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domingo, 6 de septiembre de 2009

8. El soborno es el recurso cuando falta la autoridad.

Los padres que sobornan o que se dejan chantajear, tienen una actitud débil frente a sus hijos. Piensan que hay que compensarlos por pedir el cumplimiento del deber; creen que van a traumatizarlos si les exigen; creen que los frustran si no los premian por su labor; sienten culpa cuando sancionan a sus hijos; piensan que deben ser amigos de sus hijos, descuidando sus funciones como padres. Así se convierten en cómplices alcahuetas y les queda difícil exigirles un respeto por la autoridad. También son padres muy orgullosos de sus hijos, por lo que caen fácilmente es sus chantajes. De la posición subjetiva del padre depende la posición subjetiva del hijo.

Los hijos se arman de estrategias para obtener el perdón de una sanción, conseguir el favor de sus padres o evitar una responsabilidad. Algunas estrategias son: El llanto, la pataleta, las demostraciones de cariño, los éxitos escolares, las amenazas, etc. Depende de la respuesta que un padre le de al chantaje de su hijo, el que este se salga con la suya o no!

El chantaje emocional conmueve el ánimo de la persona amenazada; es frecuente allí donde el hijo es el “rey del hogar” y donde los padres sienten pesar o temor a “traumatizarlo” si no son condescendientes. Las familias se pueden dividir en dos: aquellas donde los padres gobiernan a sus hijos, y aquellas donde los hijos mandan a los padres. Reconocer que se puede estar fallando en el manejo de la autoridad al recurrir al soborno, es el primer paso para pensar en cómo intervenir de un modo diferente. Sobre esto no hay una recetas. Cada padre se las arregla como puede. La alcahuetería y flexibilidad en las normas, tanto como su extremo, el autoritarismo, no son las mejores estrategias para educar a un hijo. Tampoco lo es el recurso al soborno.

domingo, 30 de agosto de 2009

7. El soborno y el chantaje, comportamientos de hoy.

El soborno es ese comportamiento en el que se pretende corromper a alguien ofreciéndole dádivas para obtener de él un beneficio. El chantaje es la amenaza que se hace a alguien con el objetivo de obtener de él un provecho. Los padres de familia suelen caer en este tipo de prácticas con sus hijos.

A todo padre que soborna le corresponde un hijo chantajista. Los padres caen en el error de ofrecerles regalos a sus hijos para obligarlos a cumplir con sus deberes o para hacerlos obedecer, ya que no saben ejercer su autoridad de manera firme y consistente. Ante esto los hijos responden manipulando a los padres con chantajes; estos les ponen condiciones a los padres para cumplir con los deberes y las normas. Si un padre promete un regalo a su hijo a cambio de algo -soborno-, la próxima vez que le pida un favor o le dé una orden, su hijo lo podrá amenazar diciéndole que lo hará solo si le da a cambio algún obsequio -chantaje-, tal y como su padre se lo ha enseñado.

Este tipo de conducta tiene consecuencias. Con el soborno se condiciona el cumplimiento del deber y el respeto por las normas al hecho de recibir un estímulo o beneficio, así que no se cumple con el deber por el deber mismo, y que no se respeten las normas como condición de una convivencia amable en la familia. Lo anterior no significa que no se pueda estimular o premiar el buen comportamiento de los hijos. Tampoco significa que no se le pueda dar un apoyo moral o un estímulo afectivo cada vez que él obtiene un éxito académico o deportivo. El problema está en hacer de esto una costumbre y en dejar que los hijos condicionen su comportamiento al tipo de estímulo que puedan recibir.

579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis

 Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...