Cuando Lacan afirma que "el cuerpo le pesa al sujeto", se refiere a la idea de que el sujeto experimenta su cuerpo como algo problemático, como una carga que, en cierto sentido, le es ajena. Esta expresión no es una cita literal de Lacan, sino una formulación derivada de su pensamiento sobre la relación entre el sujeto y su cuerpo. Surge de sus seminarios y escritos, en los que aborda temas como el cuerpo, el goce y la alienación del sujeto en relación con el lenguaje y el significante (Seminario XX: Aún (1972-1973) y El estadio del espejo, en los Escritos).
Para Lacan, el sujeto se constituye en y por el lenguaje, pero este proceso de simbolización -es decir, la entrada en el lenguaje- lo aliena y lo separa de su cuerpo. En consecuencia, el cuerpo nunca puede ser plenamente captado o expresado por el lenguaje, ya que siempre hay una dimensión de la experiencia corporal que escapa al registro simbólico. Esta escisión genera una sensación de extrañeza, como si el cuerpo no fuera completamente propio, como si estuviera de algún modo separado del sujeto.
El cuerpo, entonces, no se reduce al organismo biológico; también está atravesado por lo simbólico -el lenguaje que nos permite representarlo- y por lo imaginario -la imagen que el sujeto se hace de sí mismo, a partir de su reflejo en el espejo o de su semejante-. El organismo es lo real; el lenguaje, lo simbólico; y la imagen, lo imaginario. Estos tres registros, que conforman la estructura psíquica del sujeto, se entrelazan en lo que Lacan denomina el nudo borromeo. La relación del sujeto con su cuerpo está marcada por la tensión entre estos registros, especialmente entre lo simbólico y lo real, donde el cuerpo se presenta como algo que no puede ser completamente apropiado por el sujeto.
Así, el cuerpo no es solo un organismo, sino una entidad mediada por significantes -palabras, símbolos- que impiden al sujeto vivirlo de forma directa. Es como si el lenguaje lo separara del organismo. El cuerpo se convierte en una entidad fragmentada y alienada, una fuente de goce y de deseo que escapa al control consciente del sujeto. Por ello, el cuerpo se experimenta como algo externo, que desborda lo simbólico.
El cuerpo es el lugar donde se experimenta el goce, es decir, la satisfacción pulsional. La pulsión tiene su origen en las zonas erógenas del cuerpo, pero el goce no es un placer simple o directo, sino una satisfacción excesiva, muchas veces dolorosa o desbordante, que el sujeto no puede controlar ni comprender del todo. Este goce corporal "pesa" porque genera una tensión con el orden simbólico y con las normas sociales. El cuerpo se convierte en una fuente de impulsos difíciles de integrar en la vida simbólica y consciente del sujeto, provocando sensaciones de extrañeza e incomodidad: «¿Qué le pasa a mi cuerpo?, ¿este cuerpo es mío?, ¿por qué no me responde?»
Lacan desarrolla su teoría del estadio del espejo como un momento clave en la formación del Yo. En este estadio, el infante se reconoce por primera vez al ver su imagen reflejada y se identifica con ella como una unidad. Sin embargo, esta identificación es ilusoria, ya que antes de ese momento el infante vive su cuerpo como fragmentado, como un conjunto de partes inconexas, debido a su inmadurez motriz. Esta experiencia de fragmentación corporal no desaparece por completo: incluso en la adultez, el sujeto sigue sintiendo que su cuerpo debe ser "manejable" pero nunca completamente dominado. Por eso, su cuerpo le pesa, como si estuviera embarazado de él.
Desde esta perspectiva, el cuerpo se percibe como una carga, ya que el sujeto nunca tiene un control total sobre él. Es un cuerpo atravesado por las pulsiones y el goce -una satisfacción pulsional que no obedece a las leyes del lenguaje ni a la razón-, lo que obliga al sujeto a experimentar deseos y satisfacciones -plus de goce- que muchas veces van en contra de su voluntad consciente o de las normas culturales (p. ej. beber y/o comer en exceso). Además, el cuerpo envejece, se enferma y se deteriora, y el sujeto experimenta estos procesos como algo que le sucede, sin poder evitarlos. Esto refuerza la sensación de que el cuerpo es una carga que debe soportar.
El sujeto, en la teoría lacaniana, no es un individuo unificado y autoconsciente como en la tradición cartesiana del "pienso, luego existo". Es un sujeto escindido, dividido, en falta, producto de la irrupción del lenguaje sobre el organismo. En este esquema, el cuerpo aparece como algo separado de la experiencia consciente: el cuerpo como organismo es el lugar de lo real, aquello que escapa al lenguaje y no puede ser plenamente simbolizado. Este cuerpo-real está fuera del control del sujeto, y esa separación genera la sensación de que el cuerpo es algo extraño, una carga que debe llevar sin poder dominarla, marcada por la alienación simbólica y la irrupción del goce real.
UN BLOG SOBRE PSICOANÁLISIS LACANIANO. Los textos cortos aquí publicados, aparecieron en el semanario La Hoja de Medellín, entre los años 1995 y 1999, en una columna titulada «Sentido Común». A partir del 18 de julio de 2007, he empezado a publicar otros textos cortos, reflexiones, ideas, desarrollos teóricos del psicoanálisis lacaniano. Espero les sea de utilidad para pensar al sujeto y como introducción al psicoanálisis. Bienvenidos!!
jueves, 3 de julio de 2025
556. ¿Qué es el cuerpo para el psicoanálisis?
martes, 3 de junio de 2025
555. Lalengua es el medio por el cual el sujeto experimenta un goce singular
En la obra de Lacan el concepto de lalengua (lalangue en francés) es uno de los más complejos y fascinantes de su teoría, especialmente desarrollado en su Seminario XX: Aún (1972-1973). Lalengua (un término que juega con las palabras francesas langue [lengua] y lallation [balbuceo]) se refiere a un nivel del lenguaje que escapa a la estructura simbólica del significante y está íntimamente ligado al goce y a la experiencia singular del sujeto.
Lalengua no es el lenguaje estructurado del orden simbólico, sino un nivel más primordial, afectivo y material del lenguaje. Es el lenguaje en su dimensión de puro sonido, ritmo, repetición y afecto, antes de que sea capturado por las reglas de la gramática. Lacan se inspira en el balbuceo infantil (lallation), los sonidos prelingüísticos que los bebés producen antes de entrar en el sistema del lenguaje. Lalengua es el sustrato sonoro, rítmico y afectivo del lenguaje, que persiste incluso en los adultos y está cargado de goce. El término lalengua es un neologismo que condensa la langue (la lengua como sistema) y lallation (el balbuceo). Mientras que el orden simbólico, el Otro como «el tesoro de significantes», en el que los significantes remiten unos a otros, lalengua es lo que queda fuera de esa estructura: es el exceso, el residuo no simbolizable que porta el goce.
