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jueves, 9 de septiembre de 2010

147. Adolescentes desorientados y sin media naranja.

Un signo visible de la entrada de un joven en la pubertad, es la aparición de los caracteres sexuales secundarios -cambia la voz en los varones, crecen los senos y se ensanchan las caderas en las mujeres, se desarrollan definitivamente los órganos sexuales de ambos sexos, etc.-; pero, igualmente, no deja de observarse una desorientación en la que está sumida todo ser humano respecto de lo sexual. Esa desorientación pone en evidencia al menos dos aspectos fundamentales de la vida sexual humana: primero, que no hay un «objeto» determinado para el «impulso» sexual (pulsión), y segundo, que no hay complementariedad a nivel sexual.

Que no hay «objeto» se observa cuando los adolescentes dudan sobre si le gustan los hombres o las mujeres. Que un hombre se orienten hacia una mujer y viceversa, no es algo seguro en la vida sexual de un sujeto, como tampoco hay seguridad sobre su «identidad» sexual -sentirse hombre o mujer-, ya que ella no depende del cerebro, las hormonas o el «sexo biológico».

El sexo biológico -tener un pene o una vagina- nada tiene que ver con el «sexo psicológico»; sentirse hombre o mujer es una conquista del sujeto que depende más de su historia como ser humano -desde la infancia- que de su organismo. Y aún, elegir un compañero sexual, es independiente de la posición sexual conquistada; por esta razón un hombre varonil puede ser homosexual y uno amanerado, ser heterosexual; la posición sexual y la elección de un compañero no coinciden en el ser humano.

El segundo aspecto -que la adolescencia sea un momento en la vida en el que se presentifica algo del orden de una desarmonía sexual- significa, en términos sencillos, que ninguna mujer nació para un hombre y ningun hombre nació para alguna mujer, es decir, que nadie nace con su «media naranja» asegurada. Es más: ¡que no hay media naranja!. Nada ni nadie le puede asegurar a un adolescente que su relación de pareja va a durar de por vida. Más bien, lo que se observa en ellos son amores fugaces, semanales, que ejemplifican claramente que no hay entre los seres humanos una complementariedad al nivel de los sexos.

lunes, 2 de agosto de 2010

124. Adolescentes enamorados.

El «enamoramiento» es un estado que ayuda a comprender situaciones psíquicas del sujeto. Si bien ha sido un tema dejado en manos de poetas, poseedores de una sensibilidad para percibir en otros las iniciativas sentimentales, en nuestros tiempos la investigación psicológica le ha «metido el diente», topándose con una dificultad general: como los seres humanos aprenden a amar con los padres, después no dejará de ser difícil, en menor o mayor grado, sustituir ese amor por el amor a otras personas. A esto se le suma el hecho de que, como se empieza a amar desde la más tierna infancia, el ser humano se ve afectado, desde muy temprano, por los embates del amor -celos, odio, rivalidad, etc.-.

Para que un adolescente pueda llegar a elegir una compañera, él deberá dar un importante paso: ser capaz de dirigir su ternura y pasión a esta nueva persona, con quien se espera que pueda cumplir una vida sexual, sin quedar «fijado» en sus sentimientos de ternura, a los padres. Es un abandono de los primeros amores de la infancia. Este paso, de la fijación a los padres a la elección de un sujeto, puede en ocasiones ser difícil o llegar a fracasar.

El amor lo podemos dividir en dos tendencias: la tierna y la sensual. La primera tiende al cuidado y respeto del otro, la segunda es el soporte del deseo sexual por la persona amada. La corriente tierna proviene de la infancia, se dirige a los sujetos que integran la familia y a los que tienen a su cargo la crianza del niño. A su vez, la ternura de la madre, de los integrantes de la familia y de las personas a cargo de dicha crianza, contribuye a acrecentar la corriente tierna del amor. Cuando esta ternura es exacerbada, sucede que el niño se aferra a ella y a la persona que se la brinda, creándose una «fijación tierna» que puede continuar a lo largo de la infancia y de la vida.

En la pubertad se despierta la otra corriente del amor: la sensual, la cual se añade a la tierna en la búsqueda y elección de un sujeto a quien amar. Lo que aseguraría una conducta amorosa «normal» es la reunión de estas dos corrientes en una sola, lo cual no siempre se da.

jueves, 3 de junio de 2010

77. Modelos para adolescentes.

El adolescente es alguien que puede ser fácilmente influenciado por líderes y personalidades ideales, ya sean estas dañinas o no. El mundo de la imagen -cine, televisión, revistas, etc.- suele ofrecer modelos de identificación que van desde el sujeto “fuera de la ley”, hasta el ídolo sexual. El adolescente se vale de esos modelos para identificarse con ellos y así consolidar su personalidad, su "identidad".

