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miércoles, 13 de enero de 2021

501. «No hay manera de partir de un hilo que no sea ideológico»

A la ideología la encontramos detrás de los ideales de felicidad, de autonomía e independencia de las personas, que ha llevado a un individualismo rampante en esta hipermodernidad, muerte del humanismo y fin de la solidaridad. La ideología también está detrás del emprendimiento al que invita hoy el neoliberalismo: ser el jefe de sí mismo, o mejor, ser esclavo de sí mismo. Aquí en Colombia está la ideología del narcotráfico, del avivato, de la malicia indígena, que ha llevado al país, desde hace treinta años, a ser un narcoestado. Y esa ideología del narco responde claramente a esa otra ideología dominante y universal en esta contemporaneidad, que no es otra que la del capitalismo salvaje y depredador, que está llevando a la humanidad a su autodestrucción; basta con ver todo lo que está sucediendo con la destrucción del medio ambiente y el calentamiento global, incluida la pandemia del covid-19. El mundo pasó el año pasado el punto de no retorno; el momento de tomar medidas ya pasó y esta ideología depredadora no cambia, no termina, sigue adelante.

Lacan también habla de la ideología de la ciencia como una «ideología de la supresión del sujeto», y se puede hablar también de una ideología de la psicología, que se corresponde con esa ideología de la ciencia, y que "reduce el sujeto al Yo de la conciencia" (Bassols, 2020); es una ideología que suprime al sujeto (el sujeto del inconsciente) "al igualarlo al Yo de la conciencia o de la cognición" (Bassols). ¿Queda, entonces, el psicoanálisis, exento de todo fundamento ideológico?

La respuesta de Bassols (2020) a esa pregunta es no, y cita para ello a Lacan en «L’étourdit», en donde define el punto de partida de su enseñanza: «Es por ello que parto de un hilo —ideológico, no tengo elección—, con el que se teje la experiencia instituida por Freud. ¿En nombre de qué lo rechazaría yo, si este hilo proviene de la trama que mejor se ha puesto a prueba para sostener juntas las ideologías de un tiempo que es el mío? ¿En nombre del goce? Pero precisamente, mi hilo se caracteriza por alejarse de él: es incluso el principio del discurso psicoanalítico tal como, él mismo, se articula».

Así pues, la crítica lacaniana a la ideología se complejiza, debido a que "no habría manera de partir de un hilo que no fuera ideológico cuando se trata de la experiencia del psicoanálisis" (Bassols, 2020). Cada época está marcada por ideologías, así como también la política también lo está. Así pues, "el psicoanálisis no podría (...) inscribirse fuera del tejido que forman los discursos de su época, no podría pretender ser extraterritorial, a-ideológico" (Bassols). Lo que sí puede hacer el discurso psicoanalítico, es "mantenerse alejado de las posiciones de goce que sostienen a los otros discursos, y saber hacerse su desecho (...) la posición ideológica del discurso del psicoanalista se separa necesariamente de las formas de goce que suponen los otros discursos" (Bassols). De ahí la importancia de que el psicoanálisis haga, permanentemente, una lectura de la subjetividad de la época.

sábado, 28 de noviembre de 2020

500. ¿Tiene la ideología un lugar en el psicoanálisis?

¿Estaría el discurso y la experiencia del psicoanálisis exentos de ideología? ¿La función y el deseo del analista están por "fuera de cualquier posición ideológica en nombre de una supuesta y siempre dudosa neutralidad? (...) ¿Puede hacer el analista una intervención fuera de cualquier ideología?" (Bassols, 2020). La ideología se puede definir como "el conjunto de ideas que cada uno tiene sobre un sistema de vínculos —económicos, sociales y finalmente siempre políticos— para preservarlos, transformarlos, restaurarlos o también subvertirlos" (Bassols). Como observador de acontecimientos políticos y sociales, ¿la posición del psicoanalista es la de un observador neutral?