Lalengua es, pues, el medio por el cual el sujeto experimenta un goce singular, no mediado por el orden simbólico. Este goce singular del sujeto es lo que lo conecta con el concepto del Uno. Lacan utiliza el término "Uno" (con mayúscula, L'Un en francés) para referirse a una unidad o marca que surge en el sujeto a través de su entrada en el orden simbólico, entrada que lo hace un sujeto dividido. El sujeto está dividido porque está atravesado por el lenguaje, pero el "Uno" puede entenderse como el significante que pretende unificar o dar coherencia al sujeto, aunque esta unidad es ilusoria. Por ejemplo, el "Nombre del Padre" (como significante amo) puede funcionar como un "Uno" que organiza el orden simbólico, pero nunca logra totalizar al sujeto debido a la división del sujeto, que es estructural.
En Seminario XX, Lacan asocia lalengua con el goce que no se articula en el campo del Otro. Se trata de un goce "autista", en el sentido de que es propio del sujeto y no se comparte ni se subordina a las reglas del discurso social. Este goce está ligado al "Uno" como unidad singular del sujeto, que no se integra en la relación con el Otro. Así pues, lalengua está anclada en el cuerpo, en la materialidad del sonido y en las sensaciones que produce el acto de hablar o escuchar. Por ejemplo, los juegos de palabras, los equívocos, las rimas o los sonidos repetitivos (como en la poesía o los chistes) activan lalengua y generan un goce que no depende del significado, sino de la experiencia sensorial del lenguaje. Un trabalenguas, un poema o incluso un lapsus linguae pueden ser manifestaciones de lalengua, donde el significado pasa a un segundo plano y el goce surge del ritmo, la sonoridad o la equivocidad de las palabras. Este goce no se explica por la lógica del significante, sino que emerge de lo real del lenguaje. Lalengua pertenece, entonces, al registro de lo real; lalengua es la dimensión del lenguaje que toca lo real al evadir las reglas del significante.
Por todo lo anterior es que Lacan va a hacer énfasis en los equívocos, allí donde un mismo sonido puede tener múltiples significados. Estos equívocos son centrales en lalengua, ya que producen un goce que no depende de un significado fijo, sino de la ambigüedad y la materialidad del lenguaje. Por ejemplo, un lapsus o un juego de palabras puede revelar algo del inconsciente a través de lalengua. Así pues, lalengua es crucial porque permite al analista escuchar más allá del significado explícito de las palabras del paciente. Los lapsus, los juegos de palabras o las repeticiones son manifestaciones de lalengua que revelan el goce inconsciente del sujeto. El analista presta atención a lalengua para captar el goce singular del paciente, que no se expresa en el contenido narrativo, sino en cómo se dicen las cosas: el tono, las pausas, los errores o las repeticiones.
martes, 20 de febrero de 2024
539. ¿Cómo explica el psicoanálisis la parálisis del sueño?
"La interpretación de los sueños (1900)" es el texto con el que Freud dio a conocer al mundo científico y académico su teoría psicoanalítica; sin embargo, no abordó específicamente la parálisis del sueño en su obra. Este fenómeno ha sido estudiado principalmente en el ámbito de la medicina y la psicología contemporáneas, donde su explicación se encuentra en términos de neurociencia y fisiología del sueño.
Las teorías neuropsicológicas contemporáneas consideran que la parálisis del sueño es un trastorno en el cual una persona, al despertar o quedarse dormida, experimenta una incapacidad temporal para moverse o hablar. Esto suele ir acompañado de sensaciones de presión en el pecho, alucinaciones visuales o auditivas, y una sensación de terror por la imposibilidad de moverse o levantarse. Se cree que este fenómeno está relacionado con una interrupción en la transición entre las etapas del sueño REM (movimiento ocular rápido) y el sueño NREM (no REM), lo que puede temporalmente desconectar la mente del cuerpo.
Así, los investigadores contemporáneos relacionan esta parálisis con aspectos neurofisiológicos y la interrupción en la transición entre las etapas del sueño REM y NREM. Se centran en la actividad cerebral durante el sueño y cómo pueden ocurrir disfunciones en el proceso de despertar del sueño REM. Durante el sueño REM, el cuerpo se paraliza naturalmente para evitar que las personas actúen físicamente sus sueños, como ocurre en el sonambulismo, considerado también un trastorno del sueño.
En el caso de la parálisis del sueño, esta parálisis temporal puede persistir brevemente, causando la sensación de estar atrapado en el propio cuerpo o incluso de separación del mismo (lo que la parapsicología denomina desdoblamiento). Las explicaciones de la mitología popular atribuyen la parálisis a la presencia de íncubos, duendes, demonios o brujas.
¿Cómo explica el psicoanálisis la parálisis del sueño? Para el psicoanálisis, la parálisis del sueño responde a un conflicto psíquico entre dos fuerzas en pugna, similar a lo que sucede en la formación de un síntoma psíquico. Este conflicto es siempre una formación de compromiso entre dos fuerzas opuestas que buscan su satisfacción: lo represor (las demandas morales y culturales) y lo reprimido (las demandas pulsionales y deseos reprimidos).
En la parálisis del sueño, las dos fuerzas en conflicto son las demandas culturales que exigen al sujeto cumplir con sus deberes y tareas, y la realización de un deseo muy poderoso en los individuos: el deseo de seguir durmiendo y descansar. Por esta razón, la parálisis del sueño suele ocurrir cuando el sujeto intenta tomar una siesta después del almuerzo o por la mañana antes de despertar, pero se ve obligado a levantarse para cumplir con sus responsabilidades laborales, académicas o domésticas.
En este momento, el deseo de dormir entra en conflicto con las exigencias del yo para despertarse y trabajar, lo que lleva a experimentar la parálisis del sueño. Durante este estado, el sujeto puede sentir que no puede levantarse, lo que puede llevarlo a gritar, llamar a alguien o pedir ayuda, aunque en realidad está soñando. Sin embargo, estos sueños suelen ser muy vívidos, lo que lleva a que se experimenten como alucinaciones. En algunos casos, el sujeto puede soñar que se levanta y comienza a realizar sus tareas cotidianas: se lava los dientes, se alista para salir, se sube a su automóvil, hace el viaje hasta la oficina, y cuando llega a la oficina… ¡se despierta! Y se da cuenta de que lo cogió la tarde para llegar al trabajo.
En resumen, el conflicto en juego en este fenómeno se encuentra entre el deseo de dormir y las demandas imperativas del yo para cumplir con los deberes y responsabilidades.
jueves, 23 de junio de 2022
519. «Todo el mundo está en su mundo»
El lenguaje precede al sujeto, es decir, aquel ya existe antes de que el sujeto nazca. Es más, ese que el psicoanálisis llama sujeto puede incluso existir aún antes de nacer y seguir existiendo después de morir, y esto gracias al lenguaje. El sujeto existe antes de nacer en el discurso de sus padres, y sigue existiendo después de morir en el discurso del Otro. Por eso un sujeto solo muere del todo cuando muere la última persona que pensaba en él, como lo enseña claramente la película «Coco» de Disney o las palabras de Álvaro Mutis. El encuentro contingente del sujeto con el lenguaje lo va a traumatizar, "por el choque de las palabras con una maleza de pulsiones inorganizadas" (Kanedo y Pinkasz, 2022). El sujeto tendrá, entones, qué arreglárselas con las palabras (los significantes) que lo determinan como sujeto y afectan su cuerpo.
