Mostrando entradas con la etiqueta pasión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pasión. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de noviembre de 2010

207. El amor: ¿sustancia química o pasión del ser?

El amor es una pasión del alma, o del sujeto, si se quiere. Por eso cabe preguntarse por qué los seres humanos aman. Las nuevas ciencias del cerebro dirían que todo aquello que tiene que ver con el amor, desde el maternal hasta el curioso hecho de que algunos sujetos logren permanecer felices por décadas con la misma pareja, o que otros sean incapaces de jamás forjar una relación duradera, es culpa de una hormona: la oxitocina, la cual ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes tras la primera oleada de emoción; otros investigadores le achacan la culpa del amor a una sustancia estimulante y adictiva, la feniletinamina, que cuando se dispara produce euforia y alborozo, y al papel que cumplen algunos transmisores cerebrales como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina. Ya se trate de hormonas o sustancias, estas actúan cambiando las conexiones de los miles de millones de circuitos cerebrales.

El psicoanálisis no busca la causa del amor en el quimismo del cerebro; él piensa más bien las cosas al revés -así como lo sugiere la misma explicación científica-: es la emoción, el enamoramiento, esa “primera oleada de emoción”, la que afecta el quimismo cerebral, aumentando las dosis de oxitocina y noradrenalina, etc. Volvamos, entonces, a la pregunta: ¿por qué los seres humanos amamos? La respuesta es: porque somos efecto del lenguaje. Para el psicoanálisis, el lenguaje es lo que determina la posibilidad de existencia del sujeto y, por hablar, se introduce en él una «falta de ser» fundamental. Es decir que el sujeto para el psicoanálisis no solo es efecto del lenguaje, sino que también es un sujeto en falta, un sujeto que por hablar ha perdido su ser. Y es justamente aquí, en el lugar de la «falta de ser», donde podemos introducir esa pasión, ese afecto que llamamos amor. El amor se constituye, entonces, en una de las formas que tiene el sujeto para hacerse al ser, para "agarrar" el ser. Para el psicoanálisis el amor es una respuesta a la falta en ser del sujeto. El amor surge como una de las respuestas posibles a la falta en ser del sujeto. Por tanto, los seres humanos aman en la medida en que son seres en falta, de tal manera que se ama para «hacerse al ser», para tener un ser, para alcanzar el ser, para llegar a ser alguien en la vida; porque ser amado por alguien, me da un motivo para existir, para ser.

lunes, 2 de agosto de 2010

124. Adolescentes enamorados.

El «enamoramiento» es un estado que ayuda a comprender situaciones psíquicas del sujeto. Si bien ha sido un tema dejado en manos de poetas, poseedores de una sensibilidad para percibir en otros las iniciativas sentimentales, en nuestros tiempos la investigación psicológica le ha «metido el diente», topándose con una dificultad general: como los seres humanos aprenden a amar con los padres, después no dejará de ser difícil, en menor o mayor grado, sustituir ese amor por el amor a otras personas. A esto se le suma el hecho de que, como se empieza a amar desde la más tierna infancia, el ser humano se ve afectado, desde muy temprano, por los embates del amor -celos, odio, rivalidad, etc.-.

Para que un adolescente pueda llegar a elegir una compañera, él deberá dar un importante paso: ser capaz de dirigir su ternura y pasión a esta nueva persona, con quien se espera que pueda cumplir una vida sexual, sin quedar «fijado» en sus sentimientos de ternura, a los padres. Es un abandono de los primeros amores de la infancia. Este paso, de la fijación a los padres a la elección de un sujeto, puede en ocasiones ser difícil o llegar a fracasar.

El amor lo podemos dividir en dos tendencias: la tierna y la sensual. La primera tiende al cuidado y respeto del otro, la segunda es el soporte del deseo sexual por la persona amada. La corriente tierna proviene de la infancia, se dirige a los sujetos que integran la familia y a los que tienen a su cargo la crianza del niño. A su vez, la ternura de la madre, de los integrantes de la familia y de las personas a cargo de dicha crianza, contribuye a acrecentar la corriente tierna del amor. Cuando esta ternura es exacerbada, sucede que el niño se aferra a ella y a la persona que se la brinda, creándose una «fijación tierna» que puede continuar a lo largo de la infancia y de la vida.

