Ir al contenido principal

266. La incidencia política del psicoanálisis.

Una gran parte del mundo se orienta resueltamente en el servicio de los bienes -es a lo que apunta la política de hoy, sierva del discurso capitalista- rechazando, forcluyendo todo lo que concierne a la relación del hombre con el deseo. Es esta oposición entre el deseo y los servicios de los bienes -es decir, entre el deseo y la demanda- lo que le da un lugar al psicoanálisis, a su ética y a su política en el mundo contemporáneo, en la medida en que sabe que la posición del hombre ante los bienes es tal que su deseo no está en ellos. El polo del deseo es el polo donde se puede medir la incidencia política del psicoanálisis, en tanto que él está hecho para operar la salida a los impasses que produce el discurso capitalista y el discurso de la política, a nivel del deseo y las demandas de felicidad del sujeto.

El deseo del sujeto no es algo colectivizable. Mientras que el discurso político busca hacer funcionar un «para todos», el discurso del psicoanálisis apunta a la pura diferencia, a lo imposible de universalizar. Esto imposible de universalizar -lo real en juego en todo discurso- es lo que para el político resulta insoportable en tanto que lo que quiere es gobernar, gobernarlo todo, es decir, él siempre apunta al «todo gobernable» -lo cual hace de gobernar una de las profesiones imposibles, junto con educar y psicoanalizar-.

Es en este sentido que se dice que la política también apunta a regular los modos de goce de los sujetos, poniéndolos a gozar a todos de la misma manera, lo cual es objetado por el malestar social. El nombre de ese malestar en cada sujeto se denomina «síntoma». Por tanto, se podría decir que el síntoma es la política del sujeto contra la política colectivizable del discurso imperante. La política del psicoanálisis tiene entonces por vocación cambiar en algo la economía de goce que se establece entre el sujeto, objetor del goce universalizado, y el discurso, administrador de dicho goce. Con una gran diferencia: el psicoanálisis no busca gobernar el plus de goce, sino elucidarlo. Y en esa elucidación, separar al sujeto del malestar producido por las demandas del discurso dominante, hasta producir “la condición absoluta, el «eso y nada más», el objeto que no tiene equivalente, que no es colectivizable, porque no vale para nadie más. Desde ese momento, el psicoanalista, en el sentido de psicoanalizado, es aquel que asume con conocimiento de causa su imposible de universalizar. No sale del mundo por ello, pero es ahí por donde se separa de las prescripciones del discurso corriente y por lo que se hace una causa de esta separación” (Soler, 1993). Es a partir de aquí que se puede entonces empezar a pensar en la incidencia política del psicoanálisis, es decir, si el psicoanálisis tiene o no una incidencia política en la modernidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

340. El goce es lo opuesto al placer.

En el psicoanálisis, goce y placer son fundamentalmente opuestos. El placer tiene que ver con lo que hace desaparecer la tensión, de tal manera que el placer es lo que le pone un límite al goce. El goce, en cambio, "es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada" (Lacan citado por Rodríguez, 2006).

Lo que Freud llamó “principio del placer”, no es otra cosa que reducción de una tensión; se experimenta tensión antes de presentar un examen, y se siente un descanso -placer-, cuando se sale de ese compromiso. El paradigma del placer es el orgasmo: es la máxima experiencia de placer en el momento en que hay alivio de la tensión sexual -la cual está del lado del goce-. El goce, el cual se experimenta en el cuerpo -se necesita de un cuerpo…

10. Los hijos de padres alcahuetas.

El padre alcahuete es aquel que encubre a su hijo en algo que se quiere ocultar. Si esta es la posición subjetiva de un padre, esto tiene consecuencias en el hijo. Algunas son: Éste no asume ninguna responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos; justifica sus faltas y le echa la culpa a otros; esta dispuesto a reclamar todos sus Derechos sin pensar en sus Deberes: Cree tener derecho a todo, por sobre todo y todos. Son hijos egoístas; este individualismo los conduce a un hedonismo desmedido. Suelen ser sujetos caprichosos; se aburren y se deprimen fácilmente, sobre todo cada vez que encuentran obstáculos en su vida; no disfrutan de actividades comunes y corrientes; no encuentran satisfacción en las pequeñas cosas de la vida; son volubles, intransigentes, intolerantes, malgeniados, agresivos y anárquicos. No saben que quieren en la vida; viven el presente sin pensar en el futuro. Son dependientes del padre que los alcahuetea, a la vez que la relación con éste es demandante, tensa…

461. ¿Existe el TDAH? «A hijo hiperactivo, padre sin autoridad»

Leon Eisenberg, el inventor del término “hiperactividad”, dijo poco antes de morir, a sus 87 años, que el TDAH es una enfermedad ficticia, que él la inventó para responder a un síntoma que se viralizaba a mediados del siglo XX. Se trata de niños que encuentran dificultades para aprender, porque son inquietos, no prestan atención, no obedecen, son distraídos, “elevados” e “himperativos”, como dicen algunas de sus madres al describir el trastorno, es decir, niños que hacen demandas que habría que atender con inmediatez, antes de que hagan un berrinche. Es un síntoma que se presenta fundamentalmente en el contexto educativo, que responde a las demandas educativas: atención, obediencia, quietud, disciplina, etc. Pero, ¿qué niño no es inquieto?, nos podríamos preguntar.

A mediados del siglo XX la causa de dichos comportamientos se asoció a un daño cerebral. Tomaban fuerza las neurociencias y los psicólogos se fueron a buscar la causa de los comportamientos en el cerebro. Con la hipótesis ne…