domingo, 30 de agosto de 2009

7. El soborno y el chantaje, comportamientos de hoy.

El soborno es ese comportamiento en el que se pretende corromper a alguien ofreciéndole dádivas para obtener de él un beneficio. El chantaje es la amenaza que se hace a alguien con el objetivo de obtener de él un provecho. Los padres de familia suelen caer en este tipo de prácticas con sus hijos.

A todo padre que soborna le corresponde un hijo chantajista. Los padres caen en el error de ofrecerles regalos a sus hijos para obligarlos a cumplir con sus deberes o para hacerlos obedecer, ya que no saben ejercer su autoridad de manera firme y consistente. Ante esto los hijos responden manipulando a los padres con chantajes; estos les ponen condiciones a los padres para cumplir con los deberes y las normas. Si un padre promete un regalo a su hijo a cambio de algo -soborno-, la próxima vez que le pida un favor o le dé una orden, su hijo lo podrá amenazar diciéndole que lo hará solo si le da a cambio algún obsequio -chantaje-, tal y como su padre se lo ha enseñado.

Este tipo de conducta tiene consecuencias. Con el soborno se condiciona el cumplimiento del deber y el respeto por las normas al hecho de recibir un estímulo o beneficio, así que no se cumple con el deber por el deber mismo, y que no se respeten las normas como condición de una convivencia amable en la familia. Lo anterior no significa que no se pueda estimular o premiar el buen comportamiento de los hijos. Tampoco significa que no se le pueda dar un apoyo moral o un estímulo afectivo cada vez que él obtiene un éxito académico o deportivo. El problema está en hacer de esto una costumbre y en dejar que los hijos condicionen su comportamiento al tipo de estímulo que puedan recibir.

viernes, 28 de agosto de 2009

6. Sobre la aplicación de sanciones a los hijos.

Al aplicar un castigo no es necesario pegarle al hijo para hacer que obedezca; esto es posible si no ha habido un desfallecimiento de la función paterna; esta hace referencia a que el padre pueda ejercer la autoridad de manera firme, consistente y justa.

Lo que más teme un niño es perder el amor del padre, debido a su dependencia afectiva -dependencia de amor-. Al aplicar un castigo, hay que transmitirle al niño que está en juego la pérdida de dicho amor. Esto no consiste en decir que no se le ama, sino en hacerle saber que se está enojado por la falta cometida. Si la sanción tiene efecto, se debe al amor y respeto que el hijo le pueda tener a sus padres. Si un hombre transgrede una norma, debe recibir un castigo, para que no vuelva a cometer la falta y asuma una responsabilidad por las consecuencias de sus actos. El castigo es ejemplar si sirve de escarmiento.

Los padres, a nombre de una pedagogía liberal, se han vuelto alcahuetas; no ponen límites a la conducta de sus hijos; se los ve impotentes para transmitir un respeto por la ley. El castigo no debe ser caprichoso, se debe corresponder a la falta cometida. Es importante ser justo en el momento de aplicarlo; igualmente, quien lo reciba debe sentirse culpable, es decir, responsable. El castigo debe ser significativo; el sujeto debe sentir que se le priva de algo. Por eso el mejor método de castigo en los niños es retirarle aquello que anhelan o que les gusta hacer.

Quien aplique la sanción debe estar investido de autoridad y hacerlo con firmeza, sin ceder en pesares; se debe transmitir la idea de que se está hablando en serio. Es importante aplicar el castigo prometido y no cambiarlo por otro menos severo. Además, los padres no deben desautorizarse entre sí y estar de acuerso en las sanciones que imponen a sus hijos. Si la autoridad desfallece en estos puntos, se estimula la irresponsabilidad de los hijos sobre las consecuencias de sus actos.

sábado, 22 de agosto de 2009

5. La responsabilidad como castigo.

El establecer normas dentro de un estado lleva implícito una serie de sanciones para quien no cumplan con ellas. Toda norma va seguida de una punición. El castigo es la pena que se impone al que comete una falta o transgrede la ley.

