domingo, 30 de mayo de 2010

75. Lo crítico de la adolescencia.

Lo que hace crítica a la pubertad es la reedición de los vínculos afectivos que se sostenían, o se sostienen todavía, con los padres y hermanos: la siempre presente rivalidad fraternal, la ambivalencia de sentimientos (odio y amor conjugados) frente a los padres y el dolor psíquico por la pérdida del cuerpo infantil (el cual ha sido el centro de atención narcisista y objeto del amor de los padres). A todo esto se le suma la necesidad de conquistar una autonomía que introduce una dinámica entre sumisión, respeto por la autoridad y la revisión de dicha autoridad y valores recibidos, lo que no se hace sin dificultades. Ir más allá de los padres, aventurarse frente a lo nuevo, conquistar otros ideales, asumir otras responsabilidades y hacerse cargo de otro sujeto persona como objeto de amor, se convierten a partir de ahora en preocupaciones permanentes, tanto para los padres, como para los hijos adolescentes.

Por lo anterior se podría decir que el adolescente es alguien que adolece, que padece de una falta, una “falta de juicio”, es decir, una falta de reflexión, sensatez y prudencia que le permitan desenvolverse como un adulto responsable de lo que hace y lo que dice. La realidad muestra la inestabilidad y el exceso con la que se conducen los jóvenes.

A todas estas contrariedades, que involucran fundamentalmente todo lo relacionado con la sexualidad del joven y su proceso de identificación (la conquista de una “identidad” sexual), la educación, la religión y la sociedad en general, responden con una formación en valores que rija la preparación del joven. El educador a pasado a asumir funciones que le corresponden, en principio, a los padres, y la pedagogía se ha convertido en un intento de regular toda esa serie de perturbaciones que se presentan en esta edad. La educación y las estrategias pedagógicas se proponen “domesticar” al joven, ayudarlo a introducirlo a la sociedad, apoyarlo en la búsqueda de un lugar en el mundo, colaborarle en el reforzamiento de sus vínculos sociales, es decir, terminar con aquello de lo que adolece.

viernes, 28 de mayo de 2010

74. La autoridad en la adolescencia.

Los adolescentes se tienen que enfrentar permanentemente al enjuiciamiento que hacen de ellos sus padres y adultos. Sus comportamientos y actitudes están siempre bajo la mirada de quienes los rodean. También los padres son evaluados por otros; la adolescencia de los hijos suele coincidir con momentos críticos de la pareja, uno de los cuales es el ejercicio de la autoridad, la cual sufre un debilitamiento; primero, porque el joven ya no es más un niño sumiso, y segundo, porque los padres se enfrentan con sujetos que están confrontando los valores que se les transmitieron con la realidad.

En el ejercicio de la autoridad se pone en juego algo muy importante: si desde niños a los hijos no se les ha transmitido un respeto por la autoridad, en la adolescencia difícilmente ellos respetarán a sus padres, maestros y demás figuras de autoridad, y sus relaciones con la ley y las normas serán más complicadas. Pero hay que tener en cuenta aquí un hecho que es crucial, y es que un padre de familia puede transmitir un respeto por la autoridad sólo cuando él mismo también da muestras de respetar y hacer respetar a la autoridad y a la ley.

Muy fácilmente un padre puede dejar de ser respetado por sus hijos en su autoridad, y en la adolescencia este es un asunto crítico, debido a que el joven es un sujeto que ya hace rato ha abierto los ojos al mundo y se ha dado cuenta de cómo se comportan sus padres y los adultos. Los niños tienden más bien a creer ciegamente en sus papás, en lo que ellos saben, dicen o hacen. Pero a medida que los hijos crecen, estos van comprendiendo que sus padres no lo saben todo ni lo pueden todo. Y si a esto se suma el hecho de que el padre es un trasgresor de la ley o alguien que no respeta a la autoridad, incluyendo la suya propia -como por ejemplo, el padre que ordena a sus hijos que lleguen temprano a la casa cuando él mismo es quien llegar tarde-, entonces fácilmente el hijo adolescente le pierde el respeto -como se le pierde al padre alcohólico, drogadicto, mantenido o patán-; es así como empiezan los problemas de autoridad con los hijos en el hogar.

miércoles, 26 de mayo de 2010

73. Adolescencia y escuela.

¿Por qué se hace tan difícil intervenir en los adolescentes? En ninguna otra época de la vida los padres se preguntan tanto “¿Qué debo hacer con mi hijo? ¿Cómo lo debo manejar? ¿Cómo se le debe hablar?”, etc. Lo que pasa es que las perturbaciones que se presentan en la adolescencia, ya sea en el ámbito mental o en el comportamental, resultan muy difíciles de tratar debido a la tendencia del joven a la actuación. El adolescente es alguien que prefiere actuar antes que pensar, por eso pasa por alocado, impulsivo, irracional o insensato. Los muchachos parecen no medir las consecuencias de sus actos, los cuales, como todo acto, cambian radicalmente su vida y su posición subjetiva: embarazos indeseados, abortos, graves accidentes, hechos delincuenciales, adicción a la droga y al alcohol, etc.

