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miércoles, 8 de septiembre de 2010

146. Justicia o venganza.

Los grandes poetas tienen la capacidad para expresar verdades psicológicas que suelen ser mal vistas. Así pues, Heine -poeta alemán citado por Freud- confiesa: «yo tengo las intenciones más pacíficas. Mis deseos son: una modesta choza con techo de paja, pero un buen lecho, buena comida, leche y pan muy frescos; frente a la ventana, flores, y algunos hermosos árboles a mi puerta; y si el buen Dios quiere hacerme completamente dichoso, que me dé la alegría de que de esos árboles cuelguen seis o siete de mis enemigos. De todo corazón les perdonaré, muertos, todas las inquietudes que me hicieron en vida... sí: uno debe perdonar a sus enemigos, pero no antes de que sean ahorcados». ¿Que transmite este poeta en su decir? Pues que en todo ser humano habita un deseo de venganza hacia las personas que le hacen mal, y que Dios no parece querer la dicha de los hombres, ya que la religión promulga el perdón y no la venganza.

El deseo de venganza hace parte de la «naturaleza» humana y es más que sensato sentirlo. Lo que no es sensato, son todas esas expresiones de perdón que se escuchan en respuesta a los actos de los violentos: se perdona al asesino y al secuestrador a pesar del dolor que producen. ¿No ayuda esto a que los violentos sigan causando más daño?

Hay cosas imperdonables, como las hay también que se pueden perdonar. Hay que hacerle saber al violento que muchos de sus actos no tienen perdón, y que deben pagar por ellos. Es por el deseo de venganza que se demanda justicia, o mejor, el ejercicio de la justicia es una forma civilizada de tramitar el deseo de venganza. Una justicia efectiva, que sanciona al responsable de un mal de manera rápida y con un castigo que se corresponda con el mal causado, ayuda a aliviar el dolor psicológico causado por el daño recibido y apacigua los deseos de venganza; lo que alivia es saber que el responsable de mi dolor está pagando por ello. Si hay impunidad y perdón anticipado, no se puede esperar que las personas dejen de hacer justicia por su propia cuenta -lo cual es repudiable- y que el violento sienta el rechazo de la gente.

domingo, 20 de junio de 2010

90. Salud mental y responsabilidad.

La salud mental la podemos definir a partir del orden público, es decir, que en la medida en que haya tranquilidad en el ámbito de las cosas del estado, entonces se podrá determinar si alguien esta mental o psíquicamente mal. Por eso, cuando una persona altera el orden público establecido en una sociedad, se empieza a dudar de su salud mental: “¿es que acaso se enloqueció?”

Como la salud mental depende del orden público (Miller, 1997), lo más importante, en la cultura actual, es caminar bien por la calle y atravesarla sin hacerse atropellar, hacer buen uso de la fuerza, y sobre todo, entrar, salir y volver; la salud mental de una persona depende completamente de que pueda hacer todo esto. Piénsese, por ejemplo, en lo que pasaría si alguien no llega a dormir a la casa; ese solo hecho es ya causal de divorcio.

Para cuidar del orden público está la policía y la justicia, e igualmente los llamados trabajadores de la salud mental. Hay personas que cuando perturban el orden público, son de la incumbencia de los trabajadores de la salud mental; otros, en cambio, le incumben a la policía y a la justicia. Pero, ¿cuál es el criterio para diferenciar entre los problemas de salud mental y los problemas de orden público tratados por la policía y la justicia? Dicho criterio es la responsabilidad.

La responsabilidad se puede definir a partir del castigo, es decir, según haya o no justificación para aplicarle un castigo a una persona. El castigo tiene que ver con el derecho y con la ética. Aún más, el castigo es una característica esencial de la idea del hombre que prevalece en toda sociedad civilizada (Miller, 1997). Por esta razón, para determinar la salud mental de una persona, lo decisivo es verificar su responsabilidad, es decir, determinar si ella puede ser castigada o no, si puede asumir o no una responsabilidad sobre sus propios actos.

Entonces, a partir de lo anterior, se puede llegar a concluir que un individuo con buena salud mental es aquel que puede ser castigado, es decir, que responde por sus actos. Y en este punto se entrelazan ética, derecho y la salud mental.

sábado, 27 de marzo de 2010

46. Rasgos de cultura.

Entre los rasgos que el psicoanálisis distingue para medir la cultura de un país, se destaca el cuidado de todas las cosas que le son útiles. La veneración de la belleza también es algo que se exige a la cultura; igual sucede con la limpieza y el orden. La suciedad es rechazada, y el orden parece una obsesión necesaria para llevar una vida en comunidad; a sus miembros se les enseña cómo, cuándo y dónde algo debe hacerse, para aprovechar al máximo el uso del espacio y el tiempo.

En ningún otro rasgo se mide mejor el nivel cultural de un pueblo que en el cuidado que se le da a actividades psíquicas como el trabajo intelectual, el científico, el artístico y el papel rector de las ideas en la vida del hombre; en la cima de estas están los sistemas religiosos, las especulaciones filosóficas y todos los ideales y principios que rigen una sociedad.

Como último rasgo de cultura está el modo en que se regulan los vínculos recíprocos entre las personas: sus relaciones sociales, sexuales, familiares y con el Estado. La cultura se inició con el primer intento de reglar los vínculos entre los hombres. Sin dicha reglamentación, los lazos sociales estarían sometidos a la arbitrariedad del individuo de mayor fuerza física, quien actuaría de acuerdo a sus impulsos egoístas.

La convivencia humana se hizo posible con al adhesión de una mayoría que resultó más fuerte que el individuo; este fue un paso decisivo en el establecimiento de la cultura. Su esencia consiste en que los miembros de una comunidad ponen limites a la posibilidad de satisfacer sus impulsos, en tanto que el individuo no conocía tal limitación. El siguiente requisito cultural será la justicia, es decir, la seguridad de que el orden jurídico establecido no se quebrantará para favorecer a un individuo. El resultado será un derecho al que los capaces de llevar una vida en comunidad contribuyen con el sacrificio de sus pasiones primitivas y en la cual nadie pueda resultar víctima del abuso de otros. Lo aquí expuesto nos ayuda a responder si nuestra sociedad es en realidad culta.

579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis

 Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...