Al ser que habla, Lacan lo llamó el parlêtre (hablanteser); es el nuevo nombre que aquel le da la inconsciente en su última enseñanza, esa que incluye al síntoma como sinthome. “El sinthome de un parlêtre es un acontecimiento de cuerpo, una emergencia de goce” (Miller, 2015). Así pues, la intersección entre lo real del organismo del sujeto con el Otro del lenguaje, tendrá efectos en el cuerpo del sujeto, efectos de goce, quedando el sujeto cautivo de las palabras "a las que quedará más o menos subyugado. En ocasiones permanecerá instrumentado por ellas" (Kanedo y Pinkasz, 2022). Esa amalgama entre lo simbólico y lo real es lo que funda en el sujeto su lalengua. Lalengua (escrito así, pegado), cuando el sujeto lleva su análisis hasta las últimas consecuencias, es un núcleo de real que habla de los efectos del encuentro del sujeto con el lenguaje, efectos de goce en el cuerpo; una marca real en el cuerpo que indica cómo goza el sujeto, un goce que se experimenta en el cuerpo y que "siempre aparece perverso” (Miller).
Este real que constituye el sinthoma del sujeto, “se encuentra bajo la modalidad del «Así es»” (Miller, 2015), es decir, eso "es" el sujeto. Se trata de un real fuera de sentido, un real despojado de sentido, y la lalengua es precisamente eso: una cadena significante sin efecto de sentido (Miller, 2003). "Proliferarán de este modo sombras, reflejos, espejismos, subordinados a esa relación primitiva, originaria y traumática entre el significante y el goce" (Kanedo y Pinkasz, 2022). Y esto es lo que hace que todo el mundo esté en su mundo, es decir, inmerso en la muy particular forma de gozar. Es como una especie de locura que, si bien es universal -todos los sujetos la padecen-, es singular en su modo de expresión.
Lalengua está, pues, del lado de lo real, de los efectos de lo real sobre el cuerpo. La estructura del lenguaje no es más que una elucubración de saber sobre lalengua, dice Miller (2008). El significante en su estatuto de letra y separado del sentido, es lo que Lacan va a llamar lalengua, “un saber que se presenta como una huella, un trazo, como una escritura de lo que fue nuestra relación originaria con la lengua materna” (García, 2009), marca del goce en el cuerpo, lo más singular que se juega en el sufrimiento del sujeto. Por esto el psicoanálisis puede decir que «todo el mundo está en su mundo», es decir, que cada sujeto tiene su cuota de locura, su "rayón", la solución que ha inventado para vivir la pulsión, y esa solución es singular: sólo le sirve a cada sujeto, uno por uno; es su pequeña dosis de locura. Esto, además, "es la constatación de la posición profundamente antisegregativa del psicoanálisis, al ser un "todo el mundo" que subraya la marca singular e incomparable de todo sujeto" (Kanedo y Pinkasz, 2022), el modo singular con el que el sujeto intentar arreglárselas con el goce que lo habita.
martes, 22 de febrero de 2022
515. El concepto de trauma psíquico en el psicoanálisis
Lo que no entienden dichos profesionales y un sin número de personas, aún en pleno siglo XXI, es que lo psíquico es algo muy distinto a lo orgánico, y que el sufrimiento de las personas es absolutamente subjetivo. Al respecto, lo que enseña el psicoanálisis es que somos seres descosidos, que carecemos de orden y padecemos de toda una serie de trabas que son las que nos hacen, precisamente, seres humanos. Si en algo insiste el psicoanálisis, es que, al sujeto del inconsciente, ese que sufre por algún trauma psíquico, lo vamos a encontrar en “el fallo, el defecto, la falta” (Miller como se citó en Laurent, 2008, párr. 3).
Como bien señalan Uribe et al (2017), en un artículo publicado en la revista Poiésis, lo primero que hace Freud al formalizar el sufrimiento humano, es distinguir el trauma psíquico del trauma físico: "el concepto de trauma psíquico tiene su origen en la Obra de Freud a partir de una analogía que este autor establece con el viejo y conocido concepto médico de trauma físico, es decir, el accidente en el que se produce un golpe que causa un daño o lesión en un órgano de la anatomía, produciendo el signo observable (concepto médico), el traumatismo que se observa en el cuerpo físico" (p. 198).
En efecto, Freud equipara los traumas psíquicos a los traumas físicos, al fin y al cabo, él fue un médico interesado en estudiar las enfermedades nerviosas –es decir, la causalidad psíquica de dichas enfermedades–, solo que "en los primeros no se evidencia una marca o signo observable en el cuerpo, pues no se trata de un golpe que deja marcas, se trata de vivencias, experiencias de la vida cotidiana, situaciones en las que se produce un “herida narcisista”, una herida en el alma o psique, que por ende no es observable y solo se la puede escuchar" (Uribe et al, 2017, p. 198).
Así pues, todo trauma psíquico se relaciona con sucesos que fijan una huella emocional en el sujeto, pudiéndole dejar como consecuencia, un trastorno psíquico que se puede manifestar en síntomas, inhibiciones o angustia (ataques de pánico). Aunque la palabra «trauma», como ya se mencionó, es tomada del discurso de la medicina, aludiendo a lesiones en el cuerpo que involucran un órgano o un tejido, provocadas por un agente exterior, un trauma psíquico produce un daño ¡en el alma!, ¡en el corazón!, y por eso es absolutamente subjetivo.
Ahora bien, lo que sucede con el trauma psíquico es que lo que puede ser traumático para un sujeto, no lo es para otro; esto no sucede con los traumas físicos, los cuales siempre producen una lesión en el organismo. Se ha insistido en que el trauma psíquico es subjetivo y particular; sólo se puede saber si un evento ha sido traumático para un sujeto por los efectos que le produce.
En suma, todos los seres humanos hemos pasado por experiencias traumáticas desde el comienzo de nuestras vidas, puesto que hay un sin número de circunstancias que pueden provocarnos algún tipo de conmoción emocional. Por ejemplo, un abuso sexual en la niñez no deja de ser traumático para cualquier sujeto, pero la gravedad de dicho acontecimiento dependerá de cómo lo subjetive cada persona. Por eso es tan polémica una frase pronunciada por un sacerdote de los Estados Unidos: «La pedofilia no mata a nadie, el aborto sí» (Página 12, 14 de febrero de 2020, párr. 4); evidentemente es desconocer el trauma psíquico que puede dejar en un niño el abuso sexual, es un total despropósito. Seguramente muchos de los que escucharon semejante desatino, habrán pensado: “mejor muerto que abusado”.