Es por lo anterior que la educación se preocupa tanto por los jóvenes que están pasando por esta “enfermedad” de la adolescencia, para la cual no parece haber vacuna. La educación tiene aquí un papel relevante, ya que en la escuela se pueden crear condiciones que faciliten la intervención sobre los jóvenes. La relación que se establezca entre la escuela y la familia adquiere una enorme importancia porque permite ofrecer a los adolescentes una contención a sus comportamientos, una sujeción de sus impulsos y la posibilidad de dar ese paso bajo unas condiciones que favorezcan la vigilancia, el cuidado, la supervisión y el apoyo que necesita el adolescente.

Tanto los padres como los jóvenes requieren de un canal común de comunicación, y qué mejor que la escuela para esto; ella a su vez está llamada a facilitarlo. Esto no significa que la escuela debe reemplazar a los padres en su tarea de hacer de sus hijos hombres de bien, ni mucho menos debe ser la responsable de todo lo que suceda con el adolescente, pero mínimamente debe ofrecer espacios donde la participación, el análisis y la discusión sirvan para acompañar, de forma discreta, al joven que experimenta ese proceso crucial y crítico en el que se ha convertido la adolescencia.

domingo, 23 de mayo de 2010

72. Adolescencia, autonomía y sexualidad.

Uno de los aspectos más importantes de la adolescencia, es la conquista de una autonomía, la cual pone en juego una renuncia recíproca: del lado de los padres, ellos deben renunciar al dominio que han tenido sobre sus hijos, inclusive los han debido preparar para ser personas independientes y responsables de sí mismos, situación ésta que no es la más corriente; y de parte del adolescente, éste debe renunciar a seguir siendo el niño al cuidado de sus padres y que ha sido hasta ahora.

Junto con la conquista de la autonomía, la cual está directamente relacionada con la posibilidad de autoabastecimiento, también se pone en juego el encuentro sexual, de gran relevancia para todo adolescente. Pero ambos aspectos, la independencia y el ejercicio de la sexualidad, se encuentran con dos inconvenientes que anteriormente no se conocían: primero, la dificultad que tiene el joven para hacerse a un trabajo digno; y segundo, las enfermedades de transmisión sexual; estos dos asuntos hacen crítico el paso por la adolescencia en nuestro tiempo.

La formación creciente de especialistas, exigido por el desarrollo de la ciencia y la continua innovación en el ámbito tecnológico, demanda de los jóvenes de hoy una mayor preparación y consecuentemente una permanencia más prolongada en el medio universitario. Esta situación ha obligado a alojar a los jóvenes en su hogar hasta pasada la edad cronológica de la adolescencia; por eso se observan hombres y mujeres de veinticinco años o más en condición de estudiantes y que dependen económicamente de sus padres. Al mismo tiempo, son sujetos maduros y capaces de hacer un uso responsable de su sexualidad, y eventualmente llegar a ser padres y madres.

Lo anterior produce una situación en la cual el joven consiente el encuentro sexual sin que haya alcanzado su autonomía. Al incrementarse las relaciones sexuales se introduce una contradicción en este proceso de independencia: el joven ejerce su sexualidad pero bajo la custodia de la familia.

sábado, 22 de mayo de 2010

71. La “Ley Primordial”.

El psicoanálisis aísla el principio formal que rige las relaciones y las alianzas entre los seres humanos y le da el nombre de “Ley Primordial”. Esta ley es la que separa al mundo humano del mundo animal. Y lo que descubre el psicoanálisis es que dicha ley existe en la misma medida en que existe el lenguaje humano.

Lo anterior quiere decir que sin la herramienta del lenguaje no se podría introducir un principio formal, una línea divisoria, que trace un abismo y separe de manera radical al ser humano, al ser hablante, del mundo de los seres vivientes que no tienen posibilidad de acceder a la palabra y, por lo tanto, no pueden tampoco representarse a sí mismos y a todo lo que les rodea.

Por esto el lenguaje es la condición esencial en la estructuración de la familia humana. ¿Qué es lo que caracteriza la familia humana? La diferencia entre la familia humana y la familia animal, es que en la familia humana se puede nombrar la relación de parentesco, y en función de esa nominación los sujetos se reconocen en un lugar como hijos de, hermanos de, esposa de o marido de... entonces, primero se tiene la posibilidad de nombrar un lugar para el sujeto y segundo, se puede también diferenciar las generaciones en el hilo de un linaje. Es decir que en la familia humana sus miembros se pueden contar como hijos, nietos, biznietos o tataranietos, y puede construir un árbol genealógico hasta donde haya una inscripción simbólica.