En la pubertad se despierta la otra corriente del amor: la sensual, la cual se añade a la tierna en la búsqueda y elección de un sujeto a quien amar. Lo que aseguraría una conducta amorosa «normal» es la reunión de estas dos corrientes en una sola, lo cual no siempre se da.

martes, 6 de julio de 2010

103. Mujeres inhibidas.

Ya no es más un secreto que las mujeres -no todas, por supuesto- de un lado, aman a un hombre con ternura -su esposo, su novio, su compañero, etc.-, y, del otro, desean a otro hombre con pasión -su amante-. A esto se le puede denominar «degradación de la vida erótica en las mujeres» (aunque Lacan va a corregir esta concepción freudiana y aclara que se difama a las mujeres cuando se dice que ellas se degradan), degradación que es constitutiva de la sexualidad humana, y que al parecer, ya no es sólo exclusiva de los hombres.

Dicha «degradación» de la vida sexual, debe entenderse como la separación que se presenta en el amor entre la ternura y la pasión. Si una persona ama con ternura a alguien, este amor suele tener un carácter sublime; en cambio, si desea con pasión, se considera que ha habido un «rebajamiento» del amor: de la sublime ternura, a la terrenal y sensual pasión.

La convergencia del amor y el deseo -las dos corrientes en que se divide el amor- en una misma persona, era una característica de la forma de amar de las mujeres. Ellas solían querer y desear a un mismo hombre; concentraban su ternura y su pasión en él. Los hombres, en cambio, se han caracterizado por desear a una mujer diferente de la que aman; p. ej., aman a la esposa, pero desean a la amante.

Al parecer, y gracias a la «liberalización de las costumbres sexuales», se ha empezado a observar en las mujeres esa característica que era exclusiva del amor masculino: dirigen su ternura hacía el compañero «oficial» -esposo o novio-, y su deseo hacia otro hombre -su amante-. Esta nueva posición de las mujeres en su forma de amar y de gozar de la sexualidad no es sin consecuencias. Un nuevo síntoma, de carácter psicológico, se presenta en ellas: la «inhibición» en el pensar y en el actuar. La inhibición es algo que se presenta siempre que un ser humano se enfrenta a una elección; siempre que una persona tenga que elegir entre una y otra cosa, entre una y otra persona, padecerá, en mayor o en menor medida, de una inhibición. Entonces es muy probable que haya contemporáneamente nuevas inhibiciones femeninas, lo que hace que las desdichas causadas por ellas, ya no sean exclusivas de los seres masculinos.

jueves, 7 de enero de 2010

28. Amor cortés.

Entre los siglos XII y XIII apareció el amor cortés, una inédita forma de amar. Ésta fue creada por trovadores del sur de Francia para rendir homenaje, con sus canciones, a la mujer de la cual se enamoraban, que, por lo general estaba casada y se le llamaba la Dama. El amor cortés constituye una forma de respuesta a los matrimonios, los cuales en aquella época, como en muchos otros lugares y momentos de la historia, se hacían por conveniencia. La mujer era objeto de un intercambio; el que se casara con ella recibía su dote y así aumentaba su riqueza. El matrimonio por amor todavía no existía.

El amor cortés resultó ser un nuevo discurso sobre el amor, una nueva forma de relación entre el hombre y la mujer. Dicho amor, aunque adúltero y clandestino, era considerado auténtico, sincero y fiel. El trovador, cuando era aceptado por su Dama, se convertía en su vasallo, astuto y discreto; se trataba entonces de un amor auténtico, no de un amor por conveniencia. Él no podía revelar la identidad de la Dama y para dirigirse a ella utilizaba un seudónimo o una señal que solo ella comprendía.

Lo más interesante del amor cortés y lo que lo hacía un amor “puro y sincero”, era que las relaciones sexuales entre el trovador y la Dama estaban prohibidas, y por lo tanto se consideraba como el verdadero amor. Además, el trovador y la Dama debían pasar por una prueba: estaban una noche juntos, acostados en la misma cama y desnudos, sin llegar a tocarse. Si tenían relaciones sexuales, entonces ya no se trataba de un amor cortés.