Si el sujeto necesita identificarse con otros, es porque no nace con una “identidad” asegurada. Cuando se nace, no se sabe quién se es: ni cómo se llama, ni quienes son sus padres, ni en dónde se vive o si es hombre o mujer, etc. Tener un órgano sexual masculino o femenino tampoco garantizan que ese sujeto vaya a ser un hombre o una mujer, es decir que el rasgo que serviría para determinar la identidad sexual de un individuo -su órgano sexual- tampoco garantiza que psicológicamente sea hombre o mujer. Tanto la “identidad” sexual como la forma de ser de un sujeto, son una conquista que él hace a partir del momento de su nacimiento, conquista que se logra con ayuda de la identificación. De hecho, el Yo de un sujeto es la suma de sus identificaciones en la vida.

Las primeras personas con las que se identifica un sujeto son, por supuesto, sus padres; esta es la razón para parecerse en muchas cosas a uno de ellos o a ambos. Si los padres son idealizados por sus hijos -porque los aman y respetan-, estos tendrán identificaciones sólidas con aquellos. Si así no sucede, en la adolescencia los hijos serán “presas” fáciles de ídolos con los que se identificarán y que pueden muy bien empujarlos a lo peor en la búsqueda de una “identidad”.

En la adolescencia los padres ya no son los héroes de la infancia, entonces el joven se empieza a fijar en otros modelos que le van a ayudar a conformar su personalidad. Y aquí es donde entra en juego la imagen de líderes y personalidades -el más bello, fuerte, "teso", rico o poderoso; modelos, cantantes, actores, deportistas, políticos, etc.-, no importando si sus actos están dentro o fuera de la ley, los cuales los pueden influenciar y para mal.

viernes, 28 de mayo de 2010

74. La autoridad en la adolescencia.

Los adolescentes se tienen que enfrentar permanentemente al enjuiciamiento que hacen de ellos sus padres y adultos. Sus comportamientos y actitudes están siempre bajo la mirada de quienes los rodean. También los padres son evaluados por otros; la adolescencia de los hijos suele coincidir con momentos críticos de la pareja, uno de los cuales es el ejercicio de la autoridad, la cual sufre un debilitamiento; primero, porque el joven ya no es más un niño sumiso, y segundo, porque los padres se enfrentan con sujetos que están confrontando los valores que se les transmitieron con la realidad.

En el ejercicio de la autoridad se pone en juego algo muy importante: si desde niños a los hijos no se les ha transmitido un respeto por la autoridad, en la adolescencia difícilmente ellos respetarán a sus padres, maestros y demás figuras de autoridad, y sus relaciones con la ley y las normas serán más complicadas. Pero hay que tener en cuenta aquí un hecho que es crucial, y es que un padre de familia puede transmitir un respeto por la autoridad sólo cuando él mismo también da muestras de respetar y hacer respetar a la autoridad y a la ley.

Muy fácilmente un padre puede dejar de ser respetado por sus hijos en su autoridad, y en la adolescencia este es un asunto crítico, debido a que el joven es un sujeto que ya hace rato ha abierto los ojos al mundo y se ha dado cuenta de cómo se comportan sus padres y los adultos. Los niños tienden más bien a creer ciegamente en sus papás, en lo que ellos saben, dicen o hacen. Pero a medida que los hijos crecen, estos van comprendiendo que sus padres no lo saben todo ni lo pueden todo. Y si a esto se suma el hecho de que el padre es un trasgresor de la ley o alguien que no respeta a la autoridad, incluyendo la suya propia -como por ejemplo, el padre que ordena a sus hijos que lleguen temprano a la casa cuando él mismo es quien llegar tarde-, entonces fácilmente el hijo adolescente le pierde el respeto -como se le pierde al padre alcohólico, drogadicto, mantenido o patán-; es así como empiezan los problemas de autoridad con los hijos en el hogar.

miércoles, 26 de mayo de 2010

73. Adolescencia y escuela.

¿Por qué se hace tan difícil intervenir en los adolescentes? En ninguna otra época de la vida los padres se preguntan tanto “¿Qué debo hacer con mi hijo? ¿Cómo lo debo manejar? ¿Cómo se le debe hablar?”, etc. Lo que pasa es que las perturbaciones que se presentan en la adolescencia, ya sea en el ámbito mental o en el comportamental, resultan muy difíciles de tratar debido a la tendencia del joven a la actuación. El adolescente es alguien que prefiere actuar antes que pensar, por eso pasa por alocado, impulsivo, irracional o insensato. Los muchachos parecen no medir las consecuencias de sus actos, los cuales, como todo acto, cambian radicalmente su vida y su posición subjetiva: embarazos indeseados, abortos, graves accidentes, hechos delincuenciales, adicción a la droga y al alcohol, etc.

Es por lo anterior que la educación se preocupa tanto por los jóvenes que están pasando por esta “enfermedad” de la adolescencia, para la cual no parece haber vacuna. La educación tiene aquí un papel relevante, ya que en la escuela se pueden crear condiciones que faciliten la intervención sobre los jóvenes. La relación que se establezca entre la escuela y la familia adquiere una enorme importancia porque permite ofrecer a los adolescentes una contención a sus comportamientos, una sujeción de sus impulsos y la posibilidad de dar ese paso bajo unas condiciones que favorezcan la vigilancia, el cuidado, la supervisión y el apoyo que necesita el adolescente.