(Este artículo fue publicado originalmente en el Blog Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó).
martes, 10 de diciembre de 2019
490. El aparato del lenguaje: el significante no es el significado
Ya la ciencia ha logrado “descifrar la actividad eléctrica en una región del sistema auditivo humano llamada circunvolución temporal superior, es algo que está claramente localizado en el cerebro. Al analizar el patrón de actividad de estas áreas fueron capaces de reconstruir las palabras que los sujetos escuchaban en una conversación normal" (Bassols, 2012). En efecto, las palabras dejan huellas en el sistema nervioso y es posible, entonces, reproducir un sonido a partir de los impulsos eléctricos detectados en el cerebro, pero ¿qué es lo que se pudo reproducir? “Se pudo reproducir un significante, lo que llamamos significante como materia, soportada en una materia fónica que incluso se podría traducir en impulsos eléctricos, ¡¿por qué no?!” (Bassols). Pero estas cosas ya se ven funcionar cuando se transmiten a través de impulsos eléctricos los significantes que todos pueden escuchar a través de los altavoces o audífonos; en efecto, hay un soporte físico mediante las ondas fónicas o electromagnéticas que llegan al oído del oyente. “Hay un soporte físico que está funcionando y lo que transmite es eso, significantes, pero no significados; transmite significantes, transmite soportes materiales que pueden estar localizados donde ustedes quieran” (Bassols), ¡pero no significados! Esto es lo que hace a Google bruto; él solo busca significantes y no significados; es al sujeto al que le toca ponerse en la tarea de dar un sentido a su búsqueda.
Entonces, ¿dónde está el lenguaje? ¿En el cerebro? “No hay que buscarlo necesariamente en el cerebro, por supuesto que también hay aparato del lenguaje en el cerebro. Pero Freud se dio cuenta muy pronto del sprache apparat, del aparato del lenguaje” (Bassols, 2012), como algo separado del cerebro. Esto quiere decir que el lenguaje, el cual está hecho de significantes, está ¡por todos lados!, ¡en todas partes! Es más, “el lenguaje es el lugar, el lenguaje mismo es el que hace posible que estemos en un lugar y no sólo que vivamos como un cuerpo sin lugar” (Bassols). Ese lugar es el que Lacan llamó el lugar de lo simbólico, el Otro escrito así con mayúscula; si “el Otro de la palabra existe es porque el significante introduce esa dimensión del Otro del lenguaje como lugar; eso quiere decir que el lugar no hay que buscarlo necesariamente en el cerebro” (Bassols). Se tiene la idea de que los significantes tienen que estar alojados en el cerebro, como si no pudieran estar en Otro lugar, ¡y lo están!; el lenguaje, esa Otra escena freudiana y que Lacan traduce como «el inconsciente está estructurado como un lenguaje», es el que hace posible todo lo humano; es lo que vivifica el cuerpo y determina le existencia del sujeto; sin lenguaje el sujeto sería una especie de planta con pies y manos, un organismo sin historia y sin afectos. El lenguaje es el medio natural del sujeto; sin lenguaje, no hay sujeto. Esto significa que el lenguaje es en sí mismo el lugar; no hay que buscarlo adentro, o afuera; ¡está tanto adentro como afuera!. "Si hay lugar simbólico, si el Otro de la palabra existe es porque el significante introduce esa dimensión del Otro del lenguaje como lugar” (Bassols).
jueves, 26 de septiembre de 2019
487. Lo real es lo que no cesa de no escribirse
Lo anterior significa que en algún lugar hay un saber en el cuerpo “que no se puede resumir en la información de su sistema cibernético neuronal” (Bassols, 2012); los sueños, así como los síntomas histéricos, enseñan claramente que ahí se articula un saber más allá de la conciencia (Bassols). La vertiente localizacionista de las neurociencias piensa al lenguaje como un software, un software que se trae de fábrica, inscrito en las neuronas o en los genes, pero esta idea es la que Lacan señala como delirante; incluso fue un deliro que Freud tuvo, lo cual se puede ver en su texto Proyecto de una psicología para neurólogos, en el cual él dice que el lenguaje está inscrito en las neuronas, una idea muy cercana a la de las neurociencias actuales (Bassols).
¿Está todo inscrito en las neuronas? Freud mismo también llegó a dudarlo; se lo dice a Fliess, su colega: “no sé cómo he podido endilgarte ese delirio, todo eso no puede estar inscrito en las neuronas, ¡cuidado!” (Bassols, 2012). Este es el sueño de las neurociencias, que ve con muy buenos ojos como la informática intenta construir un aparato cibernético que pueda recordar, que pueda tener escrito o inscrito en su “cerebro” todo lo real, “un sistema que permitiera reproducir lo real en un sujeto y permitiera después borrarlo por supuesto, y volver a recuperarlo de alguna manera” (Bassols). Muchos psicoanalistas se han sumado a este propósito, además porque piensan que el futuro del psicoanálisis está en las neurociencias; por eso existe, desde hace ya algunos años, el neuropsicoanálisis; pero ¡cuidado!, como dijo Freud, “ahí el psicoanálisis no sólo desaparece como tal, sino que además es totalmente infiel a sus principios” (Bassols).
Lo que Freud descubre con la idea de inconsciente, es que este “no se deja atrapar en una huella inscrita en el sistema nervioso central ni en cualquier lugar que pensemos, en ningún soporte físico” (Bassols). Y esto tiene que ver con que el “el sujeto que habla está habitado por lo que llamamos significantes y los significantes no son signos, no son simplemente signos […] por ejemplo, el humo como signo de que hay fuego. El signo tiene una relación unívoca entre lo percibido y el signo que utilizamos para nombrarlo o para significarlo: donde hay humo hay fuego” (Bassols). El problema es que un significante no tiene nada que ver con eso; un significante, elemento último en el que se descompone el lenguaje, “no es una inscripción en la naturaleza, sea el sistema nervioso central, sea incluso un chip o una parte de un disco duro” (Bassols); un significante es más bien “una huella borrada, sólo podemos funcionar como sujetos de la palabra cuando borramos la huellas” (Bassols).
Mientras que en el mundo animal los animales dejan y siguen huellas (por eso se les puede seguir o cazar), solo los seres humanos pueden borrar sus huellas, y engañar; los animales no pueden borrar sus huellas para engañar o para significar alguna otra cosa. “Cuando alguien borra su huella, ahí hay un sujeto seguro” (Bassols, 2012). Cuando se descubre que alguien ha borrado su huella, se puede estar seguro “de que ahí hay sujeto del lenguaje, hay sujeto del significante, hay sujeto del goce y del deseo también (Bassols). Así pues –es el gran problema de las neurociencias actuales– “el sujeto humano no funciona por inscripciones, por huellas, no es que un acontecimiento haya marcado una huella en mi cerebro, y eso lo haga más o menos traumático y haya que modificarlo; sino que el sujeto humano, el sujeto del placer, el sujeto del goce y del lenguaje funciona por huellas borradas […] cuando hay una huella borrada, una huella que falta, ahí hay sujeto del lenguaje” (Bassols).
