una manifestación de dicha compulsión a la repetición. Este «eterno retorno de lo igual»  fue lo que llevó a Freud a pensar la condición del analizante, su enfermedad, no como un episodio histórico, sino como un poder actual.

La repetición es lo que hace que la condición patológica del neurótico vaya entrando pieza por pieza dentro del horizonte y del campo de acción de la cura, y mientras el enfermo lo vivencia como algo real-objetivo y actual, es que el análisis se puede realizar como tal. Así como Freud se preguntó «¿Qué repite o actúa el sujeto, en verdad?», Lacan se preguntó sobre el status conceptual que se le debe dar a este término, sobretodo en la vía de responder un problema fundamental para él: “¿el psicoanálisis en  sus aspectos paradójicos, singulares, de aporía, puede considerarse, entre nosotros, como constituyentes de una ciencia?” (Lacan, 1977).

Fue a propósito de la experiencia de la transferencia que Freud se aproximó a la repetición; él le abrió a la repetición el camino de la trasferencia para que allí se desplegara con libertad, escenificando para el analista todo el empuje pulsional que permanece escondido en la vida anímica del analizante. De esta forma, el tratamiento analítico sustituye la neurosis del sujeto por una «neurosis de trasferencia», enfermedad artificial que hace asequible al analista lo real en juego en la cura del sujeto. De las reacciones de repetición, que se muestran en la trasferencia, se abre el camino al despertar de los recuerdos, vía regia para que el analizante encuentre la respuesta a la pregunta que lo divide.

Como la repetición fue descubierta en el curso de la experiencia de la transferencia, esto condujo a una serie de malentendidos respecto de la una como de la otra. Por eso Lacan vendrá a decirnos que la transferencia no es una repetición. A partir de esto, su esfuerzo se encaminará a discernir, de la manera más lógica posible, ambos conceptos, de tal manera que la tesis que Lacan tratará de demostrar en su Seminario XII será que «el concepto de repetición nada tiene que ver con el de transferencia».

Comentarios

Entradas populares de este blog

340. El goce es lo opuesto al placer.

En el psicoanálisis, goce y placer son fundamentalmente opuestos. El placer tiene que ver con lo que hace desaparecer la tensión, de tal manera que el placer es lo que le pone un límite al goce. El goce, en cambio, "es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada" (Lacan citado por Rodríguez, 2006).

Lo que Freud llamó “principio del placer”, no es otra cosa que reducción de una tensión; se experimenta tensión antes de presentar un examen, y se siente un descanso -placer-, cuando se sale de ese compromiso. El paradigma del placer es el orgasmo: es la máxima experiencia de placer en el momento en que hay alivio de la tensión sexual -la cual está del lado del goce-. El goce, el cual se experimenta en el cuerpo -se necesita de un cuerpo…

10. Los hijos de padres alcahuetas.

El padre alcahuete es aquel que encubre a su hijo en algo que se quiere ocultar. Si esta es la posición subjetiva de un padre, esto tiene consecuencias en el hijo. Algunas son: Éste no asume ninguna responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos; justifica sus faltas y le echa la culpa a otros; esta dispuesto a reclamar todos sus Derechos sin pensar en sus Deberes: Cree tener derecho a todo, por sobre todo y todos. Son hijos egoístas; este individualismo los conduce a un hedonismo desmedido. Suelen ser sujetos caprichosos; se aburren y se deprimen fácilmente, sobre todo cada vez que encuentran obstáculos en su vida; no disfrutan de actividades comunes y corrientes; no encuentran satisfacción en las pequeñas cosas de la vida; son volubles, intransigentes, intolerantes, malgeniados, agresivos y anárquicos. No saben que quieren en la vida; viven el presente sin pensar en el futuro. Son dependientes del padre que los alcahuetea, a la vez que la relación con éste es demandante, tensa…

461. ¿Existe el TDAH? «A hijo hiperactivo, padre sin autoridad»

Leon Eisenberg, el inventor del término “hiperactividad”, dijo poco antes de morir, a sus 87 años, que el TDAH es una enfermedad ficticia, que él la inventó para responder a un síntoma que se viralizaba a mediados del siglo XX. Se trata de niños que encuentran dificultades para aprender, porque son inquietos, no prestan atención, no obedecen, son distraídos, “elevados” e “himperativos”, como dicen algunas de sus madres al describir el trastorno, es decir, niños que hacen demandas que habría que atender con inmediatez, antes de que hagan un berrinche. Es un síntoma que se presenta fundamentalmente en el contexto educativo, que responde a las demandas educativas: atención, obediencia, quietud, disciplina, etc. Pero, ¿qué niño no es inquieto?, nos podríamos preguntar.

A mediados del siglo XX la causa de dichos comportamientos se asoció a un daño cerebral. Tomaban fuerza las neurociencias y los psicólogos se fueron a buscar la causa de los comportamientos en el cerebro. Con la hipótesis ne…