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miércoles, 13 de abril de 2011

293. El fundamento de la ética en Freud.

Por el hecho de hablar, el hombre está separado de su organismo. No es más el instinto el que regula su acción, sino que él se introduce en el «hábitat» del lenguaje. La pulsión es el nombre que le da Freud al impulso sexual en la criatura humana en tanto que ella no está regulada por el instinto, como sí sucede en los animales. El hombre es más bien un ser desnaturalizado. Y podríamos agregar: por ser un ser desnaturalizado, es por lo que pasa a ser un ser ético.

Toda reflexión acerca del origen de la ética y su lugar antes y después del asesinato del padre primordial, coincide con una frase de Lacan que aparece en la Respuesta a unos estudiantes de filosofía sobre el objeto del psicoanálisis. Dice: “...es necesario, como lo es en el fundamento de todo derecho, un paso al acto...”. Si la ética es un juicio sobre los actos del sujeto, entonces es claro que a partir de ella se puedan determinar los derechos del sujeto; hasta se podría definir a la ética como un conjunto de derechos y deberes, en la medida en que estos sirven para regular la acción de los sujetos. “Para volver a la ética (dice Freud), diríamos a modo de conclusión: una parte de sus preceptos se justifican con arreglo a la ratio por la necesidad de deslindar los derechos de la comunidad frente a los individuos, y los de ellos entre sí” (1980, p. 118). Podemos entonces situar en el fundamento de la ética ese paso al acto que es el asesinato del padre primordial. Así pues, tener derecho equivale a inscribirse en una versión simbólica del padre.

Freud (1980) lo dice así en su Tótem y tabú: “Hemos concebido los primeros procesos morales y restricciones éticas de la sociedad primitiva como una reacción frente a una hazaña que dio a sus autores el concepto del crimen. Ellos se arrepintieron de esa hazaña y decidieron que nunca más debía repetirse y que su ejecución no podía aportar ganancia alguna.” (p. 160).

sábado, 9 de abril de 2011

289. La primera forma de organización social.

Freud hace de la renuncia de lo pulsional, el origen de la ética, renuncia que está en estrecha relación con el asesinato del padre primordial, asesinato con el cual se habría iniciado el orden social, las leyes éticas y la religión. Se puede decir, entonces, que dicha renuncia tiene por causa al padre, o mejor, el asesinato del padre. Dice Freud (1980) en su Moisés y la Religión Monoteísta:

“Cabe suponer que al parricidio siguiera una larga época en que los hermanos varones lucharon entre sí por la herencia paterna, que cada uno quería ganar para sí solo. La intelección de los peligros y de lo infructuoso de estas luchas, el recuerdo de la hazaña libertadora consumada en común, y las reciprocas ligazones de sentimiento que habían nacido entre ellos durante las épocas de la expulsión, los llevaron finalmente a unirse, a pactar una suerte de contrato social. Nació la primera forma de organización social con renuncia de lo pulsional, reconocimiento de obligaciones mutuas, erección de ciertas instituciones que se declararon inviolables (sagradas); vale decir: los comienzos de la moral y el derecho. Cada cual renunciaba al ideal de conquistar para sí la posición del padre, y la posesión de madre y hermanas. Así se establecieron el tabú del incesto y el mantenimiento de la exogamia” (p. 79).

Freud llama, entonces, «primera forma de organización social» a la surgida después del asesinato del padre; esto parece entrar en contradicción con lo postulado por Darwin −del cual Freud extrae la hipótesis del imperio de un macho viejo sobre la horda−, quien denomina a dicha horda “estado social primordial del ser humano” (1980, p. 128). ¿Acaso se puede llamar a esta primera organización, la de «la horda primitiva», una organización social? ¿Y cómo llamar entonces a la unión entre los hermanos parricidas que pactan un contrato social? Estas preguntas sirven para pensar lo que sería el estado de cosas antes y después del asesinato del padre primordial; se trata del problema del paso de la naturaleza a la cultura, o en términos de Lévi−Strauss, de lo crudo a lo cocido.

lunes, 5 de julio de 2010

102. Mujeres y derechos.

El desarrollo del tema de las mujeres en este siglo, es correlativo de la extensión del «discurso de los derechos humanos», derechos que, por supuesto, incluyen a las mujeres. A dicho discurso hay que agregar la extensión de los ideales de la justicia distributiva, es decir, la distribución de los bienes y servicios de una sociedad de forma equitativa entre los miembros de una comunidad.

En este punto se encuentra una dificultad: mientras más triunfa la ideología, el discurso de la justicia distributiva y de los derechos humanos, más aparecen en el horizonte toda una serie de fenómenos que contrarían a la justicia y a los derechos: pobreza, marginamiento, violaciones de los derechos humanos, segregación, impunidad, etc. Es como si el Dios de la religión tuviera dos caras: la del padre bueno, justo, amable, y la del padre cruel, injusto y feroz. El asunto es, que mientras más se invoca al bien, pareciera que más se exterioriza el mal.

Pero, esta problemática, ¿qué tiene que ver con las mujeres? Pues conque el discurso de los derechos humanos y la justicia distributiva ha llevado a las mujeres a conquistar una nueva posición en la sociedad: ahora las mujeres tienen derecho a trabajar. Hasta hace poco las mujeres no disfrutaban de este derecho, pero ellas han demostrado suficientemente lo eficientes que pueden llegar a ser y lo dispuestas que están para enfrentar la lucha en el campo laboral. No obstante, su trabajo ha introducido una tensión entre los éxitos profesionales y lo que se puede denominar la vida afectiva; se trata de una tensión entre el trabajo y el amor.

Los éxitos profesionales de las mujeres también han hecho más difícil la relación de pareja. Al parecer, los maridos de estas mujeres -por supuesto que no todos-, no soportan bastante bien el hecho de que su mujer sea tan -o más- exitosa en el ámbito profesional que ellos mismos. Esto ha introducido otra tensión, una tensión que se suma a la ya mencionada entre el trabajo y el amor, y es la tensión de la pareja que se sumerge en la rivalidad profesional.

579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis

 Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...