Esto que parece tan enigmático, se puede explicar con la clínica. Cuando un sujeto pasa por una experiencia traumática (una bomba, un atraco, un accidente), el psicoanálisis se encuentra con que lo que queda en el sujeto, lo que se repite, lo que vuelve una y otra vez, en sus sueños o en sus síntomas, es algo que no había ocurrido, como por ejemplo, no poder ayudar a una persona en un accidente, o no poder defenderse en un atraco, o no haber tomado otra ruta en el estallido de una bomba, etc. Así pues, “lo traumático es lo que no llegó a ocurrir, lo verdaderamente traumático es lo que no llegó a ocurrir y ahora voy a usar una expresión profundamente lacaniana, lo profundamente traumático es lo que no dejaba de no ocurrir” (Bassols). Y esto es lo que Lacan llamó lo real en el psicoanálisis; para el psicoanálisis lo real no es lo que se percibe, sino aquello que no cesa de no representarse, aquello que no cesa de no escribirse en lo que se recuerda o se percibe. “Es aquello que está profundamente borrado, pero que retorna para intentar realizarse en cada uno de nuestros pensamientos, en cada uno de nuestros sueños, en cada uno de nuestros síntomas” (Bassols). Lo real es lo que no cesa de no escribirse.
miércoles, 10 de julio de 2019
485. El lenguaje, el organismo y la dimensión subjetiva
Probablemente los científicos más cercanos al psicoanálisis son, paradójicamente, los neurocientíficos, dentro de los cuales hay una gran división: están los que “intentan localizar todas las funciones subjetivas en el sistema nervioso central, son reduccionistas a tope; y los no localizacionistas, los que se dan cuenta de que hay algo de la dimensión subjetiva fundamental que no puede localizarse en el sistema nervioso central, que es exterior a él, que actúa como una suerte de parásito al sistema nervioso central y algunos se dan cuenta de que eso es el lenguaje” (Bassols, 2012). En efecto, es el Otro del lenguaje, esa dimensión de la que tanto habla el psicoanálisis lacaniano, ese Otro simbólico que funciona en el ser humano como “una suerte de parásito que parasita el sistema nervioso central modificándolo continuamente, cambiando todo el organismo en un cuerpo” (Bassols).
Cambiar el organismo en un cuerpo es lo que permite ubicar al organismo del lado de las neurociencias, y al cuerpo del lado del psicoanálisis; no son lo mismo. Para la ciencia positiva y reduccionista, el cuerpo se puede reducir al organismo, es decir, un conjunto de elementos reales: células, genes, neuronas, etc., y, no es así. El psicoanálisis sabe, por ejemplo, que no es un gen el que determina la homosexualidad, como pretenden mostrarlo algunas noticias pseudocientíficas, pero tampoco un gen determina la heterosexualidad. Si algo sabe el psicoanálisis, desde los tiempos de Freud, es que es igual de difícil llegar a ser homosexual como heterosexual, y “nada en lo real del organismo determina eso, mucho menos un gen” (Basssols, 2012). El sujeto homosexual y el heterosexual se tienen que hacer a un cuerpo homosexual o heterosexual, es decir que tener un pene o una vagina no hace al sujeto hombre o mujer; se llega a ser homosexual o heterosexual, no se nace siendo lo uno o lo otro. Incluso “hay sujetos que no pueden construirse un cuerpo, por ejemplo, los niños autistas que sufren de eso, de no poder construirse un cuerpo de no poderlo localizar en el espacio tridimensional, eso no tiene una causalidad genética, puede haber predisposiciones genéticas no lo dudamos; pero el andamiaje causal que finalmente produce un sujeto autista no puede entenderse sin ese parásito del lenguaje, del que el autista por otra parte, está dando da testimonio continuamente” (Bassols).
Igualmente, los nuevos paradigmas en la ciencia han roto esa unidad denominada «individuo»; ya no se sabe dónde está el individuo, ya que “no está claro dónde empieza el individuo y dónde empieza el ambiente (…) ¿dónde empieza el ambiente?, el ambiente empieza fuera de mi piel o el ambiente empieza ya en ese interior que son partes de mis órganos que están ya en contacto con el ambiente y modificándose continuamente” (Bassols, 2012). Por esta razón, la ciencia de hoy no parte de la idea de un individuo ya constituido funcionando como tal con una identidad; esto es lo que ha llevado a los neurocientíficos a hablar de plasticidad cerebral, es decir que el cerebro es un aparato que se está modificando continuamente, y resulta que –es de lo que se están dando cuenta los investigadores que estudian el cerebro sin reducirlo al organismo– “el mayor agente de modificación del cerebro, entendido como un órgano, es el lenguaje; no tanto la percepción de la realidad, no tanto los estímulos exteriores, sino el lenguaje” (Bassols), y por este camino se produce una intersección, o mejor, una coincidencia entre la neurociencia y el psicoanálisis.
martes, 7 de mayo de 2019
483. ¿El inconsciente en el cerebro?
Entonces, localizar en el cerebro toda la singularidad del sujeto no se puede. Muchos neurocientíficos han empezado a sospechar que "la activación de todo el funcionamiento del sistema nervioso sólo es posible a través de la presencia de un otro, de otro sujeto o de un Otro como lenguaje, de la cultura, de la sociedad" (Bassols, 2019). Y esto es justamente lo que enseña el psicoanálisis: que la existencia del sujeto depende de la existencia del Otro, del lenguaje, el cual está, en principio, afuera: el lenguaje preexiste a la existencia del sujeto, pero luego está adentro, inscrito en el cerebro, es más, poniendo a funcionar el cerebro, así como el software pone a funcionar el hardware. Pero cuidado: el sujeto es irreductible al mapeo de las neurociencias.
Se puede hacer, sí, un mapa del cerebro, pero ¿dónde localizamos al que maneja ese mapa, al mapeador? Esto se parece a lo que sucede con Google, cerebro virtual gigante, que tiene el mapeo de toda la información del mundo, pero no sabe nada, ya que cuando se busca información en Google, aparecen un sin número de resultados. Y esto sucede porque una palabra no tiene un solo sentido; una palabra tiene muchos sentidos, es polivalente, tiene múltiples significados. ¡Esto es lo que hace bruto a Google!; Google cumple con saber dónde está la información, pero es una bestia, ya que el sentido se le escapa a Google (Miller, 2007). Es al sujeto al que le toca ponerse en la tarea de darle un sentido a su búsqueda, de encontrar, en toda la información que arroja el buscador, lo que tiene sentido para él, y esto no lo hace Google –ni el cerebro–, ya que los dos lo que hacen es memorizar “la palabra en su estúpida materialidad” (Miller). Y es por esta razón que la subjetividad no se puede reducir al funcionamiento del cerebro; ¡el mapeador no se encuentra en el mapa del cerebro! El problema aquí es que ese Otro que es el lenguaje que pone a funcionar el cerebro, no funda una ciencia positivista, ya que no es cuantificable, controlable, medible.