Si el amor cortés ha interesado al psicoanálisis es porque, después de novecientos años, continúa vigente; se lo encuentra, hoy como ayer, en la música popular y romántica de todos los pueblos -los boleros, vallenatos y rancheras, por ejemplo-, o aún entre hombres y mujeres que sostienen una relación así, como la de muchos personajes de series de T.V. -La Bella y la Bestia, Supermán y Luisa Lane, El Zorro y Carmen, etc.-. El amor cortés, sin relación sexual, es el amor imposible y tormentoso; es el amor apasionado por excelencia y el que más interés despierta. El amor feliz no es nunca tan atractivo como lo es éste.

lunes, 28 de diciembre de 2009

25. El flechazo de amor.

¿Qué es lo que despierta el amor de un hombre por una mujer y viceversa? Se puede decir que lo que desencadena el enamoramiento de un sujeto por otro es una imagen y/o un rasgo que proviene del otro en quien el enamorado se ha fijado.

No es lo mismo un rasgo que una imagen. La imagen suele ser totalizante; abarca a toda la persona; tiene que ver con la imagen que ella proyecta: de bienestar, de salud, de tranquilidad, de completud, etc.; se trata de una imagen que se suele adornar con cualidades. El rasgo, en cambio, no es totalizante, sino que más bien descompleta la imagen: es ese pequeño atributo del otro que llama la atención del enamorado; se puede tratar de un adorno que hace parte de la imagen del amado: el color de sus ojos, su mirada, las trenzas de su cabello, su andar, sus pies descalzos, la forma de sus caderas o el color de su piel, su carácter, lo bondadoso o lo fuerte que sea, etc. Se podría decir que a cada sujeto se le desencadena su pasión cuando encuentra un rasgo particular, físico o de personalidad, en el otro. Es por esta razón que cada ser humano se enamora cada vez del mismo tipo de personas.

Se puede concluir que lo que desencadena el amor es decididamente una imagen, una imagen que proviene del semejante. No se trata nunca de cualquier imagen; si así fuera, un hombre podría amar a cualquier mujer, o viceversa, y resulta que un hombre no ama a cualquier mujer, sino que ama a alguien, a una mujer en particular, o mejor, ama la imagen que esa mujer en particular le proyecta. Por eso hay enamoramientos que se inician repentinamente, cuando se ve a ese otro sujeto en un encuentro inesperado. Ese enamoramiento repentino, despertado por la imagen del otro, es lo que los amantes denominan el flechazo de amor.

Lo que sucede en este momento es que la imagen del otro fascina al sujeto, lo encanta, lo enamora, por tratarse, justamente, de una imagen aparentemente completa. El enamoramiento no es otra cosa que sentir la pasión del amor y éste surge allí donde la imagen del otro ha cautivado al amante.

sábado, 28 de noviembre de 2009

19. Degradar al amado e impotencia psíquica.

En el estudio de la impotencia, aquella en la que los órganos genitales rehusan el cumplimiento del acto sexual aunque se encuentren sanos y capaces de actuar, se ha encontrado que en ella influyen una serie de pensamientos que escapan a la conciencia del individuo. Son casos en los que no confluyen en una sola las dos corrientes en las que se divide el amor: la corriente tierna y la pasional. La vida amorosa de estas personas queda dividida en las dos orientaciones que la literatura ha personificado como amor celestial y terreno. La dificultad de estos sujetos es que cuando aman no desean y cuando desean no pueden amar. Si una persona les despierta ternura, ella no excitará su sensualidad, sino un cariño ineficaz en lo erótico.

Para protegerse de esta impotencia, el principal recurso del que se vale el hombre que se encuentra en esta situación, consiste en degradar a la persona deseada, a la par que incrementa su estimación amorosa hacia la persona amada con ternura. Respeta a su mujer y solo desarrolla su potencia sexual cuando está frente a una mujer degradada: su amante, una prostituta, una mujer de dudosa reputación, etc. Cumpliéndose la condición de la degradación, la pasión se exterioriza con libertad sin que el sujeto padezca de impotencia. Son hombres que necesitan rebajar a la persona deseada; con ella se enlaza la posibilidad de satisfacción sexual.

