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110. El tratamiento de la agresividad.

La agresividad es algo que se opone a la convivencia humana y a los ideales de una sociedad; por lo general se la explica como una expresión de la animalidad en el hombre o como una pérdida de los valores humanos. Por esto las instituciones más representativas de la sociedad, así como los medios de comunicación, impulsan campañas destinadas a rescatar valores y tradiciones perdidas, pero estas no detienen la violencia -expresión de la agresividad- y en ocasiones ella parece exacerbarse.

La agresividad en el ser humano no es instintiva, ni algo de su animalidad (los animales en general se comportan mucho más pacíficamente que el hombre), ni es una degradación de los valores. El ser humano nace sin ningún mecanismo de autorregulación de sus impulsos sexuales y agresivos. En el fondo, todo sujeto, por más bondadoso que sea, alberga en él deseos de humillar, maltratar y explotar a su prójimo cuando no sea visto.

La agresividad es algo que hace parte de la estructura misma del hombre; se instala en él como una forma privilegiada para hacerse reconocer por los otros, lo que lo lleva a una lucha a muerte con sus semejantes por puro prestigio: «o yo, o el otro», «primero yo y después los demás», «o es mío o no es de nadie». De aquí surgen toda una serie de comportamientos, no sólo los agresivos, sino también los de ostentación, rivalidad, competencia, celos, envidia, deseos de muerte, etc.

El tratamiento de la agresividad por el ideal reduce su comprensión y condiciona su manejo a campañas que no van más allá de un reforzamiento de valores y derechos. Si bien esta estrategia se opone a la fuerza reivindicando el civismo, deja a un lado la pregunta por el sujeto que interviene en un acto violento, ya sea como víctima o victimario. Es decir, se deja sin responder la pregunta de por qué hay sujetos que encuentran satisfacción siendo agresivos y otros siendo agredidos. Esto significa que el sujeto que aparece como víctima, en muchos casos tiene la responsabilidad en lo que le está pasando, ya que se comporta como si le agradara ser objeto de alguna agresión.

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