Los neurólogos han llegado a concluir que el lenguaje cumple con una función cognitiva: gracias al lenguaje el sujeto puede hacer una cartografía de la realidad (Bassols, 2019), es decir, el sujeto puede hacerse una representación del mundo que le rodea y de sí mismo. Pero aquí justamente, el neurólogo se encuentra con un punto de real, el límite de un real "que no puede ser reintegrado en un sistema, en una cartografía de fronteras más o menos establecidas en el cuerpo hablante, y eso que no encaja en la cartografía del cerebro es precisamente el encuentro con el otro del lenguaje; tal vez podamos decir con el Otro del cuerpo, o en todo caso con una dimensión Otra" (Bassols). Precisamente, con Lacan, este es el nuevo objeto de estudio del psicoanálisis: los efectos del lenguaje en el sujeto, es decir, el encuentro particular del sujeto con el lenguaje.
viernes, 29 de marzo de 2019
482. El sujeto de las neurociencias y el sujeto del psicoanálisis
Lacan le da al lenguaje un lugar: el lugar del Otro, el Otro simbólico, que no se localiza en ninguna parte, más bien está por todas partes; el lenguaje, entonces, "es una suerte de parásito que parasita el sistema nervioso central modificándolo continuamente, cambiando todo el organismo en un cuerpo" (Bassols, 2014). El organismo se puede poner del lado de la neurociencia, ese que está hecho de un sinnúmero de aparatos: respiratorio, óseo, reproductor, nervioso, etc.; el cuerpo se pone del lado del psicoanálisis, como producto de la intervención del lenguaje sobre el organismo, afectando su funcionamiento, como lo muestran claramente los síntomas histéricos, en los que, como lo dice Freud claramente, se trata de un síntoma que afecta el funcionamiento de los órganos del cuerpo, sin causar una lesión o un daño físico al órgano; por esta razón los médicos positivistas se enfrentan a un enigma cuando el órgano funciona mal, pero las pruebas clínicas salen bien. Así pues, organismo y cuerpo no son lo mismo, y por esa misma razón, el cuerpo no se reduce al organismo, a un conjunto de células, hormonas o neuronas (Bassols).
Ese paradigma cientificista que reduce la subjetividad al organismo es el que publica en los periódicos noticias de la ciencia actual, como por ejemplo, el descubrimiento del gen de la homosexualidad o el gen del autismo, lo cual no deja de ser muy delirante (Bassols, 2012). ¿Se puede imaginar lo que sucedería si fuese cierto que la homosexualidad es causada por un gen "gay"? Sucedería que los homosexuales empezarían a extinguirse, ya que las mujeres en embarazo se harían una amnioscentesis antes de los tres meses de embarazo, un examen para evaluar el material genético del feto, y si se encuentra dicho gen, se puede suponer que la mayoría de estas mujeres abortarían. ¿Qué padre de familia querría que su hijo fuese homosexual? Mejor se desecha antes de que nazca, dirían muchos padres.
El psicoanálisis enseña que "para ser homosexual hay que construirse un cuerpo homosexual, no basta con un organismo, como también para ser heterosexual por otra parte" (Bassols, 2012). Freud lo descubrió desde el momento mismo en que se puso a estudiar la sexualidad humana: es igual de difícil llegar a ser homosexual que heterosexual; "es tan complicado constituirse heterosexual o constituirse como homosexual, hay que hacer un rodeo enorme, nada en lo real del organismo determina eso, mucho menos un gen" (Bassols). Nacer con un pene o con una vagina tampoco hace al sujeto un hombre o una mujer. Para el psicoanálisis, se llega a ser hombre o se llega a ser mujer; no se nace siendo un hombre o una mujer, y nada en el organismo determina esto. Es un asunto puramente psíquico, cosa que los positivistas no logran comprender.
Así pues, para las neurociencias "el inconsciente sería localizable en el cerebro. Neurotransmisores y hormonas son la explicación a todo mal y a todo bien. Está triste: se trata del fallo de un neurotransmisor. Se enamoró: es porque se produjo la liberación de una hormona. Se encuentra deprimido: por supuesto, se trata de la disfunción provocada en el cerebro después del ictus" (Teixidó, 2019). El discurso supuestamente científico de las neurociencias es un discurso muy seductor, debido a que le brinda una explicación a todo malestar, determina la supuesta causa exacta del síntoma psíquico, lo cual no solo tranquiliza al sujeto, sino que le evita pensar en las causas psíquicas de aquel, es decir, lo desresponsabiliza; por eso se dice que el discurso de la ciencia forcluye, borra la subjetividad del sujeto. Y por esta razón se puede concluir que “el sujeto de las neurociencias y del psicoanálisis no es el mismo” (Ubieto, 2019).
miércoles, 23 de enero de 2019
480. Escrito en el cuerpo
El cuerpo -la representación que el sujeto se hace de sí mismo y de su organismo- pareciera ser algo con lo que el sujeto se encuentra embarazado, es decir, no sabe que hacer con él, dónde ponerlo, manejarlo, de qué manera lo colocarlo, con qué postura, etc. ¡Todo un encarte! "Siempre hay algo del cuerpo que se nos escapa, que va por delante de nosotros, que no podemos nombrar a cabalidad y que no podemos controlar" (González, 2019). Esto se observa en el sin número de tratamientos que le aplicamos al cuerpo, o a cada parte del cuerpo: dietas, ejercicios, cirugías estéticas, bebidas de todo tipo, cremas, ungüentos, maquillajes, fajas, baños; tratamientos para el pelo, el rostro, las piernas, el abdomen, los pies, etc., etc. ¡Cómo nos pesa el cuerpo! Esto no sucede con los animales, los cuales no tienen conciencia de lo que son y cómo son. Son como son y listo. Con el cuerpo el sujeto pareciera tener una insatisfacción permanente, algo no le gusta de él. El ser humano es el único que quiere llegar a ser como otros. En la naturaleza nunca se ve a una gallina queriendo ser como un pavo real, o a un gato queriendo ser como un león, en cambio el sujeto quiere llegar a ser como Ken, como Barbie -solo para dar un ejemplo-, y es capaz de someterse a una serie de cirugias estéticas para lograrlo.
A esto se le suma que el discurso contemporáneo le demanda al sujeto que se identifique con su organismo: ‘eres tu cuerpo’, él te representa (González, 2019), impidiendo que al cuerpo se lo pueda escuchar (un paréntesis: el cuerpo tiene un carácter imaginario; es la imagen que el sujeto se hace de sí mismo. El organismo tiene un carácter real; son los órganos del cuerpo de los cuales el sujeto no tiene una representación, a menos que estudie medicina). Lo más importante que descubre el psicoanálisis con relación al cuerpo es que ¡él habla!, dice cosas que el sujeto calla, por eso es importante "escuchar subjetivamente los “desajustes” de nuestro cuerpo" (González). El cuerpo habla a través de los síntomas que se presentan en el cuerpo, síntomas que lo ponen a funcionar mal; son esos síntomas que no tienen una causa orgánica sino psíquica "y que nos viene a manera de disrupción, de algo que nos parece siempre extraño, como si no fuera nuestro" (González).