La impotencia psíquica se debe, entonces, al desencuentro de la corriente tierna y la sensual en la vida amorosa. Pero esta división es muy común y se presenta en la mayoría de los hombres civilizados, por lo que estaría justificada la posibilidad de que la impotencia psíquica sería una alteración frecuente y no la enfermedad de algunos individuos solamente. La impotencia psíquica está mucho más difundida de lo que se cree, y cierta medida de esa conducta caracteriza la vida amorosa del hombre en la sociedad moderna, así como el hecho de que tantos hombres tengan a otra mujer, a parte de su esposa, y a la que le destinan toda su pasión y deseo sexual.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

17. El amor por mujeres “fáciles”.

Dentro de la serie de conductas del enamorado hacia la amada, hay uno que es bien peculiar. En el amor una mujer es valorada por su integridad y cuando ésta es inmoral se la desvaloriza. Sucede que hay hombres que se sienten atraídos y aman sólo a mujeres impúdicas, a mujeres “fáciles”, y a ellas dedican el máximo interés psíquico.

De quienes se comportan de esta manera se dice que han sido “enyerbados”. Lo que verdaderamente pasa es que él le dedica toda su pasión, aún a su pesar. El vínculo erótico de estos hombres tiene un carácter obsesivo, rasgo que además es propio de todo enamoramiento. Se trata también de hombres que en todos los casos exaltan la fidelidad, a pesar de que cambian a sus amadas, una y otra vez, llegando a formar una larga serie.

Existe en estos galanes la tendencia a rescatar a la amada; están convencidos de que sin ellos perdería todo apoyo. Justifican su actitud invocando la dudosa escrupulosidad sexual de la amada o su posición social amenazada; buscan mantenerla en la senda de la virtud. El psicoanálisis ha descubierto que la condición de la lujuria de la amada deriva de las primeras relaciones interpersonales del individuo, en la infancia.

El origen psíquico de esta elección brota de la fijación infantil a la ternura de la madre cuando ella es muy estimada por su hijo. En nuestra cultura el culto a la madre es muy característico de nuestras familias. La dependencia del hijo es también alimentada por la madre y la respuesta de éste es la de una adoración que lo lleva a parecer como pegado a sus faldas.

Esta fijación infantil hace que la amada se convierta en única e insustituible. Lo que supuestamente es insustituible se revela mediante el reemplazo continuo de mujeres. Esto porque en cada nueva mujer se hecha de menos el amor, tan ansiado, que se encontró en la madre. Por esta razón esta clase de hombres eligen a su mujer según el modelo de la madre, pero esto es algo que hace parte de la condición humana: todos elegimos a otro según el prototipo de las primeras personas a las que se amó.

viernes, 9 de octubre de 2009

14. El amor es un huequito.

El amor es un tema de interés para entender muchos de los asuntos del ser humano. Aquel ha sido dejado en manos de los poetas, quienes poseen la sensibilidad para percibir en otros sus iniciativas sentimentales. Con el psicoanálisis se emprendió la investigación rigurosa de la vida amorosa de los hombres. Éste ha encontrado que el amor es problemático porque se aprende en un mal lugar: con los padres, y en un mal momento: en la infancia; todo ser humano deberá sustituir el amor dirigido a sus padres por el amor a otros, y muy temprano en la vida se verá afectado por los embates del amor: celos, frustraciones, odio, rivalidad, etc. En el amor, las cosas difícilmente marchan como se quisiera.

Los padres son los que transmiten el amor a sus hijos. ¿Cómo lo hacen? La respuesta es simple: se ama a quien nos ha amado. Pero, ¿Cómo precisar lo que es el amor?. El poeta Gonzalo Arango dice de él: “El amor es un huequito para llenar de imaginación”. Aquí lo interesante es que se define al amor como un huequito; en efecto, si se hace la pregunta de por qué los seres humanos aman, la respuesta es: porque algo les falta, porque en el fondo del ser hay un “huequito”. Es porque algo falta que surge el deseo de amar a otro.

El amor tiene una estrecha relación con el deseo. El deseo es deseo de lo que falta; lo que ya se posee no es deseable. Cuando se siente hambre, se puede decir que esta es la manifestación de algo que falta: el alimento, y una vez que se come, esa falta que se sentía como hambre y que impulsaba a tomar alimento, acaba. Si bien este ejemplo ayuda a ilustrar lo que sucede cuando algo falta, hay que tener presente que el orden de la necesidad en el hombre es totalmente diferente al orden del deseo. Necesidad y deseo no son equivalentes. Los seres humanos comparten con los animales el hecho de que ambos tienen necesidad de alimento para sobrevivir, pero no se ve a los animales haciendo demandas de amor -no se confunda esto con ciertas rutinas en animales domésticos cuando responden a la demanda de sus amos-. El amor es una pasión exclusiva del ser humano.

579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis

 Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...