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101. ¿Madre o mujer?

Anteriormente -tal vez sería mejor decir «antiguamente»- se pensaba que un hijo era lo único que podía brindarle a una mujer la realización de su ser femenino. Ser mujer era equivalente a ser madre. «Todas madres» era la consigna que se le ofrecía a las mujeres hasta hace cuarenta o más años; aún hoy muchas mujeres creen encontrar la realización de su feminidad en la maternidad.

Se consideraba, entonces, que la única evolución positiva de la feminidad de una mujer, era su transformación en madre. Inclusive, el destino de la mujer no era solamente ser madre de su hijo, sino también madre de su marido, lo que se creía que daba una mayor duración al matrimonio. Hijo y marido satisfarían las aspiraciones de una mujer; es decir, que una mujer siendo madre y haciendo de su marido uno más de sus hijos, alcanzaría la plenitud de su feminidad. Pero esto, evidentemente, no es más que una reducción de la feminidad al hecho de ser madre. ¿Cómo son las cosas contemporáneamente? Ahora se verifica claramente, que con el discurso de lo que se puede llamar «la legitimación del sexo» de las mujeres, el niño, ser madre, la maternidad, se encuentran acompañados de otro montón de cosas a las que aspiran las mujeres de hoy.

Hay que tener muy en cuenta que las normas de la evolución femenina se corresponden con el discurso de cada época. Anteriormente la mujer era valorada por ser madre, pero las épocas se modifican con las transformaciones en los discursos de los hombres, y hoy en día el discurso sobre las mujeres es otro muy distinto al de ayer, y hay que contar con ese cambio de discurso. Son muchos los espacios que hoy por hoy se han abierto a las mujeres, y ellas parecen estar más que dispuestas a competir por ellos. Existe en el mundo moderno lo que se puede denominar un «unisexo generalizado» (Miller, 1997). Todos los lugares y trabajos, todas las cosas del mundo se ofrecen a todos, sin distinción de sexo. No importa si se es hombre o mujer, se puede acceder a casi cualquier empleo o profesión, lo que no deja de tener efectos en las relaciones de pareja y en la familia como institución.

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