Se podría decir que todas las intervenciones de los psicoanalistas en los medios de comunicación son necesariamente ideológicas, ya que "más que actuar, el sujeto es actuado por la ideología que atraviesa las diferentes instituciones y realidades sobre las que se asienta y configura su día a día" (Cano citado por Bassols, 2020). ¿Y las intervenciones dentro del dispositivo analítico? No habría entonces neutralidad por parte del psicoanalista en sus intervenciones, ya que su posición es irreductible con relación a "las formas simbólicas que ordenan la vida, las «formas de gozar» como solemos decir" (Bassols).

No es posible resguardarse de las ideologías que son dominantes en el discurso de los hombres. La misma IPA se vio en apuros, haciendo un llamado a la «neutralidad» de la institución, cuando Freud pedía un apoyo para los analistas judíos perseguidos por el Tercer Reich. "La atribución de una ideología al analista está a la orden del día y no es seguro que se pueda sacar de encima este sambenito con el silencio de su «neutralidad» (...) La «neutralidad» ha sido (...) la túnica de Neso con la que los analistas han pensado resguardarse de toda ideología, una túnica ardiente de ideología finalmente. Y no de las mejores." (Bassols, 2020).

Mientras que Freud se mantuvo al margen en estos asuntos, Lacan y Miller han implicado al psicoanálisis en la política. Miller, por ejemplo, dirigió a la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis) en el año 2017 contra el posible ascenso al gobierno francés del partido de ideología xenófoba y de inspiración fascista de Marine Le Pen. Por tanto, ¿se puede hacer una acción lacaniana exenta de cualquier ideología? Así pues, toda posición del analista deberá, desde entonces, pensarse como una posición ideológica, por eso es tan pertinente la pregunta que se hace Bassols (2020): "¿Cuál es el lugar de la ideología en el discurso del psicoanalista?"; pero también, ¿cuál es la ideología con la que se identifica o que conviene a la práctica del psicoanálisis?

viernes, 20 de agosto de 2010

134. La aventura de leer.

La lectura es una de las actividades mentales de mayor importancia en la estructuración subjetiva de un sujeto. Saber leer se constituye así en una herramienta fundamental en la formación psíquica de todo ser humano, y más aún cuando él es un buen lector.

Un buen lector, tal y como lo enseña Estanislao Zuleta, es aquel que se separa por completo de lo que se comprende ahora por «hombre moderno»: aquel que está de afán, que quiere asimilar rápidamente. Un buen lector es aquel que es capaz de rumiar, de estar tranquilo; el que lee lenta y cuidadosamente. Sólo un lector así podrá hacer un buen trabajo de interpretación del texto. Dicho trabajo de interpretación consiste en determinar el valor que el texto asigna a cada uno de sus términos, valor que puede estar en contradicción con el que posee el mismo término en otros textos. Así pues, la palabra «alimento» no significa lo mismo en un texto como La metamorfosis de Kafka, que en un libro de culinaria, es decir, que el mismo texto produce su propio código por las relaciones que establece entre sus propias palabras.

Como cada palabra de un texto se define por las relaciones que establece con las otras, si a un texto se le asigna el sentido que rige en la ideología dominante, entonces, nos dice Zuleta, no se ha cogido nada de ese texto y por lo tanto, no sabemos para nada leer. Leer significa, entonces, poder hacer una critica fundamental a la ideología que domina nuestro pensamiento, cualquiera que esta sea. Así pues, la interpretación no es la simple aplicación de un saber -conjunto de conocimientos- a un texto. La interpretación requiere de la creación de un código a partir del texto y no de la asignación a los términos de un sentido predeterminado. Por esto la lectura es un acto subversivo, en la medida en que afecta, perturba, trastorna y conmueve nuestro ser y nuestra forma de pensar; hasta puede cambiar nuestra posición subjetiva. Si la lectura que hace un sujeto no subvierte en algo su forma de pensar, entonces se puede concluir que aún no sabe leer. Por esta razón es que Zuleta concibe a la lectura como un riesgo, una aventura.

579. La religión ganará porque tiene los recursos para curar a la humanidad del psicoanálisis

 Para Lacan (2006), el ser humano es un «animal enfermo» porque está devastado por el Verbo. No es su biología la que lo condena a la infeli...