Tanto los padres como los jóvenes requieren de un canal común de comunicación, y qué mejor que la escuela para esto; ella a su vez está llamada a facilitarlo. Esto no significa que la escuela debe reemplazar a los padres en su tarea de hacer de sus hijos hombres de bien, ni mucho menos debe ser la responsable de todo lo que suceda con el adolescente, pero mínimamente debe ofrecer espacios donde la participación, el análisis y la discusión sirvan para acompañar, de forma discreta, al joven que experimenta ese proceso crucial y crítico en el que se ha convertido la adolescencia.

viernes, 9 de abril de 2010

53. Esclarecimiento sexual.

El tema de la primera relación sexual en adolescentes no deja de ponerle los “pelos de punta” a muchos padres. Estos se habrán preguntado sobre cómo y cuándo esclarecer los asuntos de la vida sexual a sus hijos, sobretodo cuando llega ese período de la vida de los niños en que se despierta una intensa curiosidad por estos temas. Dicha curiosidad la puede avivar, no solo la televisión, sino también el nacimiento de un hermano, el descubrimiento de la diferencia sexual, o querer saber sobre lo que hacen los papás en la cama -cuando se encierran en la habitación o están solos-.

A la pregunta de si es pertinente brindar instrucción sexual a los niños, el psicoanálisis responde, sin duda, que sí. Sí es lícito aclararles los hechos de la vida sexual humana. Habría que discutir sobre la edad en que convendría hacerlo y de qué manera. La supuesta “pureza” de los niños no se preservará mediante la ignorancia.

Hay padres prejuiciados que creen que los niños no muestran interés alguno por los enigmas de la vida sexual, ni inteligencia para comprenderlos, pero muchos hechos demuestran lo contrario. Los niños no solo comprenden, sino que son unos investigadores tenaces, logrando en ocasiones sorprender a sus padres con ocurrencias acertadas sobre la sexualidad.

Son torpes la mayoría de la propuestas sobre cuándo y cómo hacer el esclarecimiento sexual. Las respuestas a la pregunta “¿Cómo se lo digo a mi hijo?” son lamentables. Lo más importante es que los niños nunca den en pensar que se pretende ocultarles los hechos de la vida sexual más que alguna otra cosa. Y para conseguir esto se requiere que lo sexual sea tratado desde el comienzo en un pie de igualdad con todas las otras cosas dignas de ser conocidas.

Como esto involucra la sexualidad de los padres -su posición sexual, su forma de goce sexual, sus prejuicios sexuales, en fin, la manera como viven y han estructurado su propia sexualidad-, por eso mismo se asustan, se inhiben, se avergüenzan y se sienten embarazados con las preguntas de los niños y con los programas de televisión y de radio que tratan el tema.

sábado, 14 de noviembre de 2009

18. Dos corrientes de amor.

El amor se divide en dos tendencias que podemos diferenciar como la tierna y la sensual o pasional. Lo único que asegura una conducta amorosa «normal» es la reunión de estas dos corrientes en una sola. La primera tiende al cuidado y respeto, y la segunda ayuda a gustar y desear sexualmente a la persona amada.

De las dos corrientes, la tierna es la más antigua y proviene de la infancia. Se dirige a las personas que integran la familia y a las que tienen a su cargo la crianza del niño. En esta corriente tierna se ponen en juego intereses eróticos. Todo esto tiene que ver con la elección que hace todo niño de una persona a la que amará primeramente, la cual, en la mayoría de los casos, no es otra que la madre. La ternura de ésta, de los integrantes de la familia y de las personas a cargo del cuidado del niño, contribuyen a acrecentar la corriente tierna del amor.

Cuando esta ternura es exacerbada, sucede que el niño se aferra a ella y a su madre que se la brinda, creándose una fijación tierna que puede continuar a lo largo de la infancia y de la vida. Pero llega un momento, en la pubertad, en la que se despierta la otra corriente del amor: la poderosa corriente sensual, la cual se añade a la tierna en la búsqueda y elección de una persona a quien amar.

Para que el adolescente pueda llegar a elegir una novia o compañera, él deberá dar un paso importante: ser capaz de dirigir su ternura y pasión a esta nuevo sujeto con quien pueda cumplir una real vida sexual, sin quedar fijado en sus sentimientos de ternura a los padres. Es, en cierto sentido, un abandono de los primeros amores de la infancia.

El paso que tiene que dar el adolescente, de la fijación a la ternura de los padres a la elección de un sujeto amado, puede ser algo muy difícil y llegar hasta fracasar; esto debido a dos factores: el primero tiene que ver con la dificultad que pueda tener el adolescente para encontrar una persona a quien amar, y el segundo, con el monto de apego que el sujeto llegue a tener a la ternura de los padres y demás personas queridas en la infancia.

579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis

 Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...