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170. En qué son diferentes el psicoanálisis y las psicoterapias I.

Las psicoterapias, como el psicoanálisis, emplean como herramienta la palabra: la palabra del paciente. Este es el medio, el único con el que cuentan las unas y el otro para tratar al sujeto que consulta por algún problema. Toda palabra, dice Lacan, llama a una respuesta. Es en el tipo de respuesta que se le da a la palabra, donde podemos hallar la diferencia entre psicoterápia y psicoanálisis, o si se quiere, es en lo que escucha el analista de los dichos del analizante, donde encontramos dicha diferencia. "Mostraremos que no hay palabra sin respuesta, incluso si no encuentra más que el silencio, con tal de que tenga un oyente, y que este es el meollo de su función en el análisis" (Lacan, 1984). La concepción que tenga el terapéuta sobre la función de la palabra en su trabajo, marcará la diferencia entre psicoterápia y psicoanálisis.

Si hay un sujeto que habla, se debe ubicar también el lugar del Otro que escucha. Lo que sucede es que el oyente es quien tiene la decisión respecto de lo que el hablante ha dicho; esto porque la estructura misma de la palabra hace que lo que uno quiere decir sea decidido, no por el sujeto que habla, sino por el que escucha; depende del Otro el sentido de lo dicho por el sujeto. El sentido profundo de la palabra es decidido por el receptor; a esto Lacan lo llamó «el poder discrecional del oyente»; es un poder que implica una gran responsabilidad por parte de la persona que escucha, ya que con él puede hacer sugestión o desciframiento, es decir, psicoterápia o análisis. La práctica analítica es una práctica de desciframiento y es de esta manera que se vincula con la función de la palabra.

Las psicoterapias conciben la relación terapéutica como una relación dual, desconociendo la presencia de de ese tercero simbólico que determina la posición del sujeto con respecto a sus dichos -localización subjetiva- y donde encontramos al sujeto de la enunciación, más allá del sujeto del enunciado. En las psicoterapias el terapéuta suele responder al pedido del paciente satisfaciéndo sus demandas, lo que coloca al terapéuta en posición de amo, de aquel que sabe lo que el otro necesita, ya que se conduce por su furor sanandi (deseo de curar, del cual Freud aconseja que el analista debe curarse).

El psicoanálisis ha establecido cuál es la función y el campo de la palabra y del lenguaje para que su acción no sea considerada una práctica mágica, y en donde su uso no sea considerado una "pedagogía materna, una ayuda samaritana, o una maestría dialéctica" (Lacan, 1984). La psicoterapia no le suele reconocer un sentido al síntoma, o reconociéndoselo, lo obtura por la manera como interviene en el sujeto.

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