La dificultad al aplicar el castigo es que este solo adquiere sentido si produce malestar, si hiere el narcisismo del sujeto. Unas nalgadas en un niño duelen más a nivel del amor propio que a nivel físico. El castigo que causa un daño real tiene una significación de violencia. Las leyes consagradas en el Código del Menor protegen a los niños de dicho abuso.

La sanción que se da por transgredir una norma, tiene la función de permitirle al padre transmitir a su hijo un sentido de responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos. La responsabilidad como castigo es una de las características esenciales a la idea de hombre que prevalece en nuestra sociedad. Solo se puede castigar al hombre que se considera responsable de sus propios actos. El castigo permite establecer límites y hacer cumplir las normas -estas son necesarias para regular los vínculos entre los seres humanos-. Es también el medio para hacer a una persona responsable de su comportamiento.

Sólo al sujeto que se le exige el cumplimiento de unos deberes es a la que se puede sancionar. La responsabilidad es aquí crucial, es decir, el hecho de decidir si ella es responsable y por lo tanto culpable. Si es irresponsable, no se la podrá sancionar. Ser irresponsable significa que los demás tienen derecho a decidir por alguien, y que se deja de ser un sujeto de pleno derecho. El sujeto de pleno derecho es el que responde de lo que hace y dice, el que responde de sí mismo. El irresponsable, en cambio, no da razón de sus actos.

domingo, 16 de agosto de 2009

4. La normalidad es un problema de orden público.

La normalidad de un ser humano se establece en función de su actitud para acogerse y respetar las normas establecidas dentro de la familia y dentro de una comunidad. El sujeto que transgrede la norma social es juzgado por los demás como loco o delincuente. Por eso se dice que la normalidad es un asunto de orden público; la normalidad de los individuos depende del orden establecido para una comunidad.

Es responsabilidad de los padres el hacer transmisión de la norma a sus hijos. Si ella no es respetada y transmitida por aquellos desde el principio, desde el momento en que los hijos vienen al mundo, inclusive, si esta no está ya establecida en la pareja desde antes del nacimiento de un hijo, éste tendrá enormes dificultades con el hecho de asumir las leyes y las normas; sobretodo, no las respetarán si no se les transmite un respeto por ellas, o sea, si los padres no las respetan y las hacen respetar; las transgredirán si no se les forma en ser responsables de las consecuencias de sus propios actos, es decir, si no se les sanciona.

De los padres depende hacer que sus hijos sean hombres civilizados, hombres de bien. Hay padres que piensan que deben premiar o estimular el cumplimiento de la norma, pero esto en muchos casos indica una falla en el ejercicio de la autoridad por parte del padre. Hacer cumplir la norma con estímulos puede llegar a convertirse fácilmente en un soborno y/o en un chantaje emocional.

miércoles, 12 de agosto de 2009

3. La norma funda la cultura.

Los humanos no cuentan con un mecanismo de autocontrol de sus impulsos agresivos y sexuales; necesitan de normas que los regulen. Las reglas permiten la creación de lazos pacíficos entre los hombres. La norma es un precepto dictado por una autoridad para reglamentar los vínculos entre los sujetos.

Las normas hacen referencia a acuerdos, pactos, leyes, que enseñan a todos a actuar en la vida, a controlar sus actos, a conocer los límites de su conducta; es decir, nos habilitan para vivir en sociedad. Cada cultura fija sus propias normas. Las normas, entonces, instauran límites. La cultura ha sido fundada sobre la base de una prohibición: la prohibición del incesto, del asesinato y el canibalismo, prohibiciones que inauguran el ascenso de la civilización.

Para que la norma tenga efectos en la regulación del comportamiento, es indispensable que esta sea explícita, que se aplique con firmeza, y que cada vez que se transgreda una ley, se aplique una sanción. Lo anterior es fundamental para la transmisión de un sentido de responsabilidad sobre las consecuencias de los propios actos; también hace falta que la persona que representa la Ley la respete y la haga respetar.