El síntoma psíquico que se presenta en el cuerpo, eso que no anda bien en él -un trastorno alimenticio, o digestivo, o del aparato reproductor, o un dolor en alguna parte del cuerpo (hiperalgésia y/o fibromialgia), contracturas, anestesias (frigidez, anorgasmia), mareos, vómitos, dolores de cabeza (migraña), etc.-, eso que no marcha en el cuerpo nos enseña que algo escapa al control del cuerpo; nos hace saber que el cuerpo habla por nosotros, que en el cuerpo, como en un pergamino, algo queda escrito. Escrito en el cuerpo (título de una película de Peter Greenaway), como si, muy a pesar del sujeto, ello hablara. Y en efecto, si el cuerpo habla a través de sus síntomas, es por esa intersección del organismo con el lenguaje. El problema del ser humano con su cuerpo es que se trata de un ser hablante, es decir, un organismo afectado por el lenguaje, esa especie de parásito que toma el organismo como su huésped, produciendo al sujeto, es decir, el psiquismo.
González (2019) se pregunta: "¿qué es esa parte desconocida que sentimos en nuestro cuerpo y que es parte importante de la sensación de no poderlo controlar?" La respuesta es: "algún evento traumático que nos marcó y que ha quedado reprimido o, también, sin ser hablado" (González), es decir, se trata de una experiencia, casi siempre de la primera infancia, que el sujeto no logro simbolizar, no logró nombrar, precisamente porque se trata de una experiencia que su cuerpo no logra controlar, y que le brindó una extraña satisfacción. Es el encuentro del sujeto con el goce del Otro, una experiencia traumática que el sujeto reprimió, olvidó, y de la que el sujeto no quiere saber nada. El problema aquí es que el sujeto no quiere saber nada de ello, de eso, pero ello no se olvida del sujeto, y retorna -retorno de lo reprimido-, regresa, regresa escrito en el cuerpo, como síntoma psíquico, que pone a funcionar mal al cuerpo, sobretodo si no se lo quiere escuchar.
En los eventos traumáticos "el lenguaje siempre tiene un papel muy importante, el más importante. Se trata de la manera en que las palabras y los silencios en nuestra historia nos han marcado y de cómo nuestro cuerpo ha sido sensible a ello" (González, 2019). Las palabras, el lenguaje, tocan el cuerpo, lo marcan, y ello sale del control del sujeto. "Si aceptamos que al cuerpo no lo podemos controlar quizás podamos escuchar otra cosa: que el traumatismo ocasionado por las palabras que tocan nuestro cuerpo es más importante que cualquier control" (González), control que el sujeto realiza a punta de ejercicio, dietas o batidos verdes. Se trata de una elección entre las demandas imperativas del mercado de controlar el cuerpo o "el descubrimiento, mediante la palabra, de lo que lo más íntimo y singular de nosotros tiene para decirnos" (González).
martes, 27 de marzo de 2018
470. El sujeto es producto de un malentendido.
Incluso Lacan (1980) llega a decir que el sujeto es producto de un malentendido, y esto constituye el trauma del nacimiento. ¿Por qué el sujeto es producto de un malentendido? Porque es producto del parloteo de sus padres, parloteo de un par de sujetos que no hablan la misma lengua. Hombres y mujeres no hablan la misma lengua, no se entienden entre ellos, por eso en toda relación de pareja está tan presente el malentendido. A veces ni siquiera se escuchan entre ellos, por eso la reproducción resulta siendo un malentendido consumado, malentendido que el cuerpo del sujeto vehiculizará con dicha reproducción. Así pues “El cuerpo no hace aparición en lo real sino como malentendido” (Lacan). El cuerpo es el fruto de un linaje, de una ascendencia familiar, y buena parte de sus desgracias se debe a que ese cuerpo ya nadaba, ya estaba sumergido en el malentendido tanto como le era posible (Lacan). Es decir, se trata de un cuerpo -el cuerpo de un sujeto- del cual ya se hablaba en la familia, ya se decían y se pensaban un montón de cosas sobre él, y eso no es sin consecuencias.Es lo que hereda el sujeto: ese malentendido en el lenguaje de sus padres y su familia. "El malentendido ya está desde antes, en la medida en que forman parte de ese bello legado desde antes, o más bien forman parte del parloteo de sus ascendientes" (Lacan). ¡Y esto es el inconsciente!
“No hay otro traumatismo del nacimiento que nacer como deseado”, dice Lacan (1980). Y producto de un malentendido que es estructural, propio de las relaciones de pareja, si es que se le puede llamar a esto “relación”. El psicoanálisis enseña que la relación sexual no existe, es decir, que no hay proporción entre los sexos; entre ellos lo que hay es un malentendido estructural permanente. ¿Qué significa que la relación sexual no existe? Pues que los hombres no están hechos para las mujeres y las mujeres no lo están para los hombres. En la relación entre hombres y mujeres hay un malentendido fundamental, una falla esencial, que es la no inscripción simbólica de la relación entre el hombre y la mujer. Esto significa que en el lugar del Otro hay un saber que no está ahí, un real imposible de nombrar, de escribir: esto es la relación sexual. No hay pues saber sobre los sexos, lo cual funda ese malentendido permanente entre ellos.
Miller (1999) indica que la no relación sexual es como una página en blanco, como algo no escrito. “Es porque no ha sido escrito por lo que hay que escribir y hablar tanto de ello.” (Miller, p. 19). Hay algo que falla y entre hombres y mujeres las cosas no andan bien. “…hay algo en la relación entre los sexos que no tiene fórmula.” (Miller, p. 28). Y el psicoanálisis de cierta manera vive de eso que no anda entre los sexos. Lacan lo dice así: “En cuanto al psicoanálisis, su hazaña es explotar el malentendido” (1980).
viernes, 13 de enero de 2017
456. Amor y fantasma: el fantasma fundamental es como un hueso.
El fantasma fundamental, a su vez, involucra un objeto: el objeto a minúscula, un objeto que el sujeto toma del Otro, separa del cuerpo del Otro: “Es el seno, el escíbalo, la mirada, la voz, estas piezas separables, sin embargo profundamente religadas al cuerpo, he ahí de lo que se trata en el objeto a” (Lacan, seminario XIV), y es gracias a ese objeto que el sujeto alcanza la satisfacción sexual. Así pues, la “presencia del objeto a en el inconsciente permite sostener que el fantasma inconsciente siempre tiene, según la fórmula de Lacan, un pie en el Otro; pero no los dos, dado que a está desapegado del Otro” (Miller, 2011).
Ese fantasma, radicalmente inconsciente, se constituye, se forma en el momento en el que el sujeto pasa por su complejo de Edipo, en su primera infancia, es decir, que “en el origen mismo del fantasma se tiene una posición de amor” (Miller). Siempre habrá una historia amorosa detrás de todo fantasma fundamental, solo que esa historia amorosa el sujeto la transforma, haciéndola irreconocible en sus fantasías, “pero cuando se reconstituye la genealogía (del) fantasma, lo que se encuentra al inicio es una cuestión de amor” (Miller).