¿Por qué la Biblia maldice la confusión de generaciones? Porque cuando se produce dicha confusión entre los seres hablantes, cuando ciertos principios que rigen la diferenciación de la generación no se cumplen, cuando una persona padece la confusión de generaciones, está absolutamente asignada a un lugar en el que encontrará enormes dificultades para asumirse como hombre o como mujer y como un ser humano “normal”. No es lo mismo para un ser humano tener una inscripción como sujeto, y un lugar en una familia y en una generación, que no tenerlo; esto suele acarrear enormes problemas a los que padecen dicha confusión.

viernes, 21 de mayo de 2010

70. ¿Adolescencia o pubertad?

Si algo caracteriza verdaderamente a la adolescencia, esto es la pubertad. Inclusive, sería preferible hablar de pubertad que de adolescencia; esto porque aquella da cuenta de un proceso real que sucede en el cuerpo del joven y que tiene efectos psíquicos.

Lo que diferencia a la pubertad son toda esa serie de cambios físicos y psicológicos que se relacionan directamente con la sexualidad. En la pubertad se acentúa el aspecto sexual de dichos cambios, los cuales son provocados por las hormonas que se activan cuando el organismo ha madurado y que preparan el cuerpo del sujeto para el ejercicio de la sexualidad. Los órganos sexuales de ambos sexos terminan de desarrollarse, cambia la voz de los varones y se ensanchan y crecen las caderas y senos de las chicas, etc.

Pero más importante que el cambio físico natural, es el cambio psicológico, es decir, la manera como cada nuevo adolescente subjetiva e interpreta dichos cambios en su cuerpo. La pubertad anuncia la despedida, el duelo, por el cuerpo infantil, y la bienvenida al cuerpo que inicia un nuevo proceso de maduración hacia el cuerpo adulto; este paso no se hace sin dudas, sin preguntas, sin angustia: “¿Cómo llegaré a ser?, ¿cómo me ven los demás?, ¿seré gordo o flaco, bonita o fea, alto o bajo?”, etc. Se deja de ser un niño para pasar a ser un adulto. A los cambios físicos se les suma la reedición de todos esos afectos de amor y de odio que estaban ligados a los padres y hermanos, y que a partir de ahora se dirigirán a otra serie de nuevas sujetos, sobretodo aquellos que se eligen como objeto de interés sexual.

El tiempo de la pubertad, tanto para el hombre como para la mujer, concluye con el proceso que dará cuenta de un ser psíquicamente adulto. Se disuelven los lazos afectivos de la infancia con respecto a los padres y se pasa a ocupar el lugar de una mujer que responde al llamado de un hombre y, en el caso del joven, se deja de ser un muchacho para responder a la posibilidad de una paternidad y lo que eso implica en términos de responsabilidad: el cuidado de la madre y el hijo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

69. Adolescencia y publicidad.

La adolescencia es esencialmente una "prueba" por la que pasa el joven y su familia. Uno y otra dan testimonio de la independencia y de la responsabilidad con la que aquel asumirá su sexualidad, ya que él entra en ese período de la vida donde se hace inminente el encuentro con el otro sexo.

En la cultura occidental la adolescencia es algo reciente. Ella no existía antes del siglo XIX. La población de jóvenes no era objeto de interés de ningún discurso humano. Si la adolescencia produce tratados desde hace cincuenta años, es debido a la nueva organización social derivada del desarrollo industrial, el capitalismo y el impacto de los medios de comunicación, los cuales han centrado la atención sobre esta franja de edad que va entre los doce y veintiún años, más o menos.

Sobretodo para el mercado, el adolescente se ha vuelto objeto de particular interés; él es un consumidor en potencia que se puede manipular fácilmente con ayuda de la publicidad; ésta ha llegado al extremo de convertir la adolescencia en una “clase social”, con una “identidad”, unas costumbres, unos gustos y un “modo de ser” propios.

De hecho, los mensajes publicitarios dirigidos a los adolescentes se apoyan precisamente en los aspectos críticos de este momento: la libertad y el amor, es decir, la autonomía y la sexualidad. A ello se suma la universalización de las costumbres, la globalización del consumismo, y la caída de los valores que regían las generaciones pasadas; con este panorama los aspectos críticos de la adolescencia se han convertido en un problema que trasciende barreras sociales y culturales.

Por lo anterior se puede decir que los adolescentes conforman hoy en día una población que se puede denominar de alto riesgo, ya que ellos se hayan desamparados ante las sugestiones de los medios de comunicación y el crecimiento de ideales utilitaristas. Y si están desamparados es porque en la familia ya no se comparte un saber en relación con una posición ética ante la vida y las instituciones sociales. Y de esto último los padres son responsables.

586. «¿Has actuado en conformidad con el deseo que te habita?»

 En El seminario, libro 7: La ética del psicoanálisis (1959-1960), Lacan (1990) diferencia entre moral y ética, distinción que resulta más ...