La familia es el lugar privilegiado donde un sujeto interioriza el respeto por las normas; esto no es algo que se produzca de modo natural. Es una operación que depende de la forma como intervienen los padres en su hijos. Para que el sujeto aprehenda la norma es importante que los padres no se desautoricen; cuando sucede esto, las consecuencias suelen ser catastróficas.

viernes, 7 de agosto de 2009

2. El padre y la ley.

Para vivir en comunidad las personas necesitan de normas que ordenen estos vínculos, pues el género humano nace sin un mecanismo de autorregulación de sus impulsos agresivos y sexuales, fundamentalmente. Los padres son, en primera instancia, los únicos responsables de la transmisión de la normatividad, y por tanto, en sus manos está la posibilidad de que su hijo sea un ser civilizado.

El padre, como representante de la ley dentro de la familia, está llamado a ejercer la autoridad. La autoridad, para que sea eficaz en sus propósitos, debe ser practicada con firmeza, coherencia, consistencia y justicia, lo cual no es siempre sencillo.

El no ejercicio de la autoridad, tanto como su ejercicio, tiene enormes consecuencias sobre un ser humano. Si las personas que representan la autoridad se muestran inseguras, culposas o indecisas en el momento de poner límites a sus hijos, o lo hacen de una manera caprichosa o desatinada, esto tendrá como efecto el que se pierda la función de la autoridad: transmitir un respeto y un cuidado por las normas que rigen la sociedad. Las consecuencias de este descuido será, entonces, la falta de dicho respeto hacia las figuras que la representan.

¿Qué padre conviene a la familia para ejercer la autoridad? Se necesita de un padre que tenga una posición transparente ante los actos de ley, un padre que a su vez respete y haga respetar la ley. Un padre severo, exigente y disciplinado no estaría mal, si se entiende su rigurosidad, no como sinónimo de dictadura, sino como fidelidad en el acatamiento de la ley.

martes, 4 de agosto de 2009

1. Falla la autoridad.

Hay una queja de las generaciones anteriores con relación al comportamiento de las nuevas. A estas últimas se las ve proceder de una manera más anárquica, sin asumir una responsabilidad sobre sus actos; no respetan las normas y mucho menos a las personas que las representan. ¿Son en algo responsables los adultos de esta situación?

A todo este malestar se le llama «crisis de valores», pero todas estas dificultades no parecen ser sino la consecuencia directa de un defecto fundamental, el cual tiene que ver con la manera como se le transmite a un sujeto una responsabilidad por las consecuencias de sus actos y un respeto por las normas que rigen la convivencia en sociedad.

La solución a esta “falla” no depende de un ejercicio educativo. No es educando a los padres, diciéndoles que tienen que hacer con sus hijos, como se le va a dar solución a las cosas. Se necesita de un cambio de posición en la manera de educar que no depende del acto de instruir. La autoridad es ante todo un supuesto poder que los hijos atribuyen a sus padres al sentir que dependen de ellos. Al nacer, todo niño está en una posición de dependencia de amor hacia sus padres. Los padres al ser investidos de dicho poder, podrán ejercer un control sobre sus hijos.

Los hijos pueden muy bien dejar de atribuir dicho poder debido a la inconsistencia y debilidad de sus padres al ejercer la autoridad. La autoridad necesita del respeto. Dicho respeto se pierde cuando los padres no respetan ni hacen respetar las leyes que rigen lo social. También se introduce un resquebrajamiento de la autoridad cuando se es muy caprichoso o insensato al impartir un mandato, o cuando se es cruel, violento o muy estricto.

Del ejercicio de la autoridad depende que un sujeto se vincule a lo social y pueda establecer lazos de amor y de trabajo con los demás.

553. Las clínicas de urgencias subjetivas

Las clínicas de urgencias subjetivas son espacios dedicados a atender crisis emocionales o psíquicas desde una perspectiva psicoanalítica la...