Veamos un claro ejemplo de esto: “Hay familias en las que el padre efectivamente golpea. Puede haber una familia en la que el padre golpea a los hijos y no a las hijas; por el contrario, las mima. Pues bien, que los golpeados sean los muchachos, las fascina. En consecuencia, ellas pueden verse llevadas a imaginar el goce de ser golpeadas como muchachos, y a preguntarse si ser golpeado no será de hecho una prueba de amor del padre, muy superior al hecho de ser mimado.” (Miller, 2011). Así pues, el fantasma fundamental es a la vez una escena, una escena que se construye a partir de una pregunta sobre el amor: una “historia de la que se desprende el recuerdo encubridor. Y para el sujeto esas imágenes perduran como un hueso; se le quedan atragantadas, permanecen con un carácter paradójico, escandaloso, incluso vergonzoso: quedan como lo real de esa elaboración simbólica” (Miller), elaboración que el sujeto hace de esa escena, de esa historia edípica primordial, escena que no falta en ningún sujeto que haya tenido vínculos afectivos con sus cuidadores.
Con el personaje de Sabina, en la película Un método peligroso, esto es clarísimo: su fantasma se constituye al lado de su padre (complejo de Edipo), un padre al que le gustaba pegarle nalgadas a sus hijos, y ella, Sabina, en lugar de sentir dolor, experimentaba mucho placer en medio del dolor (es lo que el psicoanálisis denomina goce), en el momento en que su padre le pegaba. Esta escena o fantasma va a determinar de manera radical la vida sexual de Sabina. Esa escena ella la va a reprimir por indecorosa, por eso, cuando sus impulsos sexuales reaparecen en su juventud, enferma gravemente con una serie de síntomas psíquicos (una histeria conversiva), los cuales se curan en el momento en que ella hace consciente esa escena primordial olvidada (reprimida), ese fantasma: la satisfacción que ella experimentaba cuando su padre le daba nalgadas.
viernes, 27 de mayo de 2016
448. ¿Por qué los hombres son tan elementales y las mujeres tan complicadas?
En la sexuación, entonces, el sujeto decide ubicarse del lado masculino o del lado femenino con relación al goce, y para hacer esto, el sujeto necesita del significante falo, el significante que sirve para marcar la diferencia sexual en el inconsciente: se lo tiene o no se lo tiene. Pero cuidado: la sexuación no tiene que ver la biología del cuerpo, con la distinción sexual que se hace al observar el cuerpo real -el organismo-, de que se tiene o no se tiene un pene. La sexuación tiene que ver con cómo se subjetiva ese tener o no tener un pene -inscripción de la diferencia sexual en el psiquismo del sujeto-, cómo se subjetiva la diferencia sexual -lo que Freud llamó complejo de castración-, con cómo se ubica el sujeto respecto al falo, es decir, qué posición va asumir el sujeto al subjetivar ese tener o no tener un falo; cómo decide el sujeto ubicarse del lado masculino o del lado femenino con relación al goce. “Llamamos hombre o mujer a dos maneras de inscribirse en relación con el predicado fálico -que da por consecuencia dos estilos de goce-” (Brodsky, 2004).
Los hombres, que tienen el falo, pues temen perderlo -angustia de castración-; por eso se dedican a cuidar lo que tienen: su pene, su dinero, su mujer, esa con la que hacen ostentación de lo que tienen, al igual que con su moto, su automóvil o sus lujos, ostentación que los hace ver como unos idiotas. Las mujeres no tienen falo, pero desean tener uno -envidia del pene-; para eso recurren a sustituir simbólicamente el falo por otros objetos: un hijo por ejemplo (Brodsky, 2004).
Así pues, "el hombre tiene un falo, que es exterior; es patente y obvio y con él puede convertir con facilidad su placer en categoría. Por eso, lo que quiere el hombre se puede producir en masa y por eso hay una industria del sexo, pero sólo está pensada en masculino. Sólo para ellos." (Laurent, 2016). En efecto, toda la industria del sexo y la pornografía esta hecha para los hombres, de los cuales se sabe siempre qué es lo que quieren: “los hombres, el hombre, sabe lo que quiere" (Laurent). Como del hombre se sabe lo que quiere, eso es lo que los hace predecibles, elementales, básicos, aburridos, hasta patéticos. Por eso se dice que cuando un hombre dice "si", es "si", y cuando dice "no, es "no". "En cambio, no se sabe lo que quiere cada mujer, porque cada una quiere algo diferente e individualiza su goce” (Laurent). Mientras que los hombres tiene algo en común: el goce fálico -por eso siempre se sabe dónde y cuando goza un hombre-, del lado femenino ninguna mujer tiene nada en común con las demás, cada una es radicalmente diferente de las otras (Brodsky, 2004). Es por esto que “la mujer no existe: sólo existen las mujeres de una en una” (Laurent), y su goce no es un goce sujeto a la ley fálica; es un goce Otro, infinito, ilocalizable. Esta es la razón por la cual no se sabe qué es lo que quiere una mujer.
Cuando un hombre invita a salir a una mujer, ya se sabe lo que él quiere; es ingenua la mujer que piensa que el hombre tiene para con ella “buenas” intenciones; las puede tener, claro, pero detrás de ellas está muy claro qué es lo que él desea. La mujer, en cambio, ni ella misma sabe muy bien qué es lo que quiere, por eso, cuando ella dice "no", puede querer decir "si", y cuando ella dice "si", se puede tratar de un rotundo "no", o de cualquier otra cosa; esto es lo que las hace difíciles de comprender, complicadas y hasta extraviadas, o "locas" que llaman.
viernes, 28 de agosto de 2015
432. Un nuevo nombre para el inconsciente.
Mientras que el síntoma es una formación del inconsciente que está estructurado como un lenguaje, es decir, es una metáfora, un efecto de sentido inducido por la sustitución de un significante por otro, “el sinthome de un parlêtre es un acontecimiento de cuerpo, una emergencia de goce” (Miller, 2015). De todos modos, el síntoma del parlêtre hay que esclarecerlo todavía.
No se trata para nada de olvidar la estructura de lenguaje que tiene el síntoma como formación del inconsciente; así como “la segunda tópica de Freud no anula a la primera, hay una composición de una con otra. Del mismo modo, Lacan no vino a borrar a Freud, sino a prolongarlo” (Miller, 2015), prolongarlo con reinvención, con renovación. El paso que se da “del inconsciente al parlêtre” (Miller), es porque la metáfora se constituye en el envoltorio formal del sinthome, del acontecimiento de cuerpo. Recuérdese que lo reprimido retorna bajo la forma de la metáfora que es el síntoma; es un cifrado que se puede descifrar, pero “la operación de este cifrado trabaja para el goce que afecta al cuerpo” (Miller).
sábado, 5 de marzo de 2011
255. Neurosis, psicosis y fenómenos elementales.
jueves, 10 de febrero de 2011
237. La percepción del cuerpo fragmentado.
martes, 8 de febrero de 2011
235. El Yo-ideal en el estadío del espejo.
martes, 1 de febrero de 2011
233. El estadío del espejo y el conocimiento paranoico de sí mismo.
viernes, 28 de enero de 2011
232. El estadio del espejo: primer acto de inteligencia.
579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis
Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...
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El sueño, lo dice Freud (1915-16) claramente, "es un sustituto de algo cuyo saber está presente en el soñante. pero le es inaccesible...