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viernes, 22 de julio de 2011

309. Toxicomanía y psicosis.

La tesis del psicoanálisis con respecto a la toxicomanía, y subrayada por Laurent (1988), es que el sujeto toxicómano rompe su matrimonio con el "pequeño-pipí", es decir, rompe con el goce fálico. Aquí nos encontramos con un problema, y es que la expresión “ruptura con el goce fálico” Lacan la utiliza para pensar las psicosis (Laurent). En las psicosis no sólo hay ruptura con el goce fálico -por eso el goce del psicótico es, al igual que el de la mujer, un goce suplementario-, sino que hay ruptura de la identificación paternal -como decía Freud-, es decir, en términos de Lacan, forclusión del Nombre del Padre. El Nombre del Padre es el significante que inscribe en el inconsciente del sujeto, la Ley de prohibición del incesto y la castración simbólica. En la psicosis, esta inscripción falta, está precluída, nunca se presentó, y entonces tenemos la psicosis.

Lacan se va a preguntar si la ruptura con el goce fálico implica la forclusión del Nombre del Padre. “Seguramente la utilización de tóxicos lleva a pensar que puede haber producción de esta ruptura con el goce fálico, sin que haya por lo mismo forclusión del Nombre del Padre” (Laurent, 1988). Esto quiere decir que el toxicómano que es psicótico es diferente del toxicómano que no lo es, y que la función que cumple la droga en estos dos tipos de sujetos es diferente.

En la psicosis la droga puede cumplir una función de suplencia, y esto significa que la droga le sirve al sujeto psicótico para estabilizarse, para no desencadenar la psicosis como tal. Este punto es bien problemático, de ahí la importancia del diagnóstico diferencial, y es que si se le retira la droga a un psicótico, droga que en él cumple una función de suplencia, a este se le puede desencadenar una psicosis esquizo-paranoica, con todo lo problemático que es esto. El goce de la sustancia puede ser el retorno de ese goce extraído del Nombre del Padre (Laurent). Entonces, lo mejor es dejar que el sujeto siga consumiendo antes que pasar a desintoxicarlo. No se trata simplemente de separar al toxicómano de la droga; hay algunos que necesitan de ella para mantener un equilibrio psíquico, y si se les quita la droga bruscamente, se puede desencadenar una crisis grave. Esto no es algo que se presente en todos los casos, ni debe ser un argumento que utilice el toxicómano para seguir con el consumo. Pero se trata de algo que de cierta manera es contrario a los parámetros de la Salud Pública, la cual tiene el propósito de apartar a «todos» los toxicómanos de las drogas, sin pensar en la particularidad del caso.

viernes, 14 de mayo de 2010

67. Transformación de la familia.

El discurso psicoanalítico puede dar cuenta de la estructura de la familia contemporánea, la cual es llamada por los que la estudian “familia conyugal”, es decir, la familia que se constituye por la vía del matrimonio.

La familia en su forma actual es el resultado de una transformación profunda cuyas consecuencias se miden en la reducción de su extensión y en una contracción de la misma. La reducción de la extensión se observa claramente en la disminución del número de hijos por pareja, el cual tiene motivaciones tanto económicas como ecológicas. Económicas porque en los tiempos modernos se hace cada vez más costoso sostener una familia, y ecológicas porque ya son muchos los seres humanos que habitan este planeta, por lo que una de las grandes preocupaciones contemporáneas -aunque la mayoría de las personas no piensan mucho en esto- y del futuro cercano, es y será cómo darle alimento a los millones de habitantes que hay y que vendrán.

En cuanto a la contracción que ha padecido la familia, esta se refiere al número de relaciones posibles entre sus miembros. Claro, si hay menos integrantes en ella, el número de lazos posibles se limita. Anteriormente la familia era numerosa y la cantidad de relaciones con hermanos, primos, tíos, etc., eran abundantes y ricas en experiencias.

Dicha contracción no quiere decir para nada simplificación, es decir, no porque la familia sea menos numerosa y sus lazos más limitados, no por eso las cosas son ahora más fáciles; por el contrario, la tesis del psicoanálisis es que la familia moderna, en su oposición a la familia antigua (numerosa), se ha contraído en su forma, pero se ha vuelto más compleja en su estructura. Es decir que, precisamente, por la reducción en sus elementos, los lazos de amor (todo lo que tiene que ver con apego, sobreprotección, devoción, etc.) y de odio (lo que tiene que ver con celos, rivalidad, desavenencias, etc.) se han exacerbado, complicándose así la permanencia y la salida de los hijos de su círculo familiar. Por esto los padres de familia de hoy se preguntan si un hijo debe o no tener uno o varios hermanos, para brindarle compañía y otras experiencias a aquel.

domingo, 6 de diciembre de 2009

21. Servidumbre y amor.

La esencia de la monogamia está en la aplicación del derecho de propiedad exclusiva sobre una mujer. Hasta hace poco era privilegio del marido reclamar dicho derecho, a la vez que exigía de la novia que fuera virgen y que no trajera al matrimonio el recuerdo de relaciones sexuales con otro hombre. Esta estimación por la virginidad de la mujer ha cedido bastante en nuestra cultura, como efecto de la denominada “liberación sexual” de los ´60.

En el pasado, para que un hombre pudiera garantizar la posesión de la mujer sin sobresaltos, era necesario que ella conservara un estado de servidumbre; además, las mujeres eran educadas para ser sumisas. Las cosas han cambiado y las mujeres ya no son lo dóciles que eran. Dicho cambio sobrevino también después de que la mujer conquistara para ella una serie de derechos civiles a los que no tenía acceso como el hombre.

Pero existe otro tipo de servidumbre, que caracteriza sobretodo la vida amorosa de la mujer, y que se denomina servidumbre sexual. Dicha sumisión ha sido incomparablemente más frecuente e intensa en la mujer que en el varón, aunque en este último es más común ahora que en la antigüedad. Ella consiste en el hecho de que una persona pueda adquirir respecto de otra, con quien mantiene relaciones sexuales, un grado insólitamente alto de dependencia y sumisión. Es importante tener en cuenta que una cierta medida de dependencia es necesaria entre los cónyuges, lo que ayuda a que el vínculo perdure.

Un grado de servidumbre sexual sería indispensable para mantener la costumbre cultural del matrimonio y serviría para poner diques a las tendencias poligámicas que lo amenazan. Se sabe que la infidelidad es un peligro permanente para el vinculo marital, y una tentación habitual de los impulsos sexuales para los individuos sometidos a la monogamia. En ocasiones, cuando dicha servidumbre es muy aguda y acrecienta la dependencia del individuo hacia el ser amado, puede convertirse en una fuente de sufrimiento difícil de solucionar. Solo con ayuda profesional se podrá hacer.

579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis

 Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...