Ir al contenido principal

5. La responsabilidad como castigo.

El establecer normas dentro de un estado lleva implícito una serie de sanciones para quien no cumplan con ellas. Toda norma va seguida de una punición. El castigo es la pena que se impone al que comete una falta o transgrede la ley.

La dificultad al aplicar el castigo es que este solo adquiere sentido si produce malestar, si hiere el narcisismo del sujeto. Unas nalgadas en un niño duelen más a nivel del amor propio que a nivel físico. El castigo que causa un daño real tiene una significación de violencia. Las leyes consagradas en el Código del Menor protegen a los niños de dicho abuso.

La sanción que se da por transgredir una norma, tiene la función de permitirle al padre transmitir a su hijo un sentido de responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos. La responsabilidad como castigo es una de las características esenciales a la idea de hombre que prevalece en nuestra sociedad. Solo se puede castigar al hombre que se considera responsable de sus propios actos. El castigo permite establecer límites y hacer cumplir las normas -estas son necesarias para regular los vínculos entre los seres humanos-. Es también el medio para hacer a una persona responsable de su comportamiento.

Sólo al sujeto que se le exige el cumplimiento de unos deberes es a la que se puede sancionar. La responsabilidad es aquí crucial, es decir, el hecho de decidir si ella es responsable y por lo tanto culpable. Si es irresponsable, no se la podrá sancionar. Ser irresponsable significa que los demás tienen derecho a decidir por alguien, y que se deja de ser un sujeto de pleno derecho. El sujeto de pleno derecho es el que responde de lo que hace y dice, el que responde de sí mismo. El irresponsable, en cambio, no da razón de sus actos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

340. El goce es lo opuesto al placer.

En el psicoanálisis, goce y placer son fundamentalmente opuestos. El placer tiene que ver con lo que hace desaparecer la tensión, de tal manera que el placer es lo que le pone un límite al goce. El goce, en cambio, "es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada" (Lacan citado por Rodríguez, 2006).

Lo que Freud llamó “principio del placer”, no es otra cosa que reducción de una tensión; se experimenta tensión antes de presentar un examen, y se siente un descanso -placer-, cuando se sale de ese compromiso. El paradigma del placer es el orgasmo: es la máxima experiencia de placer en el momento en que hay alivio de la tensión sexual -la cual está del lado del goce-. El goce, el cual se experimenta en el cuerpo -se necesita de un cuerpo…

10. Los hijos de padres alcahuetas.

El padre alcahuete es aquel que encubre a su hijo en algo que se quiere ocultar. Si esta es la posición subjetiva de un padre, esto tiene consecuencias en el hijo. Algunas son: Éste no asume ninguna responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos; justifica sus faltas y le echa la culpa a otros; esta dispuesto a reclamar todos sus Derechos sin pensar en sus Deberes: Cree tener derecho a todo, por sobre todo y todos. Son hijos egoístas; este individualismo los conduce a un hedonismo desmedido. Suelen ser sujetos caprichosos; se aburren y se deprimen fácilmente, sobre todo cada vez que encuentran obstáculos en su vida; no disfrutan de actividades comunes y corrientes; no encuentran satisfacción en las pequeñas cosas de la vida; son volubles, intransigentes, intolerantes, malgeniados, agresivos y anárquicos. No saben que quieren en la vida; viven el presente sin pensar en el futuro. Son dependientes del padre que los alcahuetea, a la vez que la relación con éste es demandante, tensa…

461. ¿Existe el TDAH? «A hijo hiperactivo, padre sin autoridad»

Leon Eisenberg, el inventor del término “hiperactividad”, dijo poco antes de morir, a sus 87 años, que el TDAH es una enfermedad ficticia, que él la inventó para responder a un síntoma que se viralizaba a mediados del siglo XX. Se trata de niños que encuentran dificultades para aprender, porque son inquietos, no prestan atención, no obedecen, son distraídos, “elevados” e “himperativos”, como dicen algunas de sus madres al describir el trastorno, es decir, niños que hacen demandas que habría que atender con inmediatez, antes de que hagan un berrinche. Es un síntoma que se presenta fundamentalmente en el contexto educativo, que responde a las demandas educativas: atención, obediencia, quietud, disciplina, etc. Pero, ¿qué niño no es inquieto?, nos podríamos preguntar.

A mediados del siglo XX la causa de dichos comportamientos se asoció a un daño cerebral. Tomaban fuerza las neurociencias y los psicólogos se fueron a buscar la causa de los comportamientos en el cerebro. Con la